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José Atilio Camperi

 
 

“Yo soy el ‘Quico’ Camperi, aquel pibe cocinero de Don Zatti”

Una historia contada en la calle Tucumán de Patagones. Sus padres, sus hermanos y su primer encuentro con Artémides Zatti. La posibilidad de estar cerca de su ídolo máximo. Sobre una cruz y en una bicicleta. Un dinero que llegó de Bariloche. El Hotel Roma y la Escuela de Cadetes de la Policía de Río Negro. Las comidas de las regatas en el río. La herencia de Don Zatti.

En la casa de la calle Tucumán de Patagones: Comencé a recorrer la calle Tucumán de Patagones bajando hacia el río y apuntando al ’400 de esa linda arteria maragata. Hace un tiempo, y mediante un llamado telefónico, Hector Rousiot, que vive en Viedma, me había dicho: -Le recomiendo a un hombre para suus reportajes de los domingos, me parece que tiene una linda historia de vida para contar. ¿Sabe que fue ‘cocinero’ de Don Artémides Zatti y que incluso se sacaron fotos andando juntos en bicicleta?

Ese solo dato despertó mi interés. Si trabajó con nuestro ‘Santo Enfermero’ era más que suficiente para intentar el reportaje, pero además de eso, mi informante ampliaba: -Aparte le digo que el ‘Quico’ Camperi, que de él se trata fue cocinero en la Escuela de Cadetes de la Policía de Rio Negro.

Mi apetencia periodística se multiplicó al instante: -¿Así que cocinero de la Policía?, pero el asunto no quedaba allí. Mi amable proveedor de nombres y apellidos que son parte viviente de la historia pueblerina de Viedma y Patagones (ya antes me dio otros) estiraba la recomendación: -Pero la cosa no termina allí, el ‘Quico’ también fue ‘cocinero’ de las primeras Regatas del Río Negro. ¿Para qué mas datos? ¡Mi reportaje del próximo domingo ya estaba decidido!

En la mañana de hace tres días atrás toqué el timbre de la casa de la calle Tucumán al 430 de Carmen de Patagones. Una amable mujer me hizo pasar, y cinco minutos después desplegaba yo mi carpeta de tapas negras, y con la birome azul, escribí en la parte superior de la primera hoja en blanco, lo primero que me dijo José Atilio Camperi: "YO SOY EL ‘QUICO’ CAMPERI ¡AQUEL PIBE ‘COCINERO’ DE DON ZATTI!" La historia de su vida está a la vuelta de esta página. ¿Me acompañás, querido lector, a conocerla juntos, vos y yo?

Mis viejos, mi niñez y Don Zatti : -Me llamo José Atilio Camperi, pero todos me conocen como ‘El Quico’ Camperi. Mi nacimiento se produjo en Patagones el 17 de diciembre de 1928. Mis viejos se llamaban José Camperi, que había nacido en Viedma y Catalina Perino, una italianita, que llegó de muy piba a estos pagos.

Tengo dos hermanos, con los que siempre compartimos las buenas y las no tan buenas: Lorenzo Carlos ‘el Lencho’ y Oscar Elibrando ‘el Colorín’.

Papá hizo un poco de todo en la vida. Trabajó mucho tiempo en la ‘Quinta de los Curas’ en Viedma y desde antes de que allí se instalara el Hospital de Don Zatti, después fue albañil muchas veces, fue ‘cortador’ de ladrillos y ‘changarín’ en cualquier laburo que se le presentaba hasta que tanto esfuerzo y sacrificio que hizo, le permitieron muchos años más adelante, comprarse un camión ‘Republic’ convirtiéndose en ‘fletero’ de cargas generales, entre ellas, la lana y los cereales que acarreaba desde los campos a la estación ferroviaria, pero insisto, ¡eso fue, mucho después de mi niñez!

Al principio de esta historia, vivíamos en Tucumán 426, la casa paterna, pegadita a esta en donde estamos charlando ahora.

Sólo fui hasta tercer grado y siempre en Patagones, el primero y el segundo en la Escuela Nº 8, y el tercero, en el Colegio San José. ¡Allí se acabó, porque la mano venía mal para la economía familiar y tuvimos que irnos todos a la quinta de Trastinki (?) un dentista de Viedma, que estaba ubicada mas allá de ‘Agua corriente’ y de la quinta de los ‘Romeo’ (al oeste del puente nuevo). En ese lugar, en donde papá trabajó como quintero, vivimos por casi dos años.

