LIBRO V
1. Al amanecer, cuando de mala gana y perezosamente despiertes, acuda puntual
a ti este pensamiento: «Despierto para cumplir una tarea propia de hombre.»
¿Voy, pues, a seguir disgustado, si me encamino a hacer aquella tarea
que justifica mi existencia y para la cual he sido traído al mundo? ¿O
es que he sido formado para calentarme, reclinado entre pequeños cobertores?
«Pero eso es más agradable». ¿Has nacido, pues, para
deleitarte? Y, en suma, ¿has nacido para la pasividad o para la actividad?
¿No ves que los arbustos, los pajarillos, las hormigas, las arañas,
las abejas, cumplen su función propia, contribuyendo por su cuenta al
orden del mundo? Y tú entonces, ¿rehúsas hacer lo que es
propio del hombre? ¿No persigues con ahínco lo que está
de acuerdo con tu naturaleza? «Mas es necesario también reposar.»
Lo es; también yo lo mantengo. Pero también la naturaleza ha marcado
límites al reposo, como también ha fijado límites en la
comida y en la bebida, y a pesar de eso, ¿no superas la medida, excediéndote
más de lo que es suficiente? Y en tus acciones no sólo no cumples
lo suficiente, sino que te quedas por debajo de tus posibilidades. Por consiguiente,
no te amas a ti mismo, porque ciertamente en aquel caso amarías tu naturaleza
y su propósito. Otros, que aman su profesión, se consumen en el
ejercicio del trabajo idóneo, sin lavarse y sin comer. Pero tú
estimas menos tu propia naturaleza que el cincelador su cincel, el danzarín
su danza, el avaro su dinero, el presuntuoso su vanagloria. Estos, sin embargo,
cuando sienten pasión por algo, ni comer ni dormir quieren antes de haber
contribuido al progreso de aquellos objetivos a los que se entregan. Y a ti,
¿te parecen las actividades comunitarias desprovistas de valor y merecedoras
de menor atención?
2. ¡Cuán fácil es rechazar y borrar toda imaginación
molesta o impropia, e inmediatamente encontrarse en una calma total!
3. Júzgate digno de toda palabra y acción acorde con la naturaleza;
y no te desvíe de tu camino la crítica que algunos suscitarán
o su propósito; por el contrario, si está bien haber actuado y
haber hablado, no te consideres indigno. Pues aquéllos tienen su guía
particular y se valen de su particular inclinación. Mas no codicies tú
esas cosas; antes bien, atraviesa el recto camino consecuente con tu propia
naturaleza y con la naturaleza común; pues el camino de ambas es único.
4. Camino siguiendo las sendas acordes con la naturaleza, hasta caer y al fin
descansar, expirando en este aire que respiro cada día y cayendo en esta
tierra de donde mi padre recogió la semilla, mi madre la sangre y mi
nodriza la leche; de donde, cada día, después de tantos años,
me alimento y refresco, que me sostiene, mientras camino, y que me aprovecha
de tantas maneras.
5. «No pueden admirar tu perspicacia.» Está bien. Pero existen
otras muchas cualidades sobre las que no puedes decir: «No tengo dotes
naturales.» Procúrate, pues, aquellas que están enteramente
en tus manos: la integridad, la gravedad, la resistencia al esfuerzo, el desprecio
a los placeres, la resignación ante el destino, la necesidad de pocas
cosas, la benevolencia, la libertad, la sencillez, la austeridad, la magnanimidad.
¿No te das cuenta de cuántas cualidades puedes procurarte ya,
respecto a las cuales ningún pretexto tienes de incapacidad natural ni
de insuficiente aptitud? Con todo, persistes todavía por propia voluntad
por debajo de tus posibilidades. ¿Acaso te ves obligado a refunfuñar,
a ser mezquino, a adular, a echar las culpas a tu cuerpo, a complacerte, a comportarte
atolondradamente, a tener tu alma tan inquieta a causa de tu carencia de aptitudes
naturales? No, por los dioses. Tiempo ha que pudiste estar libre de estos defectos,
y tan sólo ser acusado tal vez de excesiva lentitud y torpeza de comprensión.
Pero también esto es algo que debe ejercitarse, sin menospreciar la lentitud
ni complacerse en ella.
6. Existe cierto tipo de hombre que, cuando ha hecho un favor a alguien, está
dispuesto también a cargarle en cuenta el favor; mientras que otra persona
no está dispuesta a proceder así. Pero, con todo, en su interior,
le considera como si fuera un deudor y es consciente de lo que ha hecho. Un
tercero ni siquiera, en cierto modo, es consciente de lo que ha hecho, sino
que es semejante a una vid que ha producido racimos y nada más reclama
después de haber producido el fruto que le es propio, como el caballo
que ha corrido, el perro que ha seguido el rastro de la pieza o la abeja que
ha producido miel. Así, el hombre que hizo un favor, no persigue un beneficio,
sino que lo cede a otro, del mismo modo que la vid se aplica a producir nuevos
racimos a su debido tiempo. Luego, ¿es preciso encontrarse entre los
que proceden así, en cierto modo, inconscientemente? «Sí,
pero hay que darse cuenta de esto mismo; porque es propio del ser sociable,
manifiesta, darse cuenta de que obra de acuerdo y conforme al bien común,
y, ¡por Zeus!, lo es también querer que su asociado se dé
cuenta.» Cierto es lo que dices, pero tergiversas lo que acabo de decir.
Por ello tú serás uno de aquellos de los que anteriormente hice
mención, pues aquellos también se dejan extraviar por cierta verisimilitud
lógica. Y si intentas comprender el sentido de mis palabras, no temas
por eso omitir cualquier acción útil a la sociedad.
