|
Al igual que en España, el Romanticismo llega tardíamente
o en ráfagas al resto del continente. Podemos fijar la segunda
década del Siglo XIX como mojón referencial para el reconocimiento
de un movimiento ya constituido y emplazado. El clima social era más
propicio para que se detonaran los anhelos románticos en los demás
países.
En Francia,
con Víctor Hugo y Theophile Gautier, el movimiento romántico se
concentró en lo formal, habiendo adquirido una versión ya asentada
por parte de sus antecesores, cabe decir, que Francia al no tener
que imponer un ideal lo toma plácidamente, exento de los matices
propiamente revolucionarios que lo caracterizó durante sus primeros
días. Este Romanticismo académico y de cenáculo daría más adelante
de mano de Gautier precisamente, los fundamentos de la escuela
parnasiana.
En Italia, la
figura de Giacomo Leopardi, aunque solitaria, dejó uno de los más
claros manifiestos románticos a través de obras como "A Italia",
"Canto nocturno" o "La retama". Este Lúcido escritor también nos
legó varios ensayos acerca de la literatura y un importante trabajo
sobre los alcances del Romanticismo. En Rusia, el célebre
Alexander Pushkin (Ilustración en tope) encarnó el ideal romántico a un extremo decisivo.
Este poeta, considerado a su vez como el fundador de la literatura
rusa moderna, fue sancionado por sus ideas liberales, algunas de las
cuales aparecen en sus obras.
|
Estoy
entre rejas en húmeda celda. Criada en cautiverio, un águila
joven, mi triste compañía, batiendo sus alas, junto a la
ventana su pitanza pica.
La
pica, la arroja, mira la ventana, como si pensara lo mismo que
yo. Sus ojos me llaman y su griterío, y proferir quiere:
¡Alcemos el vuelo!
¡Tu y
yo somos libres como el viento, hermana! Huyamos, es hora donde
blanquea entre nubes la montaña y brilla de azul la
marina, donde paseemos sólo el viento...¡ y yo !
Alexander Pushkin
|