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La Compania 602 de Comandos |
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El mayor
Aldo Rico de la Co Com 602 veía que el incontenible avance
británico no dejaba dudas sobre el resultado del conflicto.
A diferencia de los ingleses, conducidos por helicópteros
y relevados por elementos frescos, el descanso de los comandos era
breve. Este sacrificio se reiteraba pese al desgaste de los hombres.
Sostenidos por su fuerte espíritu, alentados por su fe religiosa
y estimulado por el ejemplo personal dado por sus jefes, estos comandos
salían no obstantes a llenar el deber que el honor militar
les dedicaba.
Se alisto toda la compania de comandos 602, contando con 30 hombres
aptos, para recoger información. En dos Land Rover fueron
conducidos de día, pero en medio de una niebla espantosa,
hasta las alturas del teniente coronel Soria, jefe del RI4. a partir
del cual tampoco se veía, que uno de los dos escalones en
que estaba dividida - el conducido por el capitán Eduardo
Villarruel - se separo del mayor Rico y no pudo ser vuelto a encontrar.
Este ultimo prosiguió con solo la mitad de sus efectivos.
Llegaron hasta las estribaciones del serró Dos Hermanas
( Two Sisters), donde se hallaba el subteniente Marcelo Alberto
Llambias -"un chiquito barbudo y sucio" lo recuerda
Rico - este había sido graduado prematuramente del Colegio
Militar de la Nación, para marchar a Malvinas, tras cuya
campaña recibiría la medalla de la Nación
AL VALOR EN COMBATE .Llambias era la punta adelantada de su unidad,
y estaba sobre una elevación rocosa con veinte soldados
y medía docena de cabos en comisión: no obstante
lo bisoño de todos estos efectivos, peleaban constantemente
contra ingleses que trataban de infiltrarce para conocer el dispositivo
propio. Dos días antes había combatido encima de
su posición, con una patrulla enemiga que mato a dos de
sus soldados.
Delante de esas posiciones del RI4 se eligió un lugar apropiado
para montar una emboscada, ante los datos otorgados por el subteniente
Llambias acerca de la frecuencia de los desplazamientos británicos:
una "proa" de la elevación, alargada sobre la
llanura "como cola de dinosaurio ". Mas atrás,
el Monte Harriert. los ingleses procuraron infiltrarse también
esa noche y escuchaban ruidos de combate proveniente de la zona.
Rechazados retornaron, por donde estaban los comandos ubicados.
En un costado de la posición se hallaba el sargento
Mario Cisnero como apuntador de una ametralladora, asistido
por el teniente primero Guglielmone, bajo la ordenes del capitán
Tomas Fernández. Era una noche clara y el "perro"
Cisnero alcanzo a divisar una columna enemiga que se replegaba:
hizo señas con el brazo al capitán Fernández
y este trato de ubicarlos pero no los vio desde su lugar. El sargento
Cisnero pregunto a Fernández:
- ¿ Les abro fuego?
- No, no abra fuego.
El capitán pensó que a esa distancia - setecientos
u ochocientos metros- no era rentable si no cabida la posibilidad
de ponerlos fuera de acción, delatando su presencia. Poco
después el mayor Rico ordeno el repliegue, para entrar
en las líneas propias con las primeras luces y no ser ubicados
por los ingleses, porque había resuelto volver al día
siguiente: ya conocía el terreno y no había sido
sentido.
A fin de lograr mayor efecto en su ataque, el jefe de la compania
de comandos 602 planeo repetir la modalidad inédita en
operaciones de comandos cual era procurarse el apoyo de artillería
que tan buenos resultados les diera en al posesionarse de Monte
Wall. Para eso coordino con el teniente coronel Martín
Balsa una serie de círculos numerados en las cartas geográficas
que tenían ambos, indicando lugares par ser abatidos "a
pedido" El teniente
primero Enrique Stel cumpliría su habitual cometido
de servir de enlace entre los Comandos y el Grupo 3, para lo cual
fue conducido hasta Monte Harriet junto con el cabo Luis Tossi,
quien no era Comando, estaba destinado como furrier de la Compañía.
Ante la seguridad d enfrentamiento, se reforzó a la disminuida
Compañía de Comandos con una sección de Gendarmería,
de alrededor una docena de hombres, mandada por el comandante
Miguel Santo.
