CONTRADICCIONES,
DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES
| La contraofensiva imperialista [1] | ![]() |
Por
James Petras [2]
Tengo el
placer de anunciar, pues recibí una llamada telefónica directamente de Washington,
Estados Unidos, que hemos roto allí todas las barreras construidas desde el 11 de
septiembre con una protesta de 200 mil personas; superando por diez las expectativas de
los organizadores. 200 mil personas atacando la política guerrista y a la masacre del
Estado de Israel con media docena de rabinos críticos al Estado judío, con
fuertes críticas hacia la política de restricciones de Bush; y con otra serie de
reclamos, hacia el Plan Colombia, el plan del Fondo Monetario Internacional (FMI) y
demás.
Es
la primera gran manifestación desde hace seis meses; e indica que el trauma, la
propaganda y el chauvinismo ya no son suficientes para frenar una nueva forma de
oposición desde las entrañas del monstruo.
Creo
que mencionar esto es una buena forma de entrar en lo que estamos discutiendo hoy, que es
la contraofensiva imperialista; las contradicciones, desafíos y oportunidades.
Tengo
cinco tesis que quiero discutir:
1.) El ataque
de Estados Unidos contra Afganistán forma parte de un gran esfuerzo por revertir un
declive relativo a su poder imperial y sostener su dominación en regiones conflictivas.
La masacre en Afganistán forma parte de
una ofensiva generalizada que está dirigida a la subordinación de Europa, el control
total del Medio Oriente y los países del Golfo, la penetración en los países ex
comunistas, y el aumento del control y la explotación en América Latina.
No
es casual que el último paquete del Fondo Monetario Internacional sea explícito en la
forma de intervenir e instruir a los políticos sobre cada forma, cada manera, de cómo
extraer más excedentes y cómo cumplir con las grandes transferencias de lo que queda,
del ahorro y demás, hacia los banqueros norteamericanos.
2.) Esta
ofensiva es parte de una transformación del imperialismo norteamericano; que
consecuentemente va a tener repercusiones sobre los imperialismos de Europa y Japón. Es
la transición desde el neoliberalismo hacia el neomercantilismo, donde el Estado
imperialista juega un mayor papel, organizando espacios con la expansión y penetración
de capitales.
Es
muy irónico que en este momento en el que avanza el Estado imperialista, tan
estrechamente vinculado con los bancos y los grandes capitales provenientes de todas
partes, salga un libro de un italiano y norteamericano diciendo que hay un imperio sin imperialismo. Las locuras
intelectuales siempre pasan por el mundo, pero eso es inexplicable: que alguien que ha
estado muy cerca de la izquierda radical en Italia escriba un libro que está celebrado en
Times, Newsweek,
New York Times. Está celebrado por una razón
particular: porque dice que el imperialismo no existe más, que las
multinacionales son autónomas; generando un nuevo mundo, con un super-gobierno, por
arriba de los gobiernos. El antiimperialismo, la lucha de clases... tenemos muchos
conceptos nunca clarificados y otros tipos de luchas tampoco muy claramente definidas.
No
vale la pena discutir esta tesis en detalle. Simplemente voy a contraponer una
alternativa, un marco diferente, más analítico, más vinculado con lo que son las
realidades aquí; donde el Estado figura como el principal instrumento de dominación,
expansión y control de mercados; obviamente trabajando junto con las multinacionales.
Esta
ofensiva, entonces, de los Estados Unidos, influidos profundamente por un proyecto
militar, conquistando e imponiendo gobiernos no sólo neocoloniales sino también
abiertamente coloniales, es la nueva manera de excluir y marginar a sus competidores. Es
una forma de monopolizar los mercados.
ALCA
es un caso clásico, donde el Estado norteamericano quiere imponer una forma de
imperialismo en la que sus capitales tienen una posición privilegiada. Donde hay
liberalismo en América Latina y proteccionismo en Estados Unidos. Donde las relaciones
entre Norte y Sur excluyen la entrada o ponen barreras a los capitales que vienen de otras
regiones del mundo.
