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“Venid a
mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil,
y ligera mi carga.”. Mateo 11:28-30 El Señor
Jesucristo es aquel que nos invita a hallar este refugio. Este refugio es la
Fe en Jesús. El secreto de la Fe cristiana, lo que la hace viva, feliz y
eficaz, es el hecho de que no descansa en una doctrina, sino en una persona.
Esa persona es el hijo del Dios Viviente. Esto es lo que lo diferencia de las
innumerables religiones y sectas. La fe
cristiana no solo habla de liberación sino un Libertador, no solo de salvación
sino de un Salvador. ¡Que diferencia existe entre someterse a un código de
reglas más o menos complejas y refugiarse junto a alguien cuyo amor se
conoce, entre aceptar un sistema o apegarse a una persona amada! “aun
estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por
gracia sois salvos), para mostrar en los siglos venideros las abundantes
riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” Recordemos
que nuestra bendición consiste en que nuestro tesoro esta concentrado en una
persona que no solo fue el Maestro presente y el Señor vivo durante una
generación pasada, sino que está verdaderamente presente y vivo hoy. “por lo
cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios,
viviendo siempre para interceder por ellos.” Si, la puerta
de este refugio está abierta. La bendición y la salvación son para todos
aquellos que aceptan a Jesucristo como refugio. Aquel que estaba presente y
vivo en los evangelios continúa vivo y presente hoy. “Jesucristo es el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Hebreos 13:8 Por tal,
acerquémonos a Jesucristo vivo y disfrutemos de la paz que Dios nos da en
Jesucristo. ¡La promesa
está hecha! Disfrutemos de la amistad del Hijo de Dios y hallaremos el
refugio y el descanso en estos tiempos de angustia. “y he aquí yo estoy
con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo
28:20 |