| Datos
sobre el paso: Saliendo de la Serena, ciudad
ubicada en la costa del Océano Pacífico, en la Región
IV de Chile, tan solo 345 km se deben recorrer por la
Ruta Internacional 150 para llegar a Las Flores, en la
Provincia de San Juan, Argentina. Para poder realizar
este circuito es necesario atravesar el Paso Fronterizo
del Agua Negra, de 4779 msnm, que con su altura
representa el punto de unión apto para todo tipo de
vehículos mas alto de todos los que comunican Chile con
Argentina.
Por su ubicación, este paso sería muy estratégico por
comunicar el puerto de aguas profundas de Coquimbo, uno
de los mas importantes de Chile, con el resto de
Sudamérica y el resto del mundo a través del puerto de
San Pablo en Brasil, el problema de su utilización es la
gran altura por la que hay que cruzar; para solucionar
este obstáculo existe un proyecto a largo plazo de
realizar un túnel que reduciría la altura a casi mil
metros de la actual, pero esto deberá esperar.
También este sitio tiene una gran importancia histórica
por ser uno de los pasos que utilizó una de las cinco
Patrullas de la Columna Libertadora del Ejército de los
Andes, encabezada por el Coronel Juan Cabot, para
combatir a los Ejércitos de la Corona Española en busca
de la liberación de Chile.
El
viaje:
Luego de haber
planeando este viaje por mas de 2 años y haberlo
suspendido por diversos motivos, el sábado 10 de Abril
de 1999 llegó el momento de la partida, Diego Cancelo,
Oscar Peira y yo salimos desde Rosario en micro rumbo a
Chile. Para ellos era muy importante esta travesía por
tratarse del paso fronterizo mas alto, para mi, a parte
de esto tenía un significado mucho mayor, era mi
bautismo en este fascinante mundo del cicloturismo, hasta
el momento había realizado algunos viajes, pero siempre
habían sido menores a un día y siempre regresando a
dormir al mismo lugar de la partida.
El objetivo principal de la travesía era poder realizar
este camino en el menor tiempo que pudiéramos, por lo
que tuvo un carácter mas deportivo que de conocimiento
de lugares y bellos paisajes aunque esto último en
ningún momento faltó.
Como punto de partida elegimos la Ciudad de La Serena por
tres motivos: el primero fue porque preferimos realizar
el viaje en micro mas largo a la ida y dejar el mas corto
para el regreso. El segundo motivo, bastante importante,
era poder realizar el descenso del lado argentino, que
por su geografía sabíamos que nos proporcionaría un
gran placer al bajar tantos metros en pocos kilómetros.
El tercero y principal fue que según los que
averiguamos, los vientos predominantes de la región son
continuamente del cuadrante oeste, al elegir este sentido
iríamos todo el viaje con viento a favor.
Domingo 11 de
Abril
Toda una aventura
fue llegar a La Serena; 2 transbordos, el primero en
Mendoza y el segundo en Viña del Mar, un micro que se
rompía a cada rato y al bajarnos del último, sumamente
cansados por el efecto demoledor de 27 horas de viaje, un
ejército de niños vino a nuestro encuentro para ver
quienes eran los personajes que acababan de llegar con
tantos bultos y cachivaches. Viendo que ya era la 1 de la
madrugada buscamos alojamiento bajo el techo de una
galería en una estación de servicio, donde nos
permitieron dormir hasta las 7 a.m. ya que en ese horario
ingresaría el personal del local.
Cumpliendo con las reglas impuestas, a las 7 en punto ya
teníamos las bicis listas para la partida. Para dar
comienzo a esta impresionante travesía hicimos algunas
cuadras en sentido contrario a la dirección a donde
debíamos dirigirnos para tomar como punto de partida la
costa del Océano Pacifico, en la Playa el Faro. En ese
lugar, luego de sacarnos algunas fotografías y llamar a
nuestras casas para dar señales de vida, emprendimos la
marcha en un día gris y con un fuerte viento del oeste.