Por la tarde del miércoles 9 de junio aproximadamente a
las 16 Hs. el capitán de la Serna, oficial de Logística
de la Ca 602, condujo el Jeep al equipo de comunicaciones, Stel
y Tossi, para dejarlos en cercanía del Monte Harriet en
cuya cumbre debían instalarse. "Fue un día
de cielo despejado" recuerda Stel "pero el Monte Harriet
no se veía por el intenso fuego de Artillería inglesa,
naval y de campaña que recibía: era una gran nube
de polvo que rodeaba el cerro. De la Serna nos dejo a la altura
del Batallón de Infantería de Marina 5 par no poner
en peligro el vehículo, uno de los pocos que teníamos".
y a saltos, tomamos cubierta aprovechando la pausa de fuego, comenzaron
a subir el Harriet por su parte posterior.
Llegado por su parte los Comandos y los Gendarmes a inmediaciones
del Dos Hermanas, el mayor Rico mandó durante el crepúsculo
una exploración a cargo del capitán Andrés
Ferrero con su sección, a la cual se incorporo el teniente
primero Daniel Oneto, sin que se produciría novedad alguna.
Ya oscuro llego el grueso de los comandos, y a eso de las nueve
de la noche se monto la emboscada.
El dispositivo de ataque fue el siguiente:
-Abajo del
Monte en la punta de la saliente rocosa, un escalón de apoyo con
una ametralladora, compuesta por el sargento Cisnero como apuntador el
teniente primero Vizcoso como auxiliar.
-Mas arriba. El mayor Rico acompañado por el capitán Ferrero.
-Cerca de ellos, mas abajo a la derecha. Otra ametralladora manejada por
el teniente primero Enrique Rivas y como auxiliar el sargento primero
Miguel Franco.
El escalón asalto propiamente dicho estaba dividido en dos fracciones.
Situadas en el bajo a ambos costados:
-El capitán Tomas Fernández con su sección a la derecha
-El segundo comandante Santo con los Gendarmes y otra ametralladora a
la izquierda. Provistos varios hombres a cada lado con granadas de fusil.
-El capitán medico Ranieri, situado detrás de Rico, por
cierto armado con un fusil para caza mayor.
-Finalmente, a ciento cincuenta metros mas elevados se hallaba el escalón
protección y recibimiento a ordenes del capitán Villarruel.
-Sobre el tropa del RI4 mandada por el subteniente Llambias con ametralladora.
Y comenzó la espera. El intenso frío se acentuaba por la
inmovilidad forzada y el silencio completo; espalda contra espaldas las
parejas observaban sus sectores con los visores nocturnos de doscientos
metros de alcance.
No había intranquilidad en la posición Argentina dado que
todos ya habían pasado por el bautismo de fuego. En la punta avanzada
el teniente primero Vizcoso y el sargento Chismeros, mojados por el clima
húmedo, compartían un caramelo y un pedazo de chocolate
mientras trataban de horadar la oscuridad. Eran las dos de la mañana
cuando el teniente primero Rivas diviso una columna de ingleses que provenían
de la derecha y paso delante suyo. Se corrió hasta arriba y advirtió
al Mayor Rico.
- ¿ Y por que no les disparaste?
- Pense que no debía hasta que viniera mas gente.
Rico lo mando de nuevo a atender a su ametralladora y llamo al capitán
Ferrero para que alertara a los dos elementos adelantados. El propio Ferraro
había alcanzado a distinguir a un soldado enemigo cuando se perdió
en la pared rocosa de enfrente.
Antes que llegasen a abajo una explosión quebró el silencio.
Los británicos habían tomado la ofensiva y atacaron a quienes
esperaban sorprenderlos.
Aunque los cálculos varían, puede estimarse el numero de
aquellos entre dieciocho y treinta hombres, superior a las fuerzas Argentinas.
Como luego pudo saberse, eran miembros del Special Air Service ( SAS ).
Sin dudas, habían notado los desplazamientos en torno al puesto
de mando, dado a sus mas potentes anteojos nocturnos.
Cuando los soldados ingleses avanzaron rápidamente hacia la punta
baja ocupada por los argentinos, y rompieron fuego con un lanzacohetes.
La granada reventó contra el cuerpo del Perro Cisnero, matándolo
en el acto y destrozando su ametralladora, que disparo por el impacto
algunos tiros. El teniente primero Vizcoso fue arrojado hacia adelante
por la explosión con cinco heridas en la cabeza producidas por
las esquirlas, perdiendo mucha sangre y arrojando su fusil.
