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Eusebio Alvarez

 
 

Fue Ferroviario donde el Frío y los animales transportados no permitían demoras. Luego Fue empleado de correo. Durante cinco  años a caballo, recorría los caminos revisando las líneas del telégrafo. Se casó con Zulema Esther Mora quien nació en Colonias Frías. Tuvieron una hija, Elda Emilce  y  hoy disfruta de sus   tres hermosos nietos: Javier Alejo, Victoria Amalí  e Iñaqui Emilio

Nací en Talcahuala, en la provincia de Río Negro, un desvío ferroviario que conecta con Bariloche a doscientos sesenta y cuatro kilómetros de San Antonio Oeste  precisamente. hacia el oeste.”

Cuando habíamos convenido la entrevista, me dio la dirección y ante mi desprolijidad  para anotar la calle y el número, dudé un poquito cuándo. toqué el timbre. pero la linda  sonrisa  de la señora mayor que abrió la puerta me disipó  todas aquellas dudas y antes que pudiera explicarle quién era yo y a qué llegaba, se anticipó con simpatía: “Pase... mi esposo lo espe­ra...

En al amplio living de casa al trescientos de la calle Sarmiento de Viedma, me encontré con quien minutos después me haría penetrar en el cofre de sus recuerdos, que podría imaginarse como si fuera un verdadero y  antiguo baúl repleto de anécdotas y forrado con las flores de una maravillosa y respetada personalidad  que hicieron pasar inadvertidamente casi dos horas de jugosa charla, superando ampliamente mi capacidad de velocidad para dibujar garabatos en la carpeta de apuntes. Garabatos casi ilegibles, que sirvieran para registrar cronológicamente fechas, lugares y nombres, para que más tarde pudiera armar esta historia,., la historia de vida de don Eusebio Álvarez, un rionegrino de pura cepa, que nació el 22 de julio de 1911, dato que cuenta únicamente para la estadística porque quién va a decir que don Eusebio tiene ya cumplidos sus juveniles ochenta y seis años...” Si casi le pido el documento de identidad para ver si era cierto...!

En la primera tranquera: Mi papá. que se llamaba también Eusebio. era un español que llegó soltero a la Argentina y que Conoció aquí a mamá. Ángela Ruiz, también española Ella había quedado viuda de su anterior matrimonio. Hacía varios años, con cinco chicos.

De esta unión nacimos cinco hijos... por lo que al final llega­mos a ser diez hermanos. Fui el octavo de ellos. En estos momentos de todos, sólo queda­mos dos, mi hermana Ángela que vive en Buenos Aires y este Eusebio, que usted tiene frente suyo.

Yo nací en la ‘primera tran­quera’ de la Estancia “Los Ingle­ses” que justamente estaba ubi­cada en Talcahuala, ese desvió ferroviario del que le estuve hablando. ¿Sabe. usted, el tamaño de esa estancia?  Doscientas  leguas...! Casi nada... ¿No?

En 1910, a mi padre le habían asignado en ese lugar y por un contrato que duraría cinco años, un terreno donde había un manantial, un apetecible “ojo de agua’ y allí instaló una gran­ja. donde producía aves y fabricaba chacinados y quesos que vendía a la proveeduría de la estancia.

Durante ese período y antes de completar el contrato falleció papá. cuando yo apenas supera­ba los dos añitos. Mamá se hizo cargo de todo, hasta que se com­pletaran los cinco años estipula­dos en el convenio. De allí nos fuimos a vivir a Corral Chico, hoy llamado Ramos Mexía donde mi madre puso un despacho de bebidas y una pensión.

Un maestro de los de antes, con bastón y galera: “Estando en Corral Chico y cuando cumplí mis seis anos (1917). comencé a ir a la Escue­la N0 13, que fue la primera en toda esa zona. Allí completé hasta tercer grado, que eran los únicos que se dictaban. Tengo muy presente al maestro encar­gado de esa escuelita, era un puntano proveniente de San Luis que se llamaba Francisco Ciriciolo Tissera. Todos los días llegaba luciendo bastón y som­brero... “caleta alta”, le daban una estirpe muy especial.

En 1923. mi hermano Atilano Vicente, que era un excelente jinete domador y sin ningún otro tipo de experiencia laboral, ante la escasez de personal idóneo, es contratado por el incipiente Ferrocarril del Estado en San Antonio Oeste y donde ingresa como foguista de las máquinas a vapor para el tramo San Antonio Viedma. Nuestra vivienda eran tres vagones. En el ‘24 y ‘25, estuvimos viviendo en Viedma en las casitas del. ferrocarril, que estaban instaladas bajo el puente por donde pasa ahora la ruta a La Boca. En ese tiempo por la construcción de la línea, los trenes avanzaban sobre las vías provi­sorias puestas a nivel del suelo.”

