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Un día de Don Zatti

 
 

 En 1915, un preso había sido internado en el hospital San José por las heridas que había recibido. Pero ante la falta de la vigilancia que la misma policía omitió proveer, el reo huyó cómodamente. Zatti, como responsable del hospital debió permanecer detenido en calabozo cinco días, hasta tanto se aclaró su inocencia.

Don Artémides se levantaba todos los días entre las cuatro y media y las cinco de la mañana. Hacía la meditación en comunidad y luego participaba de la misa.  Tras ello saludaba a los enfermos con un "¡Buenos días! ¡Vivan Jesús, José y María! ¿Respiran todos? Deo gratias" y comenzaba a recorrer cama por cama.

Luego desayunaba (café con leche y pan) y salía a dar inyecciones a domicilio.

A las doce estaba rezando las oraciones comunitarias previas al almuerzo; después de la comida jugaba a las bochas con los convalecientes y volvía a hacer domicilios entre las dos y las cuatro, hora de la merienda. Luego arreglaba cuentas o componía desperfectos de la casa y a las seis dirigía la lectura espiritual y ayudaba al sacerdote.

En tanto los enfermos cenaban, él trabajaba en la farmacia. Terminada la cena les relataba algún pasaje de la vida de los santos, les daba las buenas noches y se acostaba, pero cada tanto su sueño era interrumpido por algún llamado, al que acudía de inmediato.

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