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Celia Graciela Zabaleta

 
 

La doctora Cecilia, que tiene su consultorio en el cielo

Viajando en un rayo de sol sobre una nube muy blanca. El jardín de infantes, la escuela primaria y la primera comunión. Lo que ella supo desde siempre. El colegio secundario y sus amigas. Sus sueños, sus dudas y el título de doctora en medicina. Un viaje inesperado. Lo que dicen sus amigas. ¿Un reportaje o solamente un sueño? Sobre un rayo de sol y en una nube muy blanca.

Esta vez me resultaba mas difícil que nunca encontrar a quien sería mi reporteada. Pregunté:

- ¿Vive en Patagones?

Me respondieron:

- No, no vive en Carmen de Patagones.

Volví a preguntar:

- ¿Acaso en Viedma?

Me contestaron:

- No, no la busque por la Comarca, porque no la va a encontrar.

Entonces pregunté:

- ¿Dónde debo buscarla?

Me señalaron:

- Allá, entre esas nubes blancas del cielo.

Me sentí desorientado y no me quedó otra alternativa que preguntar:

- ¿Y cómo hago para llegar hasta allá, hallarla y charlar con ella?

Me dijeron:

- ¡Sueñe y seguro que logrará esa entrevista!

Cerré los ojos y me dispuse a soñar, dejando que mi corazón mandara sobre mis sentidos, y de pronto me vi caminando entre esas nubes blancas que me señalaron desde la tierra. En cuanto pude, hice la pregunta de rigor:

- ¿Está aquí la doctora Cecilia Graciela Zabaleta?

Me indicaron:

- Ese ‘rayo de sol’ que pasa por la esquina, lo deja justo en la puerta de su casa. ¡Súbase y vaya, no tiene que pagar boleto!

¿Qué cosa, no? Sin que le dijera nada el ‘rayito dorado’ se detuvo frente a una casa mucho más blanca que la misma nube en donde estábamos. Toqué el timbre de la puerta de calle y me encontré ante ella, ¡estaba espléndida con su saco blanco de médica:

- ¿Usted es la cardióloga doctora Cecilia Graciela Zabaleta?

Me contestó amablemente:

- Sí, soy yo, ¿en qué puedo servirlo?

Superé los nervios que ese buscado encuentro me producía y dije:

- ¿Me quiere contar la historia de su vida?

Y mi expectativa, oyó lo que tanto ansiaba:

- ¡Cómo no, pase que le cuento!

Me temblaban las piernas y la carpeta de apuntes no se quedaba quieta en mis manos. Por fin estaba yo frente a Cecilia Graciela Zabaleta. "La doctora Cecilia. La que tiene su consultorio en el cielo."

¡Yo lo supe desde siempre!: Nací en Carmen de Patagones el 23 de febrero de 1954. ¿Quiere que le cuente algo de mi familia? ¿Sí? Mi papá se llama José Antonio Zabaleta Reggiani y mamá Lérida Pinó. ¡Los dos, son buenísimos están viviendo conmigo en esta nube!

En Patagones, teníamos nuestra casa en la calle España Nº 221, ¡de ella y de mi querido pueblo, me traje maravillosos recuerdos! Tengo dos hermanos, Ismael José y Roberto Nelson, el primero desarrolla su vida en Patagones y el segundo en Buenos Aires.

Siempre tuve una relación muy linda y especial con mi cuñada Lérida Sosa, la señora de mi hermano Ismael y sus hijos Laura Verónica, José Adrián, y Lorena Itatí, ¡fueron los dueños de mi cariño de tía mientras estuve en la tierra con ellos!

Sentí un amor especial por mis abuelos. Los padres de mi papá, Manuel Zabaleta, fue un vasco duro y trabajador del campo, que llegó soltero a Carmen de Patagones, desde Leisa, un lugar atrapante del país ‘Vasco’ y se casó Elvira Reggiani, una simpática maragata, que muy pronto se adueñó de su porfiado, pero noble corazón.

El mismo amor, sentí por mis abuelos maternos Eduardo Pinós, un emprendedor comerciante español venido a la Argentina y a Carmen de Patagones desde ‘Guardia’ su también hermoso pueblo de la provincia de Lérida. Aquí encontró el amor en mi abuela, Luciana de Dolores Rodríguez, una cordobesa de Río Cuarto, con la que armaron su nido maragato en la calle Comodoro Rivadavia Nº 332.

