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13 de junio
de 1982
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Rechazando el
ataque de la
Guardia Escocesa de la Reina
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Los centinelas vigilaban en forma
constante los 200 metros de frente por los 50 de ancho que ocupaba
la 4ta sección, muchas veces adelantados de sus posos para
poder dar la alerta general.
A las 21 comenzó a bombardear el lugar la donde estaban los
morteros de 60 mm. , a unos 650 metros a retaguardia sobre Tumbledown.
Uno de los proyectiles corto la línea telefónica,
lo que le preocupaba bastante a Vázquez, pues no tenia contacto
con el teniente Miño, quien a 150 metros le cubría
las espaldas. Con quien había acordado que si recibían
la orden de replegarse, ambos se encontrarían en un punto
acotado y con las dos secciones unidas y en combate retardante,
se desplazarían hasta el comando de la Compañía
"Nácar".
Fue un conscripto a tratar de reparar la línea telefónica
pero no la encontró, por ello el teniente
Vázquez manda a llamar al cabo 2º Amilcar Tejada
quien estaba a 100 metros.
-Tejada- le dijo ni bien apareció en la boca del pozo
tiene que solucionarme el corte de la línea telefónica.
Vea que puede hacer.
A pesar del intenso fuego de artillería, Tejedor corrió
de piedra en piedra tratando de seguir la línea y así
llego hasta la gran pared de piedra, donde estaba el subteniente
Silva. El cable se había cortado y era imposible repararlo.
En medio de las explosiones el cabo llegó hasta la posición
de Vázquez para informárselo.
El ataque de la artillería continuo hasta las 23,10. Vázquez
ubicado en la boca del pozo, para tener una mejor vista, dar las
ordenes y formular los pedidos a través del suboficial Fochesatto,
que había pasado a desempeñrse como radiooperador.
En ese instante el conscripto Güida, desde su pozo situado
a la izquierda, le gritó.
-¡Señor! ¡Señor! ¡Lo hirieron a
Khin!
-¡Ya voy! le respondió Vázquez, dejando
su fusil en el pozo para poder correr con mayor velocidad.
Cuando llego el conscripto Khin estaba afuera, tomándose
el estomago, con la mirada perdida y tambaleante, con las piernas
muy abiertas. Con el mismo impulso de la carrera, lo empujo hacia
el interior del pozo, al tiempo que le decía:
¡Esta loco, parado afuera!
Una esquirlas le había abierto el costado derecho del abdomen
y no existía posibilidad de evacuarlo. Otro infante se introdujo
en el pozo para ayudar. La oscuridad era total y solo entraba algo
con las explosiones. Vázquez, tanteando la herida, comenzó
a practicarle un vendaje de emergencia. Cuando cesó el cañoneo.
No había pasado ni un minuto cuando escucho una ametralladora
Sterling, ahí nomás, en la misma boca del pozo de
zorro ¿Qué había ocurrido? Los ingleses habían
aprovechado el intenso fuego de artillería para aproximarse
a escasos metros de la Sección.
-¿Quién podría estar tirando con Sterling?
Voy a ver que ocurre exclamo extrañado Vázquez.
Cuando saco la mitad del cuerpo fuera del pozo quedo petrificado:
dos ingleses, cada uno a no más de 5 metros y a ambos costados
de donde estaba Vázquez, iban avanzando y disparando. El
de la Sterling, con la bayoneta calada y el otro con un FAL, con
un cigarrillo en la boca. Fue entonces que Khin comenzó a
gritar de dolor. Vázquez se zambullo en el pozo y le tapo
la boca.
-Callaté Gringo, porque acá nos cocinan a todos- le
dijo en voz baja.
Vázquez debía regresar a su pozo de inmediato, por
varios motivos, se encontraba a 100 metros de su posición,
desde donde tenia que dirigir el combate. Allí estaba la
radio, único enlace con su jefe. Además recordó
que había dejado su fusil, cosa que lamento.