Reaccionando de la sorpresa paralizante, el oficial en forma instintiva
busco la MAG, el arma mas importante, pero comprobó que estaba
inutilizada. Oyo en ese momento un cuchicheo en ingles y pensó"Estoy
perdido "como se había planteado una situación similar
se hizo el muerto. Pero los británicos viendo sus movimientos avanzaron
para rematar a los dos comandos: encima de ellos soltaron sendas ráfagas
contra ambos cuerpos caídos.
Mas arriba, desesperado e ignorando lo ocurrido, el mayor Rico llamaba
a voces al Perro, y un ingles lo remedaba brumosamente:
-¡Cisnerou, Cisnerou!
Vizcoso no estaba muerto: el soldado enemigo que había intentado
rematarlo le disparo con el fusil en automático, a muy corta distancia
y el retroceso del arma torno impreciso los disparos. Solo la primera
bala alcanzo al militar argentino: le entro por el hombro derecho y le
recorrió toda la espalda desgarrando la carne, a nivel de los músculos,
en el oblicuo ascendente hasta el cuello; aunque sin tocar la columna
vertebral, ni la arteria cava ni la carótida. El oficial de Comandos
no había perdido tampoco el conocimiento, y sentía como
las balas levantaban piedras que rebotaban en su cara, mientas el se mantenía
quieto. Cuando quienes le disparaba, tan cerca que sus zapatos le tocaban,
le dio una gran patada para ponerlo boca arriba. Vizcoso quedo con los
ojos abiertos, como había visto que estaba Cisnero muerto, "con
mucha rabia" por el golpe recibido.
Los ingleses cambiaron impresiones entre ellos; se oía a Rico gritar
el nombre del suboficial. Vizcoso "ni respiraba". Al comenzar
a responder el fuego los Comandos Argentinos, los atacantes dieron la
vuelta y comenzaron a retirarse hacia sus posiciones, no pudiendo disparar
desde ese tramo inferior de la pendiente.
El teniente primero Vizcoso había distinguido donde estaba su Fal.
Cuando los enemigos comenzaron a bajar, lo tomo, se paro, y desde la cadera
les tiro un cargador completo en automático. La fila de los ingleses
se desplomo, alcanzados y atravesados por las balas: Vizcoso creyó
que se habían tirado cuerpo a tierra, por lo cual cambio de cargador
y les tiro otro, esta ves en repetición. Posiblemente los cuatro
hayan sido muertos. Al concluir el cargador, el oficial sintió
recién la quemadura "espantosa" que lo conmovió:
se toco loa cabeza y sintió la sangre caliente que corría
por la espalda y el pecho "Estoy echo un colador" pensó,
sin explicarse como seguía parado. En realidad solo fue un disparo,
que al ser trasante, el fósforo quemo la carne y la cauterizo,
impidiendo así la hemorragia.
Todo lo relatado fue en corto tiempo: El oficial herido informo a Rico
de lo ocurrido, mientras el fuego se desataba por ambos lados, y el anuncio:
-Mi Mayor, voy a hacer un cambio de posición en su dirección.
Puedo replegarme solo respondió .-ante la pregunta de su jefe.
Llegado al centro de la posición fue enviado a donde estaba el
medico, para que lo revisara.
El fuego británico era tremendo, muy denso, con ametralladoras,
granadas y fusiles. En la oscuridad solo se veían las bocas de
fuego "Parece que tira toda Inglaterra" pensó el capitán
medico Raineri. El capitán Fernández noto desde la izquierda
como un soldado enemigo se adelanto con un fumígeno para cubrir
de humo las posiciones británicas y poder esconderse. Los Comandos
Argentinos, pese a encontrarse ante una impresionante concentración
de fuego, respondieron también con gran violencia, apuntando contra
la bocas de fuego enemigas y descargando sus armas.
Fue un encuentro sumamente duro, producto de una circunstancia sin igual,
que es un choque entre patrullas de Comandos.
Normalmente estas operan contra unidades convencionales, dentro del dispositivo
enemigo, pero no entre si, como ocurrió en esta ocasión;
y fue tan duro el enfrentamiento, que ambas partes creyeron vérselas
contra efectivos superiores a los que realmente eran. Posiblemente los
británicos habría pensado que se enfrentaron contra todo
el RI4; y también los Comandos imaginaron combatir con la avanzada
de alguna unidad o de esta en pleno "porque no sabíamos cuando
iba a ser el día D", como lo explica el capitán Ferrero.