3.) La
contraofensiva norteamericana se desarrolla fase por fase. Fases que combinan lo
ideológico, lo militar y lo político; donde se prepara una guerra mundial
psicológica-política generando una paranoia universal que amenaza al mundo con que hay
terroristas en todas partes, hay atentados inminentes, hay posibilidades en todos los
momentos y todos los lugares de que se metan terroristas...
Creando
este ambiente paranoia preparan las condiciones para lanzar la militarización sin fin,
sin distinciones de países, de condiciones, de tiempo, de lugar. Este fanatismo sirve
para mostrar al mundo que Estados Unidos tiene la voluntad de conquistar y seguir en su
política militar; y que ha desaparecido la oposición interna, las restricciones
políticas sobre su política guerrera, que estaban presentes desde la derrota en
Indochina. Ahora que superan estas restricciones y limitaciones, están dispuestos a poner
a andar las armas, las fuerzas territoriales y los aviones para conquistar.
Esta
fase preliminar de agresión descarada contra Afganistán se realiza sin tener ninguna
capacidad para demostrar que los afganos tenían alguna responsabilidad por los atentados.
Y más: si analizamos fríamente los acontecimientos y los actores, y después pasamos a
revisar todas las pruebas que haya sobre Al Qaeda, Ben Laden y los atentados, tenemos que
concluir que ninguna corte en el mundo podría dar un juicio de culpabilidad.
Desde
la conquista de Afganistán hasta ahora no han descubierto ningún documento, ni han
encontrado ningún preso entre los cientos o miles que pueda dar testimonio de
que las directivas para el acto venían de Ben Laden. Para explicarlo definitivamente: en
el testimonio del jefe de la CIA George Tenet frente al Congreso, hace un mes, cuando se
le preguntó si no podría haber descubierto los actores terroristas antes del atentado,
él dijo, textualmente: no podría porque estaba en la cabeza de sólo tres o cuatro
personas. Tres o cuatro personas son exactamente las cabecillas que dirigían, cada
cual, uno de los aviones de suicidas.
Si es
así la visión de Tenet, que además dijo que se tiene infiltrado a Al Quaeda, que se
tienen controles electrónicos durante todo el tiempo antes y durante el
atentado, ¿por qué no lo detectaron?. Conclusión: hablamos de una guerra que no
se puede justificar bajo el pretexto de una conspiración internacional musulmán.
Lo
que es más lógico como explicación es que los terroristas eran grupos autónomos,
actuando por su cuenta; con antecedentes comunes y preparaciones en Europa, principalmente
en Hamburgo, donde se conocían, discutían y se formulaban sus ideas.
Menciono
esto para decir que no hay una base concreta que permita que uno pueda poner el dedo y
decir: empieza por allá, empieza por este conflicto. Creo que la razón de
esta ofensiva tiene raíces más estructurales, mucho más metidas en las condiciones
económicas de las Estados Unidos.
4.) Estamos
en una crisis internacional porque la política militar-económica, como decía, se
desarrolla en una forma extendida y en función de una política unilateral de Estados
Unidos. Y este unilateralismo forma parte de una serie de políticas que rompen con todos
los acuerdos internacionales que existen: el acuerdo anti-misiles ABM con Rusia, el
Acuerdo de Kyoto, el Tribunal Internacional de Derechos Humanos, y los acuerdos contra la
guerra bacteriológica y el uso de minas terrestres, entre otros tratados.
Este
unilateralismo es una expresión del nuevo imperialismo neomercantil: no quieren compartir
la riqueza, lo quieren todo. Quieren tomar las decisiones militares en función de los
intereses estrechos del imperialismo norteamericano; ni siquiera en función del conjunto
de los intereses imperialistas.
