El Huerto del Nogal

Kabalah

 

Reencarnación o Guilgul

 

Kohelet (Eclesiastés) 1,4: “Una generación se va y otra viene, más la tierra permanece”.

Resulta obvio, por lo menos para algunos, destacar que el judaísmo y el cristianismo son resurreccionistas.  Por ello la visión de la reencarnación se dificulta en varios sentidos:

a)      No es oficial ni bien entendida la creencia en la reencarnación y por ello no aceptada.

b)      No resulta sencillo encontrar antecedentes para justificar su existencia, sobre todo si los mismos apuntan a  ser oficiales. 

c)      Sólo en la Kabalah, o en un desprendimiento del judaísmo (el movimiento karaíta, primera etapa de Anan ben David, su fundador en el siglo octavo e.c.), encontramos antecedentes serios.  En la Kabalah la reencarnación ocupa un lugar trascendente en líneas de pensamiento importantes, como veremos más adelante.

Habíamos mencionado como la Resurrección se relacionaba con un retorno de la muerte con el mismo cuerpo en concordancia al momento final de la vida del mismo.  Aquí puede inferirse una cierta indivisibilidad de cuerpo y alma. No debe confundirse con la inmortalidad del alma.

La Reencarnación, en cambio, se asociaba con diversas formas de abandono del alma  o parte intangible del cuerpo tangible (en la muerte física) para, en función de diversas interpretaciones, regresar a reencarnar, es decir volver a penetrar un cuerpo tangible diferente, iniciando una nueva vida.

Libro de Job 33,2: “He aquí, todas éstas cosas puede obrar D’s, (paamim shalosh)  tres veces, con el hombre”.

Cuesta ubicar una señal importante sobre reencarnación mayor a dos mil años de antigüedad. 

 Los dos versículos seleccionados del Libro del Eclesiastés o Kohelet y  del Libro de Job, suelen ser, para muchos un punto de partida bíblico para la resurrección, que permitiría ubicarla bastante más allá de los dos mil años de antigüedad. 

Veamos ahora dos transcripciones de la Obra de Flavio Josefo, historiador judío de hace precisamente dos mil años, y por ende, pretalmúdico (Talmud del 150 al 500 de la e.c.).

Flavio Josefo - Antigüedades  Judías - Libro 18, Cap. 1, versículo 3:

"Los Fariseos viven parcamente... Creen que D’s ha templado las decisiones de la fatalidad con la voluntad del hombre, para que éste se incline por la virtud o por el vicio. Creen también que al alma le pertenece un poder inmortal, de tal modo que, más allá de esta tierra, tendrá premios o castigos, según que se haya consagrado a la virtud o al vicio;  en cuanto a los que practiquen lo último, eternamente estarán encerrados en una cárcel; pero los primeros gozarán de la facultad de volver a ésta vida".

Más adelante, Flavio escribe: “... Los Saduceos enseñan que el alma perece con el cuerpo...”

Flavio Josefo - La Guerra de los Judíos -  Libro 2, Cap. 8 , versículo 14:

“De las dos sectas más antiguas, los fariseos están considerados como los interpretes más fieles de la Ley y los creadores de la primera escuela.

Atribuyen todo al destino y a D’s y creen que la facultad de actuar bien o mal depende en gran parte del hombre mismo, pero que el destino debe colaborar en cada acto particular.

Piensan que el alma es imperecedera, que las almas de los buenos pasan de un cuerpo a otro y las de los malos sufren castigo eterno.”

A estos dos materiales de la obra de Flavio Josefo pueden  atribuírseles sentido reencarnacionista.  

Con Esenios y Saduceos no podríamos encontrar sentidos similares.  Mientras los primeros eran decididamente resurreccionistas, los segundos creían en la muerte del alma, como lo explica Flavio.

 Los Fariseos, del hebreo Parushim (separados) son supuestamente una escisión  o continuación de los Asideos o Jasidim que acompañan a los Macabeos durante parte de su dominio, hasta separarse de ellos por el alto nivel de corrupción y alejamiento de la Ley  de los mencionados Macabeos.  Esto sucede alrededor del segundo  al primer siglo a.e.c..

Con ello podemos tomar una idea de una cierta preexistencia de la idea en los fariseos hace 2.000 años atrás, como enunciamos en un principio.

Nuevo Testamento

El Evangelio de Mateo, escrito durante el primer siglo de la e.c., propone en el  cap. 16,13: 

“Y viniendo Jesús a Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: Quién, dicen los hombres, es el Hijo del hombre? 

Y ellos dijeron:  unos, Juan el Bautista, otros Elías; y otros Jeremías o alguno de los Profetas.”

Con respecto al texto anterior cabe preguntarse: ¿en qué piensan los discípulos de Jesús cuando responden que Jesús puede ser Juan el Bautista (que había muerto hacía poco tiempo), el Profeta Eliahu (muertohacía siglos, pero siempre esperado su regreso), o Jeremías y/o algunos de los Profetas (muertos hacía siglos) ?