Todos los escalones argentinos peleaban, y el ejemplo de valor y serenidad
ofrecido por sus jefes en medio del volumen de fuego ingles influía
seguridad a sus hombres. "El mayor nos daba mucho animo" relataba
el sargento primero Orlando Aguirre; y redondea el capitán Villarruel:
"En la emergencia se complica todo y el golpe de fuego inicial lo
tuvieron los ingleses, pero uno de los principales méritos de Rico
en este combate es haber impulsado a la gente, haberla sacado de la sorpresa.
La agresividad de los Comandos argentinos no disminuyo. Toda la línea
hacia fuego contra el SAS y desde atrás y en lo alto eran apoyados
por la ametralladora del RI4 con el cual el subteniente Llambias trataba
de intervenir con mas efecto intimidatorio que efectiva precisión.
El jefe de la Compania disparaba entusiasmado, cargador tras cargador
y el teniente primero Lauria, a su lado creyó necesario advertirle:
-Mi mayor, se va a quedar sin munición.
Ambos gritaban arrodillados contra una piedra grande. Lauria había
quedado con un trauma desde el anterior combate en Monte Kent: no haber
podido entender las ordenes inglesas y se dispuso a perturbarlos a su
vez, diciéndoles cualquier cosa, desde invitar a los ingleses para
"reventarlos" hasta referirse muy al Primera Ministro Margaret
Thatcher. Rico se expresaba en ingles:
-Son of a bitch! ( aludiendo sobre la madre de los ingleses )
Los dos en un momento se quedaron mirándose cara a cara: un cohete
había pasado entre ellos, quienes automáticamente ambos
giraron la cara al sentirlo pasar. "Nos echamos a reír - relataba
_Rico - no se piensa en el riesgo". También el frío
se olvida.
Arriba de ellos cayo una concentración de morteros británicos,
que desde unos quinientos metros a la derecha se fue corriendo hasta dar
prácticamente encima del escalón protección al mando
del capitán Villarruel. En un radio de diez metros, que rayando
entre lo milagroso no produjo bajas, aunque los tapo de tierra. Las dos
ametralladoras inglesas hacían fuego cruzado desde la izquierda
y derecha, para mantener en sus posiciones a los argentinos, no obstante
el tiroteo seguía : era ver quien cedía primero.
Lauria tiraba granadas de fusil PDF, lo mismo hacia el sargento primero
Oviedo "a punto" -directamente hacia el enemigo. y veía
caer sus proyectiles donde estaba este guarnecido.
Detrás y encima el doctor Ranieri empleaba su Weatherby 300 Magnum,
con intensa dedicación, hasta que llego arrastrándose Vizoso.
- ¿Como estoy, "tordo", como esta esto?
El medico reviso rápidamente la herida, palpándola con la
mano en la espalda y el cuello, la confunde con una esquirla y le dijo
lo que posiblemente aquel deseaba escuchar:
-Macho tenes un agujero grande, pero agarra el fusil y seguí dando
por que acá hay que tirar. "Vi un tipo que estaba como a 40
o 50 metros de mi posición", me refería Vizoso "que
disparaba contra la sombra de la roca donde yo estaba con trazantes; bien
instruido y bien entrenado. Yo me asome por sobre la roca y tire a la
dirección de sus disparos y fue silenciado".
No cesaban tampoco los Comandos británicos. Me expresaba el capitán
Villarruel: "Note la superioridad del intenso fuego ingles: las balas
no me dejaban mover, por un momento pense que seriamos sobrepasados".
Por su parte el capitán Ferrero relato: "Me acuerdo que ordene
a Lauria y Aguirre que tiraran sobre una ametralladora que nos disparaba
y vimos como explotaba y notamos como nuestro fuego daba resultado, dado
que el enemigo comenzaba a disminuir el suyo". El feroz choque proseguía:
" Veíamos nuestros fogonazos donde estaban las ametralladoras
de los ingleses" rememoraba el sargento primero Aguirre; "parecía
que iba a borrar el cerro por las fuertes explosiones"
El mayor Rico se critica a si mismo: "Realmente, el que conduce un
elemento tendría que ir desarmado, porque automáticamente
a uno le atrae el combate y deja de conducir, hasta que se sitúa
bien y reacciona y se da cuenta de lo que tiene que hacer". Desde
luego, combatió también con el mando: sus intrusiones a
los capitánes Ferrero y Fernández para maniobrar y a los
apuntadores de ametralladoras y lanzagranadas, eran constantes. Rico ordeno
al teniente primero Rivas que se a la par del, porque temía que
fueran envueltos sin la protección adelantada que hubiera brindado
Vizcoso y Cisnero; y este retrocedió con el sargento Franco y la
MAG que manejaban.