En busca de la vida: “Mientras vivíamos .en Vied­ma y habiéndonos mudado por ese entonces muy cerca del río. esporádicamente me mandaban a la escuela a Patagones. Para cruzar a la otra orilla, ya que no existía todavía el puente, me lle­vaba el botero de apellido Morello. Allá en la Escuela de! Baña­do, que estaba cerca de donde ahora tiene su campo de depor­tes el club Jorge Newbery, a pocos metros de la costa me encontraba con mis compañeritos. Recuerdo especialmente a dos de ellos: María Fondrini y Francisco Follino, este último vivía en una isla y cada vez que nos encontrábamos me contaba cosas del lugar donde vivía y yo las transformaba en verdaderos sueños de aventura. Pero en el 27 por el trabajo de mi hermano en el ferrocarril. debimos regresar a San Antonio.

Un año después, cuando cumplí diecisiete y ante la nece­sidad, decidí buscar mis propios horizontes y con una valijita de cartón donde puse mis pocas pil­chas me fui solito a ingeniero Jacobacci ... No tenía nada, así que si conseguía algo. aunque fuera muy poquito. para mí era mucho.

Toque muchas puertas. Pregunte y pregunte y por fin encontre un humilde empleo en un almacén, en eso estuve hasta el 22 de agosto de 1929 cuando conseguí ingresar al ferrocarril como peón de la cuadrilla, me desempeñe como peón hasta el último día del año 30, que fue cuando me ascendieron a guarda temporario en trenes de hacienda. Aquello me marco profundamente en lo que debe ser la responsabilidad y el cumplimiento de horarios. Debíamos transportar las ovejas que tenían destino final Viedma, luego pasaban los animales por medio de balsas a Patagones, esta operación se hacia cruzando el río a la altura donde ahora se encuentra el puente Nuevo y allí se enviaban a las estancias del centro de la Provincia de Buenos Aires.

Digo que aprendí respetar la responsabilidad y los horarios, porque por ejemplo las tropas que eran de cinco mil ovejas para completar el tren y que llegaban a Pilcaniyeu donde estaba el primer punto de embarque, venían siendo arriadas por la precordillera desde hacia tres meses por cuatro o cinco arrieros, por eso, llegaban con absoluta precisión un día antes de que llegáramos nosotros con el tren para cargarlas. El segundo punto de embarque que estaba en Ingeniero Jaccobacci, el tercero en Los Menucos y el cuarto en Mancha Blanca.

El 16 de junio de 1931 el gobierno se adueño del país por la Revolución del 30 echo muchos empleados ferroviarios y a mi también me toco, pero tuve suerte cuatro días después el 20 de junio ( todavía no se festejaba el día de la Bandera) entre a trabajar en el correo en San Antonio Oeste, empecé como guardahilos y debía controlar las líneas telegráficas de San Antonio a Cierra Grande, me mandaba ciento cincuenta kilómetros a caballo, tardaba dos días para ir, tenia uno de descanso y enseguida dos para regresar.

En esa empresa me desempeñé del 35 al 37 en General Conesa, del 37 al 45 en Sierra Grande del 45 al 48 en San Antonio Oeste, del 49 al 53 en Viedma, del 53 al 61 en Babia Blanca y me jubilé por tener los dos topes: el de edad y de años de servicio. Pero como hay que seguir trabajando, lo hice en el 62 por poco más de un año en Vialidad de Río Negro. después del 63 al 71 en el DPA y pasé por último por la Dirección de Transporte, desde el 71 al 76, retirándome definitivamente el 1 de enero de 1977.

Un reportaje con gusto a volver: -Gracias por su visita...Venga a charlar cuando quiera...Así me despidió en la esquina de la avenida 25 de Mayo de esta ciudad capital de la provincial

- Chau don Alvarez..claro que voy a volver, voy a volver para que me cuente aquello de la primera pulpería de la Patagonia en la línea oeste, lugar donde pasaban las carretas que iban de Viedma a Bariloche. Para que me vuelva a contar que conoció en 1931 a Cirilo Collado, el Juez de Paz de Sierra Grande y que cuando aquel murió a los cien años de edad, en la total indigencia...enterado que lo querían sepultar sin cajón les dijo: por favor esperen hasta mañana, y esa noche trabajo incansablemente con sus conocimientos de carpintería para fabricarle un cajón con madera gruesa de embalajes que encontró por allí...y para que fuera enterrado como Díos manda. Me gustaría que me cuente aquella historia cuando era empleado de correo en San Antonio Oeste y recorría 15 kilómetros en bicicleta hasta el aeropuerto para entregar la correspondencia a los pilotos de “ Aeroposta” que hacían escala allí en sus vuelos entre Bahía Blanca y Comodoro Rivadavia. Sesenta años después se encontró en Buenos Aires y de casualidad, con el único piloto que queda vivo... los demás murieron todos en accidentes de aviación. Por supuesto que voy a volver...Siempre se vuelve al manantial de agua clara...me va a esperar don Eusebio Alvarez?..no es verdad que si?

Fuente: Victor J. Carlovich - Noticias de la Costa

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