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Padre Evasio Garrone

 
 

Octubre fue el mes de las Misiones Salesianas y resulta propia la oportunidad para recordar a los extraordinarios misioneros de Don Bosco que durante muchos años, en el pasado recorrían nuestra Patagonia educando y evangelizando a los sufridos pobladores de esas desoladas y olvidadas regiones por los gobiernos de turno. Los misioneros dieron albergue a niños huérfanos y abandonados, de la calle, en hogares y escuelas que iban construyendo en su largo camino que Dios iluminaba con amor, a los desprotegidos pobres y enfermos.

En distintas fechas he recordado y llevado a cartas de lectores, a los destacados Salesianos que desde la lejana Italia llegaban a nuestro país para amparar y fortalecer la vida digna de nuestra sociedad. Con la mente en estos misioneros, viene a recuerdo el padre Evasio Garrone llamado cariñosamente el “Padre dotor” o el “ Curita” ( esto último por su diminuta talla) que llego a Viedma el 8 de enero de 1901. Antes de viajar debió cumplir el servicio militar obligatorio, fue asistente médico en un hospital militar.

En el viaje, como principal equipaje, traía bajo sus brazos tres libros de medicina que leía todos los días. Establecido en Viedma consagró todas sus fuerzas en socorrer a toda clase de enfermos con caridad y mucho sacrificio, que le conquistaron la estima y el amor de los pobladores de Viedma, Patagones, todo Río Negro y zona sur del país. Día y noche acudía al lecho de enfermos y sus remedios resultaban extraordinarios, atendía en una vieja casona que llamó “ hospital San José” y fue un refugio para los que viajaban miles de kilómetros enfermos para llegar al “padre dotor”. Atendió a mi madre y a mis abuelos y los curó de sus males. Los honorarios percibidos siempre fueron la sonrisa de agradecimiento de los enfermos y el consuelo cristiano de los mismos.

El diminuto padre no tenia descanso, su salud se resintió gravemente y falleció en junio de 1920. La gente de Viedma, Patagones y la Patagonia lloró su muerte y para tenerlo siempre presente levantaron un monumento en mármol y bronce y una calle céntrica de Viedma lleva su nombre.

El padre Garrone fue un ejemplo admirable de celo apostólico y de caridad activa en pro de los más desfavorecidos de la fortuna y dejó bien plantada la bandera de la vocación de los salesianos por las misiones.

Esta breve historia es real y llegó a mi conocimiento por conversaciones mantenidas con mi madre que fue paciente del Padre Garrone, por conferencias del sacerdote Juan Pistarini y por haber leído libros con relación a la vida y obra del gran misionero de Don Bosco.

Fuente: Ricardo Antonio Rucci
Carta de lectores del Diario Río Negro

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