CAPITULO 01: UN CUMPLEAÑOS DIFERENTE

 

Es una atardecer de verano común y corriente en Privet Drive. Los pájaros vuelan de árbol en árbol tratando de encontrar un poco de fresco bajo la sombra de las ramas. Los vecinos lavan los autos o, simplemente, riegan los jardines. Harry, un muchacho delgado, de enmarañados cabellos negros, intensos ojos verdes y anteojos redondos, está sentado junto a la ventana de su cuarto mirando el paisaje de casitas iguales en aquel lugar que él habita desde que era un bebé. Pronto cumplirá sus diecisiete años y tendrá la mayoría de edad, al menos así será en el mundo mágico, él ni siquiera pensaba en eso. Se sentía sólo y muy triste, alejado de todos los que amaba y sin noticias de nadie, sin Hermione ni Ron, sin toda la familia Weasley que le había dado tanto cariño y, sobre todo, sin su amada Ginny. No volvería a Hogwarts ese año, se había propuesto terminar con Lord Voldemort, el mago más malvado del mundo, de una vez por todas. Sabía que tendría que enfrentarse sólo a los peligros del futuro. Trató, sin conseguirlo, pensar en otra cosa. De pronto escucho una pelea en el vestíbulo, eran su tía Petunia y su tío Vernon, Harry agudizo el oído.

 

- Estoy cansada de disimular.

- No te atreverías.

- No sabes de lo que soy capaz.

- Pero Petunia...

- Hace años que te lo digo y no me escuchas, pero esto termina aquí, si no te agrada pediré el divorcio.

 

Se hizo una pausa que pareció eterna.

 

- ¿De qué estás hablando? –preguntó Vernon, la voz le temblaba.

- Lo que oíste y te vas de esta casa.

- Esta casa también es mía.

- Por supuesto que no, la herede antes de casarme contigo, era de mi hermana y mía.

- No lo estarás diciendo enserio.

- Muy enserio –dijo Petunia con rotundidas-. Si quieres seguir tratando a ese muchacho de la misma manera que hasta ahora es cosa tuya pero es mi sobrino y pronto no vivirá más con nosotros, pienso disfrutar de él el poco tiempo que me quede a su lado.

 

Parecía que la pelea había terminado ahí y así era porque segundos después Petunia llamó a Harry.

 

- Harry, baja, ya está la merienda.

 

El muchacho creyó que comería tostadas viejas con un té que parecía agua sucia, pero se equivocó.

 

- Siéntate –le dijo Petunia-. Cuando termines de comer, tú y yo hablaremos unos momentos.

 

            De inmediato su tía trajo té, unas tostadas recién hechas y mermelada de frambuesa.

 

            - Come, Harry, estás muy delgado. Cosa que no se puede decir de tu primo –agregó mirando a Dudley con reprobación.

 

            Era la primera vez que Harry la oía decir algo malo sobre su hijo y también la primera vez que comía algo sabroso en esa casa.

 

- Sube a tu habitación –le dijo cuando terminó de comer, pero no sonó como un mandato sino como un pedido-. En unos momentos estoy contigo.

 

Harry subió deseoso de saber que se traía entremanos Petunia. A los pocos segundos de haber entrado en su habitación escuchó un pequeño PLIN y se puso muy contento.

 

            - ¡Ho... hola señor Potter! –dijo el elfo tímidamente-. He venido a ver como se encontraba porque hace tiempo que nadie tie...

 

            Pero Harry no lo dejó terminar de hablar, se arrodillo frente al elfo para quedar a la altura de este y le dio un enorme abrazo.

 

- ¡Dobby... Dobby...  –le decía riendo- no sabes lo feliz que estoy de verte!.

- ¿El señor Potter... Harry Potter está feliz de ver a Dobby?.

- ¡Por supuesto que sí!.

 

            En ese momento entró Petunia. Harry creyó que su tía haría un escándalo en cuanto viera al elfo, pero estaba equivocado.

 

            - ¡Oh, un elfo doméstico! –dijo como si nada-. ¿Cómo te llamas?.

            - Dobby, señora.

            - Yo soy Petunia, la tía de Harry –dijo dándole un apretón de manos.

 

            Harry la miraba con los ojos como platos, no podía creer lo que estaba viendo.

 

            - El año pasado conocimos a Kreacher.

            - ¿Estuvo aquí? –preguntó muy indignado-. No puedo creer que el señor Potter halla dejado entrar en esta casa a semejante basura indigna de su raza. Kreacher malo... mal elfo. ¿Cómo pudo traicionar a su amo y al señor Potter?.

            - Yo no lo traje –le dijo para tranquilizarlo-. Fue Dumbledore quien lo trajo pero sólo para saber si la casa de Sirius era en verdad mía o no. Luego lo mande a Hogwarts para que trabajara en la cocina con ustedes.

            - ¡TRABAJAR... TRABAJAR... ! –gritó el elfo muy enojado-. ESE DESGRACIADO NO HACE NADA... NADA... SE LA PASA DICIENDO NO LO HARE... NO LO HARE... Y... Y NO HACE NADA.

            - ¡Sssshhh! –dijo Harry-. Silencio Dobby o vendrá tío Vernon y estaré en problemas.

            - No lo estarás –dijo tía Petunia acercándose a Harry-. Ya he hablado de ciertas cosas con tu tío pero ya te lo contaré.

            - Bien, ¿a qué haz venido? –preguntó Harry al elfo, mientras miraba de reojo a su tía.

            - Oh, Dobby tonto... Dobby casi lo olvida.

           

            El elfo sacó unas cartas de su bolsillo.

 

            - ¡DOBBY! –gritó Harry.

            - No, señor Potter, Dobby no interceptó su correspondencia. Dobby trae cartas de sus amigos... si... para que usted las lea... por... por supuesto –dijo muy nervioso.

            - ¿De verdad? –dijo el muchacho muy emocionado.

            - Hay carta del señor Ron –decía el elfo mientras las iba mirando una a una-, del señor Lupin, de la señorita Hermione y, por supuesto, de la señorita Ginny.

            - ¿Carta de Ginny?.

            - Sí, ella estaba muy ansiosa porque su carta llegara cuanto antes –dijo el elfo cerrándole un ojo.

            - ¡Dámelas... da... dámelas todas! –apenas si podía respirar de la felicidad. Las leyó una por una comenzando por la de Ginny.

 

            Mi amado Harry:

                                   Ojalá que estés feliz de recibir nuestras cartas y espero que los Dursley te hallan tratado bien hasta ahora.

                                   Sólo quería saber como estabas.

                                   Tengo que dejarte porque estoy muy ocupada con el casamiento de Flema y Bill.

                                   Siempre estás en mis pensamientos y en mi corazón.

                                   Te amo

                                                                                              Ginny

 

            Harry:

                        ¿Cómo estás?.

                        Todos te extrañamos mucho.

                        Cuando estemos juntos te contaré infinidad de cosas gratas.

                        Te iremos a buscar.

                        Te desea suerte quien ha tenido el placer de ser tu profesor.

                                                                                                                      Remus Lupin

 

 

            Harry:

                        Esto será genial, pasarás tu cumpleaños con nosotros, iremos con Hermione a pasar unos días contigo, espero que tus tíos no se molesten y, si lo hacen, peor para ellos. Luego vendrás a casa para que estés en la boda de mi hermano.

                        Falta poco para que nos reunamos, no desesperes.

                        Te extraño.

                        Nos vemos amigo-hermano.

                        Saludos

                                                                                  Ron

 

 

Querido Harry:

                                   Lamento escribir tan poco pero no tengo nada de tiempo, estoy atareada con la boda de Fleur y Bill, va a ser muy linda y por supuesto que estás invitado.

                                   La señora y el señor Weasley te mandan cariños.

                                   A Fred y George les va muy bien con la tienda de chascos.

                                   Percy no ha dado señales de vida.

                                   Charlie viene sólo unos días porque está muy ocupado con los dragones, nos contó que Norberto está enorme y lindo (bueno, a los únicos que se les puede ocurrir que un dragón sea lindo es a él y a Hadrid).

Hablando de Hadrid, tal vez tengamos otra boda dentro de algún tiempo, nuestro querido amigo es el novio de Madame Maxime.

                                   Iré con Ron a pasar unos días contigo, ¿no es genial?.

                                   Besos y cariños, tu amiga que te extraña.

                                                                                                                      Hermione

 

 

            - ¡Muchísimas gracias Dobby! –Harry volvió a abrazar al elfo.

            - Dobby debe irse –dijo con los ojos llenos de lágrimas-. Dobby tiene infinidad de cosas que hacer.

            - ¿Qué es lo que tienes que hacer? –dijo Harry mal humorado-, Hogwarts esta cerrada.

            - Sí, pero Dobby ha sido contratado para ayudar en la boda del señor Bill y la señorita Fleur y... no... no le puedo decir más.

            - Pero... –el muchacho no terminó la frase pues, con un PLIN, Dobby había desaparecido.

            - ¿Puedo leer las cartas? –dijo Petunia muy interesada por la felicidad que manifestaba su sobrino.

            - Seguro, no tengo nada que ocultar.

           

            Harry les paso los pergaminos y ella los leyó con mucho interés.

           

            - ¿Tus amigos piensan venir aquí?.

            - No te preocupes, son más normales de lo que parecen –dijo riendo-. En todo caso se quedarán en mi habitación si es que a ustedes les molesta que ellos estén aquí.

            - Así que estas invitado a una boda –dijo cambiando bruscamente de tema.

            - Sí.

            - ¿Quién es Ginny?.

            - Era mi novia.

            - ¿Ya no lo es?.

            - No. La historia es larga.

 

            A Harry esto le parecía muy extraño, su tía nunca había demostrado interés en su vida. Ella se sentó en la cama.

 

            - Pues quiero que me cuentes todo lo que te ha pasado desde que empezaste en el colegio hasta ahora, no importa que sean cosas mágicas a no. Quiero saberlo todo.

            - ¿Por qué, de repente, te encuentras tan interesada en mi vida? –preguntó Harry muy intrigado.

            - Eso lo sabrás cuando termines de contarme tus cosas. Ahora tío Vernon está en el jardín tomando un refrigerio con Dudley, ellos no nos molestarán.

 

            Harry comenzó desde el principio: La Piedra Filosofal; la Cámara Secreta y el Basilisco; el Torneo de los Tres Magos y la muerte de Cedric; La Orden del Fénix; la muerte de su padrino; sobre Snape, la muerte de Dumbledore, el cierre de Hogwarts y de por qué decidió dejar a su amada Ginny. Tía Petunia parecía asustada y, a la vez, maravillada.

 

            - ¿Qué vas a hacer si ya no puedes ir al colegio?.

           

            Harry sonrió.

 

            - No te preocupes, no voy a quedarme, te dije que era la última vez que venía aquí. Ya sabes que tengo algo de dinero en el banco de los magos y la casa que me dejó Sirius. Me iré a vivir solo y ustedes podrán continuar con su vida como si no me hubieran conocido. Bien, ahora, ¿quiero saber todo sobre ti?.

            - Por donde empezar... por supuesto, desde el principio... bien... yo nunca dejé de tener relación con mi hermana y conocía muy bien a tu papá y a sus amigos. Él era igual a ti pero con ojos cafés; Sirius, definitibamente era el más apuesto, tenía una melena negra y ondulada y hermosos ojos grises...

 

            Harry no quería recordar a su padrino, quería pensar que nunca lo conoció, deseaba quitarlo de su mente y corazón, pero siempre había alguien que le hablaba de él.

 

            - ... luego había otro, un hombre muy correcto, se llamaba Remus, siempre parecía estar enfermo y, por supuesto, el pequeño Peter, tan inseguro de sí mismo como un bebé.

 

            En ese momento, el muchacho, sintió un deseo enorme de tener a esa rata asquerosa a su merced, no sabía a quien odiaba más: Bellatrix, Snape o Peter Pettigrew.

 

            - En fin –continuó Petunia sin darse cuenta de la cara de desagrado de su sobrino-, Lily y yo eramos buenas amigas, aunque debo confesarte que le tenía muchos celos y envidia.

            - ¿Por qué?.

            - Por que ella tenía toda la atención de mis padres, ella era la favorita... Lily esto, Lily lo otro... o pero miren lo que hizo Lily. Era ella y siempre ella, eso ocurrió cuando entró en Hogwarts. Venía en las vacaciones con los bolsillos repletos de ranas y se las comía.

           

            Para la sorpresa de Petunia, Harry fue hacia el baúl, lo abrió, sacó una rana de chocolate, se la metió en la boca, la masticó y se la tragó. La mujer lo miró con cara de asco.

 

            - Deberías comerte una, son deliciosas –dijo Harry mientras le tiraba una pequeña cajita de color dorado.

 

            Petunia leyó lo que decía en el dorso de la caja: RANAS DE CHOCOLATE, CONTIENEN FIGURITAS COLECCIONABLES DE LAS HECHICERAS Y LOS MAGOS MAS FAMOSOS. Ella comenzó a reír a carcajadas.

 

            - ¿Por qué no me dijo que eran de chocolate?. ¡Que tonta! –exclamó mientras sacaba la rana de la caja y se la comía-. ¡Mira es Dumbledore!.

            - Yo ya tengo unas 10 figuritas de él.

            - Oye, ¿tienes más de esas ranas?.

            - Sí.

            - Pues traelas, así las comemos mientras continúo contandote de tus padres.

 

            Harry sacó unas veinte cajas y entre ambos las comieron.

 

            - Es Agripa y aquí está Ptolomeo.

            - ¿Puedo quedármelos?, es que a Ron le faltan esas dos desde que comenzó a coleccionarlas.

            - Por supuesto, quédatelas todas, no voy a coleccionar figuritas a mi edad.

 

            Harry sonrió por la ocurrencia.

 

            - Como te decía, yo visitaba a tus padres a escondidas, cuando Vernon se iba a la fábrica de taladros. Luego se mudaron al Valle de Godric y ahí perdí todo contacto.

            - ¿Por qué te ibas a escondidas?.

            - Porque a Vernon nunca le gustaron ellos, decía que eran gente rara y me prohibió terminantemente que los viera. Cuando te encontramos en la puerta de nuestra casa fue otro escándalo, quería que te llevara a un asilo de huérfanos.

            - ¿Qué hiciste?.

            - Fingir que sólo te tenía en casa por el pedido de Dumbledore, pero en realidad me gustaba tenerte aquí.

            - ¿Por qué siempre me trataste mal?.

            - Hacía como que te odiaba sólo para que tu tío no te pusiera de patitas en la calle en cuanto pudiera. No quería perderte. Eres una parte de Lily. Ahora todo será diferente, ya no fingiré nunca más. Serás lo que siempre quise, mi amado sobrino. Ya no me importa lo que piense tu tío ni el vecindario completo. Sé que ya es tarde para que seamos amigos –ella comenzó a llorar-. Lo... siento tanto... Harry.

            - No llores tía –Harry la abrazó-. Puedes venir a mi casa cuando quieras.

            - Pero... que... ¿qué harás tú solo en esa casa?. Vas a estar en peligro.

            - Cumpliré diecisiete años y estaré en peligro en cualquier parte, ni siquiera tu sangre podrá protegerme.

 

            Harry y Petunia se llevaban cada vez mejor, reían, se contaban chistes y parecían madre e hijo. Siete días antes del cumpleaños del muchacho llegaron Ron y Hermione.

 

            - ¿Quiénes son ustedes? –preguntó Vernon cuando abrió la puerta.

            - Somos amigos de Harry –respondió Hermione tímidamente.

            - ¡HARRY... HARRY...! –gritó.

 

            Él apareció de inmediato.

 

            - ¿Qué ocurre? –le preguntó-. ¡Hola! –dijo saludando a Ron y Hermione.

 

            En ese momento apareció Petunia muy enojada.

 

            - ¡Vernon, deja de gritar como un loco! –exclamó-. No se queden ahí... pasen, por favor.

            - ¡Gracias! –dijo Ron.

            - Muéstrales donde dormirán –le dijo a Harry.

            - Sí, tía Petunia.

 

            Hermione y Ron lo siguieron por la escalera hasta el cuarto de Harry.

 

            - Entren –les dijo-. Dormirán conmigo. Estaremos un poco apretados.

            - ¿Dormiré con ustedes? –preguntó Hermione con disgusto.

            - ¡Como si nunca te hubiéramos visto en pijamas! –exclamó Ron enojado.

- De todos modos tú dormirás en mi cama –le explicó Harry-, y Ron y yo, en bolsas de dormir, en el sue... –pero se interrumpió al escuchar que Petunia y Vernon estaban peleando-. Escuchen.

 

Los tres amigos asomaron la cabeza por la puerta.

 

- Me vas a decir que esos pichones de... –y bajó la voz hasta convertirla en un susurro- de magos se quedaran aquí.

- Sí, Vernon, esos pichones de magos se quedarán aquí.

- Shhh, baja la voz.

- Te he dicho que no me importa lo que piensen los demás.

- ¡Cállate!.

- HARRY ES UN MAGO, ¿Y QUÉ? –gritó a viva voz-, SUS AMIGOS TAMBIEN SON MAGOS. PARA TU INFORMACIÓN ESTUVE VISITANDO A MI HERMANA LA HECHICERA DURANTE AÑOS SIN QUE TU SUPIERAS NADA, ES MAS, EL PADRE DE HARRY ERA UN MAGO EXCEPCIONAL. ME SENTI MUY TRISTES CUANDO SUPE QUE HABIAN MUERTO PORQUE LOS QUERIA MUCHO A LOS DOS.

 

Se hizo una pausa.

 

- ¿Me estuviste engañando?.

- SI, VERNON, TE ESTUVE ENGAÑANDO. FIN DE LA DISCUSIÓN.

 

Se escuchó una puerta que se cerraba de un golpe y luego la voz de Vernon que murmuraba:

 

- Me engañó... me engañó.

 

Los muchachos entraron en la habitación.

 

- ¿Qué está sucediendo aquí? –preguntó Ron.

- Amo a mi tía –dijo Harry riéndo.

- ¿Estás loco? –dijo Hermione.

- Escuchen esto, se van a caer de espalda.

 

El muchacho les contó todo lo acontecido y ellos estuvieron felices.

           

            Los amigos disfrutaron días increíbles caminando por Privet Drive a la luz del sol, mirando TV en la cocina y ayudando a Petunia con los quehaceres de la casa: Hermione pasaba la aspiradora al piso, Ron el plumero por los muebles y Harry lavaba los platos después de cada comida. En los momentos libres, Harry y Ron, jugaban al ajedrez mágico. Hermione pasaba largo tiempo cuchicheando con Petunia e investigando quien podría ser, ese o esa, R.A.B.. El día tan esperado del cumpleaños llegó rápidamente.

