ORIGEN E HISTORIA DEL DOGO DE BURDEOS

Es, sin lugar a dudas, una de las razas más antiguas del mundo, en la que se entremezclan, con gran equilibrio y bajo su aspecto tosco, la nobleza, la potencia y el coraje. Al igual que el resto de molosos, este dogo francés parece tener su origen en el Dogo del Tíbet, llegado a Grecia hacia el 480 antes de J.C. En el año 50 antes de J.C., Julio Cesar lo adopta en Roma como Canis Pugnatis, es decir, perro de combate, para que se enfrente a osos, toros u otros perros, y se utiliza también para guardar campamentos, armas y tropas. Esta es una de las hipótesis que hay sobre su procedencia.

Otra es la del veterinario Pierre Megnin quien, en su obra El Perro y sus Razas, sostiene que si el Mastiff parece descender de los molosos griegos implantados por los romanos en Gran Bretaña, el Dogo de Burdeos sería descendiente de los perros a los que llamaban en la Edad Media "Alanos", nombre del pueblo oriental que los introdujo en Francia, principalmente en la región de Aquitania, donde se le conocía por Alano Veaultre. Pero no fue hasta 1863, fecha de la Primera Exposición Canina de París, en que la raza fue oficialmente reconocida bajo su nombre actual. En esta época aún no existía la clasificación de grupos que hay hoy en día, por lo que en el catálogo de la exposición se encontraban agrupados bajo el epígrafe los "Mastinos y Otras Razas de Dogos". Fueron juzgados por Pierre Pichot, que no regateó elogios a la perra ganadora, de nombre Magenta, a la que se concedió un premio en metálico de 150 francos. Hasta 20 años después no se encuentra otra referencia escrita sobre la raza. Es en París, en la Exposición de 1883, donde Bataille, macho de 67cm. , propiedad de M. Fontán e hijo de Mira, perra que había obtenido una gran fama por sus victorias contra osos, toros, asnos y perros, se alza con la victoria. Algunos criadores, temiendo un empequeñecimiento de la raza, cruzan sus perros con Mastiff ingleses lo que dio lugar a la aparición de una característica física: la máscara negra o roja.

La polémica estaba servida, dado que los juicios eran emitidos por jueces holandeses e ingleses que desconocían por completo la raza, llegando incluso a descalificar, en la Exposición de 1894, a los perros de máscara roja, para el año siguiente hacerlo a la inversa. En 1889 surgen numerosas discrepancias entre los aficionados, no sólo respecto a la máscara, sino en los tipos, ya que había tres diferentes que dividían a criadores y aficionados: bordelés, toulousino y parisino, con características totalmente diferentes en cuanto a cabeza, alzada, peso, etc. Esta multiplicidad de tipos fue la causa de que la raza apenas progresara desde 1889 a 1910, ya que salvo un reducido grupo de criadores que trabajaban en la selección para la fijación del tipo, el resto los empleaba únicamente para pelear. Entre los primeros se encontraba J. Kunstler, Profesor de Anatomía Comparada y Embriogenia en la Facultad de Ciencias y Director del Museo de Historia Natural de Burdeos, que junto a Pierre Megnin, primero y, posteriormente, con su hijo Paul Megnin, tendría un especial relieve en la recuperación de la raza. Caporal I, llamado también el Imbatible (1884-1895), de 63 cm, un peso de 49 Kg y ligero prognatismo, obtiene una gran celebridad por sus victorias en combates.

En 1910, el Profesor Kunstler, animado por Paul Megnin, publicó en la revista cinegética y canina L'Éleveur, de la que era director, un detallado estudio sobre la raza titulado "Principios preliminares para el establecimiento del estándar del Dogo de Burdeos", con el que pretendía unificar los tres tipos existentes en ese momento. En Junio de ese mismo año, aprovechando la Exposición organizada por el Ayuntamiento de Burdeos, a la que habían acudido un buen número de aficionados de la región que estaban vivamente interesados en el resurgir de la raza, Kunstler constituyó el primer Club del Dogo de Burdeos, del que es elegido Presidente. Por la ausencia del juez Menans de Core, designado para juzgar a los Dogos de Burdeos, fue Kunstler quien lo hizo, haciendo el siguiente comentario: "En medio de una fuerte rivalidad, se sigue con gran interés la lucha, pues nos encontramos en cierto modo ante un conflicto de principios. Los Dogos de Burdeos, puros productos regionales y cuya filiación es bien conocida, tienen frente a ellos soberbios sujetos "reconstruidos" difíciles de vencer. Kunstler observaba cómo los criadores del Alto Garona habían conseguido una uniformidad de tipo y carácter propio en sus productos, a los que él denominaba Dogo de Toulouse o Dogo del Midi. Eran perros de tipo dolicomorfo, como consecuencia de haberles inyectado sangre de Dogo Alemán, con la cabeza oblonga, el cráneo bajo y la nariz más bien larga y estrecha, acabada en bisel (hocico de oso); el stop poco pronunciado, escasa papada, el cuello alargado y osamenta ligera, con músculos poco desarrollados. Eran ortognatos, grandes y esbeltos, presentando un color de manto que comprendía toda la gama de los leonados, aunque también los había atigrados e incluso arlequín.