También
sostengo que hay una crisis de la izquierda frente a estas nuevas propuestas del
imperialismo y las formas en las que el imperialismo se está organizando. Una crisis de
la que se puede decir que tiene soluciones: los grandes movimientos de oposición están
en marcha para resolver sus contradicciones a partir de una transformación interna. Dando
la revuelta no sólo contra las multinacionales, sino cada vez más contra el capitalismo
y contra las guerras imperialistas; vinculando el Estado imperialista con las
multinacionales y con la política de guerra.
Eso
se puede ver en Barcelona, donde los principales organizadores de la gran marcha de marzo
de 400 mil personas tenían una plataforma contra el capital. Eso indica que
el anticapitalismo está llegando a ser cuasi-hegemónico en la lucha del mundo actual.
Esta
marcha de hoy, en Estados Unidos, vincula la lucha contra el Fondo Monetario con la lucha
contra el Estado y las prácticas imperialistas de Estados Unidos y su aliado Israel. Eso
me parece un gran paso positivo contra la retórica de antiglobalización,
donde influye la idea de que las multinacionales están disociadas de los estados. La
comprensión del vínculo entre el Estado, el capital y el imperialismo está entrando con
gran fuerza.
5.) Todo
este proyecto imperialista está generando muchos desafíos, oportunidades y peligros: las
tres cosas juntas. Espero que podamos discutir las nuevas formas que están surgiendo en
la resistencia; las alternativas y el nuevo proyecto de transformación del sistema
imperialista y capitalista.

El declive relativo de los
Estados Unidos
En
los noventa, Bush padre proyectaba un nuevo orden mundial. Pensaba que, a partir de la
victoria militar en Guerra del Golfo y la subordinación de los socios europeos, podría
elaborar un nuevo imperio en el que Estados Unidos pudiera controlar todos los factores de
poder; subordinando a los países petroleros, imponiéndose sobre Europa, y lanzándose
hacia el reconfiguración del mundo en función de un polo.
Este sueño imperialista monopolizador
recibió bastantes golpes. Primero tenemos el caso de los países del Golfo, empezando por
Irán, que rompen el boicot al gobierno iraquí de Saddam Hussein. Luego la competencia
Japón-Alemania-Francia que entra y empieza a tener relaciones económicas, inversiones,
etcétera; derrotando la política imperialista. Después surge el comercio de
integración de Irak con los países islámicos y con la OPEC. Y también a partir de
Turquía y Siria sale petróleo y empiezan a consolidar una reinserción contra el boicot
norteamericano. Lo mismo con Libia, que tiene relaciones con Italia y demás; lo que
implica otro fracaso de Washington en su esfuerzo por tratar de imponer su hegemonía.
Luego
tenemos el hecho de que, en América Latina, hay fuertes cortes. Primero en Colombia,
donde las FARC avanzan entre 1995 y 1999 ocupando e influyendo en el 50% de las
municipalidades del país; y están a cerca de 40 kilómetros de Bogotá . A este
debilitamiento se suman el avance de las luchas populares en Bolivia, Paraguay, Brasil; y
la desintegración de los gobiernos clientes y los presidentes peones: el desgaste de
Vanzer, de Macchi y de Cardoso, y la desintegración del régimen de De la Rúa tras el
levantamiento popular en Argentina.
Este
proceso, junto a la subida del presidente Chávez en Venezuela, ganando seis elecciones en
tres años, genera una pérdida de la influencia en términos del control que Washington
quiere demostrar.
Chávez
combina nacionalismo en la política externa con liberalismo en la política interna. Este
heterodoxo régimen, más el hecho de que Chávez abra relaciones y comercio favorable con
Cuba, se oponga al Plan Colombia, y finalmente plantee su oposición a la campaña mundial
de conquista, diciendo que no se puede luchar contra el terrorismo con el terrorismo;
provoca la inclinación de Washington hacia una línea golpista.
Estos
son algunos hechos que quiero destacar, aunque hay muchos más. Todos son indicadores del
declive relativo.
Conjuntamente
con aquellos hechos, la masificación de las protestas en Europa y Estados Unidos en
Seattle, Québec, Génova y demás indica que la hegemonía de la ideología
imperialista neoliberal empieza a perder vigencia. Este
declive, entonces, es la razón por la que Washington lanza la ofensiva.
