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La Circuncisión del Corazón "Tú te llamas judío, te apoyas en la Ley y te glorías en Dios; conoces su voluntad e, instruido por la Ley, apruebas lo mejor; Estas convencido de que eres guía de ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los ignorantes, maestro de niños y que tienes en la Ley la forma del conocimiento y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de robar, ¿robas? Tú, que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la Ley, ¿con infracción de la Ley deshonras a Dios?, pues, como está escrito: < El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros> La circuncisión, en verdad, aprovecha si guardas la Ley; pero si eres trasgresor de la Ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. Por tanto, si el incircunciso guarda las ordenanzas de la Ley, ¿no será considerada su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la Ley, te condenará a ti, que con la letra de la Ley y la circuncisión eres trasgresor de la Ley. No es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en interior y la circuncisión es la del corazón, en espíritu y no según la letra. La alabanza del tal no viene de los hombres, sino de Dios."
"La
circuncisión es la del corazón."
Somos salvos cuando creemos con el corazón. Debemos de ser salvos en el
corazón. Dios dice, "la circuncisión es la del corazón, en
espíritu, y no según la letra. La alabanza del tal no viene de los
hombres, sino de Dios (Romanos 2:29). Debemos tener la remisión del
pecado en nuestros corazones. Si nosotros no tenemos el perdón de los
pecados en nuestros corazones, es inválido. El hombre tiene una "
parte interna y una parte externa," y cada uno debe recibir la
remisión del pecado internamente. El
Apóstol Pablo dice a los Judíos, "La Circuncisión es la del
corazón." ¿Entonces que circuncidaron los Judíos? Ellos
circuncidaron una parte de la carne. Sin embargo, el Apóstol Pablo
dice, "La Circuncisión es la del corazón." Los Judíos se
circuncidaron externamente, pero Pablo dice que la circuncisión es la
del corazón. Dios nos dice en nuestro corazón cuando llegamos a ser
Sus hijos. Pablo
no habla acerca de la circuncisión externa, sino de la circuncisión y
la remisión del pecado del corazón. Así que cuando él dice, "¿Pues
qué, sí algunos de ellos han sido incrédulos?" (Romanos 3:3).
Él quiere decir, "Sí algunos no creyeron en el corazón." Él
no habla de creer externamente, sino dice, "Cree en el corazón."
Nosotros debemos saber lo que el Apóstol Pablo quiere decir y lo que es
la remisión del pecado. Debemos aprender como obtener la remisión del
pecado en nuestros corazones a través de la palabra de Dios. "¿Pues
qué, si algunos de ellos han sido incrédulos?"
esto significa "¿Y que si los Judíos no creyeron en Jesucristo
como su Salvador, aunque ellos son los descendientes de Abraham por la
carne?" ¿Acaso su incredulidad dejará sin efecto la fidelidad de
Dios? ¿Acaso el hecho de que Dios borró todos nuestros pecados,
incluyendo los pecados de los descendientes de Abraham, quedará
invalidado? Nunca. Pablo dice que aún los Judíos, quienes son
descendientes de Abraham por la carne, pueden ser salvos cuando ellos
crean que Jesucristo es el Salvador, el Hijo de Dios, quién quito los
pecados del mundo a través de Su bautismo y crucifixión. Él también
dice que la salvación y gracia de Dios a través de Jesucristo no puede
ser invalidada. Romanos
3:3-4 afirma, "¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos?
Su incredulidad, ¿habrá hecho nula la fidelidad de Dios? ¡De ninguna
manera! Antes bien, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso; como está
escrito: <Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando
seas juzgado>." El Señor prometió con Su palabra y
santificó a los creyentes, cumpliendo Su promesa Él mismo. Dios desea
mostrar Su justicia y justificar a aquellos que tengan fe en Jesús, a
través de Su palabra, cumpliendo lo que Él prometió cuando Él es
juzgado. Aún nosotros, que tenemos la remisión del pecado en nuestro
corazón, también queremos ser juzgados por Su palabra y queremos
vencer con Su palabra cuando seamos juzgados.
Pablo
habla acerca de su "parte interna y externa." Nosotros también
tenemos una parte interna y externa, las cuales son la carne y el espíritu.
