Ex integrante
del Grupo de Artillería 3 -Escuela-
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Testimonio del Suboficial
Mayor Raúl Armando Orcasitas |
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La toma de las
Islas Malvinas, por parte de tropas conjuntas argentinas, me sorprendió
y llenó de entusiasmo, prestando servicio en el Grupo de
Artillería 3 con asiento en la localidad de Paso de los
Libres, Corrientes con el grado de sargento primero.
Terminaba de realizar un curso en la Escuela de Artillería,
el día 29 de marzo, con una duración de 30 días,
en el transcurso del mismo nació mi primera hija, Nadia,
después de esperar cinco largos años. Eran tantas
las ansias de estrecharla y tenerla en mis brazos al igual que
a mi amada esposa, que sola tuvo que afrontar el parto, lejos
de mí y de sus seres queridos, pero conforme, teniendo
la seguridad de que yo estaba cumpliendo con mi deber. Nadia
nació el 24 de marzo. Todas mis ansias la aprisionaban
en el fondo de mi corazón, mientras empezábamos
los preparativos de movilización y es así que
el día 9 de abril desde las 20.00 a 21.00 horas el Grupo
de Artillería, con su totalidad de efectivos, material
y equipo partía por medio ferroviario con destino a Buenos
Aires. Las expectativas de todos eran inmensas, no podría
explicar todo lo que pasaba por nuestra mente, y nuestro corazón
latía apresurado al saber que nos tocaba en suerte ser
los argentinos elegidos para defender nuestra soberanía
en las lejanas islas del sur.
En el transcurso del viaje, el jefe de unidad me asigna nuevo
rol de combate, hasta el momento me desempeñaba como
encargado reemplazante de la Batería Servicios, en el
futuro mi nuevo puesto sería el de operador de radar
de vigilancia terrestre (Rasit), además me asignó
tres soldados novatos como auxiliares, desde ese momento paso
a revistar en la Batería Comando junto a mis colaboradores
soldados: Velázquez, Soto y Radaelli.
Después de la larga marcha, se rompe la rutina, cambio
de tren y trocha, en Buenos Aires, nuevamente el monótono
ruido, sin saber a donde nos dirigíamos pero llenos de
fervor patrio.
Durante el viaje, recibo órdenes de mi jefe para preparar
el material, personal y equipo, para saltar a las Islas. No
se da, pero llegamos a Ingeniero White. Quiero destacar el apoyo
manifestado con aplausos y vítores de la población
al paso del tren cuando nos aproximábamos a alguna zona
poblada y que sonaba en nuestros oídos como música
celestial, y al mismo tiempo nos hacía tomar conciencia
de la magnitud de nuestra empresa.
En Ingeniero White se procede a la descarga del material y
embarcación en un vuelo que nos llevaría a Río
Gallegos. Ese mismo día, el 13, en otro avión
de la Fuerza Aérea, nuevamente descarga y carga y, con
las últimas luces del día nuestro punto terminal
¡las queridas islas!
Con toda alegría de encontrarnos en suelo malvinense,
comienzo a instruir a mis soldados en el armado, desarmado y
puesta en marcha de nuestro radar; y así, día
a día, en todo momento y lugar que tenía disponible.
No quedaba mucho tiempo libre y el entusiasmo superaba con creces
la lejanía, la soledad y lo normal en cada hombre, la
necesidad de estrechar entre los brazos a los seres queridos.
Después de permanecer dos días en Puerto Argentino,
nos ordenan desplazarnos con la Batería C, subunidad
ésta que prácticamente la totalidad de sus cuadros
(oficiales y suboficiales) fueron movilizados de distintos destinos,
principalmente de los institutos de formación y Escuela
de Artillería, con esta subunidad permanecemos dos días
y realizamos en este período vigilancia terrestre, en
horarios nocturnos en el perímetro defensivo, principalmente
en una probable avenida de aproximación del enemigo.
También como operador de radar empecé a agudizar
e individualizar los sonidos que producían en un aparato
los distintos blancos, además confeccioné el calco
de ecos fijos de la zona; en el mismo tenía, con rumbo
y distancia perfectamente localizadas la posición de
tropas propias de primera línea, es así que sabía
perfectamente si los blancos captados por mi radar se trataban
de vehículo, peatón o peatones, animales, etc.
De pronto, nueva orden, helitransportado, el radar es trasladado
a unas alturas en la zona de emplazamiento del Batallón
de Infantería de Marina 5, una vez ubicado e instalado
mi personal, empiezo a realizar vigilancia nocturna del campo
de combate; durante el día, instrucción y obras
de fortificación.
En este lugar, la seguridad de mi posición y todo otro
tipo de apoyo necesario para mantenimiento, funcionamiento y
subsistencia del personal nos la da con mucha eficiencia el
mencionado Batallón, en esto quiero destacar que todo
lo requerido lo tenía en tiempo, lugar y forma.
Transcurrido el cuarto día, mi posición es visitada
por el jefe de grupo, el entonces teniente coronel Balza, realiza
correcciones y aprovecho la oportunidad, dado que hasta este
momento estaba solo como operador un poco cansado y con la vista
irritada debido al brillo de la pantalla del radar, para solicitarle
otro operador ya que tenía conocimiento de que el cabo
primero Flores había realizado el curso de operador,
pero esta persona estaba en la sección Comunicaciones.
Mi jefe, con amables palabras, me dice que mis deseos serán
cumplidos y, efectivamente, ese mismo día, cuesta arriba,
con equipo y armamento se me presenta el cabo primero.
Y así transcurren días y noches, detectando en
algunas oportunidades blancos en zonas no autorizadas, se informaba
de los movimientos, rumbos, distancias después se comprobó
que no se trataba de propias tropas.