Por mala interpretación de esta orden, la sección de Gendarmería
se retiro prematuramente muy hacia atrás; y durante su movimiento
recibió fuego directo de un bazooka descartable británico,
muriendo el bravo sargento Ramón Acosta y resultando herido otro
suboficial de Gendarmería.
El flanco derecho quedaba descubierto. Rivas tiro con su ametralladora
en su nuevo emplazamiento hasta que se quedo sin munición, para
cerrarlo; y al querer colocar una nueva cinta, se entero que su abastecedor
había dejado las bandas de repuesto abandonadas, aturdido bajo
los efectos del shock de combate...Con el sargento primero Oviedo quedaron
ambos protegidos en ese costado, hasta que aquel reacciono y se sumo al
esfuerzo.
Desde el Monte Kent comenzó a tirar la artillería británica
de campaña y frente a las posiciones argentinas comenzaron a oírse
voces de mando en ingles: - Come here" Come here" ( ¡vengan
acá!)
El jefe del SAS llamaba a sus hombres y el fuego enemigo comenzaba a disminuir,
señal de que empezaban a retirarse, bajo la protección del
su artillería.
El mayor Rico temió que su Compania fuera blanco de las descargas
y dispuso a su vez el repliegue de la secciones de Fernández y
Ferrero; pero no para abandonar el terreno o para dejar escapar al enemigo:
era la coacción de que entrara en apoyó la propia artillería,
conforme a lo planeado el día anterior "Antes de abandonar
la posición" me expreso el capitán Ferrero, "el
mayor Rico ordeno que me acercara donde estaba Acosta para ver si lo podía
traer; era un hombre excelente, Había sido instructor mío
y tenia una formación profesional muy buena. Había quedado
incrustado en una roca. Me fui arrastrando y le toque la cabeza: estaba
helado. Lo zamarree y no sentía nada. Me volví e informe".
Algunos hombres quisieron rescatar a Cisnero para llevarlo:
-No , no vale la pena- respondió Rico pese al cariño que
le tenia. Prefirió sacar a su gente sin que corriera peligro. Pero
quien se mostró dispuesto a abandonar el campo tan duramente mantenido:
el teniente primero Lauria:
-¡Mi mayor, como nos vamos a replegar!- le dijo excitado- ¡Los
hemos molido a patadas a los ingleses! ¡Hay que hacer una persecución
y aniquilarlos!. Rico lo puso en su lugar a grito "Casi me pega una
trompada" recuerda Lauria; y no solo freno a su impetuoso oficial,
sino que además lo puso a cargo de la retirada en ese sector. Quedaron
cubriendo el retroceso el propio Rico y los capitánes Ferrero y
Fernández Funes y Ranieri, el ultimo de los cuales lanzo el desafiante
lema:
-¡Dios y Patria o Muerte!
Mientras el jefe de la 602 comenzaba a guiar el fuego de la artillería
de campaña por radio, el teniente primero Lauria, nada convencido
de la oportunidad del repliegue, estaba dispuesto a desobedecer las ordenes
de sus superior y perseguir a los británicos en su retirada, al
tiempo que recogería el cuerpo del Perro Cisnero para que no quedara
tirado. Comunico su propuesta a los ocho hombres que tenia a su cargo:
-Señores: mi intención es contraatacar y vamos a hacerlo.
Antes que eso, un recuento de municiones.
Rivas, Maqueda y los suboficiales no contestaron nada. Pero la cuenta
de proyectiles dio un resultado de cinco o seis tiros por hombre: como
es propio de una acción nocturna, esa fracción había
consumido los cargadores en ese encuentro a corta distancia, frente a
un enemigo que uso una gran cadencia de fuego. En cuanto a Lauria, había
tirado mucho con lanzagranadas PDF y en sus cinco cargadores le quedaban
setenta u ochenta tiros. Mas la persecución era imposible, Rico
tenia razón reconoció.