Somos iguales a él. Ahora Pablo trata con el tema. Romanos
3:5 afirma, "Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia
de Dios, ¿qué diremos?" Pablo no quiere decir que su parte
externa está limpia. Su carne está sucia y continúa pecando hasta que
muere. Esto incluye a toda la gente en el mundo. Sin embargo, ¿si Dios
hubiera salvado a aquella gente, acaso no hubiera demostrado Su
justicia? ¿Acaso Dios no hubiera sido justo si Él hubiera salvado a
los seres humanos, aunque sus partes externas están enfermas? Así que
Pablo dice, "¿Será injusto Dios al dar el castigo? (Hablo como
hombre.) ¡De ninguna manera! De otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al
mundo?" (Romanos 3:5-6). Pablo explica que no somos salvos sólo
porque nuestra parte externa está limpia. Tenemos
una parte externa y una interna. Sin embargo, Pablo trata con el dominio
del corazón diciendo, "¿Y qué si algunos no creyeron? ¿Acaso su
incredulidad, hará que la fidelidad de Dios quede sin efecto? La
circuncisión es la del corazón." No es una fe verdadera si una
persona llega a ser justa una vez y al día siguiente un pecador,
estableciendo nuestra fe sobre la base de la parte externa que peca y
tiene iniquidades.
El
Apóstol Pablo no colocó su esperanza en la parte externa. Aquellos
cuyos pecados son borrados también tiene una parte externa e interna.
¿Cómo se sienten cuando ven su parte externa? No pueden evitar el
estar decepcionados. Veamos nuestra parte externa. Algunas veces somos
buenos, pero algunas veces simplemente somos abominables. Pero la Biblia
dice que nuestra parte externa fue crucificada con Jesucristo. Nuestra
parte externa murió, y Jesucristo perdonó todos los pecados de nuestra
parte externa. Quienes
somos salvos nos decepcionamos frecuentemente con nuestra parte externa,
cuando la observamos. Parecemos tener esperanza cuando nuestra parte
externa hace el bien, pero llegamos a decepcionarnos cuando no alcanzan
nuestras expectativas. Tendemos a pensar que nuestra fe está deshecha,
cuando nos decepcionamos de nuestra parte externa. Sin embargo, esto no
es correcto. Nuestra parte externa ya fue crucificada con Cristo.
Aquellos que tienen la remisión del pecado también continúan pecando
a través de sus cuerpos físicos. ¿Pero, no es eso un pecado? Sí, si
lo es, pero es un pecado muerto. Está muerto por que los pecados fueron
llevados a la Cruz con el Señor. El pecado que nuestra carne externa
comete no es un problema serio, sin embargo, es un asunto serio el que
nuestros corazones no estén bien enfrente del Señor.
Más
iniquidades son reveladas al justo, inmediatamente después de recibir
la remisión del pecado. Por lo tanto, la salvación de Dios llegaría a
ser imperfecta, si fijamos como base de nuestra salvación al hombre
externo, quien no puede sino pecar a cada momento. Nuestra fe se desviaría
de la fe en Dios, la cual tenía Abraham, si fijamos nuestra fe sobre la
base de las obras de la carne externa. El
Apóstol Pablo dice, "La Circuncisión es la del corazón."
Llegamos a ser santificados y justos, creyendo en el corazón, no de
acuerdo a las obras del hombre externo. La santificación no depende de
sí nuestro hombre externo hace o no hace lo que Dios dice. ¿Entiendes
esto? El problema es que tenemos ambas, la parte interna y externa y
ellas coinciden. Por lo tanto, nosotros tendemos a colocar mayor peso
sobre el hombre externo. Nos sentimos confiados si nuestra parte externa
actúa bien, y decepcionados sino. Pablo dice que esta no es la fe
correcta. "La
Circuncisión es la del corazón."
¿Cuál es la verdad real? ¿Cómo sabemos y creemos con el corazón? En
Mateo 16, Jesús le preguntó a Pedro, "¿Quién dices que
soy?" Entonces Pedro confeso su fe, diciendo, "Tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios viviente." Así creía Pablo, con el corazón.
Jesús dijo, "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, por que
no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los
cielos." Jesús dijo, que la fe de Pedro era correcta. Abraham
no tenía hijo. Dios lo guío a él con su palabra y prometió que Él
le daría un hijo y que él sería el padre muchas naciones. Él también
le dijo que Dios sería el Dios de él y de sus descendientes. Dios le
dijo a Abraham, que su familia y sus descendientes se circuncidaran como
una señal del pacto entre Dios y Abraham. "Las cicatrices de
cortar una parte de tu carne es el pacto de que yo soy Dios para
ti," dijo Dios. Abraham creyó el pacto con su corazón. Él creyó
que Dios sería Dios para él, y bendijo su corazón. Él también creyó
que Dios sería Dios de sus descendientes. Él creyó en Dios mismo.