El tipo bordelés era macizo, bien pigmentado, con nariz corta y stop muy pronunciado, cabeza voluminosa y de cuerpo ancho. Pero en París también aparecían grupos o familias homogéneas de perros que nada tenían en común con los anteriores, lo que dificultaba el desarrollo de la verdadera raza, su definición de tipo y homogeneidad. Pese a los esfuerzos de Kunstler, la vida del Club fue muy efímera, ya que apenas duró tres años. Tras disolverse en 1913, se constituyen dos nuevos Clubs: La Sociedad Central del Dogo de Burdeos y el Club Bordelés del Dogo de Burdeos. El profesor Kunstler se alista junto a Megnin en este último, y surgen entre ellos fuertes discusiones, sobre todo en relación a la mordida del perro. Megnin decía que debía ser ortognato en tanto que Kunstler, apoyado por los criadores del Alto Garona, sostenía que debía tener un prognatismo de 1 a 2 cm. Mientras tanto, en París los jueces contribuían a generar más confusión premiando a los ortognatos, tal y como defendía Megnin. En 1914, el profesor Kunstler y Paul Megnin deciden redactar un estándar que unifique los tres tipos que eran motivo de discusión. Pero antes de que la Sociedad Canina Central admitiese oficialmente estos estudios, estalla la primera Guerra Mundial, que supone un paso atrás en los escasos progresos que hasta ese momento había realizado la raza, quedando reducida a unos pocos sujetos que algunos criadores, especialmente en el Midi, pudieron conservar y con los que pudieron reiniciar su recuperación al finalizar la contienda. Durante la Guerra el Club mantuvo su actividad, aunque de forma muy restringida, sin traspasar la región de Aquitania. En 1924 se hace cargo de la Secretaría M.Bares, un impresor de Burdeos, gran aficionado y perfecto conocedor de la raza, ocupando la Presidencia M.Deland, de origen parisino.

Deland sería sustituido, 2 años más tarde, por Leon Roullet, afamado cinófilo con clara inclinación al tipo bordelés. Bares y Roullet lucharon sin descanso para conseguir la uniformidad de tipo frente aquellos que seguían haciendo experimentos tratando de obtener perros de tipo Bulldog o buscando hocicos más largos. En este mismo año, 1926, los dos clubes existentes, el bordelés y el parisino, llegan a un acuerdo para publicar el estándar redactado por Kunstler y Megnin, al aceptarse en igualdad de condiciones los dos colores de máscara. El documento contaba con muchas imprecisiones, sobre todo en lo concerniente en la talla y el peso de los perros, para lo que se establecían dos categorías: DOGOS, con un peso mínimo de 50 Kg para los machos y de 45 Kg para las hembras; y los DOGUINES para los machos de 40 a 50 Kg y hembras de 35 a 45 Kg. Respecto al prognatismo, se fijaba en "al menos 1 cm", sin especificar si los dientes podrían ser visibles con la boca cerrada. El estándar estuvo vigente, con algunos añadidos de poca importancia, hasta 1970, año en el que se sustituyó por el redactado por el profesor Raymond Triquet, con la colaboración del Dr. Luquet.

En este nuevo estándar, mucho más preciso y científico, se suprime la categoría Doguin, dada la práctica desaparición de esta talla y peso. Pero volviendo a la etapa Bares-Roullet, pese al entusiasmo y empuje de ambos, la raza realiza escasos progresos, dificultados por el estallido de la contienda de 1939-1945, aunque se mantiene gracias al esfuerzo de unos pocos criadores que inician lentamente la recuperación. Hasta principios de los 70, la raza pasa por una etapa de escaso relieve. Es a partir de esas fechas cuando surge un nuevo grupo de aficionados, dirigidos por el Dr.Macard y el profesor Triquet, dispuestos a dar el espaldarazo final para conseguir la revalorización y difusión de la raza dentro y fuera del país. En este grupo de entusiastas aficionados se encontraban, además de Triquet, personajes como: Maurice Van Cappel, con el afijo "Fenelón"; Jean Letendart, con "Domaine des Sources"; Michel Guignard, con "La Bersée du Loup"; M.Averlant, con "Des Demons Noirs"; a los que posteriormente se unirían otros más jóvenes, como: Ives Coiffard, con "Seigneurie des Charstrons"; Colette Lepage, con "Du Bois de Canelles"; M. Trové, con "La Tenacité"; M. Nicolás, con "Roug Sang", etc.

Todos ellos fueron auténticos protagonistas en la recuperación y difusión del Dogo de Burdeos. Casi todos ellos dejaron ya de criar a excepción de la "Seigneurie des Charstrons", que continua en la brecha con más ilusión que nunca. Han surgido nuevos criadores que continuan la gran labor desarrollado por aquellos, que en la mayoría de los casos dejaron lineas de sangre bien definidas, o ejemplares que serían la base de la crianza actual. Entre los más jóvenes criadores merecen especial mención: Claude Aubaux, del afijo "L'Etang de Mirloup", criador de "Basco de L'Etang de Mirloup" propiedad de Jesús Sánchez; Jean Claude Acker, de "LaGaie Maisonne"; y, M. y Mme. Tompousky, con "Chenaies de Kom Pistou".

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