-Termina de vendarlo dijo Vázquez al conscripto que
le ayudaba a vendar a Khin. -Yo regreso a mi posición
Sacó la pistola, la cargo, tomo una granada de mano, le saca
el seguro y salió del pozo corriendo, el tiroteo se había
generalizado. Los británicos habían pasado al asalto
con bayoneta empleando gran cantidad de hombres (como se supo después
el Regimiento que ataco a la 4ta Sección fue el 2º Batallón
de la Guardia Escocesa) y a medida que pasaban por los pozos disparaba
encima de ellos.
Mientras corría Vázquez, se cruzaba a menos de cinco
metros de los ingleses, justo cuando la ola de asalto estaba sobre
la 4ta Sección Los Guardias Escoceses, preocupados de usar
todo el poder de fuego contra los soldados, que enterrados les disparaban
sin cesar, se sorprendieron al ver un hombre del bando contrario
corriendo entre ellos. Era una situación confusa e ilógica,
ocurrió en segundo, no daba margen a reaccionar. Es razonable
que en medio de un asalto un hombre escape, pero resulta difícil
imaginar que corra a lo largo de las posiciones. La reacción
fue tardía.
En esos instantes, se encendió un iluminante y la zona quedo
como sí fuera de día. Es ahí cuando Vázquez
comenzó a ver la trazantes que se cruzaban delante suyo.
Le estaban tirando con fusil y ametralladora tenia dos posibilidades:
o se tiraba en un enorme |
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,cráter o sé hacia el muerto y la decisión a tomar
las tomo mientras corría. Optando por simular que le pegaban
un tiro y se dejo caer boca abajo, con las piernas y los brazos abiertos.
En la mano izquierda tenia aun la granada, en la otra la pistola. Apoyo
la cara sobre la derecha con el derecho cerrado y al izquierdo lo pudo
mantener abierto.
Los minutos que siguieron fueron una eternidad. Para colmo el iluminante
no se apagaba. Algunos ingleses pasaron tan cerca que solo veía
desde sus rodillas hacia abajo. Tuvo pánico, sabia que le podían
dar el tiro de gracia o el bayonetazo "Tengo que quedarme quieto,
no moverme, no salir corriendo porque no llegaré a mi pozo"
Para ocupar la mente comenzó a rezar.
Al cesar la iluminación. Como un resorte se levanto y comenzó
a correr, mientras tiraba con la pistola, sin apuntar a ningún
lado en especial. Ya sin aliento y con las piernas sin responderle,
observo que en la boca del pozo no había nadie. Sin dudarlo y
a pesar de que tenia 2 metros de profundidad, se zambullo de cabeza.
-Foche, realmente creí que no iba a llegar nunca le dijo
al suboficial Fochesatto, quien estaba sorprendido por la forma que
su jefe había caído dentro del pozo.
-¿Qué paso jefe?
-Hirieron a Khin- respondió Vázquez los ingleses
nos atacan con muchos hombres.
Recuperandose, guardo la pistola, tomo el FAL y asomo medio cuerpo fuera
del pozo. Rápidamente busco al grupo de ingleses más cercanos
y les lanzo la granada que lo había acompañado en su corrida.
Tenia para elegir. La cantidad de soldados enemigos era importante;
algunos combatían en las posiciones otros habían sobrepasado
la línea de la 4ta Sección unos 30 metros sobre retaguardia.
Comenzó a dar ordene, los gritos, los que a su vez eran pasado
de pozo en pozo hasta los extremos.
No tenia noticias de lo ocurrido al subteniente Silva, que con cinco
soldados, ubicados a unos cincuenta metros más atrás,
sobre la cresta de Tumbledown, cubriendo las espalda de la gente de
la 4ta Sección de la Nácar y sirviéndole de apoyo
para el caso de que tuvieran que replegarse.