 

            - No, Harry, hoy es tu cumpleaños –dijo Petunia.

            - ¿En verdad crees que voy a lavar los platos?. Ya tengo diecisiete años y puedo usar magia como y donde se me dé la gana –tío Vernon y Dudley lo miraron horrorizados-. Hazte a un lado.

 

            Ella se paró al lado de la heladera.

 

            - Mira esto -Harry apuntó al lavaplatos con su varita-. Fregotego.

 

            La vajilla comenzó a lavarse sola. Petunia reía a carcajadas, mientras tanto su esposo y su hijo la miraban como si estuviera loca.

 

            - ¡Es in... increíble! -decía mientras se limpiaba las lágrimas de tanto reír.

            - Es uno de los hechizos más fáciles.

 

            En ese momento sonó el timbre de la puerta. Harry fue a abrirla y se encontró con una grata sorpresa, Ojoloco y el profesor Lupin los habían venido a buscar. Harry sintió gran alegría pero, a la vez, la estaba pasando genial en la casa de sus tíos por primera vez en su vida y le daba pena tener que marcharse.

 

            - ¡Hola Harry! -dijo Lupin.

            - ¿Cómo está?.

            - Bien.

            - Así parece –dijo Harry mirando de arriba abajo a su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, que se encontraba unos kilos más gordo y vestía un elegante traje azul y una túnica negra que parecía de terciopelo.

            - ¡Hola muchacho! -el inquieto ojo de Moody daba vueltas sin parar-. ¿Cómo te han tratado tus tíos?.

            - Mejor que nunca.

           

            En ese momento entró Petunia en la sala.

           

            - ¡Dios, Remus! –ella lo abrazó como a un viejo amigo-. Hace años que no te veo.

            - ¡Hola Petunia!. A ti los años no te pasan, estás cada día más bella.

 

            La mujer se ruborizo.

 

            - A las visitas no se las atiende en la puerta... pasen... pasen y siéntense.

 

            Pasaron y se sentaron en los sofás.

 

            - ¿Desean tomar algo?.

            - ¡Oh, pero que mujer más encantadora! –dijo Lupin-. Un vaso de agua estará bien.

            - ¿Usted desea algo? –preguntó a Moody.

 

            Él negó con la cabeza y Petunia fue a la cocina. Pocos segundos después volvió con el vaso de agua y acompañada de Ron y Hermione.

 

            - ¡Hola! –saludaron los muchachos.

            - ¡Hola! –exclamaron a coro Lupin y Moody.

            - Si llegaban unos minutos antes los invitaba a comer.

            - No es necesario –dijo Lupin-. Sólo vinimos a buscar a Harry y a los chicos.

            - ¿Ya se los llevan?. ¡Oh, que lástima!.

            - Bueno –gruñó Ojoloco-, a eso vinimos.

            - Si... eh... vayan a buscar sus cosas... si... bien... suban y... -tía Petunia comenzó a llorar- esto... es horrible... vayan a la habitación de... una vez...

            - Sí, tía Petunia –dijo Harry.

           

            El muchacho subió la escalera arrastrando los pies, lo último que vio antes de entrar en su cuarto fue a Remus abrazando y consolando a su tía. Ron y Hermione lo siguieron. Diez minutos mas tarde estaban listos y en la sala.

 

            - Bien, Harry, quiero que te cuides mucho y escríbeme de vez en cuando.

            - ¡Gracias por todo, tía!. Estos últimos días han sido maravillosos. Voy a extrañarte.

 

            Ella lo abrazó con todas sus fuerzas.

 

            - ¿Nos iremos volando? –preguntó el muchacho.

- No -contestó Lupin-, es peligroso, iremos en traslador. Precisamente Moody a preparado mi escoba para tal fin.

            - Bueno, ¿ya nos vamos o qué? –gruñó Ojoloco.

            - Ron y Hermione, tómense de la escoba conmigo –dijo Lupin-, Alastor irá con Harry.

 

            Harry tomó la escoba y miró por última vez a su tía, sintió un tirón a la altura del estómago y se vio dando vueltas en un mar de luces de colores.

 

            - Número doce, Grimmauld Place –dijo Ojoloco, cuando todos llegaron.

 

            De inmediato las casas del número once y el número trece se corrieron para darle lugar a la que estaba en el número doce. Iban a entrar cuando, de repente, se abrió la puerta; en ella apareció la señora Weasley.

 

            - ¡Hola Harry!. ¡Feliz cumpleaños!,

            - ¡Hola y gracias! –exclamó con una sonrisa.

 

            De lo que primero se había percatado Harry era que el frente de la casa de su padrino estaba pintado de un color blanco inmaculado y, la puerta y ventanas, de un bello gris casi plateado. Al ingresar vio que todo relucía de limpio, el paragüero con forma de pata de monstruo había desaparecido al igual que las cabezas de los elfos domésticos y el cuadro de la madre de Sirius. Encima del tapiz del árbol genealógico de los Black (que no habían podido sacar de ninguna manera) había un cuadro tapado por una sábana. En la sala había una enorme mesa con un mantel blanco y la vajilla de plata con el escudo de la familia Black, otra herencia de su padrino.

 

            - ¿Dejamos las cosas arriba? –le preguntó la señora Weasley.

            - Eh... sí... como quiera –le dijo Harry sorprendido por los cambios.

            - ¿Te agrada?.

            - Sí, está todo muy limpio y organizado.

            - Vinieron un montón de elfos de Hogwarts y en unos pocos días todo quedó como nuevo. Tonks y yo ayudamos en la decoración.

            - ¡Está increíble!.

           

            Escucharon voces en el interior de la habitación de Harry y al abrir la puerta sonó un grito de...

 

            - ¡FELIZ CUMPLEAÑOS HARRY!.

 

            Estaban Tonks, George, Ginny, Fred y Bill. Harry los saludó con apretones de manos, menos a Ginny, a ella le dio un beso en la mejilla.

 

            - ¿Te enteraste de todas las cosas que pasaron hasta ahora? –le preguntó Bill, él cual no se pudo quitar las cicatrices que le había dejado Greyback, el hombre lobo que lo atacó cuando estaba luchando en contra de los Mortífagos, en uno de los corredores de Hogwarts.

            - ¿Qué debía saber?.

            - ¿Nadie te dijo nada? –preguntó Fred.

            - No, hace apenas unos segundos que llegué y ellos –dijo señalando con la cabeza a Hermione y Ron, que entraron en la habitación después que él-, no me contaron nada.

            - Hogwarts reabre sus puertas –explicó Bill.

            - ¿De veras?.

            - ¿A qué no sabes quien es el nuevo director?.

            - ¿Ojoloco?.

 

            Todos rieron por la ocurrencia de Harry.

 

            - No –dijo George-, pero no sería un mal director.

            - ¿Quién es?.

            - Remus –dijo Tonks con orgullo.

            - ¿El profesor Lupin?.

            - Sí, ¿no es genial? –preguntó Fred.

            - Sí, pero, ¿qué pasó con las leyes contra los semihumanos?.

            - Fueron abolidas por el nuevo Ministro –explicó Ron.

            - Por fin papá tiene un buen cargo en el Ministerio –agregó Fred.

            - ¿Qué puesto tiene?.

            - Es el secretario del Ministro… es… bueno… un hombre lobo –concluyó George.

            - ¿QUÉ? –gritó Harry.

            - Arthur es el secretario del hombre lobo –le contestó la señora Weasley.

            - Un minuto –dijo Harry confundido-, Rufus Scrimgeour no es un hombre lobo.

            - Se nota que vives con muggles –dijo George meneando la cabeza negativamente -. A Scrimgeour lo destituyeron por ser idiota e inservible como Fudge, bueno, no tanto como él. Como Jefe de Aurors era increíble pero como Ministro no. ¿Recuerdas que nuestro padre trabajaba en la Oficina para la Detección y Confiscación de Hechizos Defensivos y Objetos Protectores Falsos?.

            - Sí, lo recuerdo.

            - Bueno, parece que al nuevo Ministro le gustó su trabajo y lo ascendió.

            - Se llama Mermain McKingdon y está actuando como debe, ya puso en sobre aviso a todos sobre los Mortífagos, el retorno del Innombrable y Snape –dijo Fred-. A puesto en alerta permanente, como diría Moody, a todo el Ministerio y ha pedido ayuda a varios países.

            - Papá está feliz con él, dice que es un hombre increíble, buena persona y muy trabajador. Nos contó que Dumbledore lo había propuesto hace unos años atrás como Ministro pero perdió por su condición de hombre lobo –explicó George.

            - Le ganó Scrimgeour –concluyó Fred.

            - Me hubiera gustado que ganara McKingdon, tal vez nos habríamos evitado unos cuantos dolores de cabeza con él al frente del Ministerio –dijo Harry pensando en voz alta-. Pero... genial amigos, su padre secretario del Ministro. Percy a de estar feliz con esa noticia.

            - Pues no, está furioso –dijo Ron.

            - ¿QUÉ? –gritó Harry sin poderlo creer.

            - Es que ahora no es más el consentido como lo era con Scrimgeour. Volvió a trabajar en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional, lugar de donde nunca debió haber salido.

            - Me imagino que a Percy no le causó nada de gracia, ¿verdad?.

            - Pues te imaginas bien.

 

            Uno a uno se fueron todos de la habitación dejando a Harry. Minutos después bajó la escalera hacia el comedor.

 

            - Ven Harry –le dijo la señora Weasley con una enorme sonrisa-. Abre tus regalos.

            - Lo encontramos en el desván cuando subimos el cuadro de la madre de Sirius y los de las cabezas de los elfos –aclaró Lupin.

 

            Harry se acercó al cuadro que estaba tapando el árbol genealógico de los Black, cuando sacó la sábana, quedó paralizado por la emoción. Sus padres, vestidos de novios y frente a una iglesia, lo saludaban con la mano y ahí, tras ellos, se asomaba la cabeza del joven Sirius que sonreía de oreja a oreja. Harry no podía decir nada, sólo los miraba con los ojos muy abiertos.

 

            - ¡Feliz cumpleaños ahijado! –exclamó Sirius.

            - ¡Feliz cumpleaños Harry! –le dijo el padre.

            - ¡Feliz cumpleaños mi amor! –agregó la madre con los ojos llenos de lágrimas.

           

            Unos pocos minutos después Harry había recibido un limpia jaulas mágico, un pantalón, muchos dulces y caramelos y, de parte de los mellizos Weasley, un pequeño surtido salta clases. Luego se sentaron a la mesa y, como por arte de magia, apareció la comida.

 

            - ¡No pengo uoler al cogegio! –espetó Harry con la boca repleta de papas asadas y la esperanza que nadie le hubiera entendido lo que acababa de decir.

            - ¿Qué? –preguntó Lupin.

            - Dijo: No pienso volver al colegio –aclaró Hermione.

            - ¿QUÉ? –gritaron todos.

            - Lo que escucharon –replicó Harry.

            - ¡Estas totalmente loco!. Ah, no. No dimos nuestra vida para que no termines tus estudios –dijo Lily desde el cuadro.

           

            James y Sirius se limitaron a mover sus cabezas negativamente.

 

            - Pero Harry, ¿por qué? –le preguntó el señor Weasley.

            - No estaré un año mas esperando a que Voldemort termine con toda la gente que amo. Ya perdí a mis padres, luego a Sirius y después a Dumbledore. ¿A quién mas debo perder?.

 

            Todos miraron a Harry con comprensión y, a la vez, preocupación.

 

            - Mira Harry –dijo Tonks-, es… es sólo algo que estoy pensando.

            - ¿Qué?.

            - Es que no creo que estés totalmente listo para enfrentarte a QUIEN-TU-YA-SABES.

            - Pero… pero…

            - Un momento, todavía no terminé de darte mi opinión. Ahora tendrás a excelentes profesores para estudiar y practicar, el Ministerio ya no meterá su nariz en los asuntos del colegio –dijo mirando al señor Weasley con una sonrisa-. Está Remus, que te enseñará buenos hechizos y maleficios. Hasta puedes presentarte a los exámenes para ser Auror.

           

            Harry estaba confundido y cansado, era como si estuviera cargando el peso del mundo en su espalda. Se levantó lentamente sin decir una palabra y fue a su cuarto sin haber apagado los velas de su torta de cumpleaños. Se puso el pijama y se acostó en su amplia cama, mirando el techo que aún tenía manchas de humedad. Escuchó movimientos en la sala, gente que iba y venía, se despedían unos de otros y, luego, el silencio total. Se puso a pensar en lo solo que estaba aunque de repente escuchó en su cabeza la voz de Hermione:

 

- ¿Qué estará haciendo Harry?.

- Seguramente a de estar encerrado en su cuarto para no tener que aguantar a sus tíos y al soquete del primo –respondía Ron.

 

            El sonrió recordando a sus amigos, ellos lo conocían más que nadie y se sentía vacío sin ellos. Luego escucho la voz de Sirius retumbando en su cerebro:

 

- Cuando mi nombre quede limpio tal vez quieras cambiar de casa y...

- ¿Mudarme contigo?.

- Bueno, tal vez no quieras.

- ¿Qué estás diciendo?. Por supuesto que quiero. ¿Tienes casa?. ¿Cuándo me mudo?.

 

Sirius sonrió ampliamente.

 

Ahora estaba viviendo en la casa de su padrino pero no estaba con él. Las lágrimas comenzaron a bañar su rostro y las limpió con la manga del pijama. Se dio vuelta de lado y, después de un buen rato, pudo dormirse. La noche fue tranquila para Harry, soñó que estaba en clases de Pociones pero el profesor no era Snape sino Tonks; atrapaba la Snitch, Gryffindor ganaba la copa de las casas y festejaban tomando cerveza de manteca y así fue soñando con cosas simples y divertidas. Se despertó temprano y bajó la escalera. No había nadie. El único sonido que había era el del crujido de sus pisadas en el suelo de madera.

 

<<Pobre Sirius –pensó-, ahora entiendo lo solo que se sentía en esta casa>>.

 

Se acercó a la mesa en dónde estaba la torta de cumpleaños sin tocar, con un movimiento de su varita prendió las diecisiete velitas, escuchó una canción y cuando se dio vuelta…

 

            - ¡… Qué los cumplas querido Harry… que los cumplas feliz! –eran sus padres cantándole el feliz cumpleaños.

            - Pide un deseo –dijo Lily.

- Deseo… deseo… -apretó muy fuerte los ojos- que… - y soplló las velas.

           

            En ese momento apareció Sirius en el cuadro.

 

            -¿Ya apagaste las velas?. ¿No podías esperarme?. Odio perderme una fiesta –dijo con disgusto.

            - No existen las fiestas de una sola persona.

            - ¿Y nosotros que somos?. ¿Estamos pintado?. ¿Eh? –preguntó aun más enojado.

 

            Harry sonrió y, en ese momento, escuchó un PLIN y vio a un tímido Dobby que se acercaba a él.

 

            - ¡Buenos días Dobby! –dijo sonriendo.

            - ¡Buenos días señor Potter!.

            - No me digas señor, dime Harry, todos mis amigos me llaman Harry.

            - ¿Dobby amigo del señor Potter? –chilló llorando-. Oh, no. No podría, señor.

           

            Harry abrazó al elfo fuertemente.

 

            - Por supuesto que puedes. Los amigos se ayudan mutuamente. Yo te liberé de los Malfoy y tú me salvaste la vida. ¿No es eso amistad?.

            - Tiene razón señor Potter.

- ¡Harry… Harry…! –exclamó el muchacho-, dime Harry.

            - Te traigo un regalo de cumpleaños Ha... Harry –explicó tímidamente.

           

            El elfo le dio un paquete mal envuelto.

 

            - Dobby lo hizo para Harry.

 

            El muchacho lo abrió y se encontró con una bufanda tejida, roja y con Snitches amarillas.

 

            - La voy a usar en los partidos de Quidditch cuando haga mucho frío.

            - ¿Quidditch?... ¿el señor... quiero decir... Ha... Harry piensa volver a Hogwarts?.

            - Es exactamente lo que pienso hacer.

           

            Se escucharon largos suspiros en el cuadro que el muchacho tenía tras él.

           

            - Así se hace –dijo Sirius muy contento.

            - ¡MUY BIEN HARRY! –gritó James-. ¿Ves Lily? –dijo a su esposa-, nuestro muchacho es inteligente. Te dije que volvería al colegio.

            - ¡Oh, Harry! –decía Lily mientras lloraba-. Estoy tan feliz y tan orgullosa de tener un hijo como tú, sabía que harías lo correcto.

            - Me gustaría poder abrazarte mamá –a Harry también se la caían las lágrimas-. Te extraño.

            - Yo también mi amor.

 

            Dobby se despidió y desapareció con un PLIN. Harry decidió mandar unas cartas, tomó unas hojas de pergamino que había en la mesa, el tintero y la pluma, pensó unos segundos y comenzó a escribir.

 

¡Hola a todos los Weasley!:

                                               ¿Cómo están?.

                                               He decidido volver al colegio, debo perfeccionar todos los hechizos y maleficios ya aprendidos y aprender muchos más.

                                               Saludos a todos.

                                                                                                                      Harry

 

Estimado Prof. Lupin:

                                   He decidido volver a Hogwarts pero con una sola condición, quiero que me de clases de defensa, sólo le tengo confianza a usted.

                                   Espero su pronta respuesta para saber si vuelvo o no al colegio.

                                                                                              Harry James Potter

 

            - Hedwig ven aquí.

 

            La lechuza voló desde el respaldo de la silla en donde estaba posada y se posó en el hombro del muchacho, él le ató los pergaminos a la pata y luego le dijo:

 

            - Una es para Lupin y otra para los Weasley, ya sabes donde encontrarlos.

 

            La lechuza le dio un picotazo amistoso en el lóbulo de la oreja y emprendió el vuelo.

 

            Unos días después recibió la contestación de Lupin.

 

Querido Harry:

                        Primero y principal creo que ya tenemos la suficiente confianza como para tutearnos, así que sólo dime Remus o Tío Remus, ¿de acuerdo?. Llámame profesor cuando estemos en Hogwarts o frente a desconocidos.

Por otro lado, debo decirte que estaré más que feliz de darte todas las clases de defensa que quieras y necesites.

                        Espero que te des cuenta de la clase de gente que eres: buen hijo, amigo y alumno.

                        Como ya sabes nos hemos quedado (nuevamente) sin profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, una amiga muy querida lo reemplazará, ya la conocerás. Slughorn quería jubilarse definitivamente pero lo convencí para que se quede ya que es muy buen profesor.

                        Te extraño tanto o más que al grupo de merodeadores (ya sabes a quienes me refiero) y eso es mucho decir.

