NOTA VISION URBANA


GUILLERMO PEREYRA (2000)

El joven jugador de River Plate volvió a ser titular de la mano del regresado Ramón Díaz. La historia y las definiciones del mediocampista que llegó de Río Cuarto con la idea de que la fama no le cambie la vida.

Nada hace dar cuenta que ese chico rubio, de peinado clásico, bien vestido y de simpatía inocultable se transforma todos los domingos en un jugador clásico, que aspira a llegar a obtener un lugar en la memoria de los exigentes hinchas de River Plate. Caminando parece un chico normal ante la mirada de la gente. En realidad lo es, porque el fútbol no ha llegado a robarle aún el privilegio de sentirse un "chico de barrio". Sin embargo, en la creencia popular, el vestir la camiseta de uno de los club más prestigiosos del país lo transforma en un ser especial. Luchando día a día contra el precio de la fama, este chico de veinte años se esconde en su timidez y en su familia para enfrentarla. Su Río Cuarto natal, en la provincia de Córdoba, se convierte en el más fiel refugio de su intimidad, de esa vida familiar y personal que desea no cambie nunca. Hoy, luego de la lesión de Leonardo Astrada, logró un lugar en el equipo titular. Después de permanecer en el banco de suplente durante toda la gestión de Américo Gallego como Director Técnico, pudo ponerse la camiseta titular de la mano de el Ramón Díaz, el recién regresado DT.

Visión Urbana: ¿Cómo llegó a River? Guillermo Pereyra: Llegué en el año '95, cuando tenía quince años. En ese momento integraba la selección sub 17 de José Pekerman. Me acuerdo que fue José el que fue a mi casa de Córdoba a hablar con mis padres y les dijo que me veía futuro, que me recomendaba que busque un club para poder probarme. Mis padres lo pensaron, pero al final me dijeron que sí. Y yo inmediatamente elegí River. Yo jugaba en el club Estudiantes de Río cuarto (junto con Pablo Aimar y Franco Costanzo -actual arquero suplente del club-) y ahí fue Héctor Pitarch, de las inferiores de River, para buscar jugadores. Me vieron, me probaron y me trajeron a otra prueba en Buenos Aires. Me seleccionaron y así quedé definitivamente.

Visión: Ya en Buenos Aires, ¿cómo siguió su vida? ¿Vino solo? Pereyra: Sí, vine solo. Mis padres no podían porque ya tenían su vida en Río Cuarto y además tengo otros dos hermanos, ambos menores- que no podían venir. Empecé a vivir en la pensión del club y a estudiar en el Instituto de River. A la mañana iba al colegio y a la tarde entrenábamos y estudiábamos. Igual, se me hizo todo muy difícil, extrañaba mucho.

Visión: ¿Pudo terminar el colegio? Pereyra: Sí, lo terminé en el '99.

Visión: Siendo futbolista y teniendo en cuenta la vida que tuvo que llevar ¿modificó algo en su persona que no hubiese cambiado en otros caso? Pereyra: Realmente no lo sé. Yo vine muy joven y no sé cuáles de los cambios lógicos que sufrí se debió a eso y cuáles no. Obviamente que al tener que dejar tan rápido tu casa y tu familia, algo en vos va a cambiar. Tenés que arreglarte solo en algunas situaciones y eso a lo mejor hace que aprendas más rápido a manejarte. Pero por lo demás sigo siendo el mismo. El fútbol no me cambió. Sigo siendo apegado a mi familia, sigo manteniendo los mismos amigos de mi infancia. Algunas cosas nunca cambian, más allá de todo.

Visión: ¿Cómo influyó la vida del fútbol en la relación con sus afectos? Pereyra: El hecho de estar lejos hace que aprendas a valorarlos más. Al tener que dejarlos tan joven hay un montón de oportunidades en los que los necesitás y no los podés tener como vos quisieras. Igual hablo con mi familia todos los días, y cada vez que tenemos aunque sea dos días libres voy para allá. Se hace muy difícil, pero en alguna forma ya me acostumbré a que sea así. Yo los quiero mucho, soy muy apegado a ellos y eso no cambió. Más allá de todo, cuando llego a Río Cuarto todo sigue igual que siempre.