A espalda de Silva estaba Miño con su sección de ingenieros
anfibios, pero del otro lado de la altura y sin camino ni comunicación
accesible, pues allí Tumbledown estaba cortado por picos con
paredes de hasta diez metros en la vertical. La única manera
de comunicarse era por el punto de reunión previamente convenido.
El flanco izquierdo de asalto británico había escalado
el monte por el Noreste de Tumbledown, directamente al Norte, por un
sitio por el que no se lo esperaban (la existencia de muchos recovecos
desorganizaba toda defensa) Sin embargo los escoceses subieron por allí
y a medida que avanzaban gritaban y tiraban con todas las armas.
Miño y sus hombres, sorprendidos en su flanco, respondieron con
fuego de FAL, lanzacohetes y granadas de mano y de fusil. Veían
perfectamente los disparos ingleses a través de la estela químicas
que marca el trayecto de las trazantes.
Antes de las 24, Miño le aviso al guardiamarina De Marco cuyo
observatorio para dirigir el fuego estaba próximo, que se iba
a replegar a un punto intermedio, en dirección al puesto de Comando
del teniente Villarraza, enviando a un conscripto hasta la posición
de Vázquez para avisarle que se replegaba. Aparentemente por
producto del fuego y del ataque que sufría Vázquez, ese
hombre no ubico la posición de la 4ta Sección. Lo cierto
es que la comunicación no le llegó a Vázquez y
que Miño inició el repliegue solamente con sus hombres.
Cuando la fracción de Miño se replegó de esas posiciones
en la cresta militar Norte, el subteniente Silva quedó con sus
espaldas desprotegidas y fue entonces que los ingleses lo tomaron por
atrás, matando a los cinco soldados que lo acompañaban.
A la una y veinte de la madrugada y como el enemigo no cedía
en su ataque Vázquez llamó por radio al puesto de comando
de Compañía del teniente Villarraza. Por varios motivos
tenias problemas para comunicarce con su jefe: se había cortado
la línea telefónica; ambas posiciones se encontraban en
la laderas opuestas de una misma montaña que hacia de pantalla
y, como si eso fuera poco, desde la tarde del 13 los ingleses interferían
los equipos radioeléctircos hablando y con ruidos. Por ello,
a veces la 3ra. O la 2da. Sección retransmitían las comunicaciones.
-Verde, aquí Verde 4- insistió Vázquez.
-Verde 4 fue la respuesta inmediata del puesto de comando de
Villarraza.
-Solicito fuego de mortero sobre mi Sección
-Recibido
El suboficial
Elbio Cuñe, jefe de la Sección morteros 81 mm dependía
de la central de fuego a cargo del teniente de navío Ubaldo Pagani,
instalado en el puesto de comando del Batallón 5. Cuando comenzó
el ataque sobre las posiciones del teniente Vázquez, Pagani lo
liberó y le dijo que se comunicará directamente con el
comando Nácar, para hacer más efectivo el apoyo hacia
esa Compañía.
Villarraza retransmitió a Cuñe el pedido de fuego de Vázquez.
El suboficial había reglado el tiro sobre la punta que bajaba
de Tumbledown a Dos Hermanas, en un pequeño valle de 300 metros
delante de la 4ta. Sección. De todas manera tenía que
recibir la orden del lugar exacto donde hacia falta el apoyo.
-Verde, aquí Naranja- dijo respondiendo el llamado de Villarraza.
-Aquí Verde adelante Naranja
-Corríjame, va disparo. ¡Pum!- dijo Cuñé.
Vázquez, que ya había alertado a sus hombres que les caería
fuego de morteros, le comunicó a Villarraza la corrección
del tiro y éste le retransmitió a Cuñé:
-Acorte 100, derecha 50.
-Recibido. Va- respondió Cuñé.
-Bien, esta en zona batida.