                        Saludos

                        Nos vemos pronto.

                                                Remus

                                                                      

PD: Aquí adjunto la lista de libros que necesitaras para este año.

 

            El muchacho le contestó de inmediato.

 

Profesor Lupin:

                        Estoy muy feliz que quiera darme clases, ahora estoy más tranquilo.

                        No puedo tutearlo, eso implicaría una amistad que sería peligrosa para usted si Voldemort se diera cuenta que somos tan cercanos.

                        Saludos y gracias por todo.

                                                                         Harry

 

Las llamas de la chimenea se pusieron verdes y de estas salieron Fred y George.

 

            - ¡Hola Harry! –dijeron los mellizos.

            - ¡Hola muchachos! –Harry los abrazó.

            - Mamá nos mandó para que te acompañemos al Callejón Diagon –dijo Fred-, para que compres tus libros.

            - Parece que ahora que somos respetables hombres de negocios nos tiene más confianza –le contó George.

            - Nos encontraremos ahí con todos los demás –continuó Fred.

            - ¿Tienes polvo Flu? –preguntó George.

            - Sí, está al lado de la chimenea.

            - Flourish y Blotts –dijo Fred tirando polvo y entrando en la chimenea seguido de Harry y George, con unos fogonazos verdes los tres desaparecieron.

 

 

CAPITULO 02: EN LA MADRIGUERA

           

Reaparecieron segundos después en la chimenea de la librería, después de sacudirse las cenizas del pelo y de la ropa, los tres se unieron al grupo de compradores. En ese momento llegó el resto de los Weasley junto a Hermione. Cuando Harry vio a Ginny sintió que en su pecho rugía un león, lo invadió un calor suave y sonrió, mientras la abrazaba. Luego de apartarse de ella, le dio el dinero a la señora Weasley para que pagara sus libros, después se quedó mirando por la ventana. Brujos y brujas iban y venía de un lado a otro. Decidió dar un paseo. Cuando, de repente, vio a Draco Malfoy. Por un momento pensó en tirarle un Avada Kedavra al muy desgraciado, pero después decidió que sería lo mejor hablar como gente civilizada, además, las hechizos imperdonables estaban castigados con prisión en Azkaban.

 

- ¡DRACO... DRACO... ! –le gritó.

- ¿Quién me... ? –dijo dándose vuelta asustado-. Oh, eres tú.

- Sí, soy yo. ¿Sabes que Hogwarts reabre?.

- Sí.

- ¿Volverás a clases o eres cobarde?

- ¿Cobarde?.

- Malfoy... Malfoy... yo lo vi todo. Estuve ahí.

 

Malfoy se puso blanco como la cera.

 

- ¿Es... estuviste ahí?.

- Yo sabía que algo te traías entre manos, tú y ese cobarde de tu querido profesor Snape. Pero no te preocupes, yo no tengo nada en tu contra, ¿sabes por qué?.

 

Malfoy meneó la cabeza negativamente.

 

- Porque no sé que hubiera hecho en tu lugar. Yo sé lo que es quedarse sin padres.

 

A Malfoy se le llenaron los ojos de lágrimas.

 

- Yo no... podía matarlo... no podía.

- No podías hacerlo porque no eres un asesino, no eres una mala persona y Dumbledore lo sabía. Acepta las manos que te tienden tus amigos y no tus enemigos. Tu padre estará bien mientras permanezca en Azkaban. A ti y a tu madre, podemos encontrar el modo de protegerlos y ayudarlos.

- Parece que tú nunca te enteras de nada.

- ¿A qué te refieres?.

- Tóma.

 

Malfoy le dio El Profeta. En primera plana decía:

 

EL MINISTERIO INVESTIGA LA FUGA DE

MORTIFAGOS DE AZKABAN.

Entre ellos se encuentran Lucius Malfoy y otros.

 

            - ¡Son unos malditos Houdinis! –exclamó Harry sin poderlo creer.

            - ¿Unos qué?.

            - No importa –respondió malhumorado.

            - Parece que los Dementores los ayudaron a escapar.

            - Pero ellos fueron expulsados de la cárcel.

            - Por eso estan investigando.

            - Si ves a tu padre dile que permanezca oculto hasta que entremos en contacto.

            - ¿Cómo creer que lo voy a encontrar?. El no vendrá a casa, es el primer lugar en donde buscarán.

            - Tienes razón. Tengo que volver a la librería, me deben estar buscando –dijo cambiando de tema-. ¿Vienes?.

- Sí –dijo Draco sonriendo un poco-. Tengo que comprar los libros.

 

Después de unos minutos entraron a la librería. Draco ve a Ron junto a Hermione y se acerca a ellos.

 

- Oye, Weasley, siendo un mago puro, ¿no te da asco juntarte con esa sangre sucia?.

- Retira tus palabras Malfoy o te juro que...

- No, Ron, no vale la pena –dijo Hermione sujetándolo de un brazo.

- ¿Por qué la defiendes tanto, acaso estas enamorado de ella?.

 

Ron se puso tan colorado que se le borraron las pecas y miró a Hermione con los ojos como platos.

 

- Weasley ama a Granger... Weasley ama a Granger... –canturreó Draco.

 

Ron se soltó de Hermione y fue detrás de unos estantes que tenían libros apilados hasta el techo. Malfoy, satisfecho, hojeó unos libros que estaban en una mesa cercana. Harry fue a hablar con Ron.

 

- ¿Es verdad eso que acaba de decir Draco?.

 

Ron no respondió.

 

- Ya lo sabía.

- ¿Lo sabías?.

- ¡Por todos los cielos, Ron, hasta un ciego lo ve! –exclamó exasperado.

- Her... ¿Hermione lo sabe?.

- Tal vez si o tal vez no. A Hermione le gusta que le digan las cosas tal cual son, detesta las suposiciones.

- ¿Crees que debería hablar con ella?.

- Yo espero que te des prisa o acabará bailando con otro, ¿no sé si me explico?.

- ¿Crees que Viktor...?.

- No es sólo él, puede ser cualquier otro. Ella no va a estar esperándote toda la vida y es mejor que te decidas o terminarás... –a Harry se le hizo un nudo en la garganta.

- ¿Cómo tú y Ginny?.

- Sí –contestó secamente-. Disfrútala cuanto puedas antes que sea tarde.

- ¿Queridos? –dijo la señora Weasley-. Ya compre todos los libros.

            - Bueno, vamonos de una vez –dijo Ron mirando a Malfoy con disgusto.

            - Sí, vamos –dijo la señora Weasley.

            - Nos vemos en el colegio –le dijo Harry a Draco.

            - Hasta luego.

            - Piensa en lo que te dije.

            - Lo haré.

           

            Todos juntos fueron directamente a la casa de Sirius para buscar las cosas de Harry, luego se trasladaron a La Madriguera. Cuando llegaron, los chicos subieron a la habitación que siempre ocupaban Ron y Harry.

 

            - Creo que he convencido a Draco para que se una a nosotros –dijo Harry.

            - ¡Estas loco! –exclamó Ron.

            - No crean que soy tan confiado como Dumbledore, lo voy a tener vigilado. Además, pienso hablar con las cuatro casas, le pediré autorización a Lupin y seguro me dirá que sí. Ya saben lo que el sombrero seleccionador siempre dice: “ÚNANSE”. Pues bien, entonces, unámonos.

            - Pero... pero... –tartamudeó Ron-, ¿unirnos con los de Slytherin?.

            - Es muy sensato –dijo Hermione-. Es hora de olvidar las diferencias.

            - Todos juntos podemos hacer algo contra el Innombrable –añadió Ginny.

           

La voz de la señora Weasley culminó la conversación.

 

            - ¡Niños... a almorzar!.

 

Todos bajaron y se llevaron una sorpresa, en el comedor se hallaba Percy.

 

            - ¿Qué hace ese aquí? –preguntaron disgustados Ron y Ginny.

            - Vine a almorzar –respondió Percy muy tranquilo-. Para que lo sepan, esta también es la casa de mis padres.

            - ¿Te acordaste que tienes padres y familia? –espetó Ginny furiosa.

 

            Percy no le contestó.

 

            - No te acerques a él –le dijo en un susurro Ron a Harry-. Esta llegada repentina me trae mala espina.

            - Hace años que no te apareces por aquí y ahora, de repente, te dieron ganas de almorzar con nosotros. ¿De quién eres espía?.

            - Vine porque mamá me lo pidió –dijo sin contestar a la pregunta de su hermana.

- Hace centurias que te pide que vengas y nunca lo haces.

            - Bien –dijo Percy perdiendo la paciencia-, ahora lo hice. Así que cierra la boca, niña insolente y estúpida.

           

            En ese momento, con un sonoro PLOM, aparecieron Fred y George muy sonrientes, pero se les terminó la felicidad al ver a Percy.

 

            - ¿QUÉ HACE AQUÍ? –gritó Fred señalando a Percy con el dedo.

            - Es de mala educación señalar con el dedo a la gente –dijo Percy como si nada-. Vine a visitar a la familia.

            - ¿FAMILIA? –gritó George furioso-. DIJISTE QUE NO TENIAS FAMILIA, ¿LO OLVIDASTE?.

            - ¡FUERA DE ESTA CASA! –continuó Fred aun más enojado que George.

           

            La señora Weasley comenzó a llorar.

 

            - No peleen, por favor –decía entre hipeos y llantos-. Percy... vino a reconciliarse... con nosotros.

            - ¡Con nosotros no! –exclamaron Fred y George a la vez.

            - Yo no quiero saben nada con Percy. Es un cocinado idiota, siempre lo dije y ahora lo afirmo –dijo Ron.

            - Opino lo mismo que mis hermanos –agregó Ginny.

            - Si quiere quedarse a almorzar, bien –dijeron los cuatros hermanos a coro-. Estaremos arriba.

 

            Subieron las escaleras. Hermione y Harry quedaron mirándose sin saber que hacer ni decir, pero luego decidieron seguir a sus amigos. Cuando llegaron a la habitación de Ron, escucharon cuchicheos. Hermione toco a la puerta.

 

            - ¡NO BAJAREMOS MAMA! –gritó Ginny desde adentro.

            - Somos nosotros –dijo Harry.

           

            Se abrió la puerta.

 

            - Entren –dijo Ron.

            - ¡Que descaro! –exclamaba Fred.

 

            Harry y Hermione se sentaron en la cama de Ron, junto a Ginny.

 

            - ¡Maldito sea! –exclamó Fred-. Espero que se vaya pronto porque me muero de hambre.

           

            Una hora después se escuchó la voz de la señora Weasley desde el pie de la escalera.

 

            - ¡Niños, a comer!.

 

            Bajaron en tropel. Percy se había ido. En ese momento llegó el señor Weasley.

 

            - ¡Hola muchachos!... mmmm... ¡que olor a comida! –le dio un beso a su esposa y acarició la cabeza de Ginny.

            - ¿A que no sabes qué? –le preguntó Fred.

            - ¿Qué?.

            - Acaba de irse Percy –continuó George.

            - ¿Percy aquí?.

            - Sí, el muy descarado –dijo Ginny.

            - ¿Qué quería?.

            - Supuestamente reconciliarse con nosotros... que vaya a reconciliarse con la... –dijo Ron.

- ¡RONALD WEASLEY! –lo interrumpió la señora Weasley con un grito.

- Perdón mamá, es que estoy indignado.

- Todos nos fuimos a la habitación de Ron –dijo George.

- Ninguno de nosotros soporta su presencia –culminó Fred.

 

El señor Weasley frunció el ceño, luego continuó hablando de otras cosas como si Percy no existiera.

 

- ¿Qué noticias hay en el Ministerio? –preguntó Ron a su padre.

- Atrapamos a dos Mortífagos en la casa de los Dursley.

- ¿QUÉ? –gritó Harry.

- La señora Figg los vio merodeando e informó de inmediato a la Oficina de Aurors. Los atraparon justo cuando estaban por entrar en la casa de tus tíos.

- ¿Qué querían? –preguntó Ron.

- ¿Tú qué crees? –dijo Harry.

 

Ron se puso pálido y Hermione ahogó un grito.

 

- ¿Qué vas a hacer? –le preguntó Ginny.

- Voy a volver a la casa de Sirius, pero primero les diré a los Dursley que vengan a vivir conmigo.

- ¿Estás loco? –preguntó Fred, sorprendido.

- No, es que la casa de Sirius esta bien protegida y será más difícil que los encuentren en ella. No hay otra solución, no permitiré que les hagan daño. Aunque no me agraden son mi única familia, además a mi madre no le gustaría que le pasara algo malo a tía Petunia.

 

El señor Weasley se acercó a la chimenea, tiró polvo Flu y después dijo:

 

- Kingsley Shacklebolt, necesito hablarte.

 

Unos segundos después, el Auror sacó la cabeza de entre las llamas verdes.

 

- ¡Hola Arthur!. ¿Algún problema?.

- Sal para que hablemos mejor.

 

De inmediato Kingsley salió sacudiéndose las cenizas de la túnica.

 

- ¡Hola Molly!. ¿Niños?.

- ¡Hola! –saludaron todos a la vez.

 

El señor Weasley estuvo cuchicheando unos minutos con el Auror.

 

            Mientras tanto los chicos comentaban:

 

            - Ese es el secretario del Primer Ministro muggle –dijo Harry- Yo lo conozco, vino a buscarme a Privet Drive después del Torneo de los Tres Magos.

            - Era el secretario, ahora todos fueron convocados para buscar a los Mortífagos, a Snape y al Innombrable –explicó George.

            - Shacklebolt fue elegido como el nuevo Jefe de Aurors –continuó Fred.

 

Luego el Auror se acercó a la chimenea, tiró polvo Flu y dijo:

 

- Moody y Tonks, los necesito.

 

            Alastor y Nymphadora salieron de la chimenea.

 

            - ¿Llamabas? –preguntó Tonks.

            - Espero que sea importante –dijo Moody.

            - Los tíos de Harry casi son atacados por Mortífagos. Tienen que proteger...

            - ¿A esos muggles? –lo interrumpió Tonks.

            - No, a Harry.

            - Bueno, eso es lo que hemos estado haciendo hasta ahora, ¿no? –dijo Moody mal humorado.

            - Eso nadie lo pone en duda –replicó Kinsgley-. Tienen que escoltarlo hasta la casa de los tíos y luego de regreso a la casa de Sirius.

            - Esta bien... esta bien... –dijo Tonks con algo de disgusto-. Vamos Harry, estamos apurados.

 

 

CAPITULO 03: DE PRIVET DRIVE A GRIMMAULD PLACE

           

Tonks tiró polvo Flu y entraron uno a uno en la chimenea gritando: NUMERO 4, PRIVET DRIVE, y desaparecieron. Unos segundos después salieron por la de los Dursley. Tío Vernon casi se infarta al ver las llamas verdes en la hoguera, Dudley dio un respingo pero tía Petunia ni se inmutó.

 

            - Estamos en problemas –dijo Harry sin siquiera saludar.

            - Claro que lo estás –dijo tío Vernon poniéndose morado de la furia.

            - Mucho cuidado –gruñó Moody-. Este muchacho es muy valioso.

            - ¿Qué es lo que sucede? –preguntó tía Petunia.

            - Vengo a llevarlos conmigo. Encontraron a unos Mortífagos merodeando frente a la casa y, si no fuera por los Aurors, habrían entrado.

            - ¿Mortífagos en nuestra puerta?.

            - ¿Morti qué? –preguntó tío Vernon.

            - Los seguidores de Voldemort, ya sabes, él que mató a mis padres –explicó rápidamente-. Busquen sus cosas, nos vamos ya mismo.

            - ¿Adónde?.

            - A la casa de Sirius.

 

En menos de diez minutos estaban todos en la sala. Tonks sacó un puñado de polvo Flu del bolsillo de su túnica y lo tiró en la chimenea. Petunia entró en las llamas como si lo hubiera hecho toda su vida.

 

- Número doce Grimmauld Place –y desapareció en medio de un fogonazo verde.

 

Tío Vernon y Dudley estaban paralizados de terror.

 

- ¿Se van a quedar toda la vida parados ahí como estatuas vivientes?... muévanse de una vez... tenemos trabajo que hacer –dijo Moody empujando a Vernon y metiéndolo en la chimenea-. Ahora di lo mismo que tu esposa, fuerte y claro, que se entienda o acabarás en cualquier otro lado.

- Número doce Grimmauld Place –y también desapareció.

 

Y así todos llegaron en pocos minutos a la casa de Sirius, que se encontraba silenciosa y oscura. Tonks hizo un movimiento con la varita y encendió las luces.

 

- ¡Buenos días! –dijeron unas voces.

- ¡Buenos días! –dijo Harry sin darles mayor importancia.

 

Sin embargo tía Petunia quedó maravillada al ver a Sirius Black, a su hermana y a James Potter, moviéndose dentro de un cuadro. Sirius hacía unas morisquetas extrañas con la cara y le sacaba la lengua a Petunia, a Harry le hizo recordar un poco a Peeves.

 

- ¿Lily?.

- Sí, soy yo.

- ¿Cómo estás?.

- Furiosa.

- ¿Por qué?.

- ¿Todavía lo preguntas?. Me han informado que no has sido buena con Harry.

- Lo lamento mucho pero ahora las cosas son diferentes, ¿verdad Harry?.

- Sí, somos amigos –respondió el muchacho con una enorme sonrisa.

- Mejor así –replicó Lily.                    

- No entren en la habitación de la derecha en luna llena –dijo Harry a sus familiares.

- ¿Por qué no? –preguntó Petunia.

- El profesor Lupin viene a enjaularse.

- ¿A enjaularse?.

- Sí, es un hombre lobo. No es muy lindo verlo cuando se transforma, lo sé por experiencia propia. Además no está tomando su pócima matalobos, se pone muy agresivo.

- ¿Dónde está la TV? –preguntó Dudley.

- Aquí no hay TV.

- ¿No hay TV?, ¿qué voy a hacer?.

- Ponerte a estudiar –respondió Harry sin mirarlo.

 

Dudley lo miró con disgusto pero no replicó.

 

- Vámonos de una vez –gruñó Moody.

- Hasta luego –dijo Harry a sus tíos y primo.

 

Tonks volvió a tirar polvo Flu en la chimenea. Moody, Harry y Tonks entraron en el fuego verde diciendo: “La Madriguera” y desapareciendo al instante.

 

 

CAPITULO 04: BODA Y EL VALLE DE GODRIC

 

Fleur iba y venía poniendo flores en jarrones en el comedor y en el living de los Weasley. Unos metros más allá estaba Bill que la miraba embelesado.

 

            - ¿No es perfecta? –le preguntó a Harry suspirando.

            - Sí, claro.

 

            El muchacho se percató de que Ginny había puesto mala cara.