El mayor Rico pidió por intermedio del teniente primero Stel, el
apoyo de la artillería convenido con el teniente coronel Balza,
sobre "Charlie 101" que era el lugar programado en la noche
anterior. Para evitar que el enemigo pudiera zafar indico a su operador
que el fuego seria "a comando", o sea siguiendo las indicaciones
del apuntador, no cuando la batería esta lista y tira sobre el
blanco prefijado. Aunque los artilleros son pocos proclives a emplear
esta modalidad cuando se trata de gente que no es del arma, llego la conformidad
a esta excepción transmitida por Stel:
- Dice que porque es usted lo va a mandar.
Las explosiones comenzaron a caer y Rico principio a reglar las concentraciones,
trayéndola cerca de donde ellos permanecían y luego alargándolas
conforme al rumbo del repliegue del SAS . Fue un manejo muy preciso y
una innovación en la táctica de los Comandos, a mas de riesgosa;
pero en esta ocasión el resultado efectivo. Naturalmente se utilizaban
palabras claves, conforme con un código propio para evitar identificaciones
del enemigo.
En un momento el jefe del Grupo de Artillería 3 comprobó
sobre los datos de tiro que se solicitaba el fuego casi sobre los propios
Comandos argentinos, y con nerviosismo interrogo al Ñato:
-¿Queres merca en testa? (¿Lo quieren sobre Ustedes?)
-¡Si flaco, y rapidito! Tengo una suprema para Usted.
Al rato prosiguieron las ordenes:
-Mas merca. ¡Mas merca! Así hasta la indicación final
de cesar al fuego:
-¿Corten?
De este modo con precisión matemática, la fuerza británica
fue perseguida por la artillería argentina hasta los cuatrocientos
metros, cuando ya no se oía mas de ella. Se hizo de nuevo un silencio
total. Y Rico se replegó con su pequeño grupo hacia la estación
recibimiento donde lo esperaba el capitán Villarruel. Relata este
"Yo había observado este combate con mucho detalle por que
me encontraba- por decirlo así- en la platea, cincuenta o cien
metro atrás, en la parte mas elevada, y lo había presenciado
con mucho detalle, inclusive viendo como reaccionaba nuestra gente y como
atacaba el enemigo. Yo creo que el mérito mas importante de este
combate "concluye Villarroel, "es haber tenido un jefe de las
agallas de Rico, porque ahí se vio lo que tantas veces de dice:
el ejemplo personal, el arrojo, y la precisión como supo guiar
el fuego de artillería".
Silencio, mezcla con euforia por la sensación de haberse impuesto
un adversario tan fuerte , y el tremendo cansancio que se sentía
después de cada combate, pues el relajarse después de tanta
tensión acumulada tenia un efecto agotador, sobre los hombres,
que quedaban exhaustos.
Empezaba a caer la bruma y con ello los comandos iniciaron su repliegue
a pie, pues de noche los helicópteros argentinos no operaban por
falta de instrumental. "La vuelta fue silenciosa- relataba Fernández
- por los muertos queridos que empezaban a actuar, los primeros conocidos,
porque de los anteriores no teníamos certeza". Compensaba
esa perdida la satisfacción por el propio desempeño de la
Compañía, no obstante que sus integrantes no tuvieron prácticamente
un buen descanso previo, lo que constataba con las tropas británicas
a quienes pelearon, fresca. excelentemente armados y con con eficaz apoyo
técnico: por radiolocalización, por ejemplo, los buques
de la Royal Navy inmediatamente interferían las comunicaciones
argentinas y ubicaban su posición, mediante sistemas muy sostificados
y precisos.
¿Cuantas bajas sufrieron las secciones del SAS a manos de la Compañía
de Comandos 602? Hasta que no se posean datos fehacientes será
difícil determinarlo con precisión, pero sin duda su numero
debió ser elevado, por fuerza, dada la violencia del enfrentamiento
entre Comandos, y el fuego de artillería argentina. El teniente
primero Lauria refirió haber visto una película de la BBC
compaginada inmediatamente después de concluido el conflicto, sin
retacear informe, y que en la misma hacia alusión al combate diciendo
que las bajas inglesas sumaban treinta y tres, cifra que comprende muertos
y heridos |
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