7. Súplica de los atenienses: «Envíanos la lluvia, envíanos
la lluvia, Zeus amado, sobre nuestros campos de cultivo y llanuras.» O
no hay que rezar, o hay que hacerlo así, con sencillez y espontáneamente.
8. Como suele decirse: «Asclepio le ordenó la equitación,
los baños de agua fría, el caminar descalzo», de modo similar
también eso: «La naturaleza universal ha ordenado para éste
una enfermedad o una mutilación o una pérdida de un órgano
o alguna otra cosa semejante.» Pues allí el término «ordenó»
significa algo así como: «te ha prescrito este tratamiento como
apropiado para recobrar la salud». Y aquí: «lo que sucede
a cada uno le ha sido, en cierto modo, asignado como correspondiente a su destino».
Así también nosotros decimos que lo que nos acontece nos conviene,
al igual que los albañiles suelen decir que en las murallas o en las
pirámides las piedras cuadrangulares se ensamblan unas con otras armoniosamente
según determinado tipo de combinación. En resumen, armonía
no hay más que una, y del mismo modo que el mundo, cuerpo de tales dimensiones,
se complementa con los cuerpos, así también el Destino, causa
de tales dimensiones, se complementa con todas las causas. E incluso, los más
ignorantes comprenden mis palabras. Pues dicen: «esto le deparaba el Destino».
Por consiguiente, esto le era llevado y esto le era asignado. Aceptemos, pues,
estos sucesos como las prescripciones de Asclepio. Muchas son, en efecto, entre
aquéllas, duras, pero las abrazamos con la esperanza de la salud. Ocasione
en ti impresión semejante el cumplimiento y consumación de lo
que decide la naturaleza común, como si se tratara de tu propia salud.
Y del mismo modo abraza también todo lo que acontece, aunque te parezca
duro, porque conduce a aquel objetivo, a la salud del mundo, al progreso y bienestar
de Zeus. Pues no habría deparado algo así a éste, de no
haber importado al conjunto; porque la naturaleza, cualquiera que sea, nada
produce que no se adapte al ser gobernado por ella. Por consiguiente, conviene
amar lo que te acontece por dos razones: Una, porque para ti se hizo, y a ti
se te asignó y, en cierto modo, a ti estaba vinculado desde arriba, encadenado
por causas muy antiguas; y en segundo lugar, porque lo que acontece a cada uno
en particular es causa del progreso, de la perfección y ¡por Zeus!
de la misma continuidad de aquél que gobierna el conjunto del universo.
Pues queda mutilado el conjunto entero, caso de ser cortada, aunque mínimamente,
su conexión y continuidad, tanto de sus partes como de sus causas. Y,
en efecto, quiebras dicha trabazón, en la medida que de ti depende, siempre
que te disgustas y, en cierto modo, la destruyes.
9. No te disgustes, ni desfallezcas, ni te impacientes, si no te resulta siempre
factible actuar de acuerdo con rectos principios. Por el contrario, cuando has
sido rechazado, reemprende la tarea con renovado ímpetu y date por satisfecho
si la mayor parte de tus acciones son bastante más humanas y ama aquello
a lo que de nuevo encaminas tus pasos, y no retornes a la filosofía como
a un maestro de escuela, sino como los que tienen una dolencia en los ojos se
encaminan a la esponjita y al huevo, como otro acude a la cataplasma, como otro
a la loción. Pues así no pondrás de manifiesto tu sumisión
a la razón, sino que reposarás en ella. Recuerda también
que la filosofía sólo quiere lo que tu naturaleza quiere, mientras
que tú querías otra cosa no acorde con la naturaleza. Porque,
¿qué cosa es más agradable que esto?, ¿no nos seduce
el placer por su atractivo? Mas examina si es más agradable la magna
nimidad, la libertad, la sencillez, la benevolencia, la santidad. ¿Existe
algo más agradable que la propia sabiduría, siempre que consideres
que la estabilidad y el progreso proceden en todas las circunstancias de la
facultad de la inteligencia y de la ciencia?
10. Las cosas se hallan, en cierto modo, en una envoltura tal, que no pocos
filósofos, y no unos cualquiera, han creído que son absolutamente
incomprensibles; es más, incluso los mismos estoicos las creen difíciles
de comprender. Todo asentimiento nuestro está expuesto a cambiar; pues,
¿dónde está el hombre que no cambia? Pues bien, encamina
tus pasos a los objetos sometidos a la experiencia; ¡cuán efímeros
son, sin valor y capaces de estar en posesión de un libertino, de una
prostituta o de un pirata! A continuación, pasa a indagar el carácter
de los que contigo viven: a duras penas se puede soportar al más agradable
de éstos, por no decir que incluso a sí mismo se soporta uno con
dificultad. Así, pues, en medio de tal oscuridad y suciedad, y de tan
gran flujo de la sustancia y del tiempo, del movimiento y de los objetos movidos,
no concibo qué cosa puede ser especialmente estimada o, en suma, objeto
de nuestros afanes. Por el contrario, es preciso exhortarse a sí mismo
y esperar la desintegración natural, y no inquietarse por su demora,
sino calmarse con estos únicos principios: uno, que nada me ocurrirá
no acorde con la naturaleza del conjunto; y otro, que tengo la posibilidad de
no hacer nada contrario a mi Dios y Genio interior. Porque nadie me forzará
a ir contra éste.
11. ¿Para qué me sirve ahora mi alma? En toda ocasión,
plantearme esta pregunta e indagar qué tengo ahora en esa parte que precisamente
llaman guía interior, y de