Entrevistas


Giuseppe di Stefano: "Adoro a la Callas"

Entrevista a Giuseppe Di Stefano extraída de la página http://www.melomano21.com
del crítico musical Justo Romero

 

Giuseppe di Stefano (Catania, 1921), el "tenor de la Callas", no ha abandona-do a sus 80 exultantes años sus inseparables cigarros puros, que en los años cincuenta y sesenta, cuando era el ídolo del mundo de la lírica, escandaliza-ban a colegas, empresarios y directores de orquesta. Leyenda viva de la historia de la ópera, Di Stefano realizó toda su carrera al lado de la Callas, con la que tuvo una estrecha relación y grabó infinidad de discos. "La adoro", confiesa 23 años después de la muerte de la diva griega. Hoy, junto a su joven esposa alemana, goza de una jubilación de oro con residencia compartida entre Kenia y Milán: "Así , siempre vivo en verano.


A los 80 años uno tiene que cuidarse mucho", dice "Pippo", apodo con el que le conocen los amigos, es decir, todo el que ronde a su alrededor. Su vivo presente parece alejarle del glorioso pasado. Di Stefano sigue tan juguetón, "gamberro" y travieso como cuando sacaba de sus casillas a Visconti, Serafín o a la mismísima Maria Callas. Cuando atisba sobre la mesa el pequeño cuestionario que a modo de chuletilla lleva el entrevistador se queda horrorizado. "¿Todo eso?", dice incrédulo instantes antes de despatarrarse sobre el sofá del hotel y resignadamente decir: "venga, dispare, terminemos con este calvario cuanto antes".

 

¿Sabe que mucha gente le relaciona con el famoso futbolista argentino que usa su mismo nombre?
Sí, claro. Pero ese Alfredo es un personaje que no me cae nada simpático. Hace muchos años coincidimos como invitados en un programa muy popular de la televisión italiana que dirigía Mario Riva, quien me hizo exactamente la misma pregunta que ahora me haces tú. Ya entonces el nombre de Di Stefano el futbolista aparecía en titulares enormes y el mío, así, chiquitito, chiquitito, que apenas se veía. Casi había que coger una lupa para poder leer: 'Di Stefano cantó anoche "Tosca"; mientras, el mismo periódico podía dedicar tres páginas explicando cómo había metido Alfredo Di Stefano su último gol.

"Yo nunca he sido un artista que me muriera por cantar, por estar aquí y allí. Siempre he querido disfrutar la vida y no ser esclavo de nada. Hasta que pudo abordar un determinado repertorio, lo canté. Luego, cuando ya no me era posible, canté opereta, en España, en México... siempre he disfrutado con todo y, desde luego, no me arrepiento de haber hecho de todo"

Se dice que usted tuvo que retirarse de los escenarios debido a que su voz se agotó de cantar el repertorio tan variado y extenso que marcó su carrera, así como por no mimarla, maltratándola con esos eternos cigarros puros que forman ya parte de su imagen...
Todas esas cosas son tonterías. ¿Quiere que hablemos del fenómeno de la voz en serio?. No, no creo que sea éste el lugar. Hay mucha gente que habla, y habla, y habla sin conocer nada de ópera ni de voces---. ¡El mundo esta lleno de maestros de canto de pacotilla!. La vida activa de un cantante de ópera no tiene porque durar cuarenta o cincuenta años; dentro del intérprete, del cantante, hay un alma que alimenta la voz, que además quiere vivir y disfrutar, nutrirse de la vida para animar sus interpretaciones. Y, además, es una voz cuya evolución no mantiene la misma línea ascendente que la del artista.--- ¿Quiere saber por qué me quedé realmente sin voz? No fue por los puros ni por cantar Bellini, Puccini, Bizet, Donizetti, Verdi, Massenet o lo que hiciera falta. ¡No!. Fue por una enfermedad que tuve en los bronquios a principios de los años sesenta, producida por un extraño polvo que desprendían las alfombras de una casa que compré en Milán en 1963, como consecuencia del maldito sistema de calefacción que tenía la casa bajo el pavimento. Las alfombras, al recalentarse, desprendían ese polvo que tanto daño me hizo.

