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La
Maldición de la Flor Dorada
Por
Maximiliano
Curcio
Sinopsis:
China, siglo X. En la víspera del Festival Chong Yang, miles de
crisantemos amarillos inundan el palacio imperial. El emperador y su
segundo hijo, el príncipe Jai, regresan inesperadamente a palacio
después de tres años en el frente. Su pretexto es celebrar las
fiestas con la familia, pero, teniendo en cuenta la fría relación
que existe entre el emperador y su mujer, parece que esta visita
encierra otras razones ocultas. Entre el glamour y la grandeza del
festival se revelan desagradables secretos.
* * * * / MUY BUENA
Zangh Yimou, uno de los mejores directores del cine
chino retomó el género épico de las artes marciales, en esta nueva
etapa de su carrera, donde el realizador de “Sorgo Rojo” y “Adiós
mi Concubina” se inclina una vez mas por la opulencia visual y
confirma el buen momento que atraviesa este tipo de cine, que
encuentra su lugar y repercusión en cartelera, como hace poco “El
Duelo” con Jet Li se abrió paso para convertirse en una de las
favoritas del publico. Con “La Maldición de la Flor Dorada”,
Yimou completa esa trilogía que comenzara con la excepcional “Héroe”
(donde se dejaba ver en toda su magnitud la ideología y filosofía
zen) y siguiera con la impactante “La Casa de las Dagas Voladoras”
( y sus coreografiadas escenas marciales).
En cada uno de estos tres capítulos, mas allá de su
alarde visual, cada film encuentra en su historia una veta dramática
profunda, donde valores como el honor, el amor, el poder y la
traición ahondan temáticas de esta cultura milenaria. En esta
ocasión, el acento melodramático se nota como el mas marcado en
comparación con sus antecesoras, dado que la trama esta centrada en
los dramas íntimos de una familia imperial, cuya dinastía corre
peligro en medio de disputas que remiten a las obras trágicas de
Shakespeare: el amor no correspondido, la traición, las
conspiraciones políticas y el incesto se centran en la historia que
se desarrolla en el suntuoso y claustrofóbico palacio, mucho mas que
las escenas de acción en si. Es en ellas donde con un acertado juego
de cámaras, el despliegue visual se disfruta en todo su esplendor,
mas allá de que la puesta en escena sobresale por su calidad y
precisión a lo largo de todo el film, con un destacado cuidado por
los vestuarios y escenarios al mejor estilo de James Ivory a la hora
de recrear una novela de época. Vale destacar, que el revisionismo
histórico y las intrigas de poder, siempre van de la mano en la
particular concepción cultural oriental.
A diferencia de los anteriores films citados que
tenían mucha acción a lo largo de toda la trama, acá fue distribuida
de manera diferente y el espectador obtendrá su recompensa con un
desenlace casi operístico donde toda la tensión dramática que va
aumentando con el desarrollo del conflicto, fluye y explota en una
memorable batalla final donde el trabajo de producción adquiere
mayor relevancia. Un clímax imponente domina la escena
desencadenante de los conflictos eternos de sus personajes,y lejos
de la poesía o el lirismo reflejado en otras batallas, la violencia
y la sangre se palpan como nunca para reflejar con lujo y destreza
ampulosas escenas de lucha de pura ficción. La fabulosa interprete
Gong Li es protagonista de esta historia y está maravillosa, tanto
en su belleza imponente como en su dimensión actoral, dejando ver su
vertiente angustiante y padeciente. Otro gran intérprete oriental,
Chow Yun Fat no se queda atrás con uno de los papeles más
arriesgados y mejor concebidos en su trayectoria, abordando todo el
hermetismo y la crueldad de su despótico tirano.
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