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La Viejita de Palacios

 
 

Allá por el año 76….vivía cerca de mi casa   la Viejita  de Palacios. Preguntaba la hora a cada rato mientras caminaba  ligero siguiendo un reloj interno que tenia que ver más con la desesperación de volver, con la angustia de no poder, dando vueltas a la manzana siempre para el mismo lado)

-Chica ¿ qué hora es ? .. .porque rengo que tomar el tren a Palacios..

No importaba en realidad la hora.  Miles de veces y miles de horas distintas no le servían para su tren...

Yo era chica, y como todo chico muy cruel muy desinteresada del sufrimiento humano fuera de mi ámbito familiar y afectivo. Juqabamos con los chicos de la cuadra y nos reíamos siempre de la “Viejita de la hora”. Una parte del juego era cambiar la hora real por cualquier cosa lo e se nos ocurriera. Lo que no sabíamos era que la hora por la que la viejita preguntaba no existía. Su tren pasaba a otra hora, que no estaba en el reloj de la gente común y corriente, de la gente normal..

Su reloj tenía que ver con su cuerpo jorobado cansado de cargar pobreza, frío, hambre y tantas pesadas bolsas de angustia y de incomprensión

Otra forma de juego era contestarme mal;  o demasiado bien, haciéndole creer que nos importaba realmente lo que quería  saber (creo que era una forma inconsciente de esperar una respuesta de su parte, que nos contará mas de la historia de su vida) pero su respuesta era inalterable: SIEMPRE NECESITABA SABER LA HORA PARA IR A TOMAR EL TREN PARA IR A PALACIOS.

Un botón de tela alguna vez floreado y una raída campera de un descolorido verde sucio la acompañaba cual personal perfume todo el tiempo, sin importar la estación del año por la que atravesara.

Cierro los ojos y la veo caminar encorvada, siempre en sentido contrario a las agujas del reloj, en esa interminable vuelta a la manzana que comenzaba al alba y terminaba a la noche, cuando ya no se veía casi nada y cuando después de caerse algunas veces sus hijos la llevaban adentro.

No se cuando dejé de ver a la viejita, ni se si esta viva o esta muerta. Solo se que hoy la manzana de enfrente de mi casa me parece vacía. Mis ojos de adulta curiosean el lugar en su busca..  y mi corazón quiere saber si ha encontrado paz su corazón en algún tren maravillosamente largo que la haya devuelto a su Palacios querido...

Y a veces, cuando por las noches rezo; pido por un Palacios en el cielo que la espere y por un tren que viaje hacia las nubes devolviendole la esperanza, el descanso, la sonrisa; por encontrarse en viaje hacia su lugar.

Rosa Valsecchi - La Tapa web

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