Quiere decir que fue un sistema de calefacción lo que terminó con la voz del gran Giuseppe Di Stefano?.
¡Hombre!, terminar, terminar... tampoco es eso. ¡No ve que le estoy hablando!. Pero le diré otra cosa: en la temporada 1963-64 fui a cantar a la ópera de Chicago, en donde actuaba todos los años. De repente me di cuenta que no podía cantar, que tenía la voz muy seca. Al día siguiente, ocurrió exactamente lo mismo. Era imposible cantar allí. Comenzamos a ver que podía ocurrir, al final nos percatamos de que habían sustituido el tradicional sistema de calefacción de radiadores de agua caliente por el de insuflar aire caliente a la sala, que lo seca todo. ¡No podía cantar más!.

Pero siguió actuando aún unos años...
Yo nunca he sido un artista que me muriera por cantar, por estar aquí y allí. Siempre he querido disfrutar la vida y no ser esclavo de nada. Hasta que pude abordar un determinado repertorio, lo canté. Luego, cuando ya no me era posible, canté opereta, en España, en México... siempre he disfrutado con todo y, desde luego, no me arrepiento de haber hecho de todo.

Le molesta que le reconozcan como el "Tenor de la Callas"-?.
No, claro que no. Es un cumplido, un piropo enorme. ¿Cómo surgió la pareja artística Callas/Di Stefano? Fue el destino. Yo tenia un contrato con la casa de discos DECCA, donde también estaba la Tebaldi. Me daban sólo un 5% de royaltis. Exigí que me lo subieran al 10%. No quisieron y entonces les dije que buscaran otro tenor, que yo me iba. Fue entonces cuando aterricé en EMI, cuya estrella era María Callas. Así, casualmente, nació la pareja de la época.

De entre las numerosas óperas completas que grabó con la Callas, ¿con qué registro se quedaría?.
No sabría decirle uno preciso. Todas las de Puccini. "La Bohème" que grabamos en 1956 es una absoluta maravilla, como la "Tosca" de 1953, "Manon Lescaut"... Tenga en cuenta que todo lo que hacia la Callas era maravilloso. Ella podía cantarlo todo, nadie ha comprendido que tenía tres voces, ¡quizá cuatro!. No tenía que forzar en absoluto la voz para cantar todo lo que cantó, desde el belcanto a Wagner. También dicen de ella que perdió la voz por abordar tantos roles. No, la perdió porque se cansó y por la tremenda cantidad de píldoras que tomaba para dormir. ¿Me entiende?.

Siempre se ha especulado sobre un hipotético idilio entre usted y la Callas. Muchas veces se ha insinuado que su famosísimo vínculo artístico fue más allá de la escena... Usted nunca se ha manifestado claramente al respecto ¿Se llevará el secreto a la tumba?.
No puedo hablar de estas cosas. Pero, ¿qué es la amistad?. Yo siempre le digo a mi esposa que lo más bonito que puede decir un marido a su esposa es que ella es su mejor amiga. María Callas era una mujer enferma. Había vivido con Onassis, un especialista en sopranos, porque su primera soprano había sido Claudia Muzio, con la que tuvo un romance en Argentina... era un hombre feo, asqueroso, ¡pero tenía dinero!, barco, vestidos, joyas... todo eso que deslumbra tanto a ciertas personas.

Luego volvieron juntos para realizar la triunfal y cuestionada gira mundial de despedida durante la temporada 1973 y 1974, en la que llegaron a recibir muy duras críticas durante las actuaciones en Alemania.

Aquella gira fue algo extraordinariamente positivo para María. Probablemente, si aquellos críticos alemanes hubieran tenido consciencia de lo que estaba ocurriendo alrededor de ella jamás hubieran escrito las cosas tan duras que escribieron sobre su estado vocal, que, ciertamente, no era el más indicado para cantar. María, gracias a aquella gira, comenzó a trabajar nuevamente, dejó de lado las tremendas píldoras para dormir... Al terminar la gira en Japón, durante el último concierto - recuerdo su traje rojo hermosísimo- había vuelto a tener interés en la vida, había recuperado la sonrisa, fue de nuevo la gran mujer, la gran María Callas de siempre. Se puede ver en un vídeo maravilloso que circula por ahí. El valor de aquella gira radicó en el hecho de que una cantante adorada en todo el mundo volvió a su público. No con su voz, pero sí con algo parecido. Pero, ¿qué importaba la voz?.