Para que Jesús sea el Profeta Eliahu, el alma del Profeta debe encarnar nuevamente en el cuerpo de Jesús, cuyo cuerpo no es el de Eliahu.  E igual situación podría pensarse de Jeremías, el Bautista u otros Profetas.

Desde el segundo siglo de la e.c. algunos grupos del gnosticismo cristiano,  maniqueos y hasta el mismísimo Orígenes  tendrían algún vínculo con la idea reencarnacionista.

Muchos sabios judíos de la era medieval rechazaban la propuesta del Guilgul:

a)      Saadia Gaón (año 900 aprox.) en su Tratado de Creencias y Opiniones.

b)      Abraham bar Hiyya, (1150 aprox.) en Meditación del alma triste.

c)      Yehudáh Haleví (1100 aprox.)  no menciona el Guilgul en su obra.

d)      Maimónides (1134 – 1204, Moisés, el Rambam)  no menciona el Guilgul.

e)      Su hijo, Abraham (1186-1237), rechaza el Guilgul.

El  Sefer ha Bahir o  Libro de la Claridad,  texto del 1200, con posibilidad de que buena parte de su contenido sea un compilado de notas bastante anteriores a ésa fecha, plantea claramente la propuesta del Guilgul, y representa, finalmente, uno de los  puntos de partida más claros en el tema.

Los capítulos 121, 122 y 155 son bastante didácticos y simbólicos:

121        Qué significa la expresión “de generación en generación“? Rab Papías  respondió: Está escrito en el Libro del Eclesiastés  1,4 :  Una generación va, otra viene.

Rab Akiba solía decir:  Viene la generación que ya ha venido.

122        Cuenta una parábola  que un rey tenía servidores  a quienes había vestido según su fortuna, con atavíos de seda y bordados, a pesar de lo cual éstos  se desviaron del camino recto.

El rey los reprimió, los despojó de sus vestiduras  y los apartó de su lado.

En cuanto a los vestidos, el rey hizo que los lavaran bien y que los  dejaran como

si no hubiesen sido usados, para entregarlos más tarde a otros nuevos servidores

que no sabía si eran buenos o no ...

De éste modo las viejas ropas fueron a los nuevos servidores.  Porque la “tierra permanece para siempre” ...

Se debe tener en cuenta que El Rey, es D’s; los servidores son los hombres en general;  los atavíos o vestiduras  son simbólicamente, las almas de los hombres.

Reprimir y despojar las vestiduras es la muerte física. Los vestidos (las almas) se dejan como si no hubiesen sido usadas ( se purifican nuevamente en la unión con D’s, el retorno a la Unidad - Yejidáh). Se entregan más tarde a otros servidores,  nuevos hombres reciben almas purificadas, más allá de que sean buenos o no.

La tierra permanece, siempre existirá un mundo material, sin el cual el espiritual no tiene sentido.  Pero concurren a él almas renovadas en la tarea de purificación y  logro de un mundo mejor, que encarnan en  hombres en forma sucesiva.

Si tenemos en cuenta el Libro de Job 33,29, no sucederá más de tres veces, cifra frecuentemente tenida en cuenta en las factibles resurrecciones  (como máximo) según algunos.

La palabra que definitivamente se utiliza como reencarnación es gilgul, sin embargo conviene repasar las usadas:

GUILGUL:  Utilizada por la influencia del Libro Sefer haTemunáh, del año1270, de autor desconocido, que intenta atribuir su autoría al (posiblemente) último de los Cohen Gadol, Rab Ismael.

HaATAKÁH:   En literatura filosófica, usada por Guilgul como “transferencia”.

IBBUR: Utilizada por los discípulos de Isaac el Ciego, kabalista de Gerona,  que hablaban del secreto del IBBUR o Impregnación.

El Zohar, texto fundamental de la Kabalah del siglo 13, termina por imponer definitivamente GUILGUL.

Sin embargo sorprendería a muchos que la reencarnación era, para diversas fuentes, un castigo en esencia a aquellas almas que habrían fracasado y retornaban porque la piedad y/o bondad de D’s  les permitiría un segundo o tercer intento.

Bahya ben Asher propone que  el Guilgul es sólo factible para aquellos que han aceptado un castigo en el infierno, con lo que una nueva oportunidad hace a la Misericordia Divina en dicha situación. Pero el Zohar se opone (al igual que todos los kabalistas) a éstas teorías, haciendo de la reencarnación un retorno en busca de la purificación y el mejoramiento de la “carne” de los hombres, ayudados por una “no carne” que los penetra a tal efecto.

La idea (propagada en algún momento del siglo XIV) acerca de de que el Guilgul es un castigo, propone, como ejemplo, en casos de excesos sexuales o pecados graves la reencarnación o retorno como piedras o animales, a modo de evidente castigo. Ésta forma de vida como opción de retorno no será aceptada por todos aquellos que, en cambio,  sí asumen el Guilgul en términos  positivos. Sin embargo, también entre algunos de los que aceptan el Guilgul como un retorno positivo se aceptará la reencarnación en piedras o animales.

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