Somos
justificados creyendo con nuestros corazones que Dios es nuestro Dios,
nuestro Salvador. Somos salvos creyendo con nuestro corazón. No somos
salvos por ninguna otra razón. Hemos llagado a ser justos creyendo con
nuestro corazón que Dios es nuestro Dios y que Él borró todos
nuestros pecados con el bautismo de Jesús y Su muerte en la Cruz. El
creer con nuestro corazón nos salva. Así que la Biblia dice, "Porque
con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para
salvación" (Romanos 10:10). Lo
que tenemos que hacer para que quede claro ahora, es que somos
justificados creyendo con nuestro corazón, y no por las virtuosas obras
de nuestra carne. No podríamos llegar a ser justos si Jesús le
adjuntara una condición a nuestra parte externa, diciendo "Yo
borraré todos tus pecados, pero con una condición. Puedes ser mi hijo
si evitas el pecado. No puedes ser mi hijo si fallas en esto." Somos
justificados por creer con nuestros corazones. ¿Hubiéramos podido ser
justificados si Dios le hubiera puesto condiciones a nuestra parte
externa? ¿Acaso crees tú que Dios nos salvo, quitando tus pecados a
través de Su bautismo en el Río jordán, ser crucificado y juzgado en
tú lugar? ¿Cómo crees eso? ¿Acaso no crees con tu corazón? Podrías
haber sido salvado si Dios hubiera dicho, "¿Perdonaré tus pecados
pequeños, pero los grandes no. Invalidare tú liberación si fallas en
observar esta condición?"
Nuestra
carne, el hombre externo, siempre es débil y no puede alcanzar la
justicia de Dios por sí mismo. Somos justificados creyendo con el corazón
enfrente de Dios, porque Él prometió salvar a aquellos que creyeran
con sus corazones. Viendo nuestra fe, que admitimos lo que dios hizo y
que Jesús quitó y borró todos nuestros pecados, con el corazón, Dios
nos hace Sus justos hijos. Este es el pacto de dios, y El nos salvo,
cumpliendo su promesa. Dios
dice que cuando Él ve fe en nuestro corazón, somos Su pueblo. Debemos
separar nuestro hombre externo del interno. Nadie en el mundo recibiría
la remisión del pecado, si basamos nuestra salvación sobre las obras
de la carne externa. "La circuncisión es la del corazón."
Somos salvos creyendo en Jesucristo con nuestros corazones. ¿Entiendes
esto? "Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la
boca se confiesa para salvación" (Romanos 10:10).
Aparentemente el Apóstol Pablo separa al hombre externo del interno. Nuestro
hombre externo es peor que excremento de perro. No vale nada. No
necesitamos usar a Abraham como ejemplo. Mírate a ti mismo. Ve tu carne
inútil. La carne se vale del engaño para obtener una posición social
elevada y vivir en abundancia. ¿No hace la carne otra cosa que buscar
su propio interés? La carne sería juzgada más de 12 veces al día, si
fuéramos juzgados en como piensa y en como actúa. La carne esta en
contra de Dios. Afortunadamente,
Dios no esta interesado en nuestro hombre externo, pero Él se fija en
nuestro hombre interno. Él nos salva cuando realmente ve que creemos
que Jesús es el Salvador con todo nuestro corazón. Él nos dice que Él
nos salvo de todos nuestros pecados.