¿Se distanció la Callas de usted cuando se marchó con Onassis o su relación aguantó el envite?.
Mire, hablar de todo esto no es fácil para mi. Yo estaba casado, por lo que era muy difícil mantener nuestra amistad sin el vínculo del canto. Cuando cantábamos juntos era divertido, porque trabajábamos, estudiábamos, hablábamos de música, hacíamos proyectos en común... ¡Estábamos inflados de ilusión por nuestras carreras!. Cuando lo dejó todo para marcharse con Onassis comenzó otra vez con las terribles píldoras para dormir, ¡tomaba un montón de ellas!. Nos distanciamos. Fue entonces cuando conocí a mi actual mujer que es también cantante. Fue ella la que me dijo, aquel 16 de septiembre de 1977 que la Callas había muerto. Estábamos en Hamburgo, cantando juntos. Me fui inmediatamente a París. ¡Nos queríamos!. La vida es así: te acerca, te aleja de las personas. ¡Pero los cantantes nunca hemos sido buenos amantes!: primero nos amamos a nosotros mismos, y después también.

¿Existe actualmente una voz como la de Di Stefano?.

Lo importante no es la voz, es la manera de comunicar, el ser un hombre normal, que habla normal, como estoy hablando ahora contigo. ¡Esto es lo difícil!.

¿Quizá Roberto Alagna?
¿Alagna? ¿Macarrones Alagna?. No, por favor... ¡Estamos hablando de cantantes! ¿Quiere saber el nombre de un gran cantante contemporáneo?.

Adelante...
Álvarez...

Si, Carlos Álvarez, se ha prodigado con un enorme éxito por grandes escenarios.
¡Qué diablos Carlos Álvarez! ¡Estamos hablando de tenores y no de barítonos!. El que yo le digo es el tenor argentino Marcello Álvarez. Una verdadera maravilla. Tiene que escucharlo.

¿Los tres tenores?
Basta. ¡Finíííto!.


Giuseppe Di Stefano
El arte de seducir con la voz

por Miguel Ángel Nepomuceno


El pasado 24 de julio cumplió ochenta años Giuseppe Di Stefano "Pippo", (Catania 1921), el tenor que fascinó durante décadas a millones de aficionados a la ópera en todo el mundo, con una voz de timbre tan personal y cálida expresividad que cuando se le escucha una vez jamás se olvida. Compañero artístico de María Callas con la que vivió una tormentosa relación y grabó algunas de las óperas referenciales del repertorio belcantista, Di Stefano es uno de los pocos supervivientes de la mágica y añorada generación de cantantes que la forman nombres como Callas, Tebaldi, Milanov, Olivero, Corelli, del Mónaco, Bjorling, y tantos otros que han marcado la edad de oro de la lírica.

Su voz brilla por encima de la de todos ellos por haber llegado al "recitar cantando", una técnica por la que la voz se subordina a la expresividad, y un temperamento directo y comunicativo que le han permitido dejar dictadas muchas lecciones a algunos de los mimados divos actuales. Durante el transcurso de esta entrevista para Diario de León desde su casa de Milán, pudimos comprobar cómo su voz, pese al deterioro natural del tiempo, aún permanecía cálida e insinuante cuando entonaba algunos fragmentos de aquellas napolitanas que le hicieron único, demostrando que, para cantar bien, no se necesita juventud y ambición sino experiencia, sabiduría, inteligencia y sobre todo cantar con el corazón como siempre lo ha hecho.

-Maestro, para alguien que comienza a escuchar ópera usted es un peligro, porque después de haberle escuchado los demás tenores parece que no cantan...
-Es un milagro, dice sonriendo. Tener todas las facultades para cantar bien es realmente un milagro. Pero la cualidad más importante para un cantante no es la voz sino su manera de expresarse, de comunicarse con el público, de ser una persona como otra cualquiera, que habla, que siente, que se comunica como cualquier hombre. ¡Eso es lo verdaderamente difícil! El resto es experiencia, tablas, talento, como quieras llamarlo. Hace unos días me dijeron: "escucha a este tenor y verás como canta. ¡Es sensacional!". Y lo escuché. Pero no me decía nada. Sólo era técnica al servicio de la expresividad, cuando es la voz la que se debe subordinar a esa expresividad. Cuando me llega un alumno a que le enseñe a cantar, lo único que le digo es que deje que su voz fluya natural, que no se empeñe en colocarla de esta o aquella manera. Eso lo aprenderá con la experiencia, lo difícil es saber dar todo lo que uno tiene dentro con pasión, sin medida, con todo el corazón. 