Y fue precisamente en esa época, cuando yo, que sólo contaba con 12, comencé a tener serios problemas en una de mis piernas y debieron internarme en el Hospital de ‘Don Zatti’, que ya se había trasladado a la ‘Quinta de los Curas.’

Comenzaría allí mi contacto permanente con ese maravilloso hombre a quien yo concocía de antes, de cuando Zatti estaba en el hospital del centro y donde, con mi viejo, le llevábamos frutas y verduras para sus enfermos."

¡Muy cerca de mi ídolo! : Corría el año 1940 y mi pierna enferma me dejaría internado en el Hospital de Don Zatti, durante un año y tres meses. Todo mi problema había comenzado en los ‘Corsos de Carnaval’ que se hacían en Viedma en la calle Buenos Aires y desde el Club Sol de Mayo hasta la Plaza Alsina. Esa vez, yo había concurrido con mis padres y mientras disfrutaba la alegría de esa fiesta tan especial, corriendo junto a otros chicos, sentí como si un estilete se hubiera clavado en mi talón. Fue un dolor intenso que no calmaba en ningún momento. Me internaron de urgencia y posteriormente sería operado por los doctores Sussini y Harosteguy, y con ‘Don Zatti’ de anestesista.

El trato de Zatti era genial, ¡me parece que no ha existido un hombre con tanta bondad y con tan contagiosa alegría!

Las complicaciones de mi enfermadad, hicieron que se me derivara al Hospital Alvarez de Buenos Aires, en donde continué otra internación de 14 meses. Cuando regresé de la capital, papá estaba trabajando en la ‘Quinta de los Curas’ y mi hermano ‘Lencho’ lo hacía en la cocina de ese mismo lugar, donde también se situaba el recordado ‘Hospital de Don Zatti’.

Yo andaba por los 15, en ese regreso y a recomendación de Zatti, se me toma como empleado de la quinta donde trabajaba mi papá, junto a Cirilo Elfi, Adrián Elfi, ‘Tito’ García, Juan Sayueque y Ismaél Muñoz. Pasaron solamente dos meses en esa tarea y fui trasladado a la ‘cocina’ para colaborar con mi hermano ‘Lencho’.

De 10 pesos por mes, que entré ganando en la quinta, pasé a ganar 30 en la cocina. ¡Un verdadero platal! Pero todo resultaba bárbaro, porque trabajar en mi nuevo destino, me permitiría estar mucho más cerca de Don Zatti ¡Mucho más cerca de mi ídolo!

Sobre una cruz y en bicicleta: "En la cocina de la ‘Quinta de los Curas’ trabajé desde los ’15 hasta los ’22. Fueron 7 años de una experiencia fenomenal, donde además de aprender bastante el oficio de cocinero, lo que sería la base del futuro de mi vida, tenía la oportunidad de convivir en muchas horas del día, al lado de la bondad infinita de ‘Don Zatti’. Le aseguro, que durante todo el tiempo que estuve cerca de él, nunca lo noté triste, por eso lo admiraba tanto y por eso lo quise tanto, ¡y por eso, lo sigo queriendo!

Don Artémides, venía todas las mañanas a la cocina para tomar el café con leche en su clásica taza grandota ‘enlozada’, siempre con media ‘galleta de campo’. Recuerdo que una vez, al hacer lo que hacía todos los días, cortó con sus manos la ‘galleta’ en trozos, que fue metiendo en la taza que ya tenía el café con leche servido, me indicó que me acercara a su lado y dijo riéndose:

-Mirá ‘Quico’, la ‘galleta’ se toma la leche, después yo me la como a ella. ¿Qué te parece?

Yo siempre supe que Don Zatti era un ‘Santo’. Eso se me puso en la cabeza, cuando en una ocasión, al principio de mi llegada a la ‘Quinta de los Curas’, le saqué una fotografía con la cámara que me habían regalado en el tiempo que estuve internado en Buenos Aires. El, había salido de la Capilla de la quinta, y montado en su bicicleta, cruzaba el gran patio para visitar a sus enfermos internados en la sala del hospital que se hallaba en la otra punta y en diagonal. Nunca entendí por qué apreté el disparador de la cámara, ¡pero lo hice!