De inmediato cayeron sobre la 4ta. Sección unas quince salvas,
provocando una gran sorpresa entre los británicos, que comenzaron
a desbandarse. También hizo fuego el suboficial Lucio Monzón
con sus morteros de 60 mm, ubicados a 500 metros a retaguardia de la
4ta Nácar, con seis conscriptos.
Ese fue un momento muy difícil, durante el cual quien está
combatiendo desde su pozo no puede merece adentro y tiene que seguir
tirando. Si deja de disparar, el enemigo, que lo tiene localizado perfectamente
y que ya está jugado pues el fuego lo toma desprotegido, se le
va encima y, como hacían los ingleses, le arroja una granada
dentro del pozo o se para en la boca del mismo y vacía un cargador
en el interior, ocupando luego ese mismo agujero.
Además el combate en esas condiciones es totalmente entreverado.
A los proyectiles de los morteros de 81 había que sumarle los
cohetes, granadas y misiles Milán que tiraban los británicos.
Un infierno, donde las distancias entre contendientes no excedían
los 8 o 10 metros y donde los disparos de cada uno eran su mejor cubierta.
Nadie tenía tiempo de apuntar, sólo de tirar al bulto,
sin exponerse demasiado porque con seguridad uno o más enemigos
le estaban tirando. Esa situación fomentaba la inseguridad de
ambos bandos y dificultaba la precisión de los disparos.
Ante la intensidad del fuego de morteros, los británicos se replegaron
a la posición de partida que habían adoptado para el ataque,
en el valle, al Oeste de Tumbledown. Muy pocos quedaron a retaguardia
de la 4ta. Sección, escondido detrás de alguna piedra
al no poder escapar con el grueso. Era exactamente la 1,30 del 14 de
junio.
El asalto de la Guardia Escocesa de la Reina había sido rechazado.
Un silencio absoluto que se prolongó por espacio de media hora
se apodero del monte. Ni siquiera había viento y la visibilidad,
pese a ser de noche, era buena, luego de haber pasado momentos de niebla
cerrada, fuerte lluvia de granizo y nevadas.
De pronto, ese extraño silencio se rompió con los gritos
de los marinos argentinos "Viva la Infantería de Marina",
"Vengan, ingleses hijos de puta", " Que Venga la Reina,
Carajo", "Vengan que acá esta la 4ta. Sección".
Los nervios, la tensión vivida durante más de dos
horas de combate ininterrumpido, el cansancio, el miedo, daban paso
a un desahogo merecido. Los habían rechazado, que para esos hombres
era mucho.
A los pocos minutos los ánimos los ánimos se tranquilizaron.
Vázquez bajo a su pozo para calentarse, pues tenia las manos
muy frías, casi sin tacto. De inmediato solicito que le comunicaran
las bajas y el estado de la munición, dato que se le paso al
teniente Villarraza:
-Verde, aquí verde 4.
-Verde.
-Señor, informo que los ingleses se retiraron, prácticamente
se fueron en desbandada, en este momento no hay fuego, Tengo cuatro
muertos y tres heridos. Estamos haciendo recuento de munición.
En la sintética, Vázquez le relato a su jefe lo ocurrido,
quien le respondió:
-Recibido. Pregunto si se va o se queda.
-Señor, yo no domino del todo la situación pero los ingleses
tampoco. Si me envía refuerzos puedo aguantar y de aquí
no me saca nadie.
-Recibido. Espere
Pasaron unos minutos, los necesarios para que el teniente Villarraza
consulte con el puesto de comando del Batallón. El capitán
Robacio le respondió que le enviaría refuerzos.
-Verde 4, aquí Verde
-Verde 4- contestó Vázquez.
-Bien, resista, van a ir refuerzos
-Recibidos
.Recibidos, Aquí Verde 4, corto
| Continua la presión británica |
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| Situación del 14 de junio a las 0630. Aquí el BIM
5 inicia un ataque retrógrado para reorganizarse en Sapper
Hil Ver Cartografía |
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Relato extraído del libro Batallón
5 de Emilio Villarino

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