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Emilce Vega

 
 

Es de Patagones trabaja en Inglaterra como brillante genetista.

Cuando apenas era una adolescente, un llamado espiritual le hizo saber a Emilce Vega que sería genetista, pero nunca pensó que su potencial podría desarrollarlo fuera del país y lejos de sus seres queridos y afortunadamente de quienes miden los contactos antes que la capacidad. Hoy se dedica a buscar los ancestros de los británicos en Oxford.

A poco de recibirse en 1993 golpeó todas las puertas de Buenos Aires. "A vos quién te conoce", le preguntaron. Todavía lagrimea cuando recuerda las amarguras que pasó para ser escuchada y valorada. Un colega le abrió la cabeza: "vendé los anteojos y andate", resumiéndole en pocas palabras el escaso apoyo que existe para la investigación.

Terminó su master en la Universidad de Leicester en genética molecular humana. En poco tiempo le otorgan su residencia definitiva.

Tiene 28 años, es maragata de nacimiento, cursó el primario en la escuela 260 y el secundario en el Normal Nº1 de Roca. Fue reina de la ciudad y segunda princesa en la Fiesta Nacional de la Manzana.

Abrazó esa profesión por influencias de la profesora Lucila de Biología cuando tenía 16 años, aunque "un día me levanté y sentí un llamado interno y al final terminé en 1993 con medalla de oro en la Universidad Nacional Misiones".

Después comenzó el peregrinaje porteño y un tiempo de ostracismo en Roca dado que las clases de Biotecnología no era lo que buscaba. Su primer desazón fue cuando se inscribió en lista de espera para hacer la pasantía en dependencias de la Universidad de Buenos Aires y le pidieron recomendaciones de todo tipo y rendir tres equivalencias. Su vida cambió cuando viajó por primera vez a Inglaterra a perfeccionar el idioma durante un curso de verano y casi risueñamente recordó que "por casualidad conocí al jefe del Departamento de Genética de la Universidad de Leicester y me ofreció la pasantía, lo cual me produjo un shock porque lo que yo había peleado en mi país en casi dos años, me lo ofrecieron en una hora y media de charla".

La desilusión tiene también una razón. Emilce, con ojos vidriosos y pidiendo disculpas por la emoción que le embargó la pregunta, respondió que "no estoy desilusionada con el país o la gente, aunque al principio sí porque me cerraron muchísimas puertas ". Más animada apuntó que "la decepción fue el hecho de que al no tener los contactos no entré, y en cambio en otro lado se me valoró por mi capacidad".

En su cabeza ronda la idea de volver cuando en tres años termine su contrato. Mientras se acomoda en su sillón para responder pone condiciones: "me encantaría, pero uno quiere caminar hacia adelante y no para atrás" por lo tanto, "si venir al país significa que no sea considerada, que tenga que estar mal paga o mal tratada... no vendría.

La "fuga de cerebros" comenzó en los '60: La diáspora comenzó a principios de la década del '60 con César Milstein, el entonces jefe de la división Biología Molecular del Instituto Malbrán.

Desde entonces, la Argentina expulsó a ingenieros hacia la NASA, médicos y físicos hacia los Estados Unidos y Europa.

El claro ejemplo es el de Emilce. Además, en Inglaterra la "malcriaron" tanto que perdió todo lazo científico con la Argentina. Se entrenó duro con Alec Jeffreys, el inventor de las nuevas técnicas de análisis de ADN que se hace en paternidad y medicina forense.. Un procedimiento que lo emplea el hospital Durand de Buenos Aires.

Esa es su especialización y trabajo actual, buscar -en el Instituto de Medicina Molecular del John Radcliffe Hospital- la historia genética de los británicos, en un territorio ajeno, pero es el único que le brindó la oportunidad a sus fines profesionales para los que estudió.

Fuente: Diario Río Negro

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