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Punta Mejillón es un recodo que deja de ser lugar de paso para convertirse en un destino de paz y descanso.
Punta
Mejillón: Los
carteles viales indican que este sitio se denomina en realidad
Pozo Salado, pero la playa ya se ha hecho conocida como Punta
Mejillón. Aquí confluyen cada vez más turistas,
mayoritariamente provenientes de Viedma y Patagones que buscan
tranquilidad, seguridad para la familia y descanso en un sitio
hermoso, que ofrece diversas alternativas para el esparcimiento
en pleno contacto con la naturaleza.
Decenas de familias llegan casi todos los fines de semana a pescar, buscar mejillones, tomar sol y aprovechar los metros y metros de arena que quedan libres en bajamar. También recorren todo el Camino de la Costa, ingresan a Caleta de los Loros, Bahía Creek, Playa Orengo y no paran de conocer nuevos lugares, cada uno más bello que el otro.
En Punta Mejillón, donde
el gobierno provincial ha determinado una área protegida como
Reserva Natural, generalmente los acampantes instalan su base y
desde allí se mueven hacia cada uno de las playas que desean
conocer. Caminando por la arena, saliendo desde el pequeño caserío
ubicado alrededor de la casa de los guardafaunas, puede arribarse
a un asentamiento de lobos donde una población de entre 400 y 1.000
mamíferos marinos permanecen desde hace muchos años.
También caminando muchos turistas recorren la restinga cercana
buscando mejillones, pulpos y cangrejos, aunque ya son pocos los
que se encuentran debido a la depredación.
Para arribar a este grupo
de viviendas, rodeado de tamariscos y médanos, con espacio para
acampar, agua salobre (proveniente de un molino que sirve como
para un aseo rápido pero no para consumo) y un marco natural
para recorrer en profundidad, es necesario transitar desde Las
Grutas unos 80 kilómetros por la ruta 3 en dirección a Viedma.
Unos 30 kilómetros después de superar la rotonda del desvío al
puerto se dobla en el cartel que indica el acceso al Camino de la
Costa. Desde allí se hacen 35 kilómetros por ripio y se llega
directo a Pozo Salado.
También es posible doblar en el desvío al puerto y en el faro
tomar el Camino de la Costa hasta llegar a Punta Mejillón. El
paisaje es más interesante porque se bordea el mar, pero el
trayecto es más largo y con mayor porcentaje de ripio.
En Punta Mejillón hay
varias casas cuyos propietarios arriban los fines de semana o de
tanto en tanto a limpiarlas y acondicionarlas. Un conflicto legal
producido por la determinación del gobierno provincia de hacer
de este lugar una reserva natural les impide a los habitantes
realizarles mejoras.
Lo que sí deben hacer los dueños cada tanto es retirarles la
arena proveniente de los médanos que a raíz de los vientos se
acumula junto a las paredes.
Punta Mejillón es un sitio especial en el Camino de la Costa. Tiene árboles que brindan generosa sombra. Hay algunas casas, concentra decenas de turistas y sus playas son extensas y de arenas suaves. Se trata de un lugar único para permanecer unos cuantos días acampando, en plena naturaleza.
Un lugar
donde las dunas devoran las casas: "Acá hubo una chimenea hasta hace
poco. Era lo único que se veía de una casa que tapó la arena",
dice el guardafaunas Ariel Lapa mientras camina sobre una duna
ahora fijada por las plantas autóctonas.
Cuando un médano es blanco, sin vegetación, fácilmente es
trasladado por los vientos, que en esta zona predominan del oeste.
Un par de días con viento del mismo cuadrante y el médano se
desplaza tal vez ínfimamente o quizá varios metros. La arena
cae y cubre todo cuanto existe. Así ocurrió con varias casas
que después de cierto tiempo fueron tapadas por la duna.
Puede ser que alguna vez vientos de otro sector vuelvan a correr
el médano y la vivienda aparezca nuevamente, aunque es poco
probable ya que ha sido fijada por la vegetación.
Un abogado viedmense, de apellido Cella, construyó hace algún
tiempo una vivienda hoy pintada de celeste. La casa, muy
agradable desde el exterior, fue recientemente destapada con
maquinaria, ya que del médano lindero había caído una gran
cantidad de arena que llegó hasta la mitad de la construcción.
Lapa descarta que a Cella le vuelva a ocurrir, ya que el médano
se fijó y ahora en ese sitio el viento hace remolinos que
impiden a la arena depositarse.
La arena se desplaza suavemente y las consecuencias recién se
ven a través del paso de las horas o los días. Un galpón está
completamente tapado y hoy caminar sobre el médano significa
también hacerlo sobre el techo del tinglado.
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