 

            - ¿Qué ocurre?.

            - ¡Ay, sí, que bonita es Fleur! –murmuró disgustada-. Como si esa cerebro de chorlito fuera la gran cosa. Lo peor es que ahora mi madre la acepta.

            - No sé por qué te pones así. No tienes nada que envidiarle, tú sabes que eres bonita.

            - ¿De veras? –preguntó con una enorme sonrisa.

- Que yo no te quiera cerca no quiere decir que te halla olvidado, eso jamás sucederá –respondió sonriendo con ternura.

 

            Los días pasaban y Ginny era la misma de siempre, aunque él la miraba con otros ojos, la veía mucho más atractiva e interesante, tal vez porque había madurado un poco más desde que se vieron en el colegio. Definitivamente, esos sentimientos de hermano protector habían desaparecido en Harry y, ahora, la deseaba como solo un hombre puede desear a una mujer: con su corazón, su cuerpo, su mente y toda su alma. Sabía que sería muy difícil el separarse de ella cuando llegara el momento así que intentó evitarla lo más posible pero, ¿cómo hacerlo mientras estuviera en La Madriguera?. La veía en el desayuno, con sus pelirrojos cabellos todos revueltos y carita de sueño. Al mediodía comían todos juntos y lo mismo sucedía a la tarde y a la noche. Por si esto no fuera suficiente, cuando se iba a dormir, su cerebro vagaba en el pasado: recordaba las tardes en que caminaba tomado de su mano, las horas en la sala común viendo como ella peleaba con Ron y se burlaba de él y tantas cosas bellas que quizás no volverían jamas.

 

            Una semana después, Fleur y Bill se casaron en una iglesia que quedaba cercana a la casa de los Weasley. En la fiesta, que se realizó en el jardín de La Madriguera, estuvieron unos duendes de Gringotts (jefes de Bill y Fleur), Mermain McKingdon, Lupin, Tonks, Moody, Shacklebolt, los padres y hermanos de los novios, los amigos de ambos y, por supuesto, no podían faltar Harry y Hermione.

 

            - ¿Ya hablaste con ella? –le preguntó Harry a Ron.

            - Eh... ¿qué?... no –respondió quitándole los ojos de encima a Hermione.

            - ¿Qué estás esperando? –dijo disgustado.

            - Es que tengo miedo –susurró Ron.

            - ¿De qué?.

            - De que me diga que no me ama, que no le importo y que prefiere a Viktor.

            - O lo haces tú o lo hago yo.

            - ¿Hacer qué? –preguntó con el ceño fruncido.

            - Preguntarle si le interesas o no. A ella le va a disgustar que no se lo preguntes directamente.

            - Oh, esta bien, voy a hablar con ella.

            - Así se hace mi amigo –dijo sonriendo y palmeándole la espalda.

 

            Ron se levantó y fue a la mesa donde estaba Hermione. El se sentó al lado de ella.

 

            - Yo... bueno... yo quería decirte algo. ¿Podemos hablar en otro lugar?

            - Si.

 

            Ambos se levantaron y fueron a un rincón apartado del jardín.

 

            - Yo no soy bueno con las palabras.

            - Ya lo sé –dijo con tono sarcástico.

            - Es que... es que siento algo por ti.

            - ¿Si?.

            - Pues si y no sé como decirlo... es... es un sentimiento que jamás experimenté antes... es como... como flotar, ¿entiendes?.

            - Entiendo –contestó sonriendo.

            - Yo... tú... tú me gustas aunque a veces parezca que no... y...

            - Te voy a facilitar las cosas.

            - ¿Si?.

            - Pues si –dijo ella al tiempo que tomaba el rostro de Ron con ambas manos y le daba un beso en los labios-. ¿Ya esta mejor? –dijo riendo.

            - Muchisimo mejor –dijo mientras la rodeaba con sus brazos y la besaba.

 

Harry no hacía más que mirar a Ginny. Lo distrajo un ruido de silla corriéndose a su derecha, volteó a ver y se encontró con Lupin sentado a su lado.

 

            - ¡Hola Harry! –dijo con una sonrisa.

            - ¡Hola!.

            - ¿Por qué estas tan triste?.

            - Ginny –respondió escuetamente.

            - ¿No te ama?.

            - Sí me ama, ese es el problema.

            - No cometas mis mismos errores.

            - ¿A qué se refiere?.

            - Yo pasé toda mi vida solo, creyendo que nadie me amaría porque, ¿quién puede amar a una persona que se convierte en un monstruo en las noches de luna llena?. Siempre pensé que era un enjendro horrible y despreciable. Con las únicas personas que me sentía a gusto era con tus padres, Sirius y Peter, ellos sabían lo que era y me aceptaban. El año pasado comprendí que la vida es corta. No puedo alejar a la gente que me quiere por miedo a hacerle daño. Y tú no debes separarte de Ginny pues ella puede ayudarte con su amor y su apoyo incondicional.

            - Remus, ¿te gustaría... ? –dijo Tonks, acariciando los cabellos de Lupin, pero se interrumpió al ver la cara de asombro de Harry.

            - ¿Usted y ella? –preguntó señalándolos a ambos.

            - Sí, hace unas semanas que decidimos...

            - Que decidiste –lo corrigió.

            - Sí –aceptó con una sonrisa-, que decidí que era el momento de vivir feliz lo que me quede de vida y tú deberías hacer lo mismo.

            - No soportaría la idea de que a Ginny le pasara algo por mi culpa.

            - Con ese pensamiento tus padres no se hubieran casado nunca. Ellos pensaron en lo mejor y, en ese momento, era casarse y tener hijos cuanto antes. James y Lily querían disfrutar de la vida lo más que pudieran, querían vivir juntos y experimentar lo que significaba ser padres. No te das una idea de la alegría de James cuando supo que Lily estaba embarazada, fue al correo y utilizó todas las lechuzas que había para mandarles mensajes a todos sus amigos y contarles la buena noticia.

            - Pero...

            - Está bien que no quieras que a Ginny le pase algo malo –lo interrumpió al ver la cara de desesperación del muchacho-, pero ese no es un motivo para no estar con ella. No es preciso que te sigua a todos lados. Cuando estén juntos debes disfrutar cada momento como si fuera el último así, si vives o mueres, siempre llevarás contigo buenos recuerdos.   

            - Antes... antes de estar con ella no me importaba si vivía o no, pero ahora me siento tan vivo. Tengo... miedo de... morir –sentía que su garganta se cerraba cada vez más a medida que iba hablando de sus sentimientos.

            - Te entiendo.

            - ¿Vamos a bailar? –le dijo Ginny a Harry, con una sonrisa.

            - Muévete –lo empujó Tonks de un brazo y Harry se levantó.

 

            La mano pequeña y tibia de Ginny tomó la de él, ambos fueron al centro de la improvisada pista de baile. Harry la tomó de la cintura y la trajo hacia él. No sabía si era toda la hidromiel que había tomado o la presencia tan cercana de Ginny pero se sintió mareado y aturdido a la vez.

           

            - Mira eso –dijo Ginny conteniendo una carcajada.

 

            Harry vio a Ron y Hermione, se estaban besando.

 

            - Ya era hora –suspiró.

 

            Bill tomó de manos de uno de sus invitados un regalo y se lo dio a Ginny.

 

            - Ponlo con los otros.

            - Pero estamos bailando –se quejó.

           

            Bill la miró con mala cara.

 

            - Oh, está bien –dijo ella-. Ven conmigo, Harry.

 

            Él la siguió de cerca. Ginny entró en la casa y depositó el paquete en la pila donde estaban todos los demás y luego se quedó mirando a Harry.

 

            - Tienes suerte, Harry.

            - Sí, suerte de seguir vivo.

            - No hables así, no me gusta.

            - Es mejor que te acostumbres a la palabra muerte porque eso es lo que habrá cuando la verdadera lucha comience.

 

            Ginny fue a la chimenea y miró una foto de la familia, de cuando habían ido a Egipto.

 

            - Yo me estaba refiriendo a que tienes suerte de que te halla tocado una gran familia –dijo cambiando bruscamente de tema.

            - ¿Qué?.

            - Vamos, Harry, ya sabes que siempre has sido uno más de los Weasley.

 

            Harry sonrió.

 

            - ¿Qué piensas hacer?.

            - ¿Con qué?.

            - Conmigo –dijo ella sonriendo con ternura.

 

            A Harry le temblaban las rodillas mientras recordaba las palabras de Lupin: Cuando estén juntos debes disfrutar cada momento como si fuera el último así, si vives o mueres, siempre llevarás contigo buenos recuerdos.

 

            - Te amo y tú lo sabes –dijo sin mirarla a los ojos.

            - Aún no respondiste a mi pregunta.

            - No sé que hacer. Cuando te tengo cerca siento que no podré dejarte nunca más. Me paso las noches pensando en ti. Me estoy volviendo loco. Siento que estoy partido en dos.

 

            Ella rió y Harry la miró con el ceño fruncido.

 

            - ¿Qué es lo gracioso? –preguntó enojado.

            - Es curioso que a mí me pase exactamente lo mismo.

 

            Ella se acercó a él y lo besó largamente. Harry podía sentir su perfume. Acarició sus brazos y sintió el calor y la suavidad de su piel, que lo envolvía por completo. Su corazón comenzó a latir alocadamente. Pensó que estaba a punto de perder la razón, de cometer una locura que pondría en peligro su amistad con Ron.

 

            - Te deseo tanto –dijo sin siquiera pensarlo-. Me muero por poseerte.

            - ¿Por qué no lo haces? –dijo ella alzándose de hombros.

 

            Harry la miró con los ojos como platos, no podía creer lo que acababa de escuchar.

 

            - ¿Estás loca?.

            - No, no del todo. Nadie lo sabrá.

            - Hay más de cien personas ahí afuera.

            - Pero ninguna aquí adentro. Podemos ir a mi habitación y...

            - ¿Y si entra Hermione?.

            - Ella está entretenida con Ron.

            - No sé.

           

            Ella lo tomó de la mano y lo arrastró hacia la escalera.

 

            - No tengas miedo –dijo Ginny con una sonrisa picara.

 

            Y Harry no pudo resistirse más. Ya no le importaba nada ni nadie, sólo deseaba estar con Ginny y nada más. Entraron al cuarto que estaba iluminado por la luz de la luna y Ginny cerró la puerta con llave.

 

            - Ya está –dijo mientras se acercaba a Harry-. Ahora soy completamente tuya.

 

            El la tomó entre sus brazos y la besó apasionadamente, luego recorrió la espalda con sus manos hasta que llegó al cierre del vestido y lo abrió. Bajo los breteles para dejar completamente descubiertos sus hombros, con sus besos fue hasta el cuello y luego le mordisqueó el lóbulo de la oreja. Ginny temblaba ligeramente, tenía los ojos cerrados y parecía respirar con dificultad.

 

            - ¿Estas bien? –le preguntó preocupado.

            - No... no dejes de hacer eso, me encanta. Si no me gustaría te lo habría dicho.

 

            El sonrió complacido y continuó con lo que estaba haciendo. Ginny aprovechó para quitarle el moño y la faja del smoking. Y así, se fueron desvistiendo lentamente y se perdieron en la pasión y el amor. Cuarenta y cinco minutos después volvieron a la fiesta.

 

            - ¿Dónde estaban? –les preguntó Ron.

            - Bue... bueno... es que... que esta... –Harry comenzó a tartamudear.

            - Estábamos hablando. Necesitábamos hablar sobre nuestro futuro –respondió Ginny con tal desparpajo que dejo atónito a Harry.

            - ¿Durante casi una hora? –preguntó incrédulo.

            - ¿Y tú que hiciste durante una hora, besarte con Hermione? –replicó furiosa.

            - Yo soy mayor de edad y puedo hacer lo que me dé la gana –dijo Ron, poniéndose rojo de la ira.

            - No me fastidies con eso.

            - ¿Qué sucede? –preguntó la señora Weasley.

            - Dile a tu hijo que no se meta en mis asuntos.

            - ¿Estuvieron casi una hora hablando del futuro?, nadie habla tan...

            - QUE TU NO SEPAS HABLAR CON LA GENTE NO QUIERE DECIR QUE LOS DEMAS NO LO SEPAN. ERES TAN IDIOTA QUE TE TARDASTE SIETE AÑOS PARA DECIRLE A HERMIONE QUE ESTABAS ENAMORADO DE ELLA. ¡VETE AL INFIERNO, RON! –chilló Ginny.

 

            Ron se puso pálido y no replicó. Ginny giró sobre sus talones y tomó la mano del tembloroso Harry.

 

            - Vamos –dijo y tiró de él.

 

            Cuando estuvieron lejos, Harry le dijo:

 

            - No debiste decirle eso a Ron.

            - Es la verdad –espetó furiosa.

            - Todos lo escucharon, lo pusiste en ridículo.

            - Pues se lo tiene merecido por meter su nariz donde no lo llaman.

 

            Desde ese momento Ron y Ginny no se dirigieron la palabra, cosa que ponía mal a Hermione y Harry, porque los querían mucho a los dos y no soportaban verlos disgustados.

 

Harry le mandó una carta a Lupin:

 

            Estimado profesor Lupin:

                                               Sé que está muy atareado pero me gustaría saber si podría acompañarme al Valle de Godric. Deseo visitar la tumba de mis padres y el lugar donde viví cuando apenas era un bebé.

                                               Espero su respuesta.

                                                                                  Harry “Patronus” Potter

           

            Unos días después volvió Hedwig con la contestación.

 

            Patronus:

                              Estaré feliz de acompañarte y de darte una visita guiada por aquel bello Valle en el que naciste hace diecisiete años atrás. Es increíble como pasa el tiempo, ¿verdad?.

     Nos vemos muy pronto, espérame en La Madriguera.

     Saludos

                                                              Remus “Lunático” Lupin

                                                        (Director Interino de Hogwarts)

PD: Me gusta tu sobrenombre

 

            Cuatro días después llegó Lupin a La Madriguera, acompañado por Tonks.

 

            - ¿Estás listo? –le preguntó a Harry.

            - Sí –contestó ansioso, mientras se colgaba la mochila en el hombro derecho.

            - ¿Adónde van? –preguntó Ginny.

            - Al Valle de Godric –respondió Tonks.

            - Yo también voy –dijo Ginny.

            - No –le explicó Harry-. Es peligroso.

            - ¡Claro! –dijo poniéndose furiosa-. Conmigo no puedes ir pero con ellos sí.

            - Son una especie de escolta. Además, Lupin conoce muy bien la zona.

            - ¿Por qué van los demás?.

            - Tonks es Auror, ya sabes que no puedo ir a ningún lado sin tener a un Auror que me esté oliendo el trasero.

            - ¡Ey! –se quejó Tonks.

            - Es la verdad –se excusó-. Y a Ron y Hermione, le dan permiso sus padres. Volveré en unos días –le aseguró.

            - Te estaré esperando –dijo dándole un sonoro beso en los labios.

            - No tardaré mucho, te lo prometo.

 

            Como Harry no podía aparecerse porque no tenía licencia, decidieron usar la forma más rápida, la Red Flu. Lupin echó polvo Flu en la chimenea y entró en ella.

 

            - Número 13, Haindelville, Valle de Godric –dijo y desapareció.

 

            Harry, Ron, Hermione y Tonks dijeron lo mismo y desaparecieron en una llamarada verde.

 

            Minutos después llegaron a un lugar oscuro y con fuerte olor a humedad. Lupin hizo un movimiento con la varita y las luces se encendieron. Se encontraron en un living tapado de polvo, colgaban grandes telas de araña de las lámparas y parecía que el lugar había sido abandonado hacia muchísimos años.

            - ¿De quién es esta casa? –preguntó el Ron.

            - Era de mis padres –explicó Lupin-. Como podrás ver y oler, hace mucho que esta deshabitada.

           

            Tonks y Hermione comenzaron a abrir las ventanas y el sol iluminó todo el lugar. La habitación tenía un enorme piano de cola, muebles tapados con sábanas y una escalera que daba a las habitaciones de arriba.

 

            - Voy al sótano –dijo Lupin-, quédense aquí.

            - ¿Qué hay ahí?.

            - La caldera, pero está muy vieja y, si explota, no quisiera que explotaran con ella –dijo meneando la cabeza y mirando a Harry de una manera muy extraña.

            - ¿Por qué me mira así?.

            - Porque te gusta saberlo todo, tu padre era igual que tú. Tener curiosidad es bueno.

            - ¿Sabe?, hay veces que me hace acordar a Dumbledore –dijo Harry con nostalgia.

            - Me halaga que digas eso.

 

            Lupin bajo al sótano y, minutos después, se escuchó un fuerte ruido y el ambiente comenzó a calentarse lentamente.

 

            - Vamos arriba y preparemos los cuartos, dormiremos temprano. Mañana será un largo día –le dijo Tonks a los muchachos.

 

Después de un gran fregotego y de comer una abundante cena todos fueron a dormir. Lupin llamó a Harry y a Ron para que se levantaran y bajaran a desayunar, eran las ocho de la mañana. El sol bañaba el living y le daba calidez. Los pájaros cantaban en los árboles y se veían personas que, seguramente, iban a sus quehaceres diarios.

 

- ¿Hay magos aquí? –preguntó Harry mientras miraba por una de las ventanas que daba a la calle.

- Sí, hay magos y muggles, pero hay más de los segundos que de los primeros –contestó Tonks, mientras ponía manteca en su tostada-. Ven a desayunar.

 

Harry se sentó a la mesa, se sirvió té y untó su tostada con mermelada de frambuesa.

 

- Por eso tus padres vinieron a vivir aquí –explicó Remus-, es más difícil encontrar a los magos cuando viven donde hay muchos muggles y se comportan como ellos.

 

Minutos después del desayuno, estaban listos para el recorrido por el Valle de Godric.

 

- ¿Estás seguro que quieres hacer esto? –le preguntó Lupin.

- Sí –respondió tratando de parecer valiente aunque estaba temblando de pies a cabeza.

- Vamos –dijo Tonks.

 

Salieron a la cálida mañana. Los cinco viajeros continuaron su camino subiendo una pequeña cuesta y, doblando a la derecha, divisaron el cementerio de Godric.

 

 

CAPITULO 05: LA TUMBA, LA CASA Y EL HORCRUX

 

            Llegaron a las puertas del cementerio y a Harry le pareció que sus pies se clavaban en el suelo.

 

            - ¿Estás bien? –le preguntó Tonks, pero él no respondió.

 

            El muchacho no podía creer que los huesos de sus padres estuvieran ahí. ¿Cuántos más morirían bajo la varita de Voldemort?. ¿A cuantos seres queridos perdería antes de poder acabar con el Innombrable?. ¿Estaría en verdad preparado para enfrentar el reto, para poder matarlo?. ¿Podría vengarse de Voldemort, Bellatrix y Snape?. Esas y más preguntas, pasaron por su mente en pocos segundos.