-¿Y la técnica, dónde queda?
-¿Técnica? ¡Que palabra más fea!. La técnica es la que uno adquiere con su arte, con su manera de expresarse, dejando que los sentimientos fluyan a flor de labios y que esos sentimientos los expreses como si fuera lo último que vas a hacer en tu vida. Si lo haces así es cuando verdaderamente llegas al corazón del público. Yo no aprendí técnica hasta que no escuché a mis maestros. Mariano Stabile, Gigli, Lauri Volpi, o mi maestro Montesanto tenían el don de saber de inmediato lo que cantaban bien o cantaban mal. Ese instinto por el canto, ese olfato por lo bien hecho, es lo que les hacía diferentes, únicos. Cuando escuché a Volpi escuché una voz fantástica, un poco intelectual, pero fantástica. Sin embargo cuando escuché a Gigli escuché a Dios. Tenía una voz maravillosa, tal vez un poco lacrimosa, pero era común en la época. Cantaba como nadie. Esos fueron quienes me enseñaron, unas veces de forma directa y otras con sólo oírles decir, la esencia del canto. 

-¿Y Fleta, del que usted dijo que hacía los filados demasiado largos?
-Fleta era un cantante excepcional pero tenía el defecto de hacer los filados demasiado dilatados y eso no es bueno. Los filados tienen también su medida, su tiempo. No deben ser ni demasiado largos ni demasiado cortos. Eso es la musicalidad. ¿Usted ha escuchado ese aria de Fausto que canté en el Metropolitan?¿Se ha fijado como hago ese diminuendo? Eso es para mi una cosa natural. Yo no puedo enseñarlo, sólo puedo cantarlo. Se va del fuerte al pianíssimo, con un control total de la respiración y el sonido sale natural, sin forzarlo. Claro_dice con sonrisa burlona_ eso para mi es como respirar, para otros..., ellos sabrán.

-Cuando se le escucha y se le ve en el escenario uno diría que parece conocer todas las pasiones humanas ¿Es producto de su temperamento o es algo que se aprende con los años?
-Naturalmente no es cuestión de aprendizaje es de temperamento. Es algo difícil de explicar. Es la filosofía del canto, la manera de sentir, la sensibilidad para trasmitir emociones al público, todo eso es otro privilegio del artista. Eso no se estudia en el conservatorio o en la Academia. Es otro milagro.

-Siempre se ha dicho que tuvo que retirarse de los escenarios porque su voz se había agotado debido al tremendo esfuerzo al que la sometió a lo largo de su carrera cantando los papeles que no se ajustaban a su tesitura y sobre todo maltratándola con esos cigarros puros que nunca dejó de fumar.
-¡No!. Un momento. La voz debe ir unida a la cabeza. Es como pilotar un Ferrari a 350 Kms a la hora, necesita un control excepcional de todos los recursos y eso es lo que sucede cuando se cantan papeles determinados. Todas esas cosas son tonterías. Es el público el que las dice, naturalmente el público no entendido y por si fuera poco a ese público se une gente que habla y habla sin conocer nada de ópera ni de voces. Estamos hablando de voces y eso es una cosa muy seria. El cantante nace, lo mismo que el poeta y ahí está el secreto de todo. Porque hay muchos cantantes que tienen una voz maravillosa, pero llegar a ser intérprete eso es otra cosa. El decir un libreto, el contar cantando una situación del alma es algo que no se aprende. De ahí el que yo no me dedique a la enseñanza. El mundo esta lleno de maestros de canto de pacotilla. La carrera de un cantante de ópera no tiene porque ser eterna, ni durar cuarenta o cincuenta años porque dentro del intérprete hay un alma que es la que alimenta a la voz, que necesita vivir y disfrutar para nutrirse de la vida y dar credibilidad a sus interpretaciones. La voz tiene una evolución que no va paralela a la del artista. Hace un tiempo escuché en Río de Janeiro a un joven de 24 años que cantaba el repertorio de mi juventud, Faust, Rigoletto, tenía una voz fantástica además de presencia escénica, de apostura, que me hizo recordar mis mejores años. Yo no le pude enseñar nada. Sólo admirarle y escucharle. Él lo sabía por naturaleza. No se cuanto durará su carrera y si llegará al estrellato de la lírica pero materia prima no le faltaba.

