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Ahora son
13
Por
Maximiliano
Curcio
Sinopsis:
Danny Ocean y su banda sólo tendrían una razón para realizar su
golpe más ambicioso y arriesgado: defender a uno de los suyos. Willy
Bank, el despiadado propietario de un casino, nunca hubiera
imaginado que todo se iba a poner en su contra cuando traicionó a
Reuben Tishkoff, amigo y mentor de Danny Ocean. Pero Bank se
equivocó… para su desgracia. Quizás pudo derrotar a uno de los
miembros originales de la banda, pero dejó a los demás en pie y les
dio un propósito compartido: derrotar a Bank en la noche de la gran
inauguración de su nuevo casino.
* * * / BUENA
Ya se tornó costumbre esta reunión de amigos que cada tres años
entrega una secuela de a su vez una remake de un gran éxito en
tiempos del “Rat Pack”. “Once a la Medianoche” con
Frank Sinatra (a quien se le dedican numerosas citas y la nostálgica
canción del final interpretada por él), Sammy Davis Jr y compañía
fue un éxito y bien ha sabido esta saga de Steven Soderbergh heredar
dicho legado. Soderbergh, uno de los directores más versátiles y
mimados de Hollywood, se da el lujo entre sus proyectos
independientes para filmar una superproducción comercial y pasatista
que retoma los viejos conocidos submundos de estafas, apuestas y
venganzas. El hecho de filmar cada tres años juntos, convirtió a
esta franquicia cinematográfica, más que en una saga, en una reunión
de amigos que la pasan bien filmando, y se nota, en el clima de
camaradería, donde con mucha improvisación y con miradas y diálogos
sugestivos, ya se conocen unos a otros de memoria. Si la primera
entrega desbordo en sorpresas y entrego un formato ágil, dinámico y
novedoso, en la segunda parte rodada en Europa se desdibujo parte de
esa magia lograda en pos de acaparar el glamour y el divismo de
estrellas que se parodiaban así mismas, sin dejar de ser un buen
producto.
Aca el rumbo se corrige de cierta forma, capturando el mítico y
mágico entorno de Las Vegas que resulta un escenario perfecto para
que, música, ambientación y fotografía mediante, los protagonistas
desliguen un ritmo llevadero, un humor constante y un suspenso a
cuentagotas, porque es cierto, los preparativos previos al gran
golpe se toman demasiados minutos de metraje y eso les hace perder
la sorpresa. Por el lado del elenco, cada uno sabe jugar muy bien su
rol y explotar las características de su personaje. Es un placer ver
actuar a Al Pacino en un rol de villano hecho a su medida y que sin
caer en la grandilocuencia, sabe manejar a la perfección e imponerse
en pantalla con su habitual magnetismo. Soderbergh explota su
presencia desde el primer instante. Un flash back y posterior
fundido que encadena la escena previa a la aparición de Pacino
(donde escuchamos su inconfundible voz sin ver aun su rostro)
funciona como un guiño cinéfilo muy disfrutable. Uno que tarda en
hacerse ver es Andy Garcia, pero su aparición es tan sorpresiva como
grata, a pesar de sus pocas intervenciones, se lo ve suelto e
inspirado y encuentra en el siempre impecable Vincent Cassell un
inesperado aliado que logra encajar en la trama y aportar un
ingrediente extra.
Tanto Matt Damon como Don Cheadle van de menor a mayor en cuanto a
protagonismo, pero dejan para el final lo mejor de si, con sendas
caracterizaciones de sus personajes que los convierten en casi
irreconocibles, ambos se despachan con líneas de dialogo tan
absurdas como desopilantes. Vale mencionar el aporte femenino de
Ellen Barkin (objeto de deseo de Pacino en “Prohibida Obsesión” dos
décadas atrás). Su elección a priori hacia parecer algo así como
traer a escena a una ex estrella algo anquilosada lejos del status
que hoy gozan Julia Roberts o Catherine Zeta-Jones. Pero la otrora
rubia fatal se lleva los aplausos por su desempeño a la par de
Pacino y las miradas por su belleza, a la que el tiempo parece no
afectar. Si bien el resto del elenco secundario (Elliot Gould, Carl
Reiner, Casey Affleck y Scott Caan) es de digna mención, y
Soderbergh se encarga de acentuar la labor de sus actores, dejo para
el final un dúo con mucha química, encanto y simpatía: George
Clooney y Brad Pitt se complementan a la perfección y en el ultimo
dialogo de la película que ambos sostienen, parodian su vida real y
prevén (porque no?) otro encuentro en unos años de estos auténticos
“Buenos Muchachos” para una saga que no se agota y cumple con lo
esperado: entretenimiento garantizado.
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