También
necesita conquistar de una forma unilateral porque en la burbuja, adentro de Estados
Unidos, ha bajado la tasa de rendimiento de sus empresas. ¿Cómo entendemos eso? Lo
entendemos por ejemplo a partir de los cientos de miles de millones de dólares invertidos
en informática, que en vez de generar una nueva economía, generaron una gran caída. Una
caída no sólo en la Bolsa, sino también la bancarrota de la producción de software,
hardware, semiconductores, etcétera. Más otros cientos de miles de millones perdidos de
Fiberoptics y después en Biotecnology. Fiberoptics tiene ahora el uso de sólo el 5% de
su capacidad. Biotecnology, a pesar de los 40.000 millones de dólares invertidos en 30
años, genera sólo 25 productos que tienen rendimiento positivo.
Este
enorme gasto de capitales en empresas de poco rendimiento es otra de las razones para
desplazarse hacia fuera y extraer lo que puedan extraer, el tope, en América Latina. La
razón para volver a apretar más aquí es la necesidad de compensar las pérdidas que se
están operando en Estados Unidos. Hay una dinámica interna acompañando el declive
externo. Y más: los problemas sociales de salud en Estados Unidos, de los pensionistas,
también empiezan a pesar en los procesos políticos.
Lo
que hacen es una forma de cambiar la agenda pendiente: en lugar de resolver los problemas
internos, externalizar el problema y crear a partir de una crisis artificial
la unidad nacional y el chauvinismo para aplacar cualquier esfuerzo de dividir la sociedad
en clases en lucha.
Esta
dinámica, entonces, genera la ofensiva. La ofensiva significa, en la primera instancia,
la militarización de las realidades políticas y económicas: no hay otro tema a discutir
más allá del antiterrorismo. Todo lo demás hay que marginarlo.
En
segunda instancia, tiene una tendencia a fortalecer los presidentes clientes, a partir de
mayor ayuda militar y de la multiplicación de bases militares norteamericanas. Ya tienen
bases en Asia central, en Uzbekistán, Georgia, Yemen; en Medio Oriente, Filipinas; y
están multiplicándolas ahora en América Latina: en Perú, Ecuardor, Salvador, Aruba y
donde más puedan, tratando de reconstruirse en Colombia.
Eso
respecto a la militarización. Después, el esfuerzo por imponer en América Latina el
proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). ALCA no es simplemente un
acuerdo comercial: ALCA centraliza en los Estados Unidos las decisiones sobre la
formulación de los códigos de comercio; y los Estados Unidos asumen el marco legal de lo
que se puede o no se puede hacer en comercio, inversiones y demás. Esto es el
colonialismo.
Algunos
van a decir bueno, América Latina no pesa tanto en la política externa de Estados
Unidos; más importante es Asia, Europa. América Latina es menor. Este tipo de
análisis, puramente cuantitativo, es inadecuado. Fundamentalmente porque Estados Unidos
depende de un recurso que define la posibilidad de utilizar cualquier otro recurso: el
petróleo, de Venezuela y México, es vital para el funcionamiento de todos los otros
sectores combinados.
Y
no es simplemente eso. En los balances externos, la única región donde Estados Unidos
tiene balances favorables de gran tamaño es con América Latina. Tiene balances
enormemente desfavorables con Asia, tiene déficit con Europa y con Canadá; pero con
América Latina hay un saldo muy positivo. Y más: tiene enormes transferencias ilegales
desde América Latina hacia los Estados Unidos. Son cifras impresionantes. Un estudio del
Senado de los Estados Unidos sobre los grandes bancos Citibank, Bank Boston, Bank of
America, etcétera indica que lavan en fondos ilegales y cuestionables entre 200.000
millones a 500.000 millones por año. Eso no es simplemente tráfico de drogas o de
esclavas sexuales: también hay transferencias de políticos, banqueros y demás.