Veamos
nuestros propios pensamientos. Pensamos que podemos creer meramente con
nuestros pensamientos. Podemos creer con los pensamientos de la carne,
pensando 'Yo fui salvado por que Dios me salvo.' Sin embargo, no podemos
ser salvados por nuestros pensamientos. La mente carnal cambia todo el
tiempo y siempre hace lo malo. ¿Es esto cierto? Los pensamientos de la
mente carnal quieren hacer esto de acuerdo a su lascivia. Supongamos
que alguien pone su fe sobre la base de sus pensamientos. Él / ella
pueden tener su confianza en su salvación, mientras su pensamiento
presente este de acuerdo con su pensamiento anterior, esto es, 'Jesús
quitó todos los pecados en el Río Jordán.' Sin embargo, debido a que
los pensamientos de la carne no son estables, él / ella ya no pueden
tener confianza en Su salvación, una vez que una pequeña porción
invada su débil pensamiento sobre la salvación. Una fe incorrectamente
construida sobre pensamientos carnales, caerá al golpe de una duda. No
podemos creer en Él y en la verdad, si ponemos como base de nuestra fe
nuestros propios pensamientos. Tal fe es como una casa construida sobre
la arena, "Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron
vientos y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande
su ruina" (Mateo 7:27). Por
lo tanto, la fe de una persona que cree con pensamientos, está muy
lejos de la fe basada en la palabra de Dios. Dios dijo, "Para
que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando seas juzgado"
(Romanos 3:4). Nuestra salvación debería estar basada sobre Su
palabra. La Palabra se hizo carne y habito entre nosotros, y Dios es la
Palabra. La Palabra vino a esta tierra en semejanza de hombre. Jesús
nos salvó y fue tomado arriba después de Sus 33 años de tiempo de
vida sobre la tierra y guío a Sus Apóstoles a escribir la palabra de
la promesa, la cual es el cumplimiento del Antiguo Testamento que Él
también le dijo a Sus siervos. Dios escribió lo que Él dijo e hizo en
la Biblia. Dios se aparece y con la Palabra, habla con la Palabra y nos
salva con la Palabra. Nosotros
no podemos tener la perfecta remisión de pecado con nuestros propios
pensamientos, no creyendo en la palabra de Dios, pensando, 'Parece que
soy salvo algunas veces, pero otras veces yo no puedo creer en la
palabra del Señor.' No podemos ser salvados con pensamientos, por que
nuestros pensamientos siempre cambian y no siempre son verdad. Por
lo tanto, el Apóstol Pablo dice que la circuncisión es la del corazón
y nosotros creemos Su justicia con el corazón. Cuando nuestro corazón
cree en Su palabra, el corazón aparentemente justifica que Dios prometió
esto en el Antiguo Testamento y cumplió Su pacto. De esta forma Él nos
salvo en el Nuevo Testamento por Su palabra. Somos salvos y hechos hijos
de Dios creyendo en Sus palabras con nuestros corazones.
Somos
salvos por fe porque el corazón puede admitir a Dios, pero nuestros
pensamientos de nuestra mente carnal puede que no lo admitan a Él.
Somos hechos hijos de Dios creyendo con nuestros corazones, no por las
obras o pensamientos del hombre externo. Esta claro que somos hechos
hijos de Dios creyendo en Su palabra en nuestros corazones. ¿Crees esto
con tu corazón? ¿Estás circuncidado en el corazón? ¿Crees en tu
corazón que Jesús es tú Salvador? Aquel que cree en el Hijo de Dios
tiene al testigo en él mismo. ¿Tienes al testigo de la palabra de que
Jesús te salvó perfectamente, no hay testigo de tú experiencia
personal? ¿Tienes la palabra de Dios en tú corazón? ¿Tienes la
palabra que te dio la remisión del pecado? Tener una fe verdadera es
ser salvo por fe. Recibimos
la remisión de los pecados creyendo en la palabra de Dios con nuestros
corazones. Sin embargo, frecuentemente nos decepcionamos cuando
observamos las debilidades del hombre externo. Entonces somos aptos para
retroceder de nuestra fe en Dios. Aquel que no entiende totalmente la
verdad se halla bajo una ilusión. La mayoría de los Cristianos ponen
la medida de su fe sobre sus obras. Esto es un gran error. No debemos
medir nuestra fe sobre nuestros propios pensamientos. No deberíamos de
poner la base de nuestra fe sobre la carne externa, por que la carne es
inútil. En el Antiguo Testamento y el Nuevo testamento nos dicen, que
uno es justificado cuando él /ella creen en la palabra de Dios en el
corazón. No somos salvos de nuestros pecados por pensamientos u obras,
sólo por fe. No podemos ser salvos por las obras de la carne. Ya sea
que pequemos o hagamos buenas obras, esto no tiene que ver con Dios y Su
gloria. Por
lo tanto, la verdadera fe significa ser salvo creyendo la verdad de la
salvación de la palabra de Dios con el corazón. Nuestra fe esta
equivocada cuando nuestro corazón esta equivocado y nuestra fe es
correcta cuando nuestros corazones están correctos. La conducta
correcta viene de una fe verdadera. La mala conducta puede venir debido
a que nuestro corazón es débil. Pero lo importante es que Dios mira el
corazón. Dios mira al corazón y lo escudriña. Dios mira si el corazón
está correcto o no. Dios mira si realmente creemos con el corazón o
no. ¿Entiendes? ¿Sabes que Dios mira nuestros corazones? Dios mira si
nosotros creemos en Jesucristo con nuestros corazones, cuando Él nos
mira. ¿Crees con tú corazón? Dios
observa si nosotros creemos con el corazón o no, cuando Él mira sobre
nosotros. Él mira en nuestros corazones. Debemos revisar nuestros
corazones en la presencia de Dios. La circuncisión es la del corazón.