 

            - Sí, estoy bien –mintió.

 

            Continuaron caminando por un sendero y unos minutos después encontraron la tumba de los Potter, en la lápida rezaba:

 

LILIAN EVANS POTTER - JAMES POTTER

AMANTES ESPOSOS Y CARIÑOSOS PADRES

QUE DESCANSEN EN PAZ

1960 –1981

 

            Harry se arrodilló un momento junto a la tumba y quedó en silencio. Pensaba en todas esas cosas que nunca tuvo y, de repente, recordó cuando vio a sus padres en el espejo de Eosed y sonrió.

 

            - Vamos a otro sitio –dijo levantándose.

 

            Volvieron por el mismo sendero que habían recorrido antes y, después de unos minutos de haber salido del cementerio divisaron una pequeña colina, en la cima de ella había una casa casi derrumbada. Harry la miró por unos instantes.

 

            - Esa era mi casa, ¿verdad?.

            - Sí, pero... –dijo Lupin.

 

            Ya era tarde, el muchacho había comenzado a subir la cuesta a toda carrera y, en pocos segundos, ya estaba en la puerta de la casa. Entró lentamente y vio todo como en una película, todo lo que había pasado aquella fatídica noche en la que murieron sus padres. Su padre, su madre y él, estaban en el living viendo la televisión, de repente, se escucha un fuerte golpe en la puerta. James y Lily se miraron asustados.

 

            - ¡Es él, estoy segura! –exclamó, muerta de miedo.

            - No puede ser, nadie sabe dónde estamos.

            - Fue Peter. Tendríamos que haber tomado como guardián a Sirius y no a esa miserable rata.

            - ¡Ese maldito infeliz! –exclamó furioso-. Si salimos de esta me las va a pagar, te lo juro.

           

            El golpe en la puerta, volvió a sonar.

 

            - Toma a Harry y vete, yo lo detendré.

            - No podrás tú solo con él –ella estaba llorando.

            - No discutas conmigo.

 

            El siguiente golpe fue aterrador, el pequeño Harry comenzó a llorar.

 

            - No llores bebé, no llores –le decía su madre.

            - Protege a Harry, yo me arreglaré.

            - Te amo –dijo ella.

            - Yo también te amo Lily, siempre te amé.

 

            Se besaron y, luego, la mujer comenzó a subir las escaleras con él bebé en brazos.

 

            Un ruido atronador y la puerta de calle voló en mil pedazos. El Harry actual, subió junto a su madre pero, de repente, sus pies se clavaron en los escalones y se quedó escuchando.

 

            - ¿Dónde está el niño? –preguntó la gélida voz de Voldemort.

            - Vallase de aquí –respondió James.

            - CRUCIO –gritó.

 

            Parecía que el hechizo había rebotado.

 

            - Eres bueno con el Protego, ¿verdad?. Eso no te servirá. ¿Dónde está el pequeño?.

 

            En ese momento se escucho el llanto de Harry.

 

            - Ah, está arriba –sonrió burlón.

            - ¡Déjelo en paz!.

            - Tú no eres quien para decirme lo que debo o no debo hacer.

            - ¡Vallase de nuestra casa!.

            - Me cansé de tanto parlamento. Avada Kedavra.

 

            Una luz verde invadió todo el living, se escucharon ruidos de vidrios que estallaban y de maderas que se quebraban. El muchacho comenzó a subir los escalones de dos en dos. Entró en su cuarto, la madre lo estaba poniendo en la cuna.

           

            - No te preocupes, mami va a protegerte. Ese hombre malo no podrá hacerte daño.

 

            La puerta estalló y se abrió. El pequeño Harry volvió a llorar. Voldemort entró en la habitación.

 

            - ¡Quítate de en medio!.

            - No le haga daño a mi bebé, por favor.

            - Fuera del camino, mujer estúpida.

            - Por favor, se lo suplico. Máteme a mí pero no le haga daño a mi hijo.

            - Te digo que te quites.

            - Por favor, no...

            - No tienes que morir.

            - No lo haga, por fa...

            - Avada Kedavra.

            - ¡¡¡HARRYYYYYYYY!!!

 

            La habitación se iluminó con el rayo verde y su madre cayó al suelo, con los ojos muy abiertos, su expresión era igual que la de Cedric Diggory. El muchacho cerró los ojos, no podía soportarlo más, no toleraba tanto horror. Hizo un esfuerzo y los abrió nuevamente. Voldemort estaba frente a la cuna. El bebé reía.

 

            - ¿De qué te ríes pequeño insecto?.

 

            El niño reía a carcajadas como si supiera que el hombre malo no podía dañarlo.

           

            - Avada Kedavra.

 

            El rayo impactó en la cabeza de Harry pero rebotó y le dio a Voldemort en el centro del pecho. Sólo quedó la túnica y la varita del Innombrable, él había desaparecido. En ese momento todo se desvaneció y Harry se encontró en una habitación polvorienta, con una cuna derruida por el paso de los años y unos viejos portarretratos en un mueble casi destruido. Lupin, Hermione, Ron y Tonks entraron agitados. Harry tenía el rostro bañado en lágrimas.

 

            - ¿Qué sucede?. ¿Estás bien? –le preguntó Hermione.

 

            Harry estaba muy quieto mirando la que había sido su cuna.

 

            - Sí, estoy bien. –dijo mientras se limpiaba los ojos con el dorso de la manga-. Miren, hay algo ahí abajo.

 

            Se agachó y tomó el objeto que estaba debajo del mueble, era una pulsera con una inscripción.

 

            - Dice Rowena Ravenclaw –dijo tirándosela a Lupin-. Destrúyala, por favor. Hagalo.

            - Pero esto es una reliquia de uno de los fundadores.

            - Solamente hagalo.

           

            Lupin la tiró en el piso, hizo un movimiento con la varita y la pulsera se rompió en mil pedazos, de los fragmentos comenzó a salir humo y este se convirtió en una figura que se desvaneció en unos pocos segundos, era la imagen del Innombrable.

 

            Harry sonrió.

 

            - Uno menos, sólo me faltan tres.

            - ¿Qué fue eso? –preguntó Lupin, desconcertado.

            - Algún día se lo explicaré –respondió Harry.

            - Larguémonos de aquí, este lugar me pone los pelos de puntas –dijo Tonks.

            - Siempre están de puntas –dijo Harry alzándose de hombros.

 

            Los cinco rieron. Antes de salir, Harry tomó todos los portarretratos que encontró y los puso dentro de su mochila. Minutos después estaban en la casa de los padres de Lupin.

           

            - ¿Qué ocurrió? –preguntó Lupin a Harry.

 

            El muchacho les contó todo con lujo de detalles.

 

            - Debió de ser espantoso –dijo Ron.

            - Y que lo digas.

 

            Pasaron los próximos tres días disfrutando de la belleza del Valle hasta que Lupin decidió volver a La Madriguera.

 

            Por supuesto que Ginny quiso que le contaran todo lo que había sucedido en el viaje. Ella era un buen público. Se asustó mucho cuando le dijeron lo que había pasado en la casa. También se sorprendió cuando le contaron de los paisajes tan bonitos del Valle.

 

            - Espero poder ir algún día –dijo Ginny.

            - Además, mira lo que pude rescatar de la casa –dijo Harry con una sonrisa.

 

            Le pasó los viejos portarretratos, en ellos habían fotos de sus padres con él en brazos, otra en la que estaba jugando con Sirius y una más con Remus y Sirius.

 

            - ¡Que fotos preciosas! –exclamó Ginny.

            - Por lo menos tengo unas más para poner en el álbum que me regaló Hadrid en primer año.

 

 

CAPITULO 06: DE REGRESO EN HOGWARTS

 

            El señor Weasley llegó a La Madriguera a las ocho de la mañana junto con un automóvil que le había prestado el Ministerio, conducido por un chofer vestido de negro. A las diez y treinta, el 1º de septiembre, estaban todos en la estación de King´s Cross y a las once en punto el Expreso de Hogwarts se puso en marcha. Harry, Hermione, Ron, Ginny, Neville y Luna se sentaron en el mismo compartimento. Neville intentaba que su sapo, Trevor, no se le escapara. Luna se puso a leer El Quisquilloso. Ginny estaba sentada al lado Harry y tenía apoyada la cabeza en el hombro de él. Hermione, leían las noticias en El Profeta. Ron roncaba al lado de ella.

 

            - ¿Simpre ronca así? –le preguntó a Harry, fastidiada por el ruido.

            - Siempre –contestó con una sonrisa.

 

De repente se abrió la puerta del compartimento, todos levantaron la vista, era Lupin.

 

            - ¡Hola muchachos! –saludó con una sonrisa de oreja a oreja-. ¿Todo bien?.

            - Todo perfecto –respondió Hermione.

            - ¿Hay lugar para uno más?.

            - ¡Por supuesto! –exclamó Harry.

 

            Lupin entró y se sentó al lado de Neville.

 

            - Este año tendrán una profesora nueva –explicó el profesor-. Ha estado dando clases en diferentes colegios de Latinoamérica, hasta el año pasado estuvo en Argentina.

            - ¿Cómo es? –preguntó Neville muy nervioso-. Quiero decir, como persona.

            - Ella es muy divertida –dijo sonriendo-, muy buena persona. Le encantan los chicos, así que será una gran amiga de ustedes, ya lo verán.

            - ¿Dónde la conoció? –preguntó Hermione.

- La conozco desde que éramos niños, es mi prima. Estaba en Gryffindor y fue una gran buscadora, pero no tan buena como James. Hace cuatro años consiguió trabajo de profesora en México, ahí estuvo dos años, luego dio un año de clases en Perú y el año pasado estuvo en Argentina reemplazando a un profesor que había contraído un extraño virus. Está ansiosa de volver a Hogwarts.

            - ¿Qué asignatura dará? –preguntó Ron.

            - Defensa contra las Artes Oscuras.

            - Yo tenía entendido que Alastor Moody la daría.

            - Bueno, es que con el asunto de los Motífagos y demás, comprenderás que no puede dejar su puesto de Auror.

            - Que lástima, me gustaba Moody –dijo Neville.

            - Y a mí también, pero estoy segura que la profesora será mejor que Snape –comentó Ginny.

            - Cualquiera es mejor que ese –dijo Harry con sarcasmo y odio a la vez, todos rieron por su ocurrencia.

           

            En ese momento se asomó una muchacha alta, de piel muy blanca, con los cabellos negros, largos y ondulados, enormes ojos verdes y sonrisa perfecta, vestía una túnica escarlata y dorada (los colores de Gryffindor), entró al compartimento. Los muchachos quedaron paralizados por su belleza, era tan bonita como una veela.

 

            - ¡Por fin te encuentro primo! –le dijo a Lupin-. ¿Vas a... ? –pero se interrumpió al ver a Harry-. ¿Es quién creo que es? –preguntó al profesor.

            - Sí, Úrsula, es el hijo de James.

            - ¡Oh, mi Dios!... ¡Oh!... ¡El pequeñito de James! –no cabía de la felicidad-. Tu padre fue cazador durante un año y luego se convirtió en el mejor buscador en la historia de Gryffindor y Remus me ha dicho que tú no lo haces nada mal.

            - Bueno –respondió tímidamente-, lo hago lo mejor que puedo.

            - ¡Oh, no seas tan modesto!. Harry... oh... eres el vivo retrato de tu padre. Lástima –dijo con desdén-, sacaste los ojos de tu madre.

            - A ella nunca le simpatizó Lilian –le explicó Lupin a Harry-. Es que estaba enamorada de James.

            - ¡Cállate Remus! –espetó avergonzada-. ¿Vienes adelante?.

            - Mmmm... No, aquí estoy bien.

            - ¿Puedo quedarme? –preguntó ansiosa.

            - Mientras no se la pase criticando a mi madre –dijo Harry.

            - Yo jamás haría eso –dijo indignada-. Que no me halla gustado porque estaba con James no quiere decir que ella no fuera una buena mujer y una magnifica hechicera. Siempre fue muy atenta y dulce. No tengo por que decir nada en su contra.

           

            En verdad Úrsula era muy simpática. Habló todo el camino a Hogwarts, recordando viejas historias del pasado y contándoles las ocurrencias de Remus, Sirius, James y Peter.

 

            - ¿Recuerdas cuando James rompió la escoba de McGonagall? –le preguntó al profesor-. Eso fue algo que quedó en los anales del colegio. Nunca la habían visto tan furiosa.

            - Es que ella creía que él se la había roto a propósito.

            - El pobre me contó que sólo quería practicar.

            - ¡Qué buena época! –exclamó Lupin con una sonrisita cómplice.

            - ¡Extraño los partidos de Quidditch! –dijo Úrsula.

            - Bueno, ahora podrás verlos de vuelta. ¡Ey, se me acaba de ocurrir una idea formidable! –exclamó Lupin-. ¿Qué te parece si vamos todos a bailar al Escorpión?.

 

            Escorpión era una disco-bar, tenía una barra, mesas y sillas, música de los 60s, 70s, 80s y 90s, y una amplia pista de baile. Úrsula se sorprendió al saber que aún existía ese lugar.

 

            - ¡No puedo creerlo!. Iba al Escorpión con mis amigos –explicó Úrsula a los chicos-. Sirius la descubrió un día en que se fue de su casa, pues se había peleado con la loca de su madre, así la llamaba él: la loca de mi madre –rió-. Era chistoso ese Sirius y tan lindo, cabellos negros y ojos grises, ufff, que hombre. En fin, como les iba contando, yo no fui hasta unos cuantos años mas tarde porque era mucho menor que los demás, pero ellos –dijo señalando con un gesto de la cabeza a Lupin- se escapaban del colegio por un pasadizo que había encontrado James y se aparecían en el callejón que estaba al lado de la disco. Era el mejor lugar del mundo. No sabía que todavía existía.

            - Yo tampoco -aclaró Remus-. Pero caminando, sin rumbo fijo, terminé ahí. Casi me da un infarto cuando levanté la vista y vi el cartel del Escorpión.

 

           

CAPITULO 07: EL DISCURSO Y LA MARCA DE MALFOY

 

            La profesora McGonagall entró al Gran Salón con el taburete y el sombrero seleccionador sobre él, segundos después entraron los alumnos que cursarían primer año, no eran más de veinte.

 

            El sombrero comenzó con su canto:

 

            - Gryffindor, Hufflepuff, Slytherin y Ravenclaw

eran buenos amigos

pero con el correr de los años

se enemistaron.

Hoy el mal cubre la tierra.

Tienen que volver a ser hermanos.

Vivir juntos unos con otros

y darse las manos.

El señor oscuro se ha levantado.

Únanse y juntos vencerán.

Las cuatro casas unidas deben estar.

 

Después de un fuerte aplauso los alumnos fueron seleccionados para cada una de las casas, cuando todos estuvieron en sus respectivas mesas, Lupin se levantó y habló:

 

- Quiero anunciarles que por el momento yo reemplazaré al profesor Dumbledore como director del colegio, mientras espero la decisión sobre el cargo, que estará dada por el Ministerio. Cualquier problema o duda que tengan quiero que me la hagan saber. Debo pedirles también que, por ningún motivo deben ir al tercer piso, en el ala norte –dicho esto miró a Harry, Ron y Hermione, que se echaban miradas cómplices entre ellos-, una muerte atroz le llegará al que se acerque ahí. Cambiando de tema y más importante aún, el Sr. Potter me ha pedido decir unas palabras.

 

Harry se levantó y fue al atril en donde momentos antes había estado Lupin, los murmullos no se hicieron esperar. Cuando todos se callaron, él habló:

 

- En poco tiempo he presenciado las muertes de familiares, de un compañero y del profesor Dumbledore. Fui tratado como loco por el Ministerio pero ahora todos saben que siempre estuve en lo cierto, que nunca mentí. Hoy, que Voldemort ha vuelto…

 

Todos se estremecieron al escuchar el nombre del Innombrable.

 

- … es, como dice el sombrero seleccionador, el momento para que las casas se unan por el bien común y que volvamos a ser amigos. Creo que eso hubiera querido el profesor Dumbledore y, que esto ocurriera, sería la mejor manera de honrar su memoria.

 

Dicho esto Harry volvió a su lugar en la mesa de Gryffindor en un mar de aplausos. En ese momento las puertas del gran salón se abrieron y entró un montón de gente, entre las cuales estaba Krum. A Ron se le torcieron las entrañas.

 

- Parece que ya llegaron los invitados, siéntense donde más les guste –dijo Lupin con una sonrisa.

 

Esta vez Krum no se sentó con los de Slytherin, esto no pareció afectar a Malfoy en lo más mínimo, sino que lo hizo en Gryffindor, entre Hermione y Ron, cosa que a este no le gustó. Estar separado de ella por esa masa de músculos no era nada agradable.

 

Cuando volvieron a la sala común Ron preguntó:

 

- ¿Qué diablos harán aquí todos esos búlgaros?.

- Viktor me contó que van a entrar en la Orden –respondió Hermione.

- ¿QUÉ? –gritaron a coro Ron y Harry.

- Van a ayudarnos en contra del Innombrable –explicó Hermione sonriendo.

- Y tu estás feliz de que Vicky halla vuelto, ¿verdad? –preguntó con malicia.

 

A Hermione se le borró la sonrisa.

 

- ¿Qué habrá en el tercer piso? –preguntó Harry para aminorar la tensión del ambiente.

 

Hermione no dijo nada.

 

- Podríamos ponernos la capa de tu padre y...

- Primero, ya estamos grandes y no entramos los tres debajo de la capa y segundo, no me interesa.

- ¿QUÉ? –gritaron Ron y Hermione, sin poderlo creer.

- Miren, todo muy divertido pero he venido a estudiar, jugar Quidditch y pasarla bien. Si quieren meterse en problemas es cosa de ustedes. No pienso gastar ni un solo segundo de mi tiempo en meter mi nariz donde no me llaman.

- Harry tiene razón –dijo Hermione-, es mejor que dejemos las cosas así. Además, este año, tendremos que estudiar como condenados si es que queremos ser Aurors y entrar en la Orden.

 

Tres días después, Harry escuchó que alguien se quejaba en el baño de varones, entró y se encontró con Malfoy que estaba casi llorando.

 

- ¿Qué te sucede?.

- Me arde... me quema... no la soporto más...

- Déjame ver.

 

Draco le mostró su brazo izquierdo, tenía tatuada una enorme calavera negra y, de la boca de esta, salía una serpiente.

 

- Es la señal, nos está llamando –le decía.

- Tal vez Lupin o Úrsula sepan que hacer.

