Al
concluir, Señor, un día más,
confío a tí por entero;
mis progresos y mis fallos,
mis sentimientos y mis dudas,
mis afectos y mi desconsuelo.
Dame paciencia, Señor, a pesar
de las preocupaciones que me asaltan;
dame valor para cambiar en mi vida
lo que debo cambiar;
dame serenidad para aceptar
lo que no puedo cambiar.
Te doy gracias, Señor,
por cuanto hacen los demás para ayudarme.
Te ruego que esta noche no te alejes
de cuantos tienen miedo o están solos.
Acaricia los cuerpos que sufren;
consuela al que está angustiado y deprimido;
ayuda a quien vacile en su fe.
Alivia los sufrimientos;
infunde paz en las mentes
y esperanza en los corazones.
Haz, Señor,
que en lugar de maldecir las tinieblas
estemos prestos a encender nuestras lámparas
para iluminar el mundo.
Tomado
de un folleto de la Comisión Arquidiocesana de Pastoral de la Salud
Aporte: Iglesia Metodista de Salto (Uruguay)
Fuente:
Red latinoamericana de liturgia y evangelización (CLAI)
Extraído
de www.selah.com.ar/red
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