Tal como lo habíamos calculado, el viento a favor nos
ayudo mucho en los cuatro días que duro nuestro viaje.
Como ya comenté, el objetivo principal de esta travesía
no era el de conocer profundamente cada uno de los
lugares y paisajes, sino que era cruzar el paso del Agua
Negra en el menor tiempo posible, al mejor estilo
carrera, así que nuestro paso por La Serena, como
también por el resto de los poblados que cruzamos fue
muy breve.
Al salir de La Serena comienza la zona rural del Valle
del río Elqui, muy conocida por ser la mayor región
productora de Pisco de todo Chile. En la parte mas baja
de este valle hay gran cantidad de cultivos de papaya, un
vegetal de hojas grandes y aspecto de palmera de cuyo
fruto se extrae uno de los mas exquisitos jugos que he
probado en mi vida.
Sobre el medio día, con un sol abrazador y calcinante,
decidimos que lo mejor era parar a descansar un poco bajo
la sombra, comer algo y continuar cuando el sol deje de
castigarnos. Como estabamos a escasos kilómetros de
Vicuña, hicimos un esfuerzo mas hasta llegar y hacer
nuestra parada ahí. Al llegar, la idea que teníamos,
surgida de la boca de Diego, era buscar algún lugar para
comer un buen plato de ravioles, y a pesar de que
recorrimos este pueblo de aproximádamente 3000
habitantes de punta a punta, solo encontramos un comedor
donde nos sirvieron un suculento plato de cazuela de ave
(puchero de gallina) acompañado por una costeleta y
arroz y para beber unos ricos jugos que a decir verdad no
sabíamos bien de que fruta estaban hechos. La
cordialidad con que nos recibió y atendió el dueño del
lugar fue impresionante, y mas aún cuando se enteró que
éramos de Rosario, el lugar de donde era su cantante
favorito: Fito Paez.
Al terminar el almuerzo salimos a recorrer un poquito mas
el pueblo y nos sorprendieron la belleza de las torres
centenarias de madera del edificio municipal y la iglesia
del pueblo, ambos ubicados frente a la plaza central.
Todavía con un fuerte sol nos tiramos a descansar bajo
los arboles, sobre los bancos de esta plaza, muy linda
por cierto. De repente, a la distancia comencé a sentir
unas cuantas voces de niños, al reaccionar me di cuenta
de que esas voces no provenían de muy lejos, sino que
eran de un grupo de chicos del lugar que mientras
observaban nuestras bicicletas formando un círculo
alrededor nuestro hacían comentarios y conjeturas sobre
quienes éramos, de donde veníamos y a donde nos
dirigíamos con tanto equipaje cargado sobre nuestras
máquinas. Al reaccionar un poco mas observé mi reloj y
caí en la cuenta de que ya hacía mas de una hora que
los tres habíamos sido víctimas de un sueño profundo.
Después de charlar un rato con los chicos emprendimos
nuevamente la marcha alrededor de las 16 hs.
Luego de cruzar Vicuña el paisaje comienza a cambiar
bastante, se torna mas árido y los cultivos de papaya
son reemplazados por prolijos viñedos. La marcha
continúa en permanente ascenso, como había sido durante
toda la mañana y como seguiría por los próximos dos
días y medio. El camino, permanentemente bordeando el
río Elqui, comienza a cerrarse en una quebrada cada vez
mas estrecha.
Después de unas buenas horas de marcha llegamos a
Chapilca, un pequeño poblado de no mas de 50 casas de
madera muy prolijas y alineadas, una iglesia y una
escuela, también de madera las dos. Luego de charlar un
poco con un habitante del lugar nos enteramos que el
pueblo es una comunidad diaguita que vive del cultivo de
la uva y las artesanías. El mismo lugareño fue quien
nos advirtió que no debíamos consumir agua del río
Elqui, ya que posee un alto grado de contaminación con
arsénico proveniente de la Mina el Indio que se
encuentra mas arriba, para consumir siempre debíamos
pedir agua en los escasos poblados o sacar de los
pequeños arroyos o vertientes que desembocan en el
Elqui.