¿Le puedo contar un secreto mío que no se lo dije nunca a nadie, por miedo de que no me creyeran? Yo desde el momento mismo en que nací tuve la intuición de que nunca podría caminar bien, ¿sabe por qué? Porque la enfermedad que me detectaron los médicos en los huesos casi al nacer sería la cruz que yo debería llevar para siempre, pero también mi enfermedad me permitiría tener mucha fuerza para superar cualquier escollo que se me presentara en mi existencia".

El jardín de infantes, la primaria y la primera comunión: "Mis años ‘de Jardín’ en el Nº 1 de Patagones fueron maravillosos con Maruja Jauge de Garrafa como la ‘Dire’ y con ‘Charito’ y Graciela Escudero como las ‘seño’ con ‘Porota’ Traversa como la ‘celadora’, mientras que la buena de Teresa nos servía el mate cocido. ¡Yo me sentía una princesa, con mis compañeritos: ‘Tatina’ Livigni, Mario Uicich, Osvaldo Allogia, Silvio Malaspina, Elmita Arizcuren, uyyy ¿me olvido de alguien? Nunca me dejaron solita, compartíamos las hamacas, el tobogán y la calesita en el patio y en la sala de música la señorita Blanquita Radeland me dejaba cantar, ¡cómo me gustaba cantar!

Del 60 al 62, disfruté los primeros años del primario en mi inolvidable Escuela Nº 2 Bartolomé Mitre de mi amado Carmen de Patagones. Allí me reencontré con muchos de los que fueron mis compañeros en el Jardín de Infantes y se agregaron a mis amores: Matilde Llano, Ana Mari y Alberto Aparicio, Analía Fernandez, Angelito Calducci, Nilda Rial, Aníbal Barilá, Edgardo Goñi y José Luis Abayú. La señora de Urquijo, junto a la señora de Galarregui y la señora de Benítez, fueron nuestras respetadas maestras. ¡También allí fui una más de los grados, ¡parecía que nadie se acordaba de mi silla de ruedas!

Mar del Plata me ofrecía la posibilidad de un tratamiento más adecuado que me ofreciera una mejor calidad de vida y allá me llevaron mis padres y allá terminé el primario, ahhh, en Mar del Plata tomé mi ‘Primera Comunión’ y ¿sabe una cosa?, ¡canté como solista en esa ceremonia!

El secundario y mis amigas: En 1967 regresé a Patagones para hacer el secundario en el ‘María Auxiliadora’ de Patagones. Allí pasé momentos hermosos con Ana y Matilde Aparicio, con Elmita Arizcuren, Adriana Catellani, Stella Canú, Silvia Toulemonde, Graciela Dominice, Gloria Giraldi y... ¿será posible que no me acuerde si hubo otras?

Yo desde mi ‘silla de ruedas’ empujada antes por mi mamá, mi papá y ‘Pepe’, mi hermano, ahora sentía que la empujaban los lazos de amistad de mis amigas compinches y nunca les dije a ellas: ¡yo no puedo! Y por eso, las acompañaba en lo que hacían y adonde iban. Participaba de sus juegos, de las rondas en el patio del colegio, en el coro y en los intercolegiales.

De las ‘salidas’ de las chicas, que podía ser a los ‘bailables del Club Mitre o saborear juntas un cafecito y algún cigarrillo que otro en la ‘Confitería Sabbatella’, y por supuesto también ir a los picnic y los asados en la costanera de Viedma.

Me encantaban nuestras largas charlas, con ‘miraditas’ y todo, en la plaza y en el ‘Naútico’ de Viedma, aquellos disfraces ridículos que usábamos en el Día del Estudiante y pasarnos a escondidas, el ‘machete salvador’ en las pruebas de anatomía, geografía o historia.

Me llenaban el alma, las notas de las guitarras y el sonar de los bombos en las ‘misas de los jovenes’. Mi otra pasión fue cantar y no me crean una agrandada si le digo que yo, ¡yo siempre canté muy bien!, ¿qué tal?

Mis sueños, mis dudas. ¡Ya soy médica! : Voy contarle algunos fundamentos que manejaron mi mente desde que me ubiqué en la vida con mis impedimentos físicos, sabiendo que finalmente los vencería.

