TODAS ELLAS |
|
Jorge Alberdi |

|
Libro en deconstrucción permanente |
|
Escribir un libro es deconstruir todos los otros libros. Sentencia cuestionable o no, a partir de ella se escribe Todas Ellas. La imagen es una estampa actual, de una vieja estación de ferrocarril donde una mujer, hermosa por donde se la mire, espera apoyada en el marco de la puerta de ingreso a la ‘Sala de Espera’, bajo la galería del andén vacío. El cabello ensortijado cae sobre uno de sus hombros, por encima de una bufanda amarilla y naranja. Podría seguir describiendo, pero antes cabe hacerme la pregunta: si fuese un pintor ¿Qué perspectiva tomaría para llevar ese paisaje al lienzo? No tengo dudas: pintaría el fragmento que recorta una parte de la pared, con el segmento del marco de madera apolillada; el rostro apenas ensombrecido, el esbelto y delicado cuello oculto casi en su totalidad por la bufanda, con el fondo que le prodiga una lejana pared de la Sala de Espera, donde, borroso, cuelga un antiguo reloj detenido en hora incierta. Me demoraría en plasmar, con un realismo patético, la textura de la derruida pared de ladrillos, los dibujos de la madera noble y avejentada, el brillo terso de la piel del rostro de la muchacha donde duerme la sombra exagerada de las pestañas y las curvas y contra curvas del cabello. Y no olvidaría el rojo violento de sus labios, que dibujan más melancolía que ansiedad. Un cuadro que de tan real pareciese ajeno a este mundo. De alguna manera, ese mismo gesto es el que define a Todas Ellas: dibujar la realidad, pero fragmentariamente, a través de sus texturas; del equilibrio de los colores; del bosque de las insinuaciones, y en el centro ella, que es una, y a la vez, todas.
Jorge Alberdi |
|
UN DATO |