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Hugo Alberto Porro

 
 

Soy un viedmense llamado Hugo Alberto Porro, que nació el 12 de abril de 1944 en Carmen de Patagones por obligación. Digo eso, porque como la partera que asistió a mi mamá era la más chiquita de las Del Papa y atendía allá a pesar de que nosotros vivíamos en Viedma, debí nacer obligadamente de aquel lado del río.

Mi padre se llama Rogelio Porro y Navidad Martínez es el nombre de mi madre. Los dos siempre vivieron en Viedma y en Viedma nacimos todos sus hijos.

Pertenezco a una familia de pintores de obra. Mi abuelo paterno, Enrique Porro, llegó de Italia y se ganó la vida con ese noble oficio. Mi viejo heredó de él esa profesión y en principio empezó trabajando con Julio Girondes, para luego dedicarse por su cuenta.

Agripino Martínez que era mi abuelo materno, había llegado de España y aquí se casó con una criolla llamada Rosalía Pazos, de netas raíces viedmenses.

Cuatro hermanos engrosamos el hogar de mis padres: María Angélica, Elvio Rogelio, Raúl Enrique y Hugo Alberto (yo).

María Angélica ya no está con nosotros porque voló temprano para vernos desde las nubes, y los varones acunamos desde muy chicos una pasión que yo mantengo hasta hoy: la de ser ‘Exploradores de Don Bosco’.

Sin ninguna duda que ello nació desde el primario en el Colegio San Francisco de Sales. Yo cursé allí desde primero a sexto grado como era entonces y de aquel tiempo guardo maravillosos recuerdos de mis compañeros de aula, entre ellos: Angelito Massinari, Roberto De Rege, Edesio Poinzot y tantos otros que siempre estarán en mis memorias.

En cuanto a mis maestros de aquella etapa, que eran sacerdotes en su mayoría, menciono al padre Forasaco, al padre Eney Dailof y a Bartolo, el coadjutor amigo de todos".

Después siguió el secundario hasta tercer año en el Colegio Nacional de Viedma, que se encontraba frente a la Plaza Alsina. De esa época tan linda no quiero hacer nombres para no cometer la injusticia de olvidarme de alguno, porque no me lo perdonaría nunca".

Mientras cursaba el secundario, comencé a trabajar en el Correo como mensajero. El jefe era Julio Girondi y tenía como mis compañeros a ‘Mingucho’ Guerrisi, Despós y Liccardi. Trabajé allí hasta que que cumplí 20 años y me tocó el servicio militar obligatorio. 

Pero apenas había terminado el primario, me picó el bichito de los ‘Exploradores de Don Bosco’ y así fue que con 13 años cumplidos ingresé a ese cuerpo y a partir de allí ya no podría alejarme de él.

En Viedma, la idea del padre salesiano Vespignani de crear un Cuerpo de Exploradores, nacida de ver a tantos chicos en las calles de Viedma y tan pocos en la iglesia, se convierte en realidad el 14 de marzo de 1936, cuando se funda el Batallón 34 ‘Cardenal Cagliero’ de Exploradores Argentinos de Don Bosco, con asiento en el Colegio San Francisco de Sales.

Los avatares del destino hicieron que el durante algunos años más adelante, el accionar de los Exploradores de Viedma se diluyera bastante y fue el retorno en 1955 del coadjutor salesiano, capitán de exploradores Francisco Geronazzo, el que con su inquebrantable fe comenzó la tarea de refundar el Batallón.

En 1957 me encontraba trabajando en él con otros 60 exploradores y tuve el honor de que al año siguiente se me designara abanderado. Debo recordar que por entonces el director del Colegio era el padre Antonio Fernández.

Me vienen a mi mente los nombres de mis compañeros de ese tiempo, entre otros: Gerardo Mendaña, Oscar Pazos, mi hermano Elvio, Carlos Velázquez, Pedro Schneider".

Aquellos campamentos de fines del 50: "Nuestro gran capitán Geronazzo armó con maestría los grupos que integrábamos entre 15 y 20 exploradores. Esos grupos o compañías se denominaban: Comunicaciones, Sanidad, Banda de Música, Ingeniería, y otros que se fueron agregando.

De aquellos exploradores que iniciábamos una hermosa vocación, hoy, después de 45 años, muchos seguimos juntos trabajando por la proyección de los Colegios Secundarios de la Obra de Don Bosco: el ya jerarquizado y afianzado ‘Zatti’ y el recientemente creado que lleva el nombre de ‘Juan Vecchi’, quien fuera Explorador de Don Bosco en Viedma en la primera era, junto a don Juan Carlos Tassara y a otros ilustres vecinos de Viedma y de la zona.

