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Artémides le confió al cura sus
inquietudes religiosas y el sacerdote tuvo la iniciativa de
plantear la situación a sus padres, quienes en ningún momento
pusieron objeción alguna. Y en abril de 1900, Artémides ingresó
en el aspirantado salesiano de Bernal, en el gran Buenos Aires,
pero la tuberculosis que se contagió cuidando a un compañero
enfermo determinó el regreso al hogar en febrero de 1902. El
padre Cavalli le recomendó a la familia trasladar al enfermo
hasta Viedma -Río Negro-, donde el salesiano
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Evasio Garrone era famoso por su capacidad para curar enfermedades. Y Artémides viajó hasta aquella ciudad. Viedma era un importante centro comercial porque a través del río pasaba todo el abastecimiento para el sur, aunque la población era mayormente humilde. Y era además el centro propulsor de la acción política, religiosa y social de la zona. Sin títulos pero con el aval de las autoridades Garrone, el padre "dotor", cumplió una tarea sanitaria y apostólica que le valió la simpatía y adhesión de la gente, en un lugar donde no había un solo centro asistencial en muchos kilómetros a la redonda. Desarrollaba su actividad en el Hospital San José, ubicado a la izquierda del templo parroquial. Allí funcionaba también una farmacia que vendía o distribuía gratuitamente medicamentos y sólo en 1902 había atendido cinco mil recetas.. |
Garrone le advirtió a Artémides sobre la gravedad del mal, diciéndole además que se confiara a María Auxiliadora. Zatti llegó a Viedma junto con Ceferino Namuncurá, afectado del mismo mal. Lo asignaron como ayudante de la farmacia y le confiaron el cuidado del tehuelche, que era una forma de asumir la curación de ambos. El remedio en aquella época era una buena alimentación y Zatti esperaba a Ceferino en la enfermería con un buen bife, un vaso de vino y pan fresco. Por la tarde salían a comprar huevos, que formaban parte también del tratamiento y en el camino de regreso rezaban el rosario mientras caminaban. Ceferino murió en un hospital de Roma en 1905.
Zatti en tanto se recuperó favorablemente, pero en aquellos años nadie se sentía seguro de una curación definitiva. Quizá por eso, resignado a no ser sacerdote, llegó a la conclusión de que con los salesianos podía asumir un estado religioso en calidad de coadjutor; esto es, un laico consagrado. Y Garrone, que había descubierto en él muchas cualidades, lo inició en un período de aprendizaje de los temas relativos a la farmacia y enfermería.
Muerto el padre Garrone, Zatti formuló sus votos. Sobre sus espaldas caía ahora en gran parte, la responsabilidad en el manejo del hospital.
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