-¿Entonces a qué se debe el que su voz se haya deteriorado en quince años cuando cantantes como Kraus o Corelli la han mantenido en buen estado durante décadas?
-No fueron los puros ni por cantar Bellini, Puccini, Bizet, Donizetti, Verdi, Massenet o lo que hiciera falta. ¡No!. Fue debido a una bronquitis que contraje a principios de los años sesenta producida por un extraño polvo que desprendían las alfombras de una casa que compré en Milán en 1963. Cuando se recalentaban por la calefacción desprendían ese polvo que tanto daño me hizo. Es más, en la temporada 1963-64 fui a cantar, como lo hacía todos los años, a la ópera de Chicago. De pronto me di cuenta de que allí ocurría algo. Que no podía cantar como lo había hecho otras veces. Tenía la garganta muy seca. No lo entendía. Al día siguiente, ocurrió exactamente lo mismo. Era imposible cantar allí. Comencé a preocuparme y traté de averiguar lo que podía ocurrir. El misterio quedó resuelto cuando me dijeronal que habían sustituido el tradicional sistema de calefacción de radiadores de agua caliente por el de aire caliente que lo secaba todo. ¡No podía cantar más! y eso comenzó a preocuparme.

-Sin embargo sí lo hizo y en algunos casos con éxito. Cantó opereta y otros papeles que se ajustaban a las posibilidades de su voz de entonces.
Siempre he procurado cantar el repertorio que en ese momento swe adecuaba a mi voz. Pero no fui nunca un esclavo de ella ni de nada. La vida es demasiado hermosa para no vivirla plenamente. Cuando ya no pude cantar como hubiera querdio entré en el mundo de la opereta y la canté en España, en México, centroeuropa. Es otra cosa. Pero también es hermosa y se ajustaba perfectamente a mi voz de entonces. No me arrepiento de haberla cantado como no me arrepiento de nada que haya hehco en la vida.

-¿Qué le debe el gran tenor Giuseppe Di Stefano a su alter ego Nino Florio cuyo registro central era puro fuego? -Como usted sabe muy bien son la misma persona. (Nino Florio fue el nombre que el tenor adoptó en los primeros años de su carrera y con el que participó en numerosos concursos radiofónicos antes de convertirse en Giuseppe Di Stefano ) Toda mi vida he cantado ópera y canciones, siempre me ha gustado mucho. No se si usted tiene las canciones españolas que yo canté en Méjico en los primeros años:"Estrelliata, Granadina, ¡no Granada!, ésta cantada a lo Fleta.-cuando le respondo afirmativamente dice- fíjese para mí no hay diferencia entre una canción y un aria de ópera, solo que el aria tiene una apertura vocal distinta, pero las letras son las mismas: de amor, de odio, de sentimientos... Por eso no creo que le deba nada a mi Nino Florio del principio, es una etapa de mi vida de la que guardo muy buenos recuerdos y de la que no me arrepiento de nada. Es una consecucia de la evolución de mi voz y mi persona.

-¿Qué le molesta más la crítica mordaz en los periódicos o la del público en los teatros de ópera? 
-La de los periódicos para mi no existe. Nosotros en Italia tenemos un dicho que dice: el que sabe sabe, el que no sabe, enseña y el que no sabe enseñar es el crítico. Me hace reír la crítica. Cualquiera que sea.

-¿Qué le ha quitado la fama?
-Mis discos.

-Su carrera ha estado ligada a la de otro de los mitos del siglo XX, María Callas. Dónde se conocieron y cómo surgió esa colaboración?
-Fue un poco fortuita. A finales de los cuarenta yo tenía un contrato con la casa británica DECCA, en la que estaba también esa gran soprano Renata Tebaldi. Mi porcentaje en las grabaciones era de un 5% y no estaba de acuerdo. Entonces reclamé el 10%. Eso les pareció excesivo y me fui. En seguida me llamó la EMI, donde estaba como estrella principal María Callas. Allí la conocí y comenzamos a cantar juntos formando pareja artística. Viajamos mucho en giras de ópera. En 1950 estuvimos en Río de Janeiro y en Méjico donde cantamos toda la temporada juntos cinco óperas distintas. Ella cantaba su primera Lucía y yo cantaba mi primera Tosca. Fuimos la pareja artística más importante de los años cincuenta, sesenta y setenta. A mi me gustaba como cantaba ella y a ella como lo hacía yo. Era una soprano fabulosa pero sobre todo una gran actriz y una excelente amiga. Lo podía cantar todo. De ella también se dijo que había perdido la voz pero no es cierto. Lo que verdaderamente hizo que su voz se arruinara fueron las mortíferas pastillas que tomaba para dormir y la depresión producida por el abandono de Onassis. De ese golpe María nunca más se pudo recuperar.

-¿Era tan exigente con sus colegas como lo era con ella misma? 
-En absoluto. María era una mujer excepcional. Ayudaba a los colegas y era muy profesional muy seria con su trabajo y con el de los demás.