- No... no puedo... ellos lo sabrían.

- Ya lo saben, yo les conté a Lupin y a los demás todo lo que ocurrió el día que mataron a Dumbledore.

 

Ambos corrieron por los pasillos hasta que llegaron a la gárgola (que todavía representaba a un fénix) y en ese momento vieron que la estatua se movía y que, detrás de ella, salía la profesora McGonagall.

 

- ¿Qué hacen aquí? –preguntó la profesora.

 

Harry le explicó brevemente lo que ocurria y McGonagall los dejó pasar. Tocaron a la puerta del despacho de Lupin y él los hizo pasar.

 

- ¿Qué sucede?.

- Es la marca de Draco, lo están llamando –le explicó Harry.

- Tal vez podamos aminorar ese terrible dolor cambiando la marca.

- ¿Puede hacer eso? –le preguntó ansioso.

- Tengo que consulta algunos libros, pero creo que le puedo dar una solución. Indudablemente es magia negra.

 

Draco, como siempre, se quejaba y quejaba. Dos días después, Lupin los llamó.

 

- Extiende el brazo –le dijo Lupin.

- ¿Qué va a hacerme? –preguntó Draco asustado.

- No te lo voy a amputar. Extiéndelo.

 

El muchacho extendió el brazo y Lupin puso su varita sobre la marca, estuvo pronunciando palabras ininteligibles por un buen rato y, de repente, la marca comenzó a cambiar. Primero se convirtió en una mancha negra y luego le fueron creciendo alas.

 

- Dentro de unas horas ya no te dolerá más –le dijo el profesor.

 

Draco y Harry salieron, de la oficina, muy contentos.

 

- ¿En qué crees que se transforme? –le preguntó Draco.

- Pues tiene alas, así que puede ser una lechuza, un hipogrifo o...

- Espero que no sea un hipogrifo –lo interrumpió.

- Son criaturas increíbles.

- ¡Me atacó uno! –dijo indignado.

- Te atacó porque no escuchaste las indicaciones de Hadrid.

 

Estaban bajando las escaleras hacia el Gran Salón cuando a Harry comenzó a dolerle la cicatriz otra vez. Calló rodando los últimos tres escalones y quedó acurrucado en el suelo.

 

- ¿Qué hago?. Dime que debo hacer.

 

Harry no le respondía, sólo se quejaba. En ese momento Hermione salió del salón y vio a Harry en el piso y a Draco a su lado, de inmediato pensó lo peor.

 

- ¿QUÉ LE HICISTE? –gritó.

- Yo no le hice nada, lo juro. Estábamos bajando las escaleras y le comenzó a doler la cicatriz.

- Creo que lo sabe –dijo Harry entre gemidos-. Sabe que... que cambiamos la marca... esta furioso... en verdad... lo está.

- ¡Mi madre está en peligro! –se asustó Draco.

- Sube y habla con Lupin... que... que manden a los Aurors a buscarla y... que la traigan... aquí. Es el lugar mas seguro para ella.

- ¿Estarás bien?.

- No te preocupes por mí... ve y... ayuda a tu... madre.

- Yo me quedaré con él –le dijo Hermione a Draco.

 

El muchacho subió las escaleras como alma que lleva los mil demonios, llegó a la gárgola, pero no sabía la clave para poder pasar. Tuvo suerte porque en ese momento Lupin salió detrás de ella.

 

- Draco, ya te dije que tienes que tener paciencia...

- Es Harry –lo interrumpió-, dice que tenemos que buscar a mi madre y traerla aquí, está en peligro.

- ¿Cómo lo sabe?.

- Le comenzó a doler otra vez la cicatriz y dijo que el Innombrable estaba furioso, que sabe que cambiamos la marca.

 

Lupin dio vuelta sobre sus talones y se dirigió nuevamente a la gárgola.

 

- PLUMAS DE AZUCAR –grito.

 

La gárgola se corrió y pudo verse la escalera que iba a la oficina del director. Lupin y Draco subieron. Entraron y se acercaron a la chimanea.

 

- Toma el polvo Flu que está en esa vasija y ve a buscarla –dijo Lupin rápidamente-, si va alguno de nosotros no querrá venir.

- Eso es verdad.

- Los espero aquí.

 

Draco tiró un puñado de polvo en la chimenea.

 

- Mansión Malfoy –dijo mientras desaparecía.

 

Media hora después Narcisa Malfoy estaba instalada cómodamente en las mazmorras de los de Slytherin.

 

 

CAPITULO 08: EL PENSADERO

 

            Hacía una semana que habían empezado las clases y, como siempre, los cuchicheos cada vez que Harry pasaba por al lado de un grupo de alumnos, el muchacho estaba tan acostumbrado que no les prestaba atención.

 

            Había recibido una nota del director y debía presentarse a las nueve de la mañana en su despacho para comenzar con las clases privadas de defensa. Llegó diez minutos antes de la hora señalada, se paró frente a la gárgola y dijo:

 

            - ¡Luna rellena de azúcar!.

 

            La gárgola se corrió y subió la escalera en espiral. Llegó a la puerta y golpeó, pero nadie respondió. Entró directamente bajo la mirada de los ocupantes de los retratos, todos ellos antiguos directores de Hogwarts.

 

            En el escritorio del director había una vasija con runas, la reconoció enseguida, sabía que era un pensadero. Harry se acercó y no pudo resistirlo más, tomó su varita y la poso en él, el liquido plateado que contenía comenzó a girar y, unos segundos después, se vio en los jardines de Hogwarts, el sol brillaba cuando una muchacha de enormes ojos verdes y pelirroja, iba seguida de cerca por un muchacho de enmarañados cabellos negros y anteojos, parecía que intentaba convencerla de algo sin éxito; unos pasos mas atrás iban hablando casi en un susurro dos muchacho: uno con melena negra y ojos grises, muy bien parecido; el otro con cabello corto y rubio, parecía no encontrarse muy bien de salud. Harry supo de inmediato que eran sus padres y Sirius con Remus.

 

            - Oh, vamos Evans, no seas así. Ven al baile conmigo –se pasó la mano por el pelo y lo dejó todo despeinado.

            - Te dije que no. Eres un arrogante y despreciable estúpido. Además ya tengo con quien ir.

            - ¿Ah, sí? –replicó James con una sonrisa burlona.

            - Sí –afirmó Lily.

            - ¿Con quien vas?.

            - Un momento –dio media vuelta y quedo mirando a Sirius y a Remus, luego dijo-. ¡Eh, Remus!, ¿tienes con quien ir al baile?.

            - No pero...

            - ¿Quieres ser mi pareja? –lo interrumpió.

            - Bueno... eh... yo... yo no sé –respondió muy nervioso.

            - Por mi no hay problema –le dijo James a su amigo.

            - Bueno... en... en ese caso está bien... yo... yo voy contigo.

            - ¡Perfecto! –exclamó Lily con una enorme sonrisa y se fue rumbo al colegio.

 

            Cuando ella estuvo lo suficientemente lejos como para no escucharlos James bramó:

 

            - ¿CÓMO PUDISTE HACERME ESTO?.

            - ¿Qué? –preguntó confundido-, si... pero... pero si me dijiste que no había problema.

            - ¿QUÉ QUERIAS QUE TE DIJERA ENFRENTE A ELLA? –gritó James poniéndose colorado por la cólera contenida.

            - Bue... bueno... yo... yo lo siento mucho James –estaba en verdad muy consternado-, yo... yo no lo pensé... como dijiste... bueno, lo siento... no... no volverá a pasar.

            - POR SUPUESTO QUE NO VOLVERA A PASAR –continuaba gritando James-, PORQUE LA PROXIMA VEZ OLVIDARE QUE SOMOS AMIGOS, TE LO JURO.

 

            James fue también hacia el colegio dejando solos a Sirius y a Remus.

 

            De repente Harry se vio en las puertas del colegio. Snape seguía a su madre muy de cerca.

 

            - ¿Lilian?.

            - ¡Hola Severus!.

            - ¿Tienes con quien ir al baile?.

            - Sí.

            - Vas con Potter, ¿verdad?.

            - Pues te equivocas, voy a ir con Lupin.

            - ¿Rechazaste a James? –preguntó sorprendido.

            - No aceptaré una invitación de su parte hasta que no se comporte como un hombre.

            - Pues has hecho muy bien –dijo complacido.

            - Eso te encanta, ¿verdad?. Siempre estás gozando con el dolor ajeno –le dijo de mala manera.

            - Mira yo...

            - Si continuas así terminaras quedándote solo. Eres muy malo, ¿lo sabías? –dijo interrumpiéndolo.

            - No lo soy siempre.

            - Sí que lo eres.

 

            Dicho esto, Lilian subió las escaleras y Severus quedó mirándola como pensando en lo que ella le acababa de decir.

           

            Ese pensamiento se borró y apareció otro, Remus y Lily caminaban en los jardines bajo la luz de la luna y estaban muy bien vestidos, se escuchaba música de fondo por lo que Harry dedujo que era la noche del baile.

 

            - ¿Te agrada James?.

            - Mmmm, no sé, algunas veces sí y otras no. Detesto cuando se comporta como un patán.

            - Creo que lo hace para llamar tú atención.

            - ¿De veras?.

            - Está loco por ti.

           

            Harry vio que a pocos metros estaba su padre escondido tras unos arbustos escuchando toda la conversación.

 

            - Ya lo sé… ya lo sé… -dijo Lily-, si se comportaría como un adulto.

            - Ninguno de nosotros lo es –aclaró Remus.

            - Sí, pero tú eres el único que vale la pena.

 

            Harry se volvió a ver James que tenía el rostro desfigurado del resentimiento, había sacado la varita y estaba seguro que, si la conversación seguía mas, la utilizaría contra Remus.

 

            - No seas tan injusta. James es capaz de hacer cualquier cosa por ti –lo defendió-, tal vez si le hicieras un poco de caso se comportaría mejor. Lo único que hace todo el día es hablar de ti, de lo linda e inteligente que eres.

 

            - ¿Con quién vino James?.

            - No tengo la menor idea, desde que me pediste que fuera tu pareja de baile no me dirige la palabra.

            - Temía eso, es tan inmaduro. ¡Por las barbas de Merlín! –exclamó disgustada.

 

            Los dos fueron caminando hacia el colegio seguidos de cerca por James.

 

            Ese pensamiento se desvaneció y apareció otro. Sus padres caminaban por una calle. Harry calculó que tenían unos veinte años cada uno. Su madre tenía un bebé en brazos.

 

            - Quiero tener seis niños –declaró James.

            - ¡Estás totalmente loco! –replicó Lily-. Un niño más es suficiente, solamente para que Harry tenga un hermanito, así no crecerá solo pero para eso hay tiempo, ¿no?.

           

            <<¿Tiempo? –pensó el muchacho-. Yo debo tener unos meses. No hay tiempo>>.

 

            Se escuchaba un atronador ruido que se acercaba y luego una voz conocida que gritaba:

 

            - ¡EY, POTTERS, UN MOMENTO, ESPÉRENME!.

 

            Harry se dio vuelta y casi ríe a carcajadas, su padrino parecía un músico de Heavy Metal, tenía botas de cuero con punteras de metal, guantes de motociclista sin dedos, pantalones muy ajustados, campera también de cuero, los cabellos muy largos, una bincha que le cubría la frente, barba de unos tres días y una enorme moto de color gris metalizado. Lily y James se detuvieron a esperarlo. Sirius se bajó de la moto con una enorme sonrisa.

 

            - ¿Paseando a mi ahijado?.

            - Necesita tomar un poco de aire fresco –dijo Lily.

            - Es tan lindo.

            - Sí, igual a mí –dijo James.

            - ¡Oh, por todos los cielos! –se quejó Sirius-. ¡Que engreído!.

 

            Los tres rieron.

 

            - Dame a Harry –pidió Sirius.

           

            Lily le dio al bebé.

 

            - ¡Pero que bebé más simpático! –dijo Sirius poniendo voz de tonto, le hizo cosquillas en la panza con la punta de los dedos y el niño rió a carcajadas-. Tu padrino te adora, ¿lo sabías?.

 

            A Harry se le cayeron unas lágrimas. Le hubiera gustado decirle que también lo quería pero Sirius estaba muerto, ya era tarde, nunca tendría la oportunidad.

 

            - ¿Cuándo vas a tener tus propios hijos? –preguntó Lily.

            - No sé, primero no tengo tiempo, ya saben, las giras con el grupo y todo lo demás, segundo no tengo con quien tenerlos.

            - ¿Cómo que no tienes con quien tenerlos?. ¿Y Alexandra?.

- Tercero ya tengo una responsabilidad con el de ustedes –dijo para no contestar a la pregunta de Lily y, luego, le cerró un ojo a James.

            - ¿El nuestro? –Lily frunció el ceño.

            - Bueno... eh... yo... –James estaba nervioso.

            - ¿Qué significa eso? –preguntó furiosa.

            - Es que le hice prometer a Sirius que cuidará de Harry si algo malo nos pasa.

            - Una promesa inquebrantable –dijo Sirius solemnemente, poniendo una voz que a Harry le hizo recordar a Percy.

            - ¿QUÉ? –gritó Lily.

            - Mira Lily, ninguno tiene la vida comprada –explicó James-, tal vez vivamos ciento ochenta años, pero si algo nos sucede quiero tener la certeza que alguien se va a encargar de Harry.

            - ¿Por qué justamente Sirius?.

            - Porque no confío en nadie más, es mi mejor amigo y muy responsable.

            - ¿Responsable? –dijo con sarcasmo-, no lo puedo creer.

            - ¡Ey, un momento! –replicó Sirius indignado-. Soy responsable cuando tengo que serlo.

 

            Luego vio la cocina del número doce Grimmauld Place. Su padrino estaba sentado a la mesa, tomando una cerveza de manteca y Lupin a un costado, parado junto a la chimenea. Sirius parecía muy triste.

 

            - Sé que es difícil, Sirius.

            - Mas que cualquier otra cosa. ¿Sabes lo que quisiera?.

            - Me lo imagino.

            - La vida da muchas vueltas, ¿verdad?.

            - Y que lo digas.

            - Ya está grande, ¿verdad? –dijo su padrino.

            - Sí, unos años más y será mayor de edad.

 

            Sirius sonrió.

 

            - Podrá venir a vivir conmigo –dijo muy entusiasmado-. Ya no estaré solo.

            - Pronto terminará el colegio.

            - El colegio... el colegio... –dijo como pensando en voz alta-. Me han dicho que es muy buen estudiante. McGonagall está orgullosa de tenerlo en Gryffindor, es su favorito pero nunca va a decírselo.

            - Cualquiera estaría orgulloso del muchacho. Fíjate que hacer un patronus corpóreo a su edad –dijo Remus con orgullo- y yo se lo enseñé.

 

Harry sintió que alguien lo tomaba del hombro y le decía:

 

- Vamos Harry, es hora de empezar con la lección.

 

De inmediato se puso todo negro, sus pies chocaron contra el suelo y rodó sobre su espalda.

 

 

CAPITULO 09: RECUERDOS DEL PASADO

 

            Cuando abrió los ojos se encontró con el rostro de Lupin muy cerca del suyo. Esperaba que el director estuviera furioso, igual que aquella vez que Snape lo encontró husmeando en el pensadero, pero se equivocó.

 

            - ¿Estás bien Harry?.

            - Sí, creo que si –se sentía mareado y confundido.

            - Levántate, tenemos que comenzar con la lección. Lamento haber llegado tan tarde pero tuve que acudir al cuarto piso pues Peeves estaba haciendo de las suyas. Ese poltergeist es una pesadilla.

 

            El muchacho se levantó lentamente y se sentó en una silla cercana.

 

- ¿No está enojado?.

 

Lupin sonrió.

 

            - ¿Por qué habría de estarlo?. A diferencia de Snape, yo no tengo nada que ocultar.

- Vi… bueno… vi un montón de cosas –dijo algo nervioso.

- ¿Sí? –preguntó interesado-. Puede ser, ese era el pensadero de Dumbledore, o sea que todos los miembros de La Orden lo utilizaron.

- ¿Quiere decir que aquella vez en que vi como Sirius y mi padre torturaban a Snape...?, bueno, sabía que era de Dumbledore pero...

- Pero luego llegaste a la conclusión que en realidad no era de él sino de Snape, ¿verdad? –lo interrumpió.

- Así es.

- Mira, los pensaderos no son objetos muy comunes, no hay un pensadero para cada mago, ¿entiendes?. Nosotros le pedíamos el pensadero a Dumbledore cuando necesitábamos extraer pensamientos en los que no queríamos que los demás hurgaran.

- ¿Por eso Snape lo tenía cuando me daba clases de Oclumancia?. ¿Se sacaba pensamientos que no quería que yo viera?.

- Pero esa vez le salió el tiro por la culata.

- Exactamente.

- En este pensadero pueden haber pensamientos guardados de muchas personas. Los que sabemos usarlos sólo buscamos y revisamos nuestros pensamientos sin meternos en los de los demás. Pero tú, seguramente, viste los de muchas personas ya que no sabes como usarlo, al menos no lo sabes todavía.

            - Ahora entiendo ciertas cosas.

            - ¿Por ejemplo?.

            - Pues… era como que… -no sabía muy bien como explicarse- bien… es que habían pensamientos que no parecían suyos y otros que sí.

            - Mmm… bien… si... si... –dijo como pensando en voz alta, luego se dirigió a Harry-. ¿Necesitas preguntarme algo de lo que viste?.

            - No pero… ¿Puedo entrar otra vez? –preguntó entusiasmado.

            - Cuando quieras.

 

            Harry salió de la oficina del director corriendo hacia la torre de Gryffindor, ansioso de contarles a sus amigos lo que había visto en el pensadero.

 

 

CAPITULO 10: COSAS IMPORTANTES

 

            Faltaban ocho semanas para la navidad y Lupin había organizado un baile para los que se quedarían en el colegio en las vacaciones. La mayoría decidió quedarse porque hacía mucho tiempo que no había un evento semejante.

 

            Harry estaba más obsesionado que nunca con el estudio, se la pasaba metido todo el día en la biblioteca o en la sala común y eso preocupaba a Ron.

 

            - Bueno, yo estoy feliz con la actitud de Harry –dijo Hermione mientras sacaba un libro de uno de los estantes de la biblioteca y volvía a sentarse junto a Ron-, ya es hora que tome el estudio con seriedad y tú tendrías que hacer lo mismo.

            - Yo estudio –se defendió Ron.

           

Hermione se limitó a mirar a Krum que, para no variar, estaba rodeado de chicas que le pedían autógrafos.

 

            - No te puedes sacar de la cabeza a Vicky, ¿verdad?.

            - Estoy contigo, ¿no? –espetó furiosa-. Deja a Viktor en paz.