Entonces,
América Latina es central para Estados Unidos: si no la tuviera, los desequilibrios de
Estados Unidos superarían lo sostenible, debilitando el todo; y los extranjeros que lo
financian, principalmente los japoneses, no van a comprar bonos del Tesoro estadounidense,
pensando en una devaluación. Y eso precipitaría la caída.
El
Estado es central en la organización del Imperio. Como trato de indicar, la
militarización, la formulación del marco de comercio, el apoyo para la empresas en
crisis, las presiones para recuperar la confianza de los inversionistas extranjeros; todo
indica que tenemos un imperialismo donde el Estado es central para gestionar las
posibilidades de preservar el capital, aumentar su influencia y capturar los recursos. No
hay ninguna evidencia de que haya un Imperio sin imperialismo: al contrario, el nuevo
imperialismo es más estatista que en cualquier otro momento desde el siglo XVIII.
A
partir del imperialismo dirigido por el Estado, tenemos también el hecho de que las
luchas actuales están cada vez más dirigidas contra el Estado, y dentro de este marco,
las luchas sociales están cada vez más dirigidas hacia la toma del poder del Estado. Es
muy claro, si analizamos por ejemplo el Movimiento Sin Tierra en Brasil, o la toma del
Palacio por los indígenas en Ecuador, o el fenómeno de los villeros que bajaron de los
cerros en Venezuela, que el problema del contenido del Estado es central en la lucha. No
es coincidencia que el gran levantamiento en Buenos Aires apuntara hacia la Casa Rosada; o
que en el interior, en las provincias, la gente ocupara los centros políticos del poder.
Sin el control de Estado no hay forma de resolver ningún problema.
El
pueblo controlando los recursos del Estado, los ingresos del comercio, los impuestos; a
partir de eso fortalece las condiciones sociales, las obras, el empleo, los hospitales,
las escuelas; y también facilita la posibilidad de que, a partir de políticas
descentralizadas, la sociedad civil organizada a partir de los movimientos populares
maneje más recursos sobre la base de la autodeterminación.
Esa
dialéctica entre lucha popular desde abajo y la toma del poder, retroalimentando las
fuerzas populares, es la dinámica actual, lo que está pasando. Creo que las
contradicciones del Imperio están generando estas novedosas formas. Por ejemplo en
Brasil, el Movimiento Sin Tierra ocupando terrenos, resistiendo y generando unidades de
producción cooperativas, y formando una red de cooperativas orientadas a la formaciones
de alianzas con la ciudad para definir una alternativa de poder. El caso de las FARC no
necesita discutirse: es una lucha abierta por el poder, con un programa de reforma
agraria, redistribución de ingresos, nacionalización de los bancos, etcétera. Y los
zapatistas también son un grupo de poder poder sobre Chiapas, con autonomía y
legislación. La política del zapatismo, en su primera existencia, estuvo
organizada hacia la marcha de tomar el poder en la ciudad de México. Como el ejército
intervino y bloqueó la posibilidad de crear un movimiento nacional revolucionario,
reformularon una estrategia más regional: poder regional y control regional en las áreas
donde están ubicadas las comunidades indígenas.
Nadie
en el mundo, ningún movimiento, no está interesando en la toma del poder. Es una
invención, una ficción de pequeños grupúsculos de intelectuales que tratan de imponer
una política reformista. Ultrareformista, porque quieren simplemente presionar sobre las
instituciones, quieren construir micropolítica: micropolítica que sólo consigue
pequeñas concesiones puntuales frente al gran problema de 25% de desocupación. La
política reivindicativa sólo es positiva como una política de transición: acumulando
fuerzas, preparando avances hacia una próxima etapa, creando territorios liberados,
sectores de discusión, asambleas: todo en función de otra etapa, de mayor organización.