Visión: ¿Madura antes un chico que se dedica al fútbol que otro que hace a otra cosa? Pereyra: No, no creo. Depende del caso y de la persona. Los que elegimos dedicarnos al fútbol somos chicos normales, aunque la gente no lo crea. Mis veinte años son iguales a los tuyos. El hecho de estar lejos de tus afectos no sé si te hace madurar antes, o a lo mejor sí, depende de la persona y de cómo cada uno lo lleva. Yo no creo que haya madurado antes que otro chico de mi edad por el fútbol. Una y otra vez, el jugador de River Plate vuelve a relativizar las supuestas diferencias entre un joven que hace de la práctica del deporte más popular su medio de vida y aquellos que empeñan su tiempo en otra actividad. Y en cómo crece uno y otro. "Obviamente, a los veinte años hay cosas en los que estas maduro, pero hay otras en las que no. Y no creo que esto sea diferente con respecto a otro chico de mi edad", asegura Pereyra. Y hace una reflexión que lo dibujan como alguien consciente de lo que pasa en la Argentina: "Además -afirma-, en este momento del país hay chicos que tienen que salir a hacerse cargo de su familia y de su casa, que también tienen que trabajar para poder llevarles plata y para poder vivir. Creo que estos casos son más duros y son los que realmente hacen madurar a una persona, no el fútbol que, más allá de todo, me garantiza una vida normal".

Visión: ¿Qué tuvo que resignar por el fútbol? Pereyra: Más que nada, mi familia. No puedo estar con ellos como quisiera. También, a lo mejor, no puedo salir tanto como yo quisiera, porque siempre hay alguien que te reconoce. No es que me moleste, pero hay momentos en los que querés estar tranquilo y esto no te deja. Pero por lo demás no tuve que resignar tantas cosas. Después de todo, es lo que yo elegí. Me vine especialmente para esto y, una vez que ocurre, hay que tratar de disfrutarlo, de verle más las cosas buenas que las malas.

Visión: ¿Qué diferencia básica nota en el manejo de juveniles que hace River respecto a los demás clubes y por qué logra promover constantemente buenos jugadores de las inferiores? Pereyra: Acá realmente te tratan muy bien, se preocupan más de las personas que de los jugadores. Apenas llegás, te ubican un lugar en el colegio, para que todos tengamos la oportunidad de seguir estudiando. Eso es muy importante, porque si no podés llegar, al menos tenés educación como para poder seguir. Si alguno no puede estudiar por diferentes razones, te obligan a trabajar. Entre eso y los entrenamientos, estas siempre ocupado y de alguna manera te ayuda a no extrañar tanto. Igual extrañas, pero podría ser mucho peor. Todo eso se prioriza por sobre el fútbol. Los entrenadores de las categorías juveniles te dejan muy en claro que a ellos no les importa tanto los campeonatos que podemos llegar a ganar, sino que en ese momento nos formemos. Parece que no, pero todo esto es muy importante, porque te crea una personalidad que te ayuda para seguir e ir para adelante. Te motivan constantemente y esto hace que sigas con ganas de llegar y que no te quedes en el camino. Yo sé que esto no es así en todos los clubes.

Visión: ¿Cómo en cuales? Pereyra: No, no tiene sentido que te lo diga, pero es así.

Visión: ¿Qué le cambiaría al fútbol? Pereyra: Hay varias cosas, el fútbol no es el mundo mágico que todo el mundo piensa que es. Lo primero que le cambiaría es la violencia. Hay muchos actos de violencia y nadie se hace cargo para solucionarlo. Es una vergüenza que hoy no se pueda ir a la cancha tranquilo por miedo. Esto es lo principal que le cambiaría, no puede ser que muera gente por el fútbol.

Visión: ¿Hay corrupción en el fútbol? Pereyra: Supongo que sí, como en todos lados. Pero hasta ahora no sé de ningún caso concreto.

Visión: Si se enterara de algún caso ¿cómo reaccionaría? ¿Lo denunciarías? Pereyra: Es difícil de contestar, la verdad que no sé. Pero igual, en el fútbol el jugador es lo que menos importa.

A los veinte años es difícil enfrentarse con la fama, o al menos, con el reconocimiento público. Más si no se tiene cerca aquellas personas que uno necesita y que son imprescindibles para una persona. Sin embargo, Guillermo Pereyra supo manejar el rumbo de su agitada vida con la misma tranquilidad con la que se desenvuelva dentro del campo de juego. Igual que su ídolo, Fernando Redondo, intenta tomar las riendas para poder marcar su propio rumbo. Ese rumbo que le asegure el éxito y la satisfacción de seguir siendo la misma persona con la que soñó ser durante su infancia cordobesa. ^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^ Salomé Zamora Periodismo.

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