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La Señal
Por
Maximiliano
Curcio
Sinopsis:
Es el año 1952 y mientras Eva Perón agoniza Corvalán, un mediocre
detective privado, se ve envuelto en una historia de traición y
ambiciones. Contratado por una hermosa mujer para lo que parece ser
un rutinario trabajo de seguimiento descubrirá, poco a poco, un
entramado violento donde quien parecía ser la víctima puede
revelarse finalmente como el verdugo. Una sola decisión mal tomada
puede conducir a Corvalán hacia su destino más trágico.
* * * / BUENA
Ricardo Darín cumple con su debut detrás de las
cámaras frente a la difícil tarea de continuar un proyecto que
Eduardo Mignona había encaminado previo a su muerte. Con la co-dirección
de Martín Hodara, Darín se muestra como un director con futuro
promisorio, sorprende con su nueva faceta de realizador y suma a su
notable vigencia actoral, una capacidad técnica y una visión de la
puesta en escena, admirable para un debutante. Filmada en tecnología
digital (un notable avance a ojos del cine nacional) para ser luego
convertido a 35 mm, la película sobresale por el gran ritmo que
otorga, basado en una precisa edición sin baches, donde la dupla
Darín-Hodara parece encontrar el punto justo en cortar y continuar
escenas como una marca registrada del género, tan trascendente y
rico en historia en Hollywood (desde las novelas de Dashiell Hammeth
hasta los films más emblemáticos de los ’40).
Cuando se menciona el trabajo de Darín, la calidad
del mismo sobresale en una brillante recreación de época (la
Argentina peronista de los ’50) como lo es “La Señal”: una
fotografía con claro oscuros expresionistas digna del mejor cine
noir, una gran variedad en la audaz composición de los planos, la ya
mencionada reconstrucción histórica y una mezcla de sonido que
combina el sonido ambiente de los escenarios en donde transcurre la
historia con una musicalización que otorga al film un clima
apropiado. Elementos valorables al film a disposición de una trama
que si bien no es del todo homogénea en términos de acción y
suspenso a la hora de mantener la inquietud y prolongar el misterio,
tiene muchos de los clisés de las novelas pioneras negras del estilo
clásico de Philiph Marlowe donde un detective con rasgos de
antihéroe persigue a mafiosos y se involucra con la infaltable femme
fatale. No así se destaca en la dirección de actores, donde
(curiosamente) no con suficiente brillo se reparten el protagonismo
de la historia figuras de peso como Diego Peretti, Andrea Pietra,
Julieta Díaz y Vando Villamil.
Si bien puede remitir a ciertas realizaciones
nacionales de época en clave policial (“Plata Quemada”, “La
Fuga”), el film hace propios estos códigos y convenciones para
adaptarlo al velo de tragedia que viste al cine negro: ese personaje
sombrío, sin rumbo y recio que busca su redención en medio de una
reconocible Buenos Aires con ese aire tan característico de tango,
de fútbol, apuestas, cafetines y política. Un noble trabajo (y una
gran apuesta) de Darín como homenaje a su querido amigo y colega
Eduardo Mignogna en una producción nacional ambiciosa que con dignos
recursos se bieno no se gana el derecho de ser una gran película, es
el punto de partida para hacer de Ricardo Darín un artista cada vez
más completo, sorprendente y talentoso.
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