El caso argentino y la necesidad de unidad
La
tendencia a generalizar la lucha proviene de dos partes: viene de los partidos de
izquierda y viene de las experiencias desde abajo. Esto genera contradicciones dentro del
mismo proceso de avance: tensiones con los partidos de izquierda, que tienen un proyecto
que es legítimo, pero que están en conflicto con los nuevos sectores políticos, que
quieren formular su propio proyecto. Entonces hay debates, hay conflictos, y a veces se
empiezan a desgastar las asambleas y dividir los movimientos de piqueteros. En vez de
unificar vemos el comienzo de algún nivel de fragmentación.
Ese
es un desafío para superar, porque el enemigo está preparando ahora grandes golpes.
Estamos corriendo contra el tiempo en Argentina. Las
propuestas de Remes Lenicov y Blejer son proyectos de aplastar lo poco que queda aquí.
Despidos masivos, afirma el jefe del Fondo Monetario. Despidos
necesario, dice. Ya está anunciado. Eliminar los bonos del interior,
desarticular todas las economías internas para que sólo circule el peso respaldado por
el dólar. Eso es catastrófico. Y después la ley de quiebras, para que lo que queda
aquí lo puedan comprar a precios baratos los capitales extranjeros.
Frente
a esta catástrofe, únicamente la unidad de asambleas y piqueteros en una fuerza
coordinada puede evitar en la primera instancia la represión. Porque cuando
viene la represión no van a decir Alderete sos bueno, Alí es malo. Tampoco
van a decir que Almirante Brown es malo y la Matanza es bueno. Ellos no van a distinguir
entre negociadores y autónomos: van a golpear a todos, y van a determinar ellos a
quiénes quieren golpear primero. Es inevitable. Como hicieron en Alemania: primeros los
comunistas, después los socialdemócratas, después los cristianos de izquierda, después
cualquiera que simpatice con uno o el otro, hasta que al final terminan todos
debatiéndose en los campos de concentración. Eso no debe pasar aquí. A pesar de los
grandes debates, que son importantes, el momento de unidad está presente; por lo menos
frente a la inevitable represión, frente a la catástrofe ya escrita.
Tienen
aquí instrumentos positivos: tienen las experiencias de organización de varios años de
los piqueteros, tienen la organización que no existía hace un año de las
asambleas, tienen una ex clase media proletarizada sin ahorros, con salarios de un
tercio de lo que tenían: tienen ahora mucha más articulación que antes. Si, hay
debilidades: hay una lista que ustedes conocen mucho mejor que yo. Pero llega la hora de
la decisión.
A
esta altura, los próximos diez años de historia están en juego: si Argentina va avanzar
a partir de una democracia construida desde abajo hacia el control sobre una economía
socialista o socializante; o si va a sufrir un retroceso que implica la expulsión de diez
millones de argentinos de este territorio porque no tienen lugar. ?
(Fragmentos
de la ronda de preguntas)
LA
SITUACIÓN DE VENEZUELA
Hay
peligro de otro golpe
Sabemos
primero que Estados Unidos estuvo vinculado. Tenemos grandes pruebas de que Estados Unidos
no solo sabía sino que dirigía: el señor Carmona recibía órdenes de cómo actuar,
cómo hablar, las medidas que debía tomar. Un golpista que la primera cosa que hace es
cortar el petróleo a Cuba... ¿quién le está planteando eso? Ni los ricos de Venezuela.
Es obviamente Estados Unidos.
Ahora,
frente a eso, ¿cuál es la respuesta de Chávez?. No sabemos si los Estados Unidos
estaban involucrados, esperábamos que podamos tener buenas relaciones ellos. ¿Qué
significa eso, qué es ignorante? No. Creo que sigue una línea de tratar de
reconciliarse, en función de su política liberal y nacional. Tratar de balancearse entre
el imperialismo y la independencia.
