| El Forjista La Revolución según Mariano Moreno |
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Prácticamente desde un primer momento, los patriotas americanos visualizaron la necesidad, que la tarea que emprendían debía realizarse en conjunto entre todas las colonias emancipadas que habían permanecido al imperio español, era imprescindible conformar una confederación de provincias que las agrupara a todas en un pie de igualdad. La independencia americana, hacia la que se marchaba por la ceguera política de los españoles que se resistían a perder sus privilegios coloniales, debía efectuarse, evitando por todos los medios la disgregación que limitaría las posibilidades futuras de los pueblos en rebelión.
Como
antes la corona española las había mantenido unidas en la esclavitud,
los pueblos que rompían los lazos de dependencia querían la unidad en
libertad.
Sobrados motivos justificaban esta necesidad, que más que un
sueño configuraba una salida obligatoria. Tradiciones, lenguaje, religión,
cultura, todo marcaba una personalidad común que indicaba que la América
Hispánica era una sola Nación.
En San Martín, Bolívar, Güemes, y Artigas; los pueblos vieron
a los defensores de un conjunto de ideales que convertirían a la América
en un poder tal que imposibilitaría cualquier aventura imperial de las
insaciables potencias europeas. Pero el fracaso en lograr la unidad,
por la intromisión de Inglaterra primero, y de los Estados Unidos después,
postergaron la lucha del patriotismo latinoamericano, dando lugar a
repúblicas donde antes habían existido provincias.
En abril de 1810 la junta de Caracas reclamaba la necesidad de
confluir en una "confederación de todos los pueblos españoles de
América". Desde el Alto Perú, el enviado de la Junta de Buenos
Aires, Juan José Castelli lanzaba una proclama que manifestaba: "Toda
América del Sur no formará en adelante sino una numerosa familia que
por medio de la fraternidad pueda igualar a las respetadas naciones
del mundo antiguo".
La junta de Chile se dirigía a la de Buenos Aires en 1810 planteando
la necesidad de un Congreso para la "defensa general". Moreno
se ocupó en dos artículos de los sucesos ocurridos en Chile que llevaron
a la instalación de la junta el 18 de septiembre. El primero de los
escritos era del 15 de
octubre y señalaba que la noticia fue saludada en esta capital con una
salva de veintiún cañonazos. Dedicaba una buena parte de la nota para
criticar duramente la actitud de los españoles para con los americanos,
que en su gran mayoría repudiaron la conformación de los nuevos gobiernos.
Moreno se refería a la nueva Junta de Chile en los siguientes
términos: "El patriotismo y distinguidas virtudes de los individuos
que la forman, llenan las esperanzas de todos los que desean sinceramente
la felicidad de la América;
y la unión de intereses, de relaciones fraternales, y aún de pensamientos
y sistema que se descubre entre el reino de Chile y las provincias del
Río de la Plata, cimentará nuestra fraternidad y alianzas sobre bases
firmes, que hagan respetar nuestra causa y multiplique los medios de
sostenerla".
El 25 de octubre volvió a escribir en la Gaceta sobre el mismo
tema, recorriendo los acontecimientos chilenos y subrayando los conceptos
relacionados a la unidad latinoamericana. Luego de enumerar las dificultades
por las que atravesaban las provincias del Río de la Plata, afirmaba:
"...triunfa sin embargo de todos estos obstáculos, y después de
establecer radicalmente el orden interior y tranquilidad de sus habitantes,
dirige expediciones, que salven a los pueblos hermanos de la opresión
en que gimen, y que se les hace insoportable comparándola con la dignidad
de que nosotros disfrutamos. El genio americano, que ha inventado tantos
recursos en un solo pueblo, obrará prodigios en toda la América; y concentrados
los poderes, cuyo interés debe conducir a un fin mismo, se presentará
un estado respetable, que, libre de riesgos y temores podrá reglar una
constitución que haga la felicidad del país y honor de la humanidad".
El alborozo demostrado por la constitución de una junta en Chile
con características similares a la de Buenos Aires, la expedición con
rumbo al Alto Perú como la que marchó al Paraguay, y el proyecto sustentado
en el Plan de Operaciones de integrar al estado brasilero de Río Grande
del Sur, traslucieron las intenciones de Moreno en la que estaba viva
la idea de estrechar con los pueblos del continente en vistas de conformar
una nación única. Todavía la idea no tenía la claridad que posteriormente
adquirieron con San Martín y Bolívar, pero en Moreno y Castelli se comenzó
a esbozar aquellas semillas de unidad que luego se encarnaron en la
lucha de los dos grandes Libertadores de la América Hispánica.
Insistía Moreno en la participación de los pueblos como protagonistas
decisivos de la revolución. Proféticamente marcaba la peligrosidad que
Buenos Aires cayera en la tentación de imponer condiciones a las provincias
del Interior, por eso la referirse a los acontecimientos de Cochabamba,
afirmó: "Por muy puras que sean nuestras intenciones sería peligroso
que la libertad de América fuese sólo obra nuestra. Semejante circunstancia
podría conducir a un verdadero despotismo y los pueblos de Perú no harían
adelanto, viendo opresores porteños en lugar de opresores europeos.
El glorioso movimiento de Cochabamba opone dique a tal fatal determinación
y los patriotas cochabambinos, equilibrando nuestro mérito, equilibrarán
nuestro influjo y siempre firmes en la energía que ahora han desplegado
serán un seguro apoyo de la libertad de todos los pueblos". Parecía advertir el peligro del futuro unitarismo porteño que reemplazó al despotismo del virrey y sus funcionarios, por la tiranía de un grupo de comerciantes asentados en la Capital que se hizo dueño absoluto de las negociaciones que pertenecían a toda la nación y empobrecieron a la provincias en nombre del sacrosanto librecambio. |