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AMOR
Y AMISTAD
El
peligro de decir Te Quiero
En nuestro idioma son dos palabras. En el resto suele tener tres, pero
en cualquier caso, contienen la fuerza demoledora de un hechizo. Dilas
cuando no debes, y serás la única víctima de la catástrofe que provocan.
Y es que, al contrario de lo que pueda parecer, muy a menudo inducen a
sentimientos de repulsa, por mucho que estén relacionadas con el amor.
Si te lo dice alguien de quién no estás enamorada, hagas lo que hagas no
podrás impedir que haberlas oído te aparte de él. ¿Qué es lo que tienen
que tanto pavor y rechazo provocan? En vez de sentir alegría, nos
sobrecoge el temor y luego, un velo de inconvenientes cubre y transforma
al desdichado que las dijo, el cual, al poco, sólo nos inspira
desprecio, porque le vemos a nuestra merced, sumiso, vencido, carente ya
de interés. Él ha caído y el receptor se mantiene a flote. Y diciéndolo
se torna tan débil a nuestros ojos que... ¡Hay que protegerle para no
herirle! De ser un igual, pasa a estar muy abajo; de deleitosa compañía,
a incordio. Te venera, no te deja en paz, reclama tu continua atención,
incluso se alegra de recibir tus insultos, lamería el suelo tras tus
pasos, se humillaría, te imploraría, abandonaría sus quehaceres para
postrarse ante un teléfono a esperar tu llamada, perdido todo dominio y
fuerza de voluntad. Ciertamente, está hechizado. Si era un amigo o un
compañero con quien podías charlar relajadamente, ya no. Ha dejado de
serlo. Ahora tendrás que medir las palabras para evitarle sufrir, pues
sabes que tú, al no sentir lo mismo, eres la única causa de su
infelicidad. Sin pedirlo, tienes al lado a alguien que se porta como si
fuera tu pareja. ¡Es insoportable! Uno no quiere tener a nadie a su
cargo; uno no quiere más responsabilidades que las que la vida le
adjudica, y sin embargo, con el “te quiero”, te sientes obligado. ¿Qué
le vas a hacer? Tú no le quieres, sabes cuanto duele no ser
correspondido y desde tu puesto poderoso, pronto sientes cuánto te
cuesta seguir llamándole, cómo te pone los pelos de punta cruzarte en su
camino y ver en sus ojos una completo sumisión y una súplica
desesperada. En nuestros genes está grabado a fuego perseguir lo
imposible para así salvaguardar la supervivencia de nuestra especie. Así
que, ya lo sabes: si deseas apartar de tu vida a alguien que te es
molesto, dile que le quieres. En la mayoría de los casos, servirá para
que desaparezca. Ahora bien, si te lo dice alguien de quién estás
enamorada... Subirás al séptimo cielo con más impulso que una nave de la
NASA. La cantinela del “me quiere, me quiere, ¡me quiere!” no cesará de
sonar en tu cabeza. Ambos pelearéis por quién se entrega más, quien se
sacrifica más para hacer feliz al otro. “No cariño, Yo te quiero más”.
En la única ocasión en que no tiene ningún efecto es cuando sabes que él
que te lo dice lo utiliza como cumplido. Marido, mujer, aniversario,
flores, bombones, un “te quiero” entre dientes, confusamente susurrado
al oído junto a un volátil roce de mejillas. “Ya... Y yo también a ti”.
Es el mejor de los “te quieros” pues produce alivio. Un engaño entre dos
construido que deja vivir y respirar. ¡Pobre del enamorado no
correspondido que al confesar su amor queriendo causar gozo, no halla
sino soledad! Y es que... el querer es egoísta. Es como si la comunidad
de vecinos te dice “Te queremos. Se tú el presidente.” Oh, vaya, qué
bien. A preocuparme yo de todos. El que te dice “te quiero” no acaba la
frase. Tendría que añadir “a todas horas”. “Quiero tu cuerpo, tu mirada,
tus pensamientos, tu atención, tu tiempo. Que me escuches, que me
atiendas, que me mimes, que te dediques sólo a mí”. ¡Venga, hombre! ¿Y
qué se queda para mí? ¿Tu amor, el que ni he pedido ni he buscado? Es
como si me toca una moto en el sorteo de un hipermercado. ¿Y si no me
gustan las motos? Ya me hacen molestarme en realizar un montón de
papeleo y en buscar comprador. Conclusión: Nunca des lo que no te piden.
Si no lo necesitan, no van a querer usarlo. Y sí se lo das con toda tu
buena intención, lo usarán por decencia y enseguida comenzarán a
detestarlo. Eso, si no lo tiran directamente a la basura. O si no se lo
dan a otro. ¡Lástima que el amor no sea intercambiable! “¿Que me
quieres? Ya, pero es que no me hace ninguna falta. ¿Por qué mejor no
quieres a mi amigo Paco, que está muy falto de amor?”. El ser humano
siempre ansía lo difícil de conseguir. Si quieres a alguien y quieres
hacerle feliz, no se lo digas. Hay mil maneras de verlo y de comprobarlo
antes que oírlo. El querido se sabe querido sin que se lo digan. El amor
se ve, se nota, se siente. Mejor no lo digas, y si quieres experimentar
ese espléndido estado de alborozo hormonal, cruza los dedos para no
oírlo, incluso de alguien que te ame en secreto. Ansía, anhela, espera,
sueña: una vez lo tengas... ya sabes: te fijarás un nuevo objetivo.
Mientras ni lo digas ni te lo digan, aún podrás disfrutar.
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