Lo
mismo con su discurso frente a la oposición. La oposición golpista, digo: golpistas
violentos, que mataron gente, que tomaron el Palacio... Ningún gobierno en el mundo
dejaría a estos violentos volver a hacer política. ¡Ninguno!, ni Canadá, ni Francia,
ni Inglaterra, ni Estados Unidos. Pero el dirigente sindical Ortega, un verdugo, está
otra vez en su oficina y exigiendo la renuncia de Chávez. En Estados Unidos este golpista
ya estaría bajo juicio, preparándose para la pena de muerte. En Inglaterra o Francia
estaría en la cárcel. Y en Venezuela sigue con el golpismo. Los demás, los otros
golpistas, también vuelven a la carga. Ayer preparaban un nuevo ataque, preparan otras
huelgas, piden un referéndum... Entonces, ¿por qué Chávez permite eso? Porque sigue la
política de tratar de balancear liberalismo y nacionalismo.
Las
masas que bajaron de los cerros quieren la mano dura: quieren que implemente un programa
más profundo sobre lo social y que en lo económico quite los privilegios. ¿Y Chávez?
Un discurso popular, promesas, algunos gastos... pero maneja la economía como Cavallo.
Sigue la desregulación del mercado financiero entraron los españoles, hace
una reforma agraria del mercado ¡pagando en efectivo, inmediato, contado!.
Entonces,
hay peligro de otro golpe. Mientras él no tome la iniciativa de hacer una limpieza,
democrática, de la institucionalidad, y no dé paso a grandes inversiones sociales que
consolidarían al gobierno popular. Frente a su vacilación, Washington vuelve a la carga:
dice a la OEA que debe intervenir para supervisar la reconciliación.
Chávez
debe profundizar su comprensión de lo que es el imperialismo, que no va a perdonar
ninguna disidencia en este marco que traté de explicar. ?
LOS
MOVIMIENTOS SOCIALES EN AMÉRICA LATINA
Características
comunes
Hay
algunos factores en común entre los movimientos sociales de América Latina:
1.) En general combinan programas políticos con
luchas sociales. Quieren influir sobre el sector financiero, quieren reformas agrarias (la
mayoría de los movimientos poderosos están en zonas están en el campo, con excepción
de República Dominica y Argentina).
2.) Hay una nueva generación de líderes, de
entre veinte y treinta y pico de años, tal vez algunos entre treinta y cuarenta.
3.) Son independientes de los partidos políticos
de izquierda establecidos. No son auxiliares sino que tienen una dinámica propia: sus
propios líderes, su propio programa. Eso no implica que apoyen, en diferentes momentos,
partidos de izquierda o candidatos de izquierda. Pero siempre están apoyando su programa,
y no organizan el ritmo de su lucha en función de las elecciones. Como dicen compañeros
Sin Tierra en Brasil: hay elecciones este año, pero no vamos a parar las
ocupaciones de tierras, vamos a seguir ocupando terrenos; no vamos a suspenderlas porque
Lula pudiera conseguir algún voto más de algún latifundista asustado. En este
sentido, la dinámica es diferente a la de años atrás. Yo recuerdo que en Chile, cuando
la izquierda llegaba a elecciones, el movimiento campesino comunista o socialista
suspendía la lucha para, supuestamente, tener aperturas hacia la clase media. Eso los
movimientos actuales no lo aceptan.
4.) Funcionan mucho más con la acción directa:
tomando tierras, ocupando edificios estatales. Son los principales mecanismos para
realizar cambios. No sólo es eso, pero si es una forma de mejorar la vida y lograr
pequeñas victorias en situaciones bien concretas, que son el secreto para el crecimiento.
5.) Son más internacionalistas. Combinan la
lucha por la liberación nacional con la participación en redes internacionales. Redes
donde no hay más internacionalismo como un oráculo, con centro en Moscú, Beijing, La
Habana. No: redes de solidaridad.
6.) Tampoco tienen cultos de personalidades. No
tienen ningún caudillo que es el iluminado, que escribe todos los folletos, da todas las
charlas y tiene su representante en el exterior. En el MST, donde trabajo hace muchos
años, las invitaciones van al Comité Nacional, y deciden quién va a viajar al exterior.