Cuando me revelaron el rollo y miré esa foto ¡Lo ví como si fuera un Santo! Ya que su imagen en bicicleta parecía que transitaba sobre una gran ‘cruz ’ formada por los dos senderos marcados en el suelo que se cruzaban en el medio del patio.

¿Lo sabía o lo intuyó?: "Hay otra anécdota que me tocó vivir junto a Don Zatti que es realmente extraña y que demuestra que era un hombre muy, pero muy especial. En un día de tremendo temporal, de mucho viento, de rara oscuridad y de fuerte lluvia, no me quise acostar para hacer la siesta, y me fuí a la farmacia que estaba al lado del comedor para charlar un rato con él.

Lo encontré allí, batiendo en un pote la ‘pomada’ que terminaba de fabricar. Como siempre lo hacía, empezó a contarme historias muy graciosas, de pronto y de golpe, dejó de batir la mezcla e hizo silencio como si estuviera recibiendo un mensaje en su cabeza. Me preguntó:

-¿Qué día es hoy, ‘Quico’?

Le contesté:

-¡Miércoles, Don Zatti!

El me hizo otra pregunta:

-¿Habrá hoy, tren desde Bariloche?

Como yo sabía todos los horarios de los trenes de pasajeros, porque era mi gran entretenimiento verlos pasar desde la distancia sobre el puente viejo, le confirmé:

-Sí, hoy a las 4 y media, llega de Bariloche, ¡dentro de un ratito nada más!

Sin pensarlo, me dijo:

-Hoy tengo que pagarles sin falta a las farmacias de Guidi y de Viglione. Como siempre me fían debo cumplirles ¡sí o sí! Me voy a la estación tal vez Dios haga, que alguien me traiga dinero en el tren, para que yo pueda pagar.

Y salió con su bicicleta sin importarle del viento y de la lluvia. Cuando regresó ¡todo mojado y cansado! mostraba una sonrisa de oreja a oreja y señalando el fajo de billetes que traía en su mano, me gritó:

-¡Viste ‘Quico’ que yo sabía!

Nunca llegué a comprender, si él, realmente lo sabía de antes o simplemente, lo intuyó porque ya era un ‘Santo’.

"El Hotel Roma, la Escuela de Cadetes y lo que sigue...": "Mis 22 años cumplidos buscaban otros horizontes y con mi papá nos retiramos de la ‘Quinta de los Curas’ antes de que muriera Don Zatti, para irnos los dos a trabajar en la chacra de los Brestaviztky, pero a los tres meses de estar allá, un caballo me patió mi pierna enferma y como sangraba mucho, tuvimos que regresar al pueblo.

Más adelante, y antes de ser empleado municipal, trabajé en la carnicería de Juan Taraborelli en la calle Tucumán. En el muncipio, ingresé al cumplir los ’23 y cuando el intendente era el doctor Tessari. Allí estuve durante diez años.

El oficio de ‘cocinero aprendido en la Quinta de los Curas, me sirviría más adelante. Ya que pude trabajar a lo largo de dos años en la cocina del ‘Hotel Roma’ de propiedad de Antonio Tognini, ubicado en la calle 25 de Mayo de Viedma. De ese tiempo, tengo presentes muchos recuerdos que guardo muy dentro mío.

En el año 1965, paso a ser ‘Cocinero’ en la Escuela de Cadetes de la Policía de la provincia de Río Negro y en la que me desempeñé a lo largo de 15 años. Me retiré en 1980.

De esa época, tengo un montón de nombres de compañeros, amigos y jefes, que son parte importante de mi ‘capital’ más valioso.

Por ejemplo, siempre disfruté de la amistad y el cariño que me brindaba el ‘Chueco’ Ernesto Guerrisi, que era mi jefe. También allí recibí la amistad de los hermanos Sadani, uno era mozo y el otro cocinero. A éste último todo el mundo lo conoció siempre por ‘Satanosky’. A ellos, debo sumar a Patricio Flores, a Hugo Guenchucura, al doctor Gé, a Miquelovich y a ‘Beto’ Cecchini. Que me disculpen los demás, ya que en este momento y en el apuro, se me han borrado algunos nombres.

