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La Noche
del Sr. Lazaresku
Por
Gisela Sustersic
Sinopsis:
El señor Lazarescu, de 63 años de edad, vive con sus tres gatos en
un apartamento. Su mujer murió ocho años atrás y su hija, Bianca, se
marchó a vivir a Canadá. Una noche, el solitario anciano se
encuentra enfermo y decide llamar a la ambulancia. Cuando ésta
llega, el doctor decide llevarle al hospital, pero una vez allí
deciden mandarle a otro, y desde allí a otro diferente. Mientras cae
la noche y no pueden encontrar un hospital para él, su salud empieza
a deteriorarse rápidamente... Una aclamada comedia dramática
premiada en Cannes (en la sección "Una cierta mirada") y nominada
por Rumanía para el Oscar a la mejor película de su país.
“La
Noche del Sr. Lazaresku”, es una película rumana del año 2005,
dirigida y escrita por Cristi Puiu. Con éste título se estrenó en
Argentina
Narra la historia de un señor, de alrededor de 60
años, que una noche llamó a emergencias médicas, después de sentirse
mal durante todo el día. Una vez que llegó la enfermera a su
domicilio comenzó un agónico calvario.
El tratamiento documental que tiene este film, es el
medio que nos transporta a sentirnos parte de la trama. No lo hace
el director mediante la identificación psicológica, o afectiva, (que
también puede darse) sino más bien desde un argumento físico, desde
el lugar que la imagen nos da para sentirnos parte de la historia.
Esta es la gran novedad que trae el cine digital, DV.
No solamente el aspecto económico, por sus costos bajos y accesibles
que sin duda es un factor decisivo a la hora de realizar un film ,
sino también esta posibilidad de filmar sin puestas en escena
diferentes a la que podemos encontrar en cualquier lugar.
El uso de la luz es la del ambiente, podemos ver
cuartos iluminados con la sola lamparita de un velador. Y el audio
tomado directamente es el gran personaje que nos acerca aun más
hacia la trama. La cámara está sujeta por la mano del camarógrafo,
es inestable y mira a los personajes en el medio de sus diálogos.
Ella puede entrar en todas partes, un cuarto, un pasillo, un baño,
una ambulancia, un tomógrafo, etc.; es liviana y pequeña, ágil y
aventurera. Una cámara así nos narra la historia, mostrándonos las
imágenes dentro de los encuadres y fuera de ellos de tal modo que un
departamento completo, la calle, la ambulancia, los pasillos y las
salas de diferentes hospitales, son la escenografía real y perfecta
para ser utilizada.
El director nos la presenta sin anestesia, a pesar
que al rato de comenzar a verla, quedamos “anestesiados” atrapados
en la burocracia, hospitales públicos repletos, los políticos que se
roban las partidas presupuestarias y, solamente sostenidos por la
voluntad y profesionalismo de su personal.
Los planos secuencia fueron usados desde el comienzo
de la película hasta llegar al primer hospital, de un modo moderado.
Ahora ya en el mosocomio, al entrar en la guardia, la cámara no se
detiene. Lazarescu circula por los pasillos como por un laberinto, y
es acompañado por la enfermera y el chofer de la ambulancia. No
vemos planos y contraplanos, para contar la realidad, sino una
realidad mostrada mediante la cámara. En esta primera sala de
guardia, todavía la cámara está ubicada a cierta distancia, lo cual
nos ubica todavía a una “cierta distancia” de lo que está
ocurriendo.
Pero a medida que el Sr. Lazaresku debe conocer otras
salas de guardias, de cuatro hospitales diferentes, debe volver a
repetir sus síntomas, una y otra vez, como también su nombre.Aqui la
cámara se acerca al grupo, se inmiscuye entre los médicos, los
enfermeros, nuestro personaje , las camillas,… Nosotros estamos en
esas salas, nos sentimos parte, porque la cámara nos lleva dentro.
Este “efecto” es posible ya que podemos escuchar y ver todo lo que
ocurre realmente.
Quien ha podido pasar en alguna oportunidad unas
horas en la sala de guardia de algún hospital público, podrá revivir
esos momentos al ver esta película.
Y del final, ¿qué podríamos decir? El cine de éstas
latitudes es profundo, dulce por momentos y sarcástico en otros, al
mostrar la realidad cotidiana. Tan simple como la vida misma, tan
profunda como el desenlace de “La Noche del Sr. Lazaresku”.
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