Un labriego, con ansias perseguía
mejorar su situación desesperada
pero nunca su empeño conseguía
una sola cosecha bien lograda.
Su fe en la
tierra la tenía
su creencia en Dios, bastante clara
aparentemente no podía
errarle tanto, como erraba.
La imagen de
Jesús trajo un día
adonde su labor desarrollaba
y una firme promesa como guía
si el espíritu santo lo ayudaba.
Dispuesto a
adorar con flores
aquel rostro de serena mirada
procuró encontrarlas en el campo
porque plantas de jardín ahí faltaban.
Desde el
suelo un yuyo le ofrecía
unas flores, de blancura inmaculada
pero eran de la odiada corrihuela
una plaga de la tierra cultivada.
Su primer
intención fue rechazarla
pero era casi toda tierra arada!!
Además una cosa era una flor
y otra, su enemiga declarada.
Y ahí
estaban, frente a frente
con una ocasión inesperada
amigos para Dios, omnipotente,
o la imagen de Cristo desolada.
Fue cayendo
despacio de rodillas
y mientras las flores recortaba,
comprendió que no solo los amigos
pueden darnos la mano que faltaba.!
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