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George Chawert Musters

 
 

Este explorador, considerado inglés por la mayoría, en realidad, nació en Nápoles el 13 de febrero de 1841, durante un viaje de sus padres, John George Musters y Emily Hammond. Al quedar huérfano a temprana edad fue criado por unos tíos y siendo muy joven ingresó en la marina británica. Se encontraba en las Islas Malvinas en abril de 1869, de paso hacia Buenos Aires, por razones comerciales, cuando se despertaron en él las ansias de conocer el interior de ese mítico territorio sólo habitado por los tehuelches: Patagonia. Emprender un viaje desde Punta Arenas hasta Río Negro por el interior de la meseta patagónica y en compañía de una caravana india, sonaba tan tentador como quijotesco, pero Musters estaba empeñado en realizarlo sin más demora.

Con una recomendación dada por Mr. Dean para el capitán Luis Piedrabuena, que poseía una factoría en la Isla Pavón, frente al río Santa Cruz, llegó Musters a Punta Arenas el 15 de abril de 1869. Logró unirse a una pequeña partida que se dirigía a Santa Cruz, persiguiendo a un grupo de  desertores y, tras nueve días de cabalgata, al caer la tarde, alcanzó la isla Pavón. La  salida de unos indios que lideraban los caciques Casimiro y Orkeke hacia el norte, resulta perfecta para sus planes, pero los indígenas se resistían a la idea de que un extranjero los acompañara en semejante viaje tan lleno de vicisitudes. Su larga permanencia en la provincia de Santa Cruz le permitió establecer un mayor acercamiento y confianza con los indígenas y esto hizo que finalmente y con la palabra de Casimiro, el extraño Musters fuera aceptado. Diría más tarde: Probablemente el hombre había pensado que un señor inglés exigiría una considerable suma de atenciones, ocasionando constantes molestias; pero durante nuestro trato vió que el extranjero podía por sí solo cuidad a su caballo, bastarse en general a sí mismo, tomar parte en cualquier cosa que se hiciera y hasta dormir al raso sin más abrigo que la amplia manta de guanaco que llevaba consigo”.

Piedrabuena le dio hospitalidad durante los tres meses que se prolongó su estadía y luego Musters decidió instalarse en el campamento indio de río Chico hasta el 15 de agosto, cuando se decidió la partida compuesta por 18 tehuelches y un número similar de mujeres y niños, el propio Musters y algunos chilenos desertores. Todos los días el cacique indicaba el sitio donde levantar el campamento, tarea que corría por cuenta de las mujeres mientras los hombres se dedicaban a la caza. Días después alcanzaron el río Chico y lo cruzaron, no sin correr todos los riesgos que provocaban sus furiosas y heladas aguas.

Los Indios: Musters vivió toda clase de pericias en compañía de los tehuelches, desde ceremonias como la entrada a la adolescencia de una niña hasta las frecuentes reyertas en  las que, trenzados en lucha cuerpo a cuerpo, intentaban zanjar antiguas cuestiones. El 27 de septiembre, luego de atravesar el Valle de las Pinturas, llegaron al río Deseado y el 5 de octubre, al río Chalía, cerca de la confluencia con el río Mayo. Todo lo que sucedía y observaba era volcado por Musters en su libreta de apuntes dejando así un testimonio de valor incalculable sobre la vida de estos indígenas, sus costumbres y la geografía patagónica prácticamente desconocida hasta entonces. Debió sobrellevar el tenso clima de amenazas y rencillas que se urdían entre ellos, sobre las que permaneció siempre atento y expectante.

El 2 de noviembre alcanzaron un valle cubierto de hierba, que los indios llamaban Henno, donde observaron señales de humo provenientes del oeste, junto a una compacta columna de mujeres, criaturas e innumerables caballos. Estos tehuelches del norte estaban al mando de Hinchel y eran de los que frecuentaban la zona del río Negro. El 18 de noviembre levantaron campamento y tomaron rumbo a Teckel, haciendo noche en el Valle del río Techa. Cuando el 21 de enero se dio nuevamente la orden de continuar la marcha desde Teckel, la comitiva la integraban unos 200 hombres y un número proporcional de mujeres y niños, lo que no dejaba de conformar un espectáculo extraordinario por la magnitud de la cabalgata. Tomaron en dirección al norte siguiendo el valle y rumbo al encuentro de los araucanos, hecho que se iba a producir a la altura de la actual Esquel. Allí permanecieron ocho días y, posteriormente, otros seis en Leleque. El 16 de febrero reanudaron la marcha y luego de cruzar unas alturas pedregosas descendieron a un valle por el que corría el brazo principal del río Chubut, alcanzando las proximidades de la actual Ñorquinco. El 8 de marzo las deliberaciones con los indios de Las Manzanas, al mando del cacique Foyel, confirmaron que el cacique Casimiro quedaba como cacique del sur, sobre todos los indios que habitaban por debajo del río Limay. Partieron  hacia Las Manzanas después de acampar en el actual Pilcaniyey, ahora integrando una caravana compuesta por unos 250 hombres.

El río Limay  fue vadeado a la altura de lo que hoy se conoce como Paso Flores y fueron recibidas del otro lado por el caniche Inacayal hasta alcanzar el campamento de Choeque. Entre el 13 y 17 de abril todos partieron de regreso hacia Patagones.

  El drama:  Las faldas boscosas y los picos nevados conformaban un paisaje de gran belleza, pero una epidemia caída sobre los tehuelches le dio a ese marco un aspecto un aspecto triste y dramático. Musters lo describe como en extremo penoso, ya que “ver y oír las melancólicas manifestaciones de pesar, el sonido de ese terrible llorar en alta voz y el lúgubre ulular de las viejas mujeres, me obsesionaban, incluso, en sueños”. En el trayecto entre Gaylum y Maquinchao murieron cerca de la mitad de las criaturas y varios adultos, todos bajo una persistente y fría lluvia que calaba hasta los huesos. El 9 de mayo alcanzaron Maquinchao y desde allí partió Musters en carácter de chasche hacia Patagones dónde llegó el 26, y guardó la llegada de Casimiro y su gente en la chacra de Pablo Piedrabuena. Se embarcó en el buque “Patagones” y luego de un trasbordo al “Choelechoel” y seis días de borrascosa travesía, echó anclas frente al puerto de Buenos Aires y dio por terminado su extraordinario viaje.

La travesía había durado poco más de un año a lo largo de 2.750 kilómetros. El relato fue publicado en su libro “Vida entre los Patagones”, editado en Londres en 1871. Se sabe que regresó a Chile en 1873 intentando una segunda travesía desde Valdivia a Buenos Aires, pero no alcanzó a concretarla. Contrajo matrimonio con una boliviana, cuando regresó de Inglaterra, y viajó a Bolivia con su esposa para vivir allí hasta 1876, recorriendo varias regiones. Dos años más tarde fue nombrado cónsul en Mozambique, pero cuando se disponía a partir hacia ese nuevo destino, le sobrevino la muerte en forma repentina el 25 de enero de 1879. Tenía, en ese entonces, 38 años de edad.

Historias en la Patagonia de los tehuelches
George Chawert Musters

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