NOCIONES DE ESCRITURA CREATIVA



ENTREGA Nº 10

 
 

XXXV
EL POETA Y LOS SUEÑOS DIURNOS
1907 (1908)

Los profanos sentimos desde siempre vivísima curiosidad por saber de donde el poeta, personalidad singularisima, extrae sus temas - en el sentido de la pregunta que aquel cardenal dirigió a Ariosto - y como logra conmovernos con ellos tan intensamente y despertar en nosotros emociones en las que ni siquiera nos juzgábamos acaso capaces. Tal curiosidad se exacerba aún ante el hecho de que el poeta mismo, cuando le interrogamos, no sepa respondernos, o solo muy insatisfactoriamente, sin que tampoco le preocupe nuestra convicción de que al máximo conocimiento de las condiciones de la elección del tema poético y de la esencia del arte poético no habría de contribuir en lo más mínimo a hacernos poetas.
¡Si por lo menos pudiéramos descubrir en nosotros o en nuestros semejantes una actividad afín en algún modo a la composición poética! La investigación de dicha actividad nos permitiría esperar una primera explicación de la actividad creadora del poeta. Y verdaderamente existe la posibilidad; los mismos poetas gustan de aminorar la distancia entre su singularidad y la esencia generalmente humana y nos aseguran de continuo que en cada hombre hay un poeta y que solo con él ultimo hombre morirá el último poeta.
¿ No habremos de buscar ya en el niño las primeras huellas de la actividad poética? La ocupación favorita y más intensa del niño es el juego. Acaso sea lícito afirmar que todo niño que juega se conduce como un poeta, creándose un mundo propio, o más exactamente, situando las cosas de su mundo en un orden nuevo, grato para él. Seria injusto en este caso pensar que no toma en serio ese mundo: Por lo contrario, toma muy en serio su juego y dedica en él grandes afectos. La antitesis del juego no es gravedad, sino la realidad. El niño distingue muy bien la realidad del mundo y su juego, a pesar de la carga de afecto con que lo satura, y gusta de apoyar los objetos y circunstancias que imagina en objetos tangibles y visibles del mundo real. Este apoyo es lo que aun diferencia el jugar infantil del fantasear.
Ahora bien: el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo fantástico y lo toma muy en serio; esto es, se siente íntimamente ligado al, aunque sin dejar de identificarlo resueltamente de la integridad. Pero de esta irrealidad del mundo poético nacen consecuencias muy importantes para la técnica artística, pues mucho de lo que, siendo real, no podría procurar placer ninguno puede procurarlo como juego de la fantasía, y muchas emociones penosas en si mismas pueden convertirse en una fuente de placer para el auditorio del poeta.

 

 

 



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