¿Crees con el corazón? Dios mira el corazón. Él mira para ver si
realmente creemos con nuestros corazones o no. Él mira a ver si
realmente conocemos la verdad y si queremos ir tras ella o no. Él mira
para ver si tenemos fe en nuestros corazones o no y si queremos seguirle
a Él y creer en Su palabra.
Es
importante tener un conocimiento exacto de lo que Jesucristo hizo y
creerlo con el corazón. Existe un cuerpo religioso que les dice a sus
hermanos y hermanas en nuestra Iglesia, que ellos no son salvos. Yo
siento lastima por las almas de ese grupo religioso. Yo quiero hacer que
entiendan y enseñarles el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Están
borrados tus pecados? -Amén.- ¿Lo crees con el corazón? Pero
existe alguna gente que dice que nuestra fe no es correcta. Dicen que no
debemos creer la palabra como está escrito y creer solamente lo que está
probado por la ciencia. Dicen que una persona nacida de nuevo debe saber
exactamente el tiempo en que él/ ella nació de nuevo (hora, fecha,
mes). Cuando el hermano Hwang se reunió con uno de ellos, la persona le
preguntó cuando había nacido él de nuevo, así que el hermano Hwang
respondió que él no sabía la fecha y hora exacta, pero que él había
nacido de nuevo creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu, en algún
momento del año anterior. Entonces él dijo que el hermano Hwang no era
salvo. Desde
luego, podemos decir la hora exacta y fecha y mes y año si los buscamos
en el momento en que nacimos de nuevo. Aún podemos decir si era AM. o
PM.; o la mañana, tarde, almuerzo o cena. Sin embargo, la salvación
depende de creer con el corazón. No importa si no puedes recordar la
hora exacta.
El
Señor tomó todos nuestros pecados sobre Él en el Río Jordán y fue
crucificado en nuestro lugar para ser juzgados por los pecados. Él fue
herido por nuestras trasgresiones y golpeado por nuestras iniquidades.
Él quitó todos los pecados de nuestro hombre interno y externo.
Nuestros espíritus se levantaron de nuevo de entre los muertos y ahora
podemos seguir al Señor como a Él le plazca, aunque alguna gente pueda
decirnos maliciosamente que no somos salvos. ¿Qué
dice la Biblia acerca del hombre exterior? Más y más iniquidades
parecen ser reveladas después de que recibimos la remisión de pecados.
Todavía no han sido reveladas todas nuestras iniquidades; más
deficiencias serán reveladas. Sin embargo, somos salvos sí creemos en
nuestros corazones que Dios es nuestro Dios y que Jesús quitó todos
nuestros pecados en el Río Jordán a través de Su bautismo y crucifixión.
No
podemos ser comparados con gente que le da importancia a la fecha en que
nacieron de nuevo y que creen solamente lo que es probado por la
ciencia. Claramente, no son salvos. Creemos con nuestros corazones para
ser justificados. ¿Crees que Jesucristo es nuestro salvador? -Amén.-
La fe comienza desde ese punto y el Señor guía nuestros corazones
desde ese tiempo. El Señor dice que somos sus justos hijos y que
nuestra fe es verdadera. Él bendice nuestros corazones y quiere que lo
sigamos a Él con nuestros corazones, por la fe. Dios nos guía y nos
bendice cuando caminamos con Él a través de la fe en nuestros
corazones. "La
circuncisión es la del corazón."
Fuimos salvos creyendo con nuestros corazones. Mucha gente sobre la
tierra dice que creer el evangelio con sus corazones los salvó. Sin
embargo, le agregan sus obras a la fe. Consideran las obras del hombre
exterior como una condición esencial de su fe. Dicen que tener fe en el
evangelio y el agua en el Espíritu no puede guiarlos a la salvación
por que ellos mezclan, el creer con el corazón y sus propias obras
virtuosas. Como
resultado, están más interesados con el buen desarrollo del hombre
exterior y que tan frecuentemente ofrecen oraciones de arrepentimiento.
Están lejos de la salvación, aunque piensan que son salvos de sus
pecados.
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