-¿De no haber estado Onassis en medio sus carreras hubieran continuado como hasta ese momento?
-No se sabe lo que hubiera sucedido pero pienso que la cosa hubiera cambiado porque esa vida no era para una cantante. Lo que está claro es que no la hizo ningún bien. Ella quería volver a cantar y lo hicimos. Las casa discográfica EMI y nuestros representantes prepararon una torunee por todo el mundo. María estaba feliz de volver a los escenarios después de llevar tanto tiempo alejada. Pero la condición que puso es que estuviera yo con ella. Cantamos en varios países entre ellos Japón, América, Europa... y comenzó a encontrase bien. Comenzó a tener confianza en si misma y todo fue sobre ruedas. Fueron momentos buenos y también menos buenos. Es una historia muy complicada esa. Sencilla y complicada al mismo tiempo.

-En aquellos días habló mucho la prensa de un hipotético idilio entre ustedes dos. ¿Ocurrió así?  
-Creo que no debo hablar de esas cosas. Son momentos de una vida ya pasados. Callas, cuando volvió a cantar en el setenta, era una mujer enferma, que tomaba muchas píldoras para poder dormir. Asustada. Sin ninguna confianza en si misma. Onassis creo que ahí la hizo mucho daño. La abandonó y eso acabó con ella. Él era una persona caprichosa. Se le antojaba una mujer y tenía que conseguirla. Era un especialista en sopranos con las que ya había tenido otros romances antes como sucedió con Claudia Muzio a la que deslumbró en Argentina con su dinero, sus yates y las joyas que la regalaba. María también quedó deslumbrada por esas cosas pero por algo más... Era un poco inmadura en algunos aspectos, especialmente en el trato con el sexo opuesto. 

-¿La relación de Callas con Onassis distanció su relación artística con la soprano? 
-Estamos entrando en el terreno de los sentimientos y hablar de ello no es fácil para mi. Por aquellos años yo estaba casado y sólo mantenía una relación con María a través del canto. Entonces era todo diferente. Hablábamos de música, de giras, de situaciones. Era maravilloso. Pero cuando apareció Onassis parece como si María hubiera perdido todo interés por la ópera. Sólo veía con los ojos de él. Comenzó a tomar píldoras para la depresión y se hundió. Por entonces nuestra relación se deterioró, se distanció. Yo me divorcié y me volví a casar con la que ahora es mi mujer, Monika Curth, en 1993. Precisamente estaba cantando con Monika en Hamburgo el 16 de septiembre de 1977 cuando ella misma me dio la noticia de la muerte de María. Me trasladé a París de inmediato para estar a su lado en esos últimos momentos. Habíamos sido amigos entrañables y colegas. Nos queríamos y respetábamos y eso es lo más importante en una relación artística. 

-Usted y María han grabado 12 óperas juntos algunas de las cuales son referencia absoluta para el resto de cantantes. ¿Cuál es su registro preferido? 
-Tal vez "La Tosca" de 1953 con Titto Gobbi y Victor de Sábata en el podio. También estoy muy satisfecho de "La Bohéme" de 1956 con Votto, en la Scala. La Butterfly con Victoria de los Ángeles de 1960 es otra de mis favoritas, al igual que "Manon Lescaut" con María y Serafín como director. Hay tantas...

-¿Le molesta que le llamen el tenor de la Callas?
-En absoluto. Para mi es un piropo enorme.

-¿Con qué director se ha encontrado más a gusto?
-Con Toscanini, De Sabata, Serafín, Scherchen y Karajan.

-¿Dónde ha sufrido más en la vida o en la escena?
-En la escena, sin dudarlo. 

-¿Qué opina de los tres tenores?
-¡Oh, magnífico!. Especialmente para ellos.

-¿Mantiene alguna relación con nuestros tenores?
-Dese cuenta que yo he cantado mucho en España y tengo buenos amigos. Victoria de los Angeles, Monserrat Caballé, Carreras, Kraus, un cantante "muy fino" que ha desaparecido. Continúo yendo a los Festivales y a los concursos como jurado. Últimamente he estado en Valencia y en el concurso Francisco Viñas de Barcelona. Mi relación con España es entrañable y el público español es siempre muy cariñoso conmigo. Estoy muy contento de haber celebrado esta entrevista para un periódico español.

-¿Usted está satisfecho con esta entrevista?
-Yo, encantado

-Pues yo más. 

 

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