Yo quería ser médica de niños, para que los escollos de las enfermedades no se interpusieran en sus sueños e ilusiones, y con ese anhelo ingesé en 1972 en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Plata. Me acompañaban en ese entonces mis convicciones y mis dudas que traté de reflejar en mis escritos, en mis poemas y en mis procederes. Lo que sigue, son las imágenes que devuelve el espejo de mis sentimientos:

- Yo soy muy voluntariosa y constante, gracias a ello soy capaz de superar muchos obstáculos y tengo un elevado nivel de aspiraciones.

- Yo deseo llegar a ocupar un puesto importante en la sociedad. Se podría decir que soy algo soñadora y por eso, a veces me siento invadir por la tristeza y siento ganas de gritar mi desesperación, pero asimismo, ¡no me gusta que me tengan lástima!

- Yo deseo, más que nada estudiar medicina, especializándome en los niños. ¡Me gustaría dedicar mi vida al prójimo! Quizá se pueda pensar con razón que elegí esta carrera como revancha al problema físico que me aqueja. Me siento muy cómoda en companía de otros y me molesta la soledad. Me encuentro muy a gusto con mi familia, porque ellos son verdaderamente comprensivos conmigo. Dudo que pueda seguir estudiando, ¡pero no debo tener dudas! Necesito ser realista y aspirar a lo que realmente esté a mi alcance. Y con todos esos sueños, y con todas esas dudas, en el año 1977 me recibí de médica! ¿Y ahora?

La vez que llegué al cielo: Aquel 21 de diciembre de 1978 a la mañana temprano, llegó mi papá a la casa donde vivíamos con mamá en la ciudad de La Plata. Había viajado toda la noche en colectivo desde Patagones y llegaba para comprarme en Buenos Aires la aparatología que yo necesitaba para instalar mi consultorio de ‘cardiología’ que era la especialidad elegida por mí y para que después viajáramos en mi coche a Patagones para pasar la Navidad en familia.

El me había comprado un ‘Dodge’ con caja automática para ‘Discapacitados’ para que anduviera todos los días y acompañada por mi mamá, nos trasladáramos desde La Plata hasta el ‘Hospital Fiorito’ en Avellaneda, lugar en el que hacía mi ‘residencia médica’. Salíamos de La Plata a las 7 de la mañana y volvíamos a las 7 de la tarde.

Con la alegría de la presencia de mi padre desayunamos los tres, y mientras mamá se quedaba para preparar las valijas nos fuimos con papá a Buenos Aires a adquirir los equipos cardiológicos previo paso por ‘el Fiorito’ para que yo pudiera despedirme de mis colegas y amigos, antes de mis pequeñas vacaciones de fin de año.

Estacionamos frente al Hospital y papá se quedó leyendo el diario arriba del auto, mientras yo entraba a saludar. Allí fue asaltado y raptado por dos sujetos, que luego de robarle todo, incluso la importante suma de dinero que él había colocado en la guantera y que había llevado para adquirir los equipos cardiológicos para mí, lo golpearon cruelmente para que les enseñara a manejar ese auto ‘raro’ para ellos. Finalmente lo abandonan en Florencio Varela, lastimado y sin un peso.

Papá encontró gente buena que le dio dinero para el colectivo y más allá de las siete y media de la tarde nos reencontramos en el Hóspital, donde yo lo esperaba con desesperación. Los delincuentes, dejaron más tarde el coche abandonado frente a una agencia ‘Dodge’ con las llaves puestas y el agenciero, por unos papeles míos que encontró bajo el asiento, llamó al ‘Fiorito’ y lo pudimos recuperar.

Por fin el 23 a las 11 de la mañana y manejando mi padre partimos con rumbo a Patagones, donde trataríamos de olvidar ese mal momento festejando la Nochebuena y la Navidad en paz y en familia.

A la altura del kilómetro 135 de la ruta 3, desde atrás del camión de hacienda que venía de frente, se adelantó un coche ‘Falcon’, yo que venía en el asiento trasero, ya que mamá iba adelante con papá observé con terror que nadie podía hacer nada por impedir el terrible impacto.

