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Voy a revelarles el secreto mejor guardado por marineros y pescadores
Al igual que los gnomos en los
bosques, las playas también tienen duendecillos traviesos. Claro
que a diferencia de los gnomos y los transgus, no usan gorros ridículos
ni zapatillas puntiagudas ni se visten de sedas fosforescentes ni
hacen travesuras a las sombras de árboles milenarios.
Los duendecillos de las playas tienen sus caras redondas. Algunas veces roban el rosado al crepúsculo y se embadurnan a su antojo. Otras veces, se sumergen en el tintero de los cielos y quedan vestidos de azul. Su piel siempre está brillante, pues cada grano de salitre se lo ponen como si fuera un diamante Tienen una forma particular de hechizar a quienes los observan: cuando parece que se van, vienen de regreso; cuando vienen de regreso se alejan diciendo adiós con ambas manos.
Estos duendecillos playeros son traviesos a morir... corretean las gaviotas y cazan brujitas cómplices. Se enredan en los tramayos, hacen huequitos en las arenas de las playas, mordisquean el dedo más gordo de los bañistas, se meten en las carpas de los excursionistas... y seguro, se han ido pegados a los bolsos de algunos turistas despistados.
Danzan a la luz de la luna invocando a sus parientes que habitan playas doradas de nubes imposibles. Con ese ir y venir, contradicen el oleaje, hipnotizan a las conchas, realizan pases mágicos para hace reír a las medusas, y son capaces de hacer cambiar de colores a los arrecifes
Se alimentan de pequeñas plantas marinas, se dan un banquete a cobijo de las rocas y se quedan quietos, absolutamente quietos cuando el sol los alumbra con todas sus linternas evitando que hagas travesuras a su antojo y a desmayo.
No sería extraño, que algunos de mis playas hubieran escapado a través de los bits que les estoy enviando... y ustedes van con ellos a alucinar. No temas, no hacen daño. Podrán reconocerlos fácilmente aunque nunca sabrán cuál brújula rige sus pasos ni porqué tienen esas manos como pinzas siempre preparadas. Para romper el hechizo sólo tienen que darle un beso con cariño ¡ Y no me digan que jamás han besado a un cangrejo!
Carmen García Valderrama
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