Estando en ese trabajo, se me presentó la oportunidad de vivir la aventura incomparable de ser ‘El Cocinero’ de las primeras regatas del río Negro. Me tocó hacerlo desde la 2da. a la 5ta. edición, de esa magistral y única competencia mundial, que es un gran orgullo para Viedma, para la provincia de Río Negro y para la República Argentina, y le aseguro, que para sus ‘Cocineros’ ¡es una experiencia sin igual!

¡Aquellas comidas en la Regata del río Negro!: Gentille, fue quien me contrató por primera vez para que fuera ‘cocinero’ en la Regata, aquello resultaba todo un desafío para mí, ¡pero acepté!

Recorríamos con anticipación las Municipalidades por donde pasaba la regata, pidiendo ‘algo’ y ‘algo’ siempre se conseguía. En la ‘cocina’ se ‘cocinaban’ otras cosas también, por ejemplo, muchas anécdotas para contar y muchas ‘arriesgadas’ para recordar.

Me acuerdo de aquella verdadera hazaña que intentamos y que tan buen resultado nos dio. Nos habíamos propuesto y lo logramos, cocinar en General Conesa una ‘cazuela de mariscos’ para todos los de la Regata y los invitados, ¡salió de rechupete!

Ahhh, y la otra, fue la ocurrida en China Muerta, con la ayuda grande de San Martín, un vaqueano que era un fenómeno. ¡Había que hacer un ‘curanto’ para muchas personas ¡y lo hicimos!

¿Sabe cómo se hace un ‘Curanto’? Hay que cavar un pozo de 20 centímetros de profundidad y con las medidas de ancho y largo de acuerdo a la cantidad que se va a cocinar. Se ponen leña y piedras y se tapan con hojas de repollo.

En esa ocasión se usó un zapallo bien grande, un queso ‘cuartirolo’ entero, carnes de vacuno, de cordero y de pollo, en catidad más que suficiente para que nadie se quedara con hambre, y le agregábamos: papas, batatas, y arvejas. Los ingredientes ya estaban, ¡ sólo faltaba la cocción!

Se cubrió todo con una capa de hojas de repollo y por sobre ella, desplegamos otra cubierta con bolsas de arpillera. Arriba de todo, cubrimos con una gruesa capa de tierra, de manera que no dejara escapar ni una ‘gota’ de humo. Tardó en cocinarse, dos horas. ¡Resultó para lamerse los dedo! Esa vez en la Regata del Río Negro y en la Estancia de China Muerta. ¡Comieron 700 personas! ¿Qué me cuenta?

Mi reportaje al ‘cocinero’ de Don Zatti : "José ‘El Quico’ Camperi, me contó que conoció a Nancy Irma Rousiot desde que ella vino al barrio, donde él vivía con sus padres, allá por la calle Tucumán al 400 de Carmen de Patagones y que de tanto verla en la esquina y de tanto seguir viéndola cuando Nancy, con sus primorosos ’15 iba a aprender ‘bordado’ en el Colegio María Auxiladora. Al final ¡tanto va el cántaro a la fuente, que...!

Se pusieron de novios en el año 1953 y 7 años después, en 1960, se casaban en la Iglesia del pueblo que vió nacer el romance.

Ese amor compartido, floreció en dos hijas: Sonia y Lisbet y el tiempo les trajo para gozarlos, cinco nietos: Cristian, Leandro, Brian, Geraldine, Melani. También José ‘El Quico’ Camperi, me contó de sus 38 intervenciones quirúrgicas por la cuestión de su pierna y que, bueno finalmente terminó en la ya resignada amputación de la misma, pero don José Atilio Camperi,‘El Quico’ Camperi, sabe muy bien, que más allá de cualquier problema físico que lo pueda afectar o atormentar él es dueño de algo muy particular y muy valioso por cierto. ¡El fue cocinero de Don Zatti!, por lo tanto, ¿quién le quita esa herencia? ¿No es cierto?

Fuente: Victor J. Carlovich - Noticias de la Costa

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