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Sonia Pezzano

 
 

Una artista maragata encontró una isla mexicana, su lugar en el mundo

Partió hacia México para conocer el país y sus expresiones artísticas, pero allí encontró el lugar en el mundo donde puede dedicarse a trabajar sólo en sus cuadros. Sonia Pezzano nacida en Carmen de Patagones ahora vive en una pequeña isla con todo el mar a su alcance, y desde allí pinta su mundo interior.

Sonia llegó a este mundo en Carmen de Patagones, y recuerda que su relación con la plástica se remonta a cuando niña daba vueltas por el taller de su hermana mayor, Silvana, gracias a ella, una docente que comenzó la formación de muchos pintores de la comarca, Sonia estuvo influida por las paletas, los pinceles y los tubos de pintura desde muy chica.

Pero a pesar de esto, al momento de 'tener' que elegir una carrera luego de finalizar la secundaria, Sonia se decidió por la medicina. "Era increíble, pasaba por una exposición y no entraba; estaba muy negada con el arte como profesión", y explica que en mucho de esto influía el entorno familiar y de amigos por la no muy buena relación entre el arte y la cuestión económica.

Pero, aunque se oculte, lo que está fuertemente arraigado, al final puede más y el vínculo con los tratados de anatomía y las camillas no duraría demasiado, ya que finalmente abandonó los estudios y regresó a Patagones para cursar el profesorado en artes visuales en la Escuela de Artes Alcides Biagetti.

De esta manera, y con la filosofía de que "la carrera la hace uno mismo", con las búsquedas personales y el tiempo dedicado a la creación, durante los dos últimos años de estudio ahorró dinero, con la mente puesta en enfilar hacia México en algún momento.

Ese país siempre había rondado por su cabeza y sus sueños: "me impactaba el tema de las pirámides, y estaba enganchada con el tema de los signos y con toda la simbología que ronda en el arte mexicano, que es muy rico".

No sólo lo concretó, sino que no pudo esperar mucho tiempo, ya que inmediatamente después de rendir las últimas materias partió hacia tierras aztecas, con la sola idea de conocer, sin tener en mente el radicarse allí.

Hoy está viviendo en México, y a la distancia reconoce que "en el fondo ya sabía que quería quedarme, pero los miedos a veces obstaculizan ciertas decisiones".

Pero, según Sonia, la incertidumbre de encontrar un lugar en el mundo en el cual poder desarrollarse sólo puede derrotarse desde uno mismo. "La fuerza está en uno, en luchar por lo que se quiere y buscar el camino; como dicen los papás 'las cosas no vienen solas", asegura la artista maragata.

Viviendo México: Los primeros meses en tierra de sus admirados Frida Kahlo y Diego Rivera, los dedicó a viajar por el sur del país, donde descubrió muchas cosas que la maravillaron: "todavía te metés en los pueblitos y encontrás a los indígenas viviendo en aldeas de sus cultivos y el trueque, y eso me fascinó".

También se aventuró a seguir cruzando fronteras, y así visito Guatemala, Belice y Cuba. A este país fue de paseo por quince días y al final se quedó tres meses, haciendo distintos cursos en la Escuela de Arte de San Alejandro. Asegura que eso le permitió vivir la vida real del cubano, y no la destinada al mercado turístico.

Luego, de regreso en el continente, Sonia Pezzano decidió establecerse en Isla Mujeres, donde desde hace un año y medio vive por completo de lo que pinta, gracias a un intermediario que vende sus obras en el continente.

Luego de casi un mes de vacaciones en Patagones, Sonia volvió a México hace pocos días; su boleto tenía ya impresa la fecha 20 de febrero.

Y expresa que no tiene margen de opción; "de quedarme seguramente terminaría dando clases, que no es realmente lo que quiero hacer; prefiero dedicarme a la profesión de pintar, y aprovechar esta oportunidad hasta el máximo".

Los cambios en su modo de pintar: Resalta la diferencia de que para nuestra sociedad ser artista plástico es una preocupación por la subsistencia, mientras que en México sucede lo contrario, ya que se le otorga una trascendencia mucho mayor.

"Una vez que comencé a conocer México, me di cuenta que ése era el lugar en donde yo quería aprender; se le da mucha importancia a la cultura y al arte", comenta.

Otra de las cosas que la impactó fueron los murales tan coloridos en las ciudades, y "eso ejerce una influencia sobre lo que pintás; a mí me hizo dar una vuelta de 180 grados en mi pintura".

Y aclara que su manera de expresarse en el lienzo ha cambiado mucho porque "la pintura tiene que ver con lo que estás viviendo; tiene que tener el alma de la persona; allí vuelca uno sus sentimientos y sus experiencias".

"Mi cambio mayor es con respecto a los colores; en los lugares fríos la gente le tiene miedo a los colores", y en México dejó en libertad a los colores que llevaba adentro.

Actualmente Sonia atraviesa una etapa en la que está investigando con texturas y en sus cuadros se metió muy fuerte el simbolismo. Así sus visiones van tomando cuerpo básicamente con pintura acrílica, arena y objetos que se le cruzan en el camino.

En México también incursionó en los murales, ya que desde que llegó hizo tres por encargo. Sonia explica que le interesa mucho trabajar en esta modalidad; pasar de espacios reducidos a "esos espacios grandes es como una danza con el cuerpo".

Pero a pesar de todos los cambios, hay elementos distintivos de su pintura que permanecen en primer plano. El agua, siempre una constante, en todos los cuadros surge. O es el color azul o el turquesa, o una pieza de algún animal marino. El mar siempre está.

Por otro lado, la simbología, los códices mayas, con los que antes de irse ya 'jugaba' en su pintura, con los que se encontró allí frente a frente y con lo que tiene ahora más elementos para 'agarrarse', se han arraigado en sus telas.

Vivir del arte: Ya instalada en Isla Mujeres, la plástica maragata vio cumplido un anhelo que no muchos artistas pueden realizar: el vivir de su actividad creativa.

"Tuve la suerte de poder vivir de la pintura; me conecté con un intermediario de Cancún que vende obras, lo que me permitió dedicar todos mis días a investigar en lo mío".

"La obra es uno; lo que más disfruto es el hecho de realizar el cuadro y para mí es como una terapia, el lugar donde canalizo todas mis energías; cuando lo veo terminado es como una parte de mí", termina de explicar la artista.

"Trabajando en forma continua con este intermediario, para el cual realiza unos tres cuadros por mes, Sonia resalta que "lo bueno es que hago mi línea estética, sin tener que caer en una pintura turística".

A pesar que suelen ser 'feas' las despedidas de las obras, ya que "hay algo de uno que se va, hay mucha energía en ellas", está más que satisfecha, y dice que "no lo siento como un trabajo, porque lo hago con toda el alma".

Y no es casual la referencia al alma; Sonia explica que "lo que más me gusta descubrir en una obra es el sentimiento; y para eso no hay que ser un conocedor, ya que cualquier persona con sensibilidad puede darse cuenta cuando una obra está hecha con sentimiento".

Fuente: Diario Río Negro - Ignacio Artola

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