NOCIONES DE ESCRITURA CREATIVA



ENTREGA Nº 21

EL DADAISMO (Primera parte)
 
 

En Flandes, en las postrimerías de la primera guerra, nació el Dadaísmo, fruto del cansancio y la decepción, ante el espectáculo de esa contienda que desmentía todas las utopías humanas, dando un sentido humorístico a las declaraciones humanitarias y filantrópicas del siglo.

El dadaísmo es una carcajada de liberación, la risa del payaso ante el derrumbe del circo. Por eso,como un payaso sentimental que al fin abjura de sus lágrimas, se puso el traje al revés y revirtió el sentido, no sólo de la literatura, convirtiéndola en objeto de mofa y escarnio, sino también de todas las presuntas y sobadas manifestaciones del progreso.

Era su actitud, en el fondo, la de quien no quiere ser engañado por centésima vez; porque acaba de comprender para siempre el lado risible de la comedia humana, y se apronta a disolver en el agua regia de su flamante humorismo, escéptico y burlón, los viejos e inflados ídolos del arte y de la política, negando valor a las construcciones de la razón, de la lógica, del sentido común desacreditadas por sus resultados.

De ahí que cayera en la más extravagante y escandalosa anarquía espiritual y artística. De tal modo que cabe preguntar si corresponde tomarlo en serio o echar a pérdidas y ganancias sus excentricidades. Si se opta por lo primero, queda la disyuntiva de estudiarlo como escuela literaria - lo que parece presuntuoso - o como un simple estado de espíritu. La verdad es que el Dadaísmo, si sobrevive en la historia, no será por sus obras, sino como pintoresco fenómeno psicológico.

Allá por el año 1916, existía un lugar de tertulia de los intelectuales, se llamaba Cabaret Voltaire en Zurich, insatisfechos escritores, con levadura revolucionaria cristalizaron la idea de dar vida oficial a la tendencia iconoclasta contra el arte, la moral, la sociedad y sobre todo contra la pretenciosa hegemonía de la razón.

Para destruir el orden común hay que desprenderse, aunque cueste un desgarramiento, de todos los escrúpulos del convencionalismo tradicional, de la moral, de las costumbres, de las ideas, que formaban precisamente las mallas en que se ahogó el mundo. Por eso, acaso haya dentro de essta bufonada dadaista, un supuesto de tragedia humana.

El movimiento dadaista no puede configurarse en escuela filosófica ni literaria, sin recaer en lo que quiere combatir. No habrá, pues, en los dadaístas, nada que sea reflexión o dogma. El mundo es un cambalache fortuito, un almacén de tonterías doctorales, que solo denotan la natural estupidez del hombre, la intrascendencia de la vida la futalidad de la razón y lo risible de lo serio.

 
 
 





 




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