Luego de un descanso, armamos nuestra carpa junto al río
y después de alimentarnos y disfrutar de la refrescante
noche, con nuestros cuerpos agotados por la larga jornada
nos despedimos del día y nos echamos a dormir.
Recorrido total
del día: 97 km
Lunes 12 de
Abril
Con una mañana
bastante fresca emprendimos nuevamente la marcha, pero al
poco tiempo de la partida, nuestro principal enemigo
comenzó a calentar nuevamente el ambiente, haciendo cada
vez mas agotador el pedaleo y obligándonos a consumir
gran cantidad de líquido.
A los pocos kilómetros de Chapilca, en Guanta, el
último de los poblados que cruzamos, termina el
confortable camino de asfalto para dar comienzo al ripio
en muy buen estado pero muy cansador. A partir de aquí
el tránsito del camino que hasta el momento no había
sido mucho solo quedaría compuesto por camiones cargados
de minerales que bajaban a toda velocidad de la mina y
también de unos cuantos rebaños de cabras dirigidos por
perros y arrieros montados sobre caballos.
Habíamos notado que no era mucha la comida que nos
quedaba, en especial los alimentos fríos para consumir
durante la marcha (alfajores, galletitas, cereales, etc.)
y pensamos en reabastecernos en el último poblado que
figuraba en el mapa: Balala. De repente, en el camino
encontramos un cartel que indicaba la cercanía de este
"pueblo", pero a pesar de que observamos hacia
todos los rincones no pudimos encontrar mas que un rancho
de piedras. Como todavía teníamos esperanzas de
encontrar algo mas que el rancho, nos acercamos a él
para preguntarle al propietario que camino debíamos
tomar para llegar a Balala, pero nuestra desilusión fue
muy grande al escuchar la respuesta: "Están en
Balala, es aquí", al escuchar esto nos entró una
gran preocupación, debíamos comenzar a cuidar mucho
nuestra comida.
Alrededor de las 11 a.m., con un sol sumamente abrazador,
decidimos descansar un rato bajo el único arbolito que
cruzamos en varios kilómetros, luego de comer unas
galletitas e hidratarnos bien, continuamos la marcha por
el mismo camino de ripio que cada vez se ponía mas
monótono y mas empinado.
Pasado el medio día, alrededor de las 13:30 hs, con un
sol y un calor ya insoportables encontramos junto al
camino, en una curva, un gran árbol con una vertiente
bastante grande al lado, el lugar ideal para un buen
almuerzo y descansar unas horas hasta que el ambiente
comience a enfriarse. Aquí nos quedamos un rato
suficiente como para terminar nuestro almuerzo y dormir
una gran siesta de algo mas de una hora.
Reanudamos la marcha y en poco tiempo, alrededor de las
17:00 hs casi sin darnos cuenta llegamos a la Junta del
Toro. Aquí en la junta, donde confluyen el río El Toro
y el río La Laguna que dan origen al Elqui, se ubican
las instalaciones de la aduana chilena y carabineros. De
aquí en adelante ya no tendríamos problemas en consumir
el agua del río, ya que la contaminación, proveniente
del río El Toro, quedaba abajo.
Nuestra idea al llegar a La Junta, debido a que todavía
era temprano y teníamos por lo menos 3 horas mas de luz,
era hacer los trámites de migraciones y continuar la
marcha, pero al recibir el ofrecimiento por parte de los
carabineros de unas buenas camas y un baño con agua
caliente en las instalaciones de la aduana, no lo dudamos
y por decisión unánime dimos fin a la corta jornada
ahí mismo. Los colchones fueron de los mas cómodos pero
el baño quedó en las palabras, se habían olvidado de
informarnos que hacía unos días que estaban con la
bomba rota y no podían llenar los tanques, pero
igualmente valió la pena.
