Desde hace tiempo se ha observado que las personas desarrollan fobias hacia un determinado tipo de cosas. Por ejemplo, los insectos, las alturas, los puentes y hablar en público causan más fobias que las payasadas, los conejos o el helado de frutilla. Una teoría afirma que poseemos cierta predisposición a temer algunas cosas con cierto grado de verdadero peligro, por ejemplo, sufrir mordeduras, caer o exponerse al ridículo. Por lo tanto, aunque un acontecimiento traumatizante en nuestro pasado puede conducir a una fobia, es más probable que ésta se produzca hacia las cosas que estamos predispuestos a temer debido a su peligro inherente.