            - Harry está raro –dijo cambiando de tema rápidamente.

            - ¿A qué te refieres?.

            - Pues ya casi ni me habla… tampoco me mira a la cara.

            - Tal vez tenga algún problema.

            - ¿Crees que sea con Ginny?.

            - Mmmm… puede ser.

           

            Harry, mientras tanto, iba pasando por las estanterías y miraba los libros.

 

- Accio –decía mientras señalaba uno de ellos y este volaba directo a su mano.

 

Los otros muchachos que estaban cerca se asombraban.

 

- ¿Viste eso? –decía uno de ellos.

- ¡Increible!.

- Hizo un accio sin la varita.

 

Harry sonreía. Cuando llegó a la mesa, en donde estaban estudiando Ron y Hermione, ya llevaba en sus brazos no menos de cinco libros de artes oscuras, pociones y algunos de otras materias.

 

            - ¿Dónde estará la moto de Sirius?. Debe tenerla Hadrid en algún lugar –dijo Harry con sumo entusiasmo.

 

            A la mañana siguiente y después de desayunar, los tres amigos fueron rumbo a la cabaña de Hadrid, tuvieron que esperarlo durante una hora ya que estaba dando clases en los límites del bosque. Dieron un paseo con Fang mientras Hadrid despedía a los alumnos de segundo año.

 

            - ¡Hola muchachos!. ¿Quieren tomar un té?.

            - Sí, gracias –respondió Hermione.

           

            Los cuatro, acompañados por Fang, entraron en la cabaña. Hadrid les sirvió unas enormes tazas de té con unas galletas que los chicos no probaron, ya que eran entendidos en las artes culinarias de él, la comida era espantosa.

 

            - Bien, ¿a qué debo la visita?.

            - Queríamos preguntarte algo –le dijo Hermione.

            - ¿Qué?.

            - ¿Dónde esta la moto de Sirius? –le preguntó Harry.

           

            Hadrid sonrió.

 

            - ¿Quién te dijo que la tenía?.

 

            Los tres amigos se miraron sin responder, si le decían la verdad Hadrid se enteraría que estuvieron escuchando la conversación que había tenido hacía años atrás con Fudge y los otros.

 

            - Eso no viene al caso –se atajó Harry-. Sólo sé que Sirius te la dio.

            - Mmm... bien... es verdad, Sirius me la dio.

            - ¿Y bien?.

            - ¿Y bien qué?.

            - ¿Dónde está?.

            - Está bien... pero no te la pienso dar hasta que no cumplas la mayoría de edad.

            - Ya soy mayor.

            - Sí, pero no para los muggles, ¿quieres que te multen por andar por ahí sin licencia?.

            - Oh, seguro, no lo había pensado. Pero igual yo no la quiero usar, sólo quiero verla.

            - Mmm... bueno. Vamos afuera.

 

            Los tres siguieron a Hadrid hasta un cobertizo que este tenía en la parte de atrás de la cabaña. Abrió las puertas de madera, adentro había un enorme bulto tapado con una tela que parecía verde aunque no se distinguía bien el color por estar cubierta por una enorme capa de polvo.

 

            - No la he usado desde que te llevé con los muggles –aclaró Hadrid mientras quitaba la sucia tela.

            - ¡Oh! –exclamaron Ron, Hermione y Harry.

            - ¡Es enorme! –dijo Hermione.

            - ¡Es hermosa! –se maravilló Ron.

            - ¡Es perfecta! –culminó Harry con una enorme sonrisa.

 

            Y en verdad era esas tres cosas juntas, parecía ser uno de los primeros modelos de Harley Davison, era gris metalizada y daba la impresión de invitar a la aventura a todo el que la observara. Ahora, Harry, no sólo tenía una Saeta de Fuego, la escoba de competición más veloz del mundo (el mejor regalo que había recibido en su vida, el que le había hecho su padrino un año antes de morir) sino que ahora también sería el feliz poseedor de la moto de Sirius. Esto era más de lo que él podía pedir, un año más y sería el propietario de un vehículo que más de uno mataría por tener. Pero luego lo invadieron sentimientos horribles, ¿llegaría a usarla?, ¿viviría un año más o moriría antes?. El rostro de Harry se entristeció. Los tres amigos se despidieron mientras Hadrid tapaba la moto y cerraba las puertas del cobertizo. Dos horas después de una intensa clase de Defensa contra las Artes Oscuras llegaron a la sala común. Ron fue a la habitación de los muchachos para quitarse la túnica y Harry se sentó en la sala.

 

            - ¿Qué te sucede? –le preguntó Hermione.

            - ¿A qué te refieres?.

            - Ron dice que estás distante, que casi ni le hablas y que no lo miras a la cara.

 

            Harry tragó saliva.

 

            - Si me lo cuentas a lo mejor pueda ayudarte.

            - Hice algo espantoso –dijo avergonzado-. Bueno, en realidad no lo fue… quiero decir… no se como explicarlo… me gustó pero ahora me siento culpable. ¿Cómo se lo digo a Ron?. Me matará.

            - Lo que hiciste, ¿tiene que ver con Ginny? –preguntó con una sonrisa cómplice.

            - ¿Cómo lo sabes?.

            - Ella me lo contó.

            - ¿QUÉ? –gritó indignado.

            - Vamos, Harry, tú sabes que soy su confesora y la que le doy consejos. Ella confía plenamente en mi –dijo de lo más tranquila-. Lo que sientes no se te quitará a menos que hables con Ron.

            - ¿Estás loca?, si se lo cuento me mata.

            - Bueno, él sabe que amas a Ginny y que jamás le harías ningún daño.

            - Sí, pero...

            - Deberías hacer la prueba, tal vez te lleves una sorpresa.

 

            Ron bajó las escaleras en ese momento y Hermione subió a la habitación de las chicas para dejarlos solos.

 

            - Tengo que hablarte –le dijo Harry.

 

            Ron se sentó a su lado.

 

            - Te escucho.

            - Yo no sé como decirlo... es que... es que...

            - Es que te remuerde la conciencia por haber hecho lo que hiciste.

 

            Harry lo miró con los ojos como platos.

 

            - ¿Crees que soy idiota?. Me di cuenta en cuanto salieron de la casa.

            - Pero...

            - Te faltaba la faja y el moño, nadie se desviste para hablar del futuro.

 

            Los dos quedaron en silencio un rato.

 

            - ¿No estás enojado?. Creí que me matarías.

            - No porque… bueno, ahora tendrás que casarte con ella.

            - ¿Cómo?.

            - ¿No pretenderás librarte después de lo que hiciste?.

 

            Harry no esperaba eso.

 

            - Ya sabes que yo...

            - Ya sé y por eso te he perdonado ciertas cosas. Además no puedo culparte cuando yo... –y se interrumpió al darse cuenta que iba a decir algo que lamentaría.

            - ¿Lo hiciste con Hermione? –preguntó sorprendido.

 

            Ron asintió con un movimiento de cabeza.

 

            - ¿Cuándo?.

            - La mañana posterior a la boda, todos dormían profundamente y... y... lo hicimos en el living.

 

            Harry comenzó a reír a carcajadas.

 

            - No te rías –dijo avergonzado.

            - Bueno, ahora ambos vamos a tener que casarnos, ¿no te parece?.

 

            Ron también rió.

 

 

CAPITULO 11: SIRIUS EN EL ESPEJO

           

            A la mañana siguiente Hermione estaba feliz. El desayuno fue de locura. Todos se pusieron muy contentos cuando Lupin anunció que fue electo director de Hogwarts. Trevor volvió a escaparse así que Neville se la pasó gateando debajo de las mesas para poder atraparlo mientras todo el mundo se reía de él, hasta que a Malfoy se le ocurrió una idea.

 

            - Deja que te ayude.

            - No... no... deja a mi sapo –le dijo Neville muy nervioso.

            - No seas tan llorón –rió Draco apuntando al sapo con su varita-. ¡Petrificus Totalus! –dijo mientras el animalito se quedaba muy quieto.

            - ¡Gracias Draco! –exclamó Neville.

            - De nada y, la próxima vez, piensa en un hechizo para inmovilizar al sapo en vez de estar en cuatro patas por debajo de todas las mesas.

            - Sí, seguro, eso haré.

 

Krum se sentó un rato en la mesa de Slytherin y luego volvió a la de Gryffindor.

 

            - ¿Cuál es tu problema con Krum? –preguntó Harry.

            - Su presencia me pone nervioso. Mira nada más como se ríe y le hace caritas a Hermione.

            - No pasa nada. La confianza es la base de toda relación.

            - Ya lo sé pero aun así.

           

A la salida del Gran Salón, Malfoy volvió a cruzarse con Hermione y Ron.

 

            - Oye, Weasley, no deberías juntarte con esa sangre impura.

            - Retira lo dicho –dijo Ron apuntando a Draco con su varita.

            - No retiro nada, digo lo que se me pega la gana.

            - Tú te lo buscaste –Ron hizo un movimiento con la varita y Malfoy quedó patas arriba, suspendido en el aire.

 

            Harry salió del salón en ese momento y se acercó a Ron.

 

            - Suéltalo, Ron.

- Como quieras –y con un movimiento de su varita, Malfoy calló al suelo.

 

            Minutos después, Harry y Ginny hablaban en la sala común.

           

            - Te presto este libro –le dijo ella.

            - Ah, que bien –dijo Harry sin darle mucha importancia.

            - Busca en el capítulo de los espejos. Creo que hallarás algo muy interesante.

           

            Ella le dio un tierno beso en la mejilla y él se ruborizó.

 

            - Ya sabes que puedes contar conmigo.

            - Sí, lo sé.

 

            Ella fue al cuarto de las chicas. Hermione entró y se sentó junto a Harry.

 

            Harry leyó el libro y se detuvo en el capítulo de los espejos. En una de las primeras frases decía: “Algunos creen que los espíritus se comunican a través de ellos o que pueden atrapar el alma humana y deben cubrirse cuando alguien acaba de morir”.

 

            - El espejo que me dio Sirius estaba tapado –pensó en voz alta-. ¿Qué tal si el de él no lo estaba cuando murió?. ¿Si estuviera tratando de comunicarse de alguna manera?. ¡Oh, por las barbas de Merlín! –exclamó de repente-. Tú eres muy buena para el hechizo “reparo”, ¿verdad? –le preguntó a Hermione.

            - Sí, pero... –Harry no la dejó terminar de hablar.

            - Ahora vengo –dijo el muchacho que corrió por las escaleras hacia la habitación de los chicos y en menos de un minuto estuvo devuelta con algo envuelto en una tela negra.

            - ¿Qué es?.

            - Es un espejo doble, Sirius tenía el otro –le explicó rápidamente-. Necesito que lo dejes como nuevo.

            - Harry, no creerás...

            - ¡Por favor, sólo repáralo!.

            - Está bien –tomó la varita y apuntó a la tela negra-. Reparo –dijo ella y se escuchó un leve CRASH.

           

            Harry abrió la tela y comprobó que el espejo estaba como nuevo. Esta vez no le hizo falta llamar a Sirius, pues lo vio de inmediato.

 

            - ¡POR LAS BARBAS DE MERLIN! –se escuchó la atronadora voz de Sirius gritando desde el espejo-. ¿DÓNDE ESTABAS?.

 

            Harry casi suelta el espejo de la emoción y Hermione ahogó un grito.

 

            - ¿Dónde estás? –le preguntó Harry, temblando.

            - Eso es lo que quisiera saber, no puedo salir de aquí. ¿Por qué no me contestabas?.

            - Es... bueno... el espejo que me diste se me había roto y recién ahora Hermione lo acaba de reparar.

            - Esta bien –no parecía disgustado con Harry-. Tienes que ayudarme.

            - Te llevaré con Remus.

            - Llévame con quien quieras pero sácame de aquí.

 

            Harry y Hermione salieron corriendo de la sala común rumbo al despacho del flamante director, en la entrada una gárgola de un hombrelobo reemplazaba a la del fénix.

 

            - Patas de cabra –dijo Harry y de inmediato la gárgola se corrió y dejó ver la escalera en espiral.

 

            Él y Hermione llegaron en menos de un segundo y tocaron a la puerta.

 

            - Entre –dijo la voz de Lupin desde adentro y ambos entraron.

           

            Lupin se asustó al verlos tan alterados.

 

            - ¡Que sucede!.

            - Es Sirius, lo encontré –explicó Harry jadeando.

            - Parece que está vivo –dijo Hermione que también jadeaba.

            - ¿De qué están hablando?.

            - Mira –dijo Harry dándole el espejo-, ahí está.

 

            Lupin cayó sentado en el sillón del escritorio al ver la cara de Sirius en el espejo.

 

            - ¡Hola viejo amigo! –lo saludó-. ¿Sabes?, tengo un pequeño problemita. No sé dónde estoy ni como salir de aquí. Lo único que recuerdo es que Bellatrix me aturdió y luego aparecí en esta nada. Trato de ir a la luz pero no puedo entrar y lo mismo sucede cuando intento ir hacia el otro lado. Estoy atrapado aquí. ¿Puedes ayudarme?.

            - Lo intentaré, pero no vayas hacia la luz, si entras en ella no podré hacerte volver.

            - Cómo digas, pero apúrate, ¿sí?.

            - Bien... bien... –dijo pensando-, tengo que consultar unos libros pero creo que podremos sacarte de ahí.

            - ¡Gracias a todos los cielos! –exclamó Sirius-. Tener un traga libros de amigo trae sus recompensas.

 

            Remus sonrió mientras le daba el espejo a Harry. Se levantó y fue a la enorme biblioteca que había en el despacho, sacó unos cuantos libros y los comenzó a leer como si de ello dependiera su vida.

 

            - Ustedes vuelvan a sus actividades –les dijo a los muchachos-. Yo los llamaré cuando tenga una solución. Hablaré con los otros profesores, tal vez ellos sepan que hacer.

 

 

CAPITULO 12: AMISTAD Y AMOR

 

            Después de un tiempo Harry le pidió permiso a Lupin para volver a meterse en el pensadero y él accedió. Unos momentos después de posar su varita en el liquido plateado se encontró con Sirius y Lily que estaban estudiando en la sala común. James llegó y se sentó en el sillón que estaba junto a la chimenea. Todavía llevaba puesta la túnica de Quidditch y estaba agitado.

 

            - No se dan una idea de la atrapada que hice –decía jadeando y dándose importancia-. Resulta que... –pero se interrumpió al darse cuenta que ninguno de ellos le estaba prestando atención.

            - No Lilian, deja –dijo Sirius con disgusto. Ella había tachado algo en el pergamino de él.

            - Es que está incorrecto –se excusó.

           

            Harry sonrió, la actitud de su madre le hizo recordar a Hermione, sólo que Ron y él no se enojaban cuando ella corregía sus deberes.

 

            - ¿Podrías dejar de meter tu nariz de sabelotodo en mi tarea?.

            - No puedo –contestó testaruda-. ¿Quieres sacarte una T?.

            - ¡Nunca me he sacado una T! –exclamó indignado.

            - ¡Déjalo en paz! –dijo James mientras sacaba la Snitch de uno de los bolsillos de su túnica.

 

            Lily lo miró con cara de pocos amigos.

 

            - Ya que terminaste la práctica, Potter, ¿por qué no te pones a estudiar?.

            - Porque no tengo ganas –respondió estirándose y bostezando ruidosamente mientras se ponía a jugar con la Snitch.

           

            <<¡Ahí va otra vez! –pensó Harry-. Mi padre era un idiota>>.

 

            - ¡Devuelve esa estúpida Snitch! –chilló Lily.

            - Evans... Evans... –dijo despreocupadamente-, ya te lo dije, haré lo que me pides si sales conmigo.

            - ¡No lo haré!.

            - ¡ENTONCES DEJAME EN PAZ! –le gritó.

 

            A ella se le llenaron los ojos de lágrimas, tomó los libros y corrió a la habitación de las chicas. Sirius estaba furioso.

 

            - ¡La hiciste llorar!. ¡Eres un cocinado imbécil!. ¿Cómo quieres que ella se interese en ti con lo grosero que eres?. Ah, y luego, te enfadas cuando va al baile con otro.

            - No me lo recuerdes.

            - Te lo recuerdo porque eres el culpable de muchas cosas. Compórtate como un hombre. Pídele perdón a Lily y vuelve a hablar con Remus.

           

En ese momento llegó Lupin, se acercó a él y le quitó la Snitch de las manos.

 

            - ¡EY! –gritó.

            - Me figuré que la tenías tú. Hace treinta minutos que Madame Franks la está buscando, los de Slytherin no pueden practicar.

 

            Remus ignoró la cara de odio de James. Nuevamente todo se puso negro y Harry se vio en una fiesta.

 

            - ¡Sirius... Sirius... ! –Lupin parecía desesperado.

 

            Sirius pidió disculpas a la chica con la que estaba bailando y dejó de bailar.

 

            - ¿Qué demonios sucede? –preguntó disgustado.

            - Es James –y con un movimiento de cabeza le señaló una mesa cercana.

 

            Harry vio que su padre, que estaba desparramado en una silla, reía sin parar.

 

            - Seguro que le echaron una maldición o le hicieron beber una sobre dosis de Felix Felicis –dijo Sirius pensativamente-, debe haber sido Quejicus.

             - No fue Que... quiero decir Severus.

            - ¿Y quién fue?.

            - James mismo –continuó alarmado-, tomó demasiada hidromiel y está totalmente borracho. Ayúdame a llevarlo a la habitación.

 

            Los muchachos se acercaron.

 

            - Yo lo oí... desgraciado... me... –hipeó y volvió a reír a carcajadas-, me quie... re quitar a Lilian.

            - ¿Quién te la quiere quitar? –preguntó Sirius.

            - ¿Tú quién crees?... Que... jicus. Yo lo escuche hablando con Avery. El muy cre... tino. Ja, pobre infeliz... –continuaba hipeando y riéndo descontroladamente-, piensa que mi Li... Ly le va a hacer caso. Juro... si se acerca a Lily lo ma... to –movía el brazo como si tuviera una varita y quisiera hechizar a alguien.

            - Vamos, James –dijo Sirius tirando de sus brazos-. Necesitas dormir.

           

            Lo arrastraron, literalmente, por las escaleras hasta la torre de Gryffindor.

 

            - Bombón de menta –dijo Remus jadeando, la Dama Gorda meneó la cabeza con disgusto al ver en el estado que estaba James y se corrió para dejarlos pasar.

 

            Creyeron que la sala común estaba vacía, pero se equivocaron.

 

            - ¡Hola muchachos! –dijo Lily.

            - ¿Qué estás haciendo aquí? –preguntaron a coro Sirius y Remus.