Recorrido total
del día: 60 km.
Martes 13 de
Abril
En la tercera
jornada no nos fue posible comenzar la marcha muy
temprano debido a que la aduana recién comienza a
trabajar en teoría a las 8 a.m., pero el responsable del
lugar, el que tenía que hacernos los papeles, recién
apareció pasadas las 9 a.m., después de que fuimos a
golpearle la puerta de la casa.
Tarde, con un cielo gris y un clima bastante frío
comenzamos una nueva marcha. Al poco tiempo comenzó a
despejarse y otra vez a levantar la temperatura, pero ya
no era demasiado elevada por los casi 3000 msnm en que
nos encontrábamos.
A partir de aquí ya nos libramos del tránsito de los
camiones que bajaban de la mina, en los 2 días
siguientes solo cruzamos, a parte de algunos arrieros, 2
autos y 2 motos, todos sorprendidos al ver a tres locos
ciclistas por esos inhóspitos lugares.
En esta etapa del viaje fue la primera vez que el grupo
comenzó a separarse un poco, Diego, con un estado
físico impresionante se adelanto unos kilómetros, yo
quedé en el medio, con mi ritmo tranquilo pero constante
y Oscar comenzó a retrasarse cada vez mas. En un
momento, al perder de vista a Diego y ver que Oscar se
había detenido decidí parar y retroceder para ver que
le estaba pasando. Cuando llegué hasta donde estaba él
su respuesta fue, "este camino es sumamente
aburrido, se me hace cada vez mas monótono".
También se había quedado sin agua y como yo llevaba 2
litros le llené sus botellas, con lo que también quedé
mas aliviado al tener un kilo menos en mi equipaje.
Después de retomar el camino encontramos a Diego que
también se había detenido al ver que nosotros no
llegábamos.
Ya estabamos bastante cansados, llevábamos encima ya 2
días y medio de marcha continua, la pendiente era cada
vez mayor, también la altura era elevada, nos
encontrábamos a mas de 3200 msnm y como ya habíamos
pasado el medio día nuestros estómagos comenzaron a
hacer reclamos alimenticios. Sabíamos que estábamos
bastante cerca de la Laguna así que decidimos continuar
hasta llegar y hacer un buen descanso ahí, pero esta
recién apareció luego de mas de un hora de marcha.
Al llegar a Tranque La Laguna, así es llamado este
inmenso reservorio artificial de agua, nos sorprendimos
mucho ya que esperábamos encontrar una pequeña
lagunilla y nos encontramos con un gigantesco espejo de
agua a 3500 msnm. Aquí, sin necesidad de preguntarle a
mis compañeros, me puse a cocinar un abundante guiso de
arroz que nos devoramos de inmediato y como nos quedamos
con hambre luego preparamos unas sopas bien espesas.
Ahora sí con nuestras panzas llenas nos tiramos un rato
a descansar y recostados disfrutamos del hermoso paisaje
cordillerano.
A partir de aquí el paisaje se torna mas llevadero, la
quebrada comienza a abrirse un poco y los cerros ofrecen
una gran belleza cromática entre la gama de los ocres y
los rojizos.