El 1 de mayo, empiezo a experimentar y vivir lo que realmente
es estar en combate, para el cual he sido preparado, en esa
fecha, por la noche, la posición de la batería
C, la mía, y la del Batallón es batida por fuego
naval y munición a tiempo. Quiero entender que la posición
del radar estaba perfectamente localizada por el enemigo, dado
que en dos o tres noches he recibido intenso fuego naval, debemos
dar gracias al Divino Creador de no haber sufrido bajas; debo
reconocer además que teníamos buenos refugios
de personal.
El 4 por la tarde, un helicóptero se posa a unos 100
metros de mi posición, veo bajar al teniente primero
Dafuncchio que me llama y me transmite la orden del jefe de
grupo de cargar el radar, personal y equipo para trasladarnos
a otra posición.
Cumplimos la orden lo más rápido posible, dado
las pocas horas luz de que disponíamos. Desembarcamos
a la orilla del mar, instalo, oriento y empiezo a trabajar a
fin de vigilar el mar y aportar datos de tiro para nuestros
cañones y hostigar de esta forma a naves de superficie
enemigas que hasta el momento cañoneaban noche a noche
las posiciones argentinas. A partir de la segunda noche empiezo
a localizar naves enemigas, en cuanto entraban dentro del alcance
de mi radar (30 km.). Hubo noches que llegué a tener
y hacer seguimiento a tres naves, las mismas se mantenían
a no menos de los 13 kilómetros de la costa. A partir
del tercer día tengo noticias de que había llegado
una rampa de lanzamiento de misil (Exocet), es así que
ese mismo día el teniente coronel Balza paso por mi posición
y me ordena que lo acompañe a realizar un reconocimiento,
donde sería mi futuro emplazamiento; momentos después
se hacen presentes en el lugar ingenieros navales y se intercambian
opiniones sobre como trabajaríamos en conjunto: radar
y rampa de emplazamiento, es así que coordinamos y esa
misma noche nos instalamos a unos 300 o 400 metros de la orilla,
ellos apuntan la rampa con rumbo 3232 milésimos artilleros,
yo oriento mi radar y doy el máximo ángulo de
exploración (2200-), detecto un blanco a 30 Km. y empiezo
a realizar el seguimiento con cambios permanentes de frecuencia
a fin de evitar las interferencias que el enemigo emitía
en forma casi permanente, dificultando así el seguimiento
de los blancos detectados. Después de varias horas de
bombardeo a nuestras posiciones, entra dentro del rumbo esperado
y a 28 Km. doy los datos al personal que se encontraba manejando
el misil; introducen en la computador del mismo, espera... incertidumbre
y por qué no temor por lo que pudiera pasar, dado que
era una experiencia nueva, con un armamento que fue preparado
para ser lanzado desde una nave de superficie marítima,
nosotros lo estábamos por disparar desde una plataforma
de fabricación casera y desde tierra. Se dispara el primer
misil, falla, no sale del lanzador, se introducen los datos
al otra que estaba en la misma, cabe aclarar que todo este trabajo
se realiza prácticamente en la oscuridad, nuevamente
el intento, esta vez sale el misil, gran ruido... la espera
se hace insoportable, desaparece el destello que dejaba la tobera,
desconcierto ¡habíamos fallado! Cambio de posición,
nos replegamos a Puerto Argentino, en los días subsiguientes
noche a noche, nos instalábamos, pero los blancos no
entraban en el rumbo indicado.
En la noche del 12 de junio, aproximadamente a las 21 horas,
entra dentro del alcance del radar una nave enemiga. Empiezo
el seguimiento, nuevamente la espera de la oportunidad a que
entrara en el rumbo indicado. La nave enemiga cañoneaba
a nuestras posiciones, cambiaba de posición, nuevamente
el cañoneo y así estuvo durante toda la noche,
hasta que a las 4.00 aproximadamente empieza su retirada. Desde
los 14 Km. y con rumbo descendiente estaba entrando en la dirección
esperada, a 28000/29000 metros hasta que se ubica en el rumbo
esperado, informo a la gente del misil, se introducen los datos
de tiro, acción del disparador y ¡fuego! Viene
la espera... desaparece el destello de la tobera, cuando sobrepasa
la línea del horizonte, un inmediato resplandor a lo lejos,
el estruendo, ¡no habíamos fallado!, alegría,
abrazos, festejos y por qué no decirlo, la lágrima
que se escapa del personal que nos encontrábamos en el
lugar. Sigo ploteándole, la nave paró las máquinas
y permaneció en el lugar; al poco tiempo se aproximó
otra aparentemente para auxiliarla, informo y sugiero disparar
el otro misil que se encontraba en la plataforma, los ingenieros
navales consultan entre ellos y deciden de inmediato hacer cambio
de posición, suponiendo que se tornaba peligroso permanecer
en el lugar ya que habíamos delatado nuestro emplazamiento.
Dos días después mi jefe de unidad y con el sabor
amargo de la derrota, me confirma que la nave había sido
el destructor Glamorgan.
Esta es mi experiencia en tierras malvinenses, pero lo más
importante es lo que paso a detallar a continuación:
el espíritu de sacrificio, colaboración, abnegación,
coraje, puesto de manifiesto por parte de mi cabo primero, de
los soldados novatos, que en poco tiempo se convirtieron en
verdaderos profesionales, tomando como base el sentido de patriotismo
y pertenencia que me demostraron en todo momento.
"Así peleamos Malvinas - Relatos de Veteranos del
Ejército",
Biblioteca Soldados,
Noviembre 1999

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