            - Oh, es que la fiesta es algo aburrida y Severus se estaba poniendo pesa... ¿Qué le pasa a James? –preguntó preocupada.

            - ¡Holi... ta amor... cito! –hipeó y rió James.

            - Después te contamos Lily, ahora tenemos que meterlo en la cama –dijo Sirius.

            - Se pasó con la hidromiel –explicó Remus.

            - ¡Adio... sito reina de mi co... razón!.

           

            Minutos después Remus y Sirius bajaron a la sala.

 

            - Lily, tienes que hacer algo con él –le dijo Remus.

            - ¿Yo?.

            - Sí, tú. James está cada vez más deprimido. Por lo menos sé su amiga.

            - Él no se merece mi amistad, es un inútil y un idiota. No lo soporto.

            - No es verdad –la corrigió Sirius-. No sé Remus, pero yo me he dado cuenta de como lo miras.

 

            Lily se sonrojó.

 

            - Si él fuera diferente –dijo tímidamente.

            - Él sería diferente si le hicieras caso.

            - Ya te lo dije en el baile, él cambiaría si lo quisieras –dijo Remus.

           

            Todo volvió a quedar oscuro y, de repente, la luz iluminó un living desconocido para Harry. Ahí estaban, en un sofá, sentados sus padres.

 

            - Sabes que quisiera –dijo James.

            - ¿Qué insinúas con eso de que quisieras? –dijo frunciendo el ceño.

            - No puede ser Lily, no podemos casarnos.

            - ¿Por qué? –preguntó con los ojos llenos de lágrimas.

            - No quiero que te quedes viuda.

            - Todos estamos en peligro pero no por eso debes alejarte de mi.

            - Entraré en la Orden y eso implica un riesgo extra.

            - Pues yo también y eso no me hace dejar de amarte.

            - Lily, yo te he amado desde que te vi en el Expreso de Hogwarts. No me digas que no te amo. Si no quiero casarme contigo es sólo para protegerte.

            - Pues para protegerme tendrías que estar a mi lado.

            - No Lilian...

            - NO... –gritó furiosa-. NO TE DESHARAS DE MI TAN FÁCILMENTE, JAMES POTTER. TE LLEVARE AL ALTAR AUNQUE TENGA QUE AMARRARTE DE PIES Y MANOS. ¿ME OISTE?.

           

            James le tomó el rostro con ambas manos y la besó en los labios.

 

            - Tranquila, Lily –le dijo con una sonrisa-. Además, todavía nos faltan unos meses para terminar el colegio.

 

            Ella sonrió y apoyó su cabeza en el pecho de James.

 

            Todo se oscureció mientras los pies de Harry golpeaban el suelo del despacho del director.

 

            - Harry, lamento tener que pedirte que te retires, tú tienes cosas que hacer y yo también –dijo Lupin.

 

            Harry salió de ahí y fue a la sala común.  

 

 

CAPITULO 13: GRYFFINDOR VS SLYTHERIN

 

            Los días pasaban y no tenía noticias del profesor Lupin, aunque la profesora McGonagall le había dicho que estaba trabajando mucho para poder traer de nuevo a Sirius. A todo eso también se sumaban la cantidad de tareas y el partido de Quidditch contra Slytherin, cosa que también lo tenía muy alterado. Ron estaba jugando pésimamente mal. Ginny y Dean peleaban todo el tiempo. Seamus parecía no prestar atención a las indicaciones de Harry.

 

            - Estamos en problemas, si seguimos así perderemos indefectiblemente. ¡Quiero que ganemos, necesitamos ganar, necesito ganar! –se confesó de repente-. La cuestión es que perder contra Slytherin sería desastroso.

            - No te preocupes –dijo Ginny.

            - Ganaremos –agregó Ron.

            - Eso lo veremos, porque estás jugando pésimamente mal –espetó furioso.          

- No soportaría las burlas de los de Slytherin y la risita de suficiencia de Malfoy –culminó Seamus.

            - Bien, confío en ustedes ciegamente, así que háganlo bien.

            - Lo haremos –dijeron a coro.

 

            Todos parecían jugar muchísimo mejor que en la práctica anterior, eso puso contento a Harry ya que pronto sería el encuentro contra Slytherin.

 

Era increíble que existiera tanta paz. La tranquilidad que no existía desde que los fundadores de las cuatro casas eran amigos. Se ayudaban unos a otros con los deberes y nadie se burlaba de los demás, hasta Luna se extrañaba que ya nadie la llamara Lunática.

 

            - No dejaremos la amistad entre las casas gane quien gane, ¿verdad? –preguntó Draco a Harry, después del desayuno anterior a la última práctica de los equipos.

            - Espero que no. La verdad, me aburro sin tus amenazas y tus insultos.

           

            Ambos rieron a carcajadas.

 

            - Sí, es raro, ¿verdad?. Tanta armonía es tediosa.

            - Podríamos tirarnos maldiciones de vez en cuando para romper la rutina.

            - No es mala idea.

 

            Volvieron a reír.

 

            Dos días después, Harry tomó el espejo doble.

 

            - Sirius Black –dijo.

 

            De inmediato la cara de su padrino apareció.

 

            - ¿Sucede algo? –le preguntó preocupado.

            - No, es que hoy juego y quiero que me veas.

            - ¿Eso es todo?

            - Sí, es todo. Te llevaré con Hermione, ella te llevará al campo.

 

Todos iban caminando hacia el estadio de Quidditch. Harry la alcanzó en la entrada.

 

            - Hermione.

            - ¡Hola!.

            - Toma el espejo y llévalo al juego.

           

            Luego Hermione fue a las gradas para ver el partido. Minutos después los equipos entraron a la cancha.

 

            - Capitanes –dijo Madame Hooch-, dense la mano.

 

            Harry y Malfoy se acercaron y se dieron la mano.

 

            - ¡Qué gane el mejor! –dijo Draco.

            - ¡Suerte Draco!.

            - ¡Gracias, igualmente!.

 

            Todos montaron sus escobas y, con el pitido del silbato, remontaron vuelo. Quince minutos después el partido se ponía parejo, Gryffindor ganaba a Slytherin treinta a veinte. Ambos buscadores, Potter y Malfoy, estaban muy concentrados tratando de ver la Snitch. Treinta minutos después, la pequeña bolita alada apareció a unos cien metros de Draco que la empezó a perseguir como si de ello dependiera su vida. Harry viró a la derecha y, pasando por debajo de Ginny y Seamus, siguió de cerca al buscador de Slytherin.

 

- Potter y Malfoy están codo a codo –comentaba desde el megáfono Luna Lovegood-. ¡Qué partido!. Los dos van volando rápidamente hacia el cielo. ¡Oh, Ginny Weasley ha hecho otro tanto!, Gryffindor esta ganando noventa a cincuenta. Potter se adelanta a Malfoy, nadie puede contra una Saeta. ¡Que velocidad amigos... que velocidad!. Ahora los dos buscadores son un punto negro en el firmamen... ¡Cuidado Ginny!.

            - ¡QUE TRAMPOSO! –bramó Sirius desde el espejo.

 

            Crabbe le había dado un batazo en la espalda a Ginny, él alegó que fue sin querer pero Madame Hooch no le creyó ya que la Bludger estaba lejos de ahí.

 

            - ¡PENAL A FAVOR DE GRYFFINDOR! –gritó la profesora.

 

            Seamus Finnigan anotó otro tanto.

 

            - ¡Muy bien!, Gryffindor cien y Sly... ¡Oh, ahí vuelven Malfoy y Potter!... bajan en picada. ¡Oh, Ronald Weasley desvió la Quaffle evitando un tanto de Slytherin!. Espero que Harry y Draco puedan frenar antes de llegar al suelo. Potter va apenas una cabeza más adelante que Malfoy. ¡Esto se pone cada vez mejor!. ¡CUIDADO... CUIDADO... ! –gritó, pero ya era tarde.

 

            Harry y Draco se habían caído al mismo tiempo de sus respectivas escobas y la Snitch había vuelto a desaparecer o, al menos, eso era lo que todos creían. Cuando los muchachos lograron desenmarañarse de sus túnicas, se pararon algo mareados. Malfoy levantó el brazo derecho de Harry, el muchacho había atrapado la Snitch sin siquiera darse cuenta. Se escuchó el silbato y la voz de Madame Hooch que decía:

 

            - ¡Gryffindor gana... Gryffindor gana doscientos cincuenta a cincuenta!.

            - ¡¡¡SIIIIII, BIENNNN HARRY!!! –gritó Sirius desde el espejo.

 

            El estadio bramó en vítores.

 

            - ¡Buen partido, Potter! –exclamó Malfoy.

            - Lo mismo digo.

            - La próxima vez les ganaremos.

            - Eso está por verse.

 

            Ambos se dieron un abrazo y luego se fueron a los vestuarios con sus equipos.

 

            - Jugaron muy bien –les decía Harry-. Estoy en verdad muy orgulloso de ustedes.

            - Tú lo hiciste excelentemente bien –dijo Ron.

           

            En ese momento entró Hermione y quedó paralizada al ver que Ron estaba con el pecho descubierto y todo transpirado.

 

            - Pásame la toalla –le dijo a Ginny.

 

            Ella, en vez de dársela a Ron, se la dio a Hermione.

 

            - Ve –le dijo entre dientes.

 

            Hermione le dio el espejo a ella y luego se acercó a Ron. Harry los miraba de reojo y sonreía.

 

            - Toma –le dijo Hermione a Ron.

- ¿Podrías secarme la espalda?, no llego.

            - Sí, por supuesto –dijo mientras se ponía colorada de la vergüenza.

           

            Ella comenzó a secarle la espalda cuando de repente él volteó y le dio un sonoro beso en los labios. Ginny le secaba el sudor de la frente a Harry y, mientras tanto, él hablaba con Sirius.

 

            - ¡Estuviste fantastico! –dijo sonriendo.

            - ¡Que bueno que te gustó!.

            - Eres mejor que James y eso es mucho decir.

- Creí que Malfoy iba a enfurecerse pero parece que no le importó –continuaba Dean.

            - Todo salió según lo planeado –dijo Ginny.

            - Hablando de planes –recordó Harry-. ¿No teníamos planeado festejar si ganábamos?.

            - Sí, saquémonos las túnicas y vamos a la sala común –dijo Seamus con mucho entusiasmo.

 

            Hacía rato que no había un festejo tan grande, no faltó la comida ni las cervezas de manteca. Lupin, McGonagall y Úrsula no quisieron perderse la fiesta. Sirius, en el espejo, iba de mano en mano. Todos saltaban, cantaban y bailaban. Colin Creevey se la pasó sacando fotos hasta que Ron, ya harto de los flashes, lo mandó a dormir. Por su parte Dennis Creevey, el hermanito de Colin, estuvo pidiéndoles autógrafos a todos los miembros del equipo.

 

            - Estos autógrafos valen Galeons, cuando se los muestre a mis hijos no lo van a poder creer. Les diré, miren muchachos, yo tengo un autógrafo de Harry Potter. Seguramente, para ese entonces Harry estará...

            - Muerto –lo interrumpió Harry.

            - No Harry... no hables así, eso no sucederá.

            - ¿Qué sabes?.

            - Eres muy buen mago.

            - Dumbledore era muchísimo mejor que todos nosotros juntos –dijo Harry en voz alta-, sin embargo, esta... esta... esta muerto.

 

            Toda la sala común había quedado en silencio.

 

            - Yo... bueno... yo iba a decir que tú estarías jugando en un buen equipo de Quidditch, tal vez para la selección nacional –dijo Dennis poniéndose blanco.

            - Por supuesto que sí –agregó Lupin-, tan buen buscador no puede trabajar ni en Gringotts, ni en el Ministerio... no... no sirve en una oficina. Definitivamente tiene que jugar al Quidditch.

            - Ya lo imagino como si lo estuviera viendo –decía la profesora Úrsula-, ¡Harry en un mundial... wow... espectacular!.

 

            Esa noche, Harry tuvo un sueño, Sirius y él estaban sentados en la sala común.

 

            - ¿Por qué no me sacaste de este apestoso lugar?.

            - Es que no sé como.

            - No haz pensado.

            - Sí lo hice –dijo disgustado.

            - Deséalo con todas tus fuerzas, deséalo... deseo... d-e-s-e-o... ¿entiendes?. Dalo vuelta y lo comprenderás. ¡Por las barbas de Merlín!, yo creía que eras más inteligente.

 

           

CAPITULO 14: EL ESPEJO Y EL REGRESO DE SIRIUS

 

            Harry se despertó sobresaltado, salió de la habitación y bajó a la sala común, tuvo suerte porque en ella encontró a Hermione que estaba a punto de irse a dormir.

 

            - ¿Qué sucede? –le preguntó Hermione.

            - Creo que lo sé.

            - ¿Qué es lo que sabes?.

            - Sé como sacar a Sirius del espejo. ¿Recuerdas a la piedra filosofal?.

            - La recuerdo.

            - Sólo bastó mirar en el espejo y, de repente, apareció en mi bolsillo. El espejo que te muestra lo que deseas... d-e-s-e-o... deseo... –dijo como pensando en voz alta-. Eso es, Sirius dijo: “dalo vuelta y lo comprenderás”, es el espejo de Oesed, deseo al revés.

 

            Harry salió corriendo para ver a Lupin, a mitad de camino se encontró con Filch, el celador le llamó la atención y le dijo que lo llevaría a la oficina del director, y él le respondió que le ahorraría el trabajo pues precisamente iba ahí. Llegó a la gárgola del hombre lobo y, jadeante, dijo:

 

            - Monta al hipogrifo.

 

            Un segundo después la gárgola se movió lentamente y Harry pudo ver la escalera en espiral, subió los escalones de dos en dos. Ni siquiera se había percatado que era la una de la mañana y que, quizás, el director estaría durmiendo. Tuvo suerte pues vio luz debajo de la puerta y escuchó voces, eran Lupin y la profesora Úrsula.

 

            - Es mejor que tengas cuidado, no quiero tener problemas por tu culpa –le decía Lupin-. Hadrid me dijo que le faltaban algunas gallinas.

            - ¿Quieres que me muera de sed? –dijo disgustada-. ¿Quieres que comience a atacar a los alumnos?.

- No, claro que no –respondió alarmado.

- Entonces déjame en paz.

 

Harry tocó a la puerta, se hizo un silencio que pareció eterno y luego escuchó la voz del director que decía que pasara.

 

- ¿Cuánto tiempo hace que estás detrás de la puerta? –preguntó nervioso.

- Menos de un segundo –le mintió.

- ¿Qué deseas a estas horas?.

- Creo que descubrí como rescatar a mi padrino.

- ¿De veras? –preguntó más relajado.

- ¡Eso es genial! –se alegró Úrsula.

- ¿Se acuerda de la piedra filosofal?.

- Sí, supe sobre eso –respondió Lupin.

- Pues esa es la clave, sólo tengo que mirarme en el espejo. Hace unos minutos atrás soñé con Sirius y él me decía que la clave estaba en dar vuelta la palabra deseo.

- ¡El espejo de Oesed! –exclamó la profesora.

- ¡Exactamente! –dijo Harry.

- Pero no sé dónde está –dijo Lupin.

- Pues averíguelo.

- Hoy mismo le preguntaré a la profesora McGonagall.

- Sí, por favor.

- Bueno, ahora vete a dormir.

- ¿Cree que voy a poder dormir? –dijo mientras habría la puerta para volver a la torre-. Ah, me olvidaba. Filch dijo que me acusaría con usted por andar por los pasillos a estas horas.

- No te preocupes, yo me encargo de él.

- Bien, hasta más tarde.

- Nos vemos.

 

Esa mañana, después del desayuno, Lupin se acercó a Harry y, disimuladamente, le dijo:

 

- Quinto piso, segundo pasillo, en la séptima aula.

- Correcto.

- ¿De qué estaba hablando? –le preguntó Hermione.

- Ya lo sabrás –le contestó el muchacho.

- ¿Es sobre los Horcruxes?.

- No.

 

Harry se levantó de la mesa y subió al quinto piso, las piernas le temblaban. Encontró el aula a los pocos minutos. Abrió la puerta. El lugar estaba atestado de bancos rotos y pizarras en desuso. En un rincón vio el espejo que estaba tapado por un enorme lienzo, lo quitó y vio su propio reflejo. Unos momentos después volvió a ver la imagen de sus padres pero, esta vez, había alguien más con ellos. Sirius le sonreía.

 

- Dime que hacer –le preguntó a su padrino.

 

Este tocó su pecho y luego señaló a Harry.

 

- ¿El deseo de mi corazón?.

 

Sirius asintió mientras la imagen de él tocaba el hombro del muchacho.

 

- En verdad lo deseo... deseo que vuelvas conmigo. Te extraño mucho padrino.

 

Unos momentos después sintió un peso en su hombro izquierdo y el reflejo de Sirius le habló.

 

- ¡Por fin! –exclamó muy contento.

 

Harry tocó su hombro pero se llevó una sorpresa al comprobar que había una mano. Volvió a mirar el espejo y se dio cuenta que era la de su padrino. Se dio vuelta y parado tras él estaba Sirius.

 

- ¡Hola Harry!.

- Padrino... padrino... –el muchacho lo abrazó-. Te quiero mucho.

- Yo también te quiero.

- Vamos a la sala común, quiero presentarte a mis amigos.

- Sí, pero primero quiero comer algo, estoy que me muero de hambre.

- Mejor no te vuelvas a morir, no podría resistirlo de nuevo.

 

Ambos rieron. Unos minutos después entraron al salón. Hermione ahogó un grito y Ron casi se infarta.

 

- Pero él... él estaba... –dijo Neville asustado.

- No soy un muerto vivo, así que tranquilízate o te haré un petrificus –lo interrumpió Sirius mientras se sentaba y se metía un huevo duro entero en la boca.

- ¿Eres tú? –preguntó una voz femenina.

 

Sirius se dio vuelta y contempló a Narcisa.

 

- ¡Hola prima! –la saludó como si nada-. ¿Qué estás haciendo aquí?.

- Eso es lo que yo me pregunto de ti.

- Oh, seguro que la dulce Bella te dijo que había acabado con mis huesos, ¿verdad? –dijo con sarcasmo.

- Sí, algo así.

- Pues dile que le falta mucho para poder matarme –dijo muy disgustado-. Dile que el primo Sirius, tiene mas vidas que los gatos.

- Si la veo, se lo diré.

- Mejor así –dijo mientras se daba vuelta hacia la mesa, pinchaba unos tocinos y los ponía en su plato.

 

Media hora después subían la escalera hacia la torre de Gryffindor, Harry quedó mirando una de las paredes.

 

- ¿Qué ocurre? –preguntó Sirius.

- ¿Viste eso?.