Con un ritmo muy lento provocado por la gran altura
superior a los 4000 msnm en que nos encontrábamos nos
sorprendió la noche sobre nuestras bicicletas y a pesar
del intenso frío decidimos continuar un rato mas
iluminados por nuestras linternas y las estrellas, solo
nos detuvimos para abrigarnos bastante (guantes, gorros,
parkas, etc.). En esta etapa fui yo el que comencé a
retrasarme. En un momento veo a los chicos que estaban
detenidos al costado del camino iluminando con las
linternas, al llegar al lugar descubrí la carpa que ya
estaban terminando de armar lo que fue un gran alivio
para mi. Cuando terminaron de armarla inmediatamente los
dos se metieron dentro de sus bolsas de dormir y se
quedaron en silencio, yo notaba que estaba faltando algo
importante en mi vida, hasta que reaccioné de que se
trataba: ¡tenía un hambre terrible! y como vi que Diego
y Oscar no se movían, también por el cansancio,
pregunté en voz baja si querían que prepare algo para
comer y al unísono, y a pesar del cansancio, con una
sonora voz en el silencio me respondieron !SI! Entre los
pocos víveres que nos quedaban encontré un paquete de
harina de maíz, que en unos pocos minutos se convirtió
en una exquisita polenta con queso.
Recorrido total
del día: 75 km.
Miércoles 14
de Abril
Alrededor de las 7
a.m. el termómetro marcaba -8°C, las botellas de agua
que habían quedado fuera de la carpa estaban
completamente congeladas, pero a pesar de las condiciones
extremas decidimos empezar el día temprano. Después de
un liviano desayuno en el que tuvimos que dividir entre
los tres el único alfajor que teníamos emprendimos un
nuevo día sumamente agotador.
El paisaje, desde las últimas horas del día anterior,
se había convertido en un espectáculo de altos cerros
nevados por todos lados, la quebrada cerrada ya había
quedado atrás, los vientos se hicieron mas fuertes, pero
siempre ayudándonos desde atrás.
Aquí nos encontramos con que el camino se dividía en
dos, uno para bajar de la cima y otro para subir. Como es
de suponer, la bajada es corta, recta y súmamente
empinada, la subida todo lo contrario. Después de
conversarlo un poquito entre los tres decidimos subir por
la bajada para acortar camino. Obviamente en este
terrible ascenso no se podía pedalear, teníamos que ir
constantemente caminando y empujando las terribles bicis.
A los 500 metros de caminata volvimos a cruzar el camino
real de subida, ahí volvimos a ver que era lo
conveniente y fue donde el grupo se separó
definitivamente. Oscar y Diego, prefirieron continuar por
el camino de bajada empujando las bici, en cambio yo
decidí hacer un recorrido 20 km mas largo pero siempre
por un camino mas suave y pedaleando permanentemente.
En el zigzagueante camino, solo en compañía del
paisaje, mi bici y el silencio, fui muy despacio, a un
promedio algunas veces menor a 5 km/h disfrutando de los
imponentes cerros nevados que me anunciaban cada vez mas
la cercanía de la frontera. Luego de una curva, quedé
estupefacto e inmóvil al ver la belleza radiante de un
campo de penitentes que cruzaba el camino por encima de
los 4600 msnm, al acercarme cada vez mas quedaba mas
sorprendido por el esplendor. Al llegar a él, en la
sombra que producía la pared vertical del glaciar me
quedé unos minutos para recuperar el aliento, ya que al
descubrir de lejos semejante belleza apuré la marcha y
por la falta de oxigeno propia de la altura estaba casi
sin poder respirar. Luego de un corto descanso emprendí
la marcha nuevamente y en menos de una hora me encontraba
en los 4779 msnm del Paso del Agua Negra, el punto mas
alto de nuestra travesía, en ese momento sentí una gran
emoción, había vencido al gran paso y también un gran
alivio al saber que aquí terminaba el terrible ascenso
de los últimos 3,1/2 días, lo único que lamenté mucho
es no poder compartir ese momento triunfal con los
chicos, tenía ideas de encontrarlos ahí como habíamos
acordado y festejar juntos pero debido al intenso frío y
el terrible viento y también como no estaba seguro si ya
habían pasado o estarían atrás no fue mucho lo que
esperé, en solo 15 minutos comencé el adrenalítico
descenso de mas de 2500 metros de desnivel en 90 km. Los
primeros aproximados 20 kilómetros de la bajada, del
lado argentino, son los mas terribles, es un zigzag
constante por camino de ripio que me permitía bajar a
una velocidad superior a los 50 km/h. En esta parte del
camino también crucé un imponente glaciar como el
anterior, pero debido a que ya estaba bajando el sol y
fundamentalmente por lo emocionado que estaba con la
bajada apenas lo vi al cruzar a gran velocidad al lado
suyo.
