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Hugo Alberto Luca

 
 

Mi nombre es Hugo Alberto Luca y nací en Guardia Mitre el 3 de julio de 1940. Soy hijo de Domingo Luca y de Cálida Cambruzzi. Mi papá había nacido en Carmen de Patagones y mi mamá, era de Guardia Mitre. Pasé gran parte de mi vida en ese lugar tan querido y que tengo tan metido en mi corazón.

En aquel tiempo, mi querido Guardia Mitre era un pedazo de tierra hermoso, habitado por gente muy buena, como estoy seguro que lo son los que viven ahora allí. Las ‘quintas’ florecian con sus sembrados y sus frutales, dándole trabajo y un buen pasar a su vecinos. Guardia Mitre era alegre por sus fiestas familiares donde nos encontrábamos y divertíamos todos sin excepción, ¡desde los chicos a los viejos! Allá los amigos eran más amigos que en muchos otros lugares, y las chicas... bueno, ¡las chicas de Guardia Mitre eran las mas lindas del mundo!

Yo provengo de una familia de ‘quinteros’, ya que mi abuelo Salvador Luca, que vino desde Calabria (Italia) junto a mi abuela Felisa, con quien se había casado en su pueblo natal, antes de viajar a a la Argentina para ‘hacer la América’, enseguida de llegado a Carmen de Patagones logró instalarse en una quinta en las proximidades de donde mas tarde se construyera el ‘Puente Viejo’.

Esos abuelos tuvieron seis hijos varones y tres mujeres. De todos ellos, hoy solo me queda el tío Juan, quien vive solo en Viedma, donde se juntan la calle ‘7 de Marzo’ con la Avenida Zatti.

Mis abuelos y sus hijos producían en aquella quinta de Patagones todo tipo de frutas y verduras que luego vendían para vivir. ¡Y vivían muy bien!

Uno de esos hijos, mi tío José, se dedicó a la ‘sastrería’ y se trasladó para desarrollar su oficio a San Antonio Oeste, allí murió a los 85 años, siendo reconocido como un muy buen ‘sastre’. Tal es así, que había gente que llegaba especialmente a San Antonio desde la ‘línea sur’ para hacerse sus trajes en su sastrería, que hoy continúan sus hijos, o sea mis primos."

Domingo Luca, el quintero de Guardia Mitre:  "Lo dije y lo repito, ahora vuelvo poco a mi pueblo, porque me produce mucha tristeza ver que las ‘quintas’ florecientes de sembrados de antes, muchas de ellas se han convertido prácticamente en taperas, cerradas y abandonadas... no existen mas aquellos almácigos de verduras que eran una pinturita y tampoco los cientos de plantas de frutales, cargadas de dulces frutos.

Cada vez recuerdo con mas nostalgia aquella chacra de mi papá y donde yo nací, rebosante siempre de una producción extraordinaria y pareja durante todo el año.

Los que armaban todo eso eran mi viejo y mi tío Sebastián Domingo Cambruzzi. ¡Ese si que laburaba por cinco! La chacra daba a la ribera del río Negro y el suelo de la misma estaba compuesto por tierras fenomenales. Además de ello, el lugar era ideal para la caza y la pesca.

Se producía allí un poco o mucho de todo. Teníamos papas, zapallos, tomates, berenjenas y morrones, que eran el asombro de todos. ¡Y qué decir de nuestra vid y el resto de la fruta que cosechábamos!

En tiempo de cosecha, eran varios los fruteros de Viedma que se acercaban para comprar lo que se producía allí y no creo equivocarme al decir que todos ellos quedaban muy conformes con los productos que disponíamos para ofrecerles.

José ‘Tono’ Cambarieri era uno de los mas importantes de esos compadres y resultaba ser el mayor propagandista de la ‘uva de don Domingo Luca’, el quintero de Guardia Mitre".

La Escuela Nº 5 "Luis Piedra Buena": "En Guardia Mitre, mi papá le alquilaba una chacra a la familia Faguaga, ubicada a solo cuatro mil metros del pueblo. Allí nací yo y mis dos hermanas: Norma Elis y Onelia Raquel. Mamá fue ayudada en los tres nacimientos por la partera doña Catalina Rechimberger, que creo que atendió los partos de la mayoría de los producidos en nuestro pueblo.

Toda mi escolaridad primaria, de primero a sexto grado, la hice en la Escuela Nº 5 ‘Luis Piedra Buena’ de Guardia Mitre. Fueron tan lindos aquellos años, que guardo adentro mío los queridos nombres de mis compañeros, entre ellos: Juan ‘Cachona’ Leli, Laurentino Oyón y Marta Vázquez, la hija de don Roque y que luego extrañé mucho, cuando con toda su familia se fue a vivir a Río Colorado.

Me acuerdo con mucha emoción de los maestros que tuve, por ejemplo de Asunta Nervi casada con el ‘Poli’ Avila y especialmente, nunca olvidé a la señorita Cecila Truquín, una ‘misionera’ muy dulce, que en una de las vacaciones de invierno viajó a Misiones, su provincia, para visitar a sus padres y allá murió en esa ocasión.

Creo que cuando al volver a la escuela terminadas esas vacaciones y la señora directora Alba Laría de Bernengo, nos reunió a todos los alumnos para decirnos que la maestra había fallecido, ¡fue uno de los días más tristes de mi infancia!

El ir a la escuela no me salvaba de tener que ayudarle a mi papá en todos los trabajos de la chacra, pero aquello no dejaba de ser una grata distracción para mí ya que era un lujo verlos trabajar en la quinta a él y al hermano de mi mamá, el tío Sebastián".

¡Vino “patero” para la maestra!: "En el año 1957, papá compró una casa en Patagones y allá nos fuimos a vivir toda la familia. Durante la semana volvíamos con mi viejo a trabajar la chacra de Guardia Mitre contando con un camión Ford modelo ’57. Cargábamos en él, 6 ó 7 mil kilos de nuestra mercadería y la vendíamos a los fruteros de la Comarca, entre ellos Nervi, Poggi, Escurra , Cambarieri, y ademas llevábamos nuestro producido a Stroeder y Villalonga.

Nuestro vino patero ‘chacolín’ se vendía a mansalva. En una oportunidad, una maestra que lo consumía en su casa, me preguntó:

-"¿Cómo hacen ustedes ese vino tan rico?"

Le expliqué con lujo de detalles:

-"Llenamos con la uva un tanque grande ‘tipo molino de agua’. Nosotros nos lavamos los pies, nos ponemos alpargatas nuevas y comenzamos a caminar sobre ella".

La maestra abrió los ojos asombrada y me preguntó:

-"¿Y no se entierran entre la uva?"

Le contesté como debía:

-"Sí, señorita, claro que nos enterramos".

Ella, con los ojos mas grandotes todavía, volvió a preguntarme:

-"¿Y hasta dónde se entierran?"

No le mentí ni un centésimo y señalando mi cintura, le dije:

-"Hasta aquí, señorita".

La maestra puso cara de asco y expresó:

- ¿Y nosotros tomamos ese vino? ¡Puaffff...!"

Fuente: Victor J. Carlovich - Noticias de la Costa

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