Hay rotación también en el directorio, que no se consolida. ¡Miren cuántos partidos de
izquierda tienen un mismo Secretario General hace treinta años y hablan de la democracia!
Treinta años, ¡insólito! ¿Por qué? Porque es el más inteligente, porque monopoliza
todos los discursos y escribe todos los folletos. ¿Los demás? No tienen cabeza, tienen
que leer los folletos, para informarse.
Yo
creo que debemos tener partidos de izquierda con dirigentes rotativos que cuando pasa el
tiempo vuelven a su trabajo. ¿Por qué critican a la burocracia sindical
cuando la misma izquierda imita el mismo estilo? Eso indica una debilidad, que no tiene
preparadas nueva gente para reemplazar, que no crea espacios para nuevas generaciones. ?
LA
NECESIDAD DE UNIDAD DE LOS MOVIMIENTOS ARGENTINOS
Se
está preparando el terreno para una dictadura parlamentaria
Si
comparamos el nivel de politización y organización de los movimientos sociales
argentinos de ahora con el de hace un año, hay un gran salto. Aún no es suficiente, pero
hay que ir profundizando la consolidación, la politización, la ampliación de la lucha,
y crear las bases para tener victorias, victorias puntuales. Creo que eso es necesario,
conjuntamente con la necesidad de preparar la defensa. La defensa, porque si hay avance
ahora, el régimen de Duhalde y sus punteros, patotas y demás, están preparando un tipo
de contrainsurgencia desde abajo, como los fachos.
Es la primera fase para preparar el terreno para una dictadura con fachada parlamentaria.
El
problema es de unidad y organicidad. Y si pierdes las calles por miedo, estás perdido.
Hay que hacerles saber que vamos a defender nuestro derecho democrático, cueste lo que
cueste. Es obligatorio defender los derechos democráticos contra las fachos. No pueden
tener el control de las plazas, las calles, las rutas. Todos tenemos el derecho de
asamblea: ellos están violando la Constitución. Ellos están imponiendo la violencia.
Nadie
quiere la violencia así, por la violencia, pero tienes el derecho de autodefensa frente a
los antidemocráticos. No hay que dejar que la gente suelta sea golpeada o amenazada. Hay
que defender sus líderes, sus publicaciones y sus activistas. De esta formas se pueden
consolidar las amistades, la solidaridad y la posibilidad de avanzar y dar una señal a
los de arriba: hay límites, llegamos hasta aquí, y no más. ?
FRENTE A
LAS OPERACIONES MEDIÁTICAS
Debemos
multiplicar nuestros medios alternativos
La
prensa, la gran prensa burguesa, siempre va a estar contra nosotros. Pero la prensa no es
omnipotente: si lo fuera, tres millones de argentinos que es la cifra que se maneja
actualmente no podrían participar de las marchas, las ocupaciones, los
levantamientos. A pesar de los medios, se insertaron en la lucha.
Es
cierto que los medios tienen un enorme poder de influencia, pero no son omnipotentes.
¿Qué debemos hacer nosotros? Debemos multiplicar nuestras fuentes alternativas: radios,
informática, correo electrónico, publicaciones, videos, cualquier creación desde
nosotros hacia el público. Y más: en cada lugar donde estemos, debemos plantear
preguntas, discutir con la gente. Difundir y hablar abiertamente: ese es el mecanismo para
llegar a millones de personas.
El
hecho de crear imágenes positivas de los avances también influye mucho. Ganar una lucha
es el mejor ejemplo para influir sobre las grandes mayorías, que quieren victorias, no
quieren escuchar tangos. ?
[1] Disertación realizada en la inauguración de la Cátedra "Movimiento Sociales en América Latina" organizada por la Coordinadora de Organizaciones Populares Autónomas (COPA). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, 20 de abril de 2002.
[2] Doctorado en Sociología en la Universidad de Berkeley, Estados Unidos. Especialista en movimientos sociales de América Latina. Colaborador del Movimiento de los Sin Tierra (MST) de Brasil.