Luego de unos cuantos kilómetros de ripio el camino se
transforma en una pista de asfalto, destruida por el
tiempo y la nieve del invierno, que aparece y desaparece
continuamente.
Al llegar a Guardia Vieja, el puesto de Gendarmería de
las Flores, casi tengo un terrible accidente al no ver
una cadena cruzada de lado a lado del camino
interrumpiendo el paso, al descubrirla los pobres V-Brake
comenzaron a sacar chispas mientras rozaban con las
recalentadas llantas, por suerte puede frenar a unos
escasos metros y evitar una fuerte caída. Luego, al
encontrarme con los chicos me comentaron que ellos
también casi se llevan por delante la cadena.
Al verme llegar salió un gendarme a mi encuentro quien
generosamente me invitó a pasar un rato y me convidó
con unas frutas y jugo para hidratarme un poco. Aquí me
enteré que los chicos ya habían pasado hacía mas de
media hora por el lugar, así que no fue mucho el tiempo
que me quedé, quería volver a verlos para charlar un
poco, principalmente sobre el momento en que alcanzaron
el paso y el espectacular descenso.
También otro dato importante que me comentaron en
gendarmería fue que cuando nosotros salimos de la aduana
de chile, los carabineros les informaron por radio que
iban 3 ciclistas por el paso y el tiempo que
demoraríamos para que nos esperen, realmente me pareció
muy bueno este tipo de comunicaciones solidarias. Es para
destacar la cordial atención que recibimos de las
fuerzas de ambos paises.
Al salir de Guardia Vieja el camino continúa con un
descenso bastante pronunciado por unos kilómetros mas
hasta que se empareja bastante y continua hasta llegar a
las Flores con una pendiente descendente muy suave, en
comparación con la anterior.
Cuando llegué a Las Flores, con una penumbra que
anunciaba en pocos minutos una oscuridad total, me
dirigí a la aduana, donde luego de realizar los
trámites de ingreso al país me dieron las indicaciones
del hotel donde me tenía que encontrar a los chicos,
así que ya con noticias mas claras sobre mis compañeros
seguí las instrucciones para poder reunirme rápido.
En plena noche comencé a dar vueltas por el pueblo y a
pesar de que me habían dado indicaciones bastante
claras, después de una hora de ir de un lado a otro no
pude encontrar el lugar, ya muy cansado, decidí ir al
único hotel que había cruzado, ahí pregunté si
habían visto a los chicos y me respondieron que no
había pasado ningún ciclista por el lugar. Un poco sin
saber que hacer me quedé esperando un rato en la puerta
del hotel, al rato decidí ir a dar otra vuelta para ver
si los encontraba y ni bien hice media cuadra vi dos
luces que se acercaban hacia donde estaba yo. Muy
emocionado aceleré el ritmo hasta llegar a su encuentro,
estabamos muy emocionados, pero también muy cansados y
sin pensarlo mucho fuimos al hotel que había descubierto
yo. En la cena, mientras contábamos las experiencias del
día y hacíamos comparaciones del camino que había
tomado un y otro, decidimos entre los tres, sin muchas
excusas, no continuar los dos días de pedaleada que nos
faltaban para llegar a San Juan por un camino
completamente asfaltado y con muy poca agua, consideramos
que la travesía ya era un éxito, el gran Paso del Agua
Negra había quedado a nuestras espaldas y con esto ya
era mas que suficiente, podíamos darnos por satisfecho
hasta la próxima cicloaventura.
Recorrido total
del día: 123 km
Carlos Ducler 
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