Papá y mamá murieron en el momento, yo que sentí mis huesos rotos en varias partes les dije a los que llegaron para auxiliarnos que llamaran a un compañero médico del ‘Fiorito’ que estaba allí cerca visitando a los suyos. A los pocos minutos ya estuvo conmigo y se ubicó a mi lado para asistirme en la ambulancia que me retornaba a Buenos Aires y en la curva de ‘Monte’ noté que él me cerraba los ojos con mucha ternura y que mi alma empezaba a volar con destino al cielo.

Como sólo hacía 45 minutos que papá y mamá habían emprendido el mismo camino y dado a que para transitarlo no hace falta tener las piernas sanas, los alcancé enseguida y los tres llegamos juntos al infinito. ¡Ya nada ni nadie, podría separarnos en la eternidad!

¿Quiere saber lo que dijo Matilde Llano de mí?: Me han quedado grabadas en mi corazón las palabras que allá en la tierra dijera Matilde Llano, cuando le pusieron mi nombre al CIDPA de Patagones. Espere señor periodista, que le hago escuchar lo que tengo grabado de aquella vez. ¡Me pongo colorada de sólo recordar lo que dijo mi querida amiga Matilde! Escuche usted:

- Andando el camino de los recuerdos aparece la imagen de Cecilia, siempre transmitiendo fuerza, coraje, ilusión y esperanza. Estas son las palabras que mejor pueden hablarnos de ella.

De la fuerza de Cecilia fuimos testigo nosotras, tanto en el Jardín de Infantes Nº 1 como en la Escuela Primaria Nº 2, donde la vimos siempre integrada a la actividad de todos los chicos, como así también en cada rincón del Colegio María Auxiladora, donde compartíamos la preciosa etapa del secundario.

En aquellos años de la adolescencia es cuando más se realza la fuerza de Cecilia. Compartíamos todo. No le escuchamos decir ‘yo no puedo’. Ella podía, juntas podíamos.

Cecilia vivía de proyecto en proyecto, avanzando hacia su gran meta: "La Facultad de Medicina". Ya en los juegos de muy niñas le escuchábamos decir: "Yo voy a ser doctora" Y llegó el soñado día en que aprobó el ingreso a la Facultad. Luego una carrera universitaria excelente, por las calificaciones y por el tiempo empleado. ¡Y Cecilia fue doctora!

En aquellos años de su lucha universitaria por aprobar materias, yendo y viniendo con su silla de ruedas, Cecilia, también tuvo fuerza para luchar por su cuerpo. Y sin abandonar la facultad, decide y afronta dos operaciones, que, luego de varios meses de reposo, le abren la posibilidad de la rehabilitación y poder caminar ‘con muletas’ a los 22 años.

Hablar de la fuerza de Cecilia es hablar de la fuerza de su mamá, de su papá y sus hermanos.

- ¿Vio cuántos elogios a mi persona? ¡Como para que yo no me ponga colorada! ¿No le parece mucho señor periodista?

¡Un reportaje en el cielo! : Había terminado mi reportaje ‘en el cielo’ salí caminando por sobre una nube muy blanca, hice unos cuantos pasos y giré mi cabeza para mirar la casa en donde terminaba de charlar con Cecilia, ella estaba apoyada con sus muletas en el marco de la puerta y me sonreía. Arriba de esa puerta y en la pared muy blanca del frente, se leía en letras flotantes y de mil colores:

 "-Consultorios Cardiológicos del Ejemplo-", y en la lustrosa placa de bronce colocada prolijamente al costado de esa puerta, pude leer: "Dra. CECILIA GRACIELA ZABALETA - Médica Especialista en Constancia y Coraje -".

Subí al ‘Rayo de Sol’ que tiene su parada en la esquina de la otra cuadra de la nube y ubicado en el primer asiento junto a la ventanilla me dispuse a viajar desde ese lugar de tanta paz a la tierra y a un mundo conflictivo y angustiante. No sé cuánto tiempo pasó, pero de pronto sentí que alguien me tocaba el hombro y me decía:

-¿Qué te pasa, viejo? ¡Te quedaste dormido sobre el teclado de la computadora de la redacción del diario!

¿Así que todo era un sueño? ¿Así que no le hice ningún reportaje a Cecilia? ¿Así que no me encontré con ella en una nube del cielo? Y bueno, qué le vamos a hacer, ¡los sueños, sueños son! Pero es lindo soñar, ¿verdad?

Fuente: Victor J. Carlovich - Noticias de la Costa

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