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EL RETO
Influyen los montes, las hojas verdes y los árboles en el paisaje interior.
Si se transplantan con cuidado alumbran los espacios como retazos del pasado.
Cosidos en patchwork me invaden la mente. Descansan mi cansancio.
Me esfuerzo por recordarte esa tarde respaldado en el sillón color bordeaux.
En el vestíbulo de la sala principal después de almorzar la siesta anidaba.
Recortaba tu silueta la luz quebrada en el vitraux.
Es que apenas puedo dibujarte, oscura tu figura e iluminada el aura de tus canas.
Me vuelco hacia el pasado y una voz me espanta mientras un cantero de hortensias, más azules que rosadas en bicicleta me acompañan.
Doy la vuelta sin frenar y escapa mi huida.
Hay un patio, el de atrás con palmera y muro alto, donde caminan sólo gatos, una pieza para trastos y una escalera en espiral.
Y luego, un puente de hadas, la azotea y el más allá poblado de palomas blancas.
Mi universo acababa en la azotea cuando desde arriba observaba ese jazmín florecido de estrellas diurnas en verano.
Es que te has marchado…
Tú, junto a tu casa, los jazmines y los patios, las glicinas y las persianas.
Ni la bicicleta que no era mía me ha quedado.
Qué podría esperar si la compartía con hermanos.
El humo niebla las imágenes perdidas.
El dormitorio principal, la cómoda con espejos y el piso de pinotea.
Tras las ventanas las cortinas, los postigos y el balcón juegan a las escondidas.
Se deshacen o deshago pensamientos.
Tejidos del recuerdo que olvido con esfuerzo en esa huida y esa partida.
Ahora tengo bicicleta que no uso porque hay autos, y tengo auto que impide que me detenga.
Necesito jardines cultivados y desmalezar esas malezas.
Es que hieren las espinas de las imágenes que me miran.
Abuelito. Adiós abuelito, te dejo tranquilo y perdona que no pueda despertarte para un reto más.
María Julia Dodera