El resurgimiento de ‘El Batallón 34’ cimentado en el esfuerzo y el carisma del capitán Geronazzo y en el que yo me había instalado con tanto entusiasmo, se sustentó más allá del trabajo diario y el entrenamiento propio de los exploradores, en hermosos y positivos campamentos que se llevaron a cabo en el Alto Valle, en Bariloche, en El Bolsón, en Esquel y en Sierra de la Ventana, por mencionar sólo a los más importantes.

Corrían los años 1959 y 1960 y aquellos fabulosos viajes los hacíamos en un camión que nos facilitaba el gobierno de Río Negro y en su parte trasera los exploradores nos sentábamos sobre las cajas en las que previamente habíamos cargado los comestibles que consumiríamos durante los 15 días que duraba más o menos cada campamento".

Ahora lleva el nombre de un verdadero pionero: En aquellos tiempos, nuestro Batallón de Exploradores colaboraba con las distintas actividades que se desarrollaban en Viedma. Estábamos en las carreras de bicicletas, en los desfiles, etc. También se acostumbraba que una delegación se hiciera presente en los velatorios y entierros, como así mismo en las ceremonias de casamiento de las personas allegadas a la institución. Y eran un clásico de Viedma nuestras fiestas de fin de año, cuando realizábamos exhibiciones de salvataje y otras actividades propias de los exploradores.

Eran tradicionales las ferias y las kermeses que en ese tiempo se hacían en el patio del colegio y a ellas concurría todo el pueblo. ¡Lo hermoso y reconfortante resultaba que todos esos festejos los preparaban los chicos con sus padres!

Allá por 1975 o ’76, el capitán Geronazzo debió irse de Viedma hacia otros destinos. Los chicos exploradores crecieron y se hicieron hombres. Muchos de ellos se distanciaron de la actividad, por lo que el ‘Batallón 34’ entró en un inmerecido receso.

Pero en el año 1983, siendo el párroco el padre Luciano, llega a Viedma el padre Emilio Cortez, quien con un pequeño grupo comienza un trabajo persistente para refundarlo. El 28 de octube de 1984, el Consejo Regional de Exploradores autoriza su reapertura y a partir de ese momento, el querido batallón pasa a llamarse ‘Francisco Geronazzo’ en honor a ese coadjutor salesiano que fue alma y motor de los Exploradores de Don Bosco en Viedma durante muchísimos años.

El capitán Geronazzo agregaba a sus dotes personales el ser un excelente profesor de materias, un exquisito pintor de iglesias, un creativo fotógrafo, un muy buen director de banda de música y, estoy segurísimo de que, de haberse dedicado a la actividad comercial privada, hubiera sido un empresario de primer nivel.

En el año 1987, y en la tercera etapa del batallón, se incorpora la ‘Rama Femenina’, en la que es necesario destacar y valorizar la actuación de Silvia Polizzi. Asimismo, y en la misma época, también se suman los ‘Exploradores Adultos’ con todo lo positivo que ello representa para la institución.

La verdad es que podría estar horas y horas charlando de este tema y recordando nombres, fechas y anécdotas del historial del Batallón de Exploradores de Don Bosco ‘Francisco Geronazzo’, que siempre estuvo metido en el sentimiento y en los corazones viedmenses y de toda la región".

Mi vuelta al Batallón: Por esas cosas de la vida, yo no me había reincorporado a esa renovada instancia de funcionamiento de los exploradores locales que con tanto afán reorganizó el padre Cortez, pero una situación muy especial cambiaría mi decisión.

A este voluntarioso sacerdote le asignan un nuevo destino y debe alejarse de Viedma y, ante esa realidad, el padre Luciano envía a dos papás de exploradores a que vengan a convencerme para que vuelva. Me dijeron:
-"No te podés negar, Hugo, neecesitamos urgente un conductor".

Ser ‘explorador’ fue siempre mi mayor desafío. Por eso acepté el convite y volví. ¡Ya nunca más me alejaría!

Claro que tuve que adaptarme a las nuevas reglas. Las ‘Compañías’ pasaron a ser ‘Patrullas’, tanto para los hombres como para las mujeres, y se podía ingresar desde los 10 años.

Los varones se dividirían en ‘Caminantes, ‘Pioneros’,‘Rastreadores’,‘Baqueanos’ y ‘Soles’.

Y las mujeres en: ‘Chispitas’, ‘Fuego’, ‘Hoguera’ y ‘Antorcha’.

Desde aquel entonces a estos días, hemos transitado un lindo camino de importantes logros y hoy, nuestro amado ‘Batallón 34’ cuenta con aproximadamente doscientos exploradores, ¡lo que es un gran orgullo!

El padre Lucio es el párroco y capellán, yo soy el jefe de Batallón y Natalia Vallas es la jefa de la Rama Femenina".

Fuente: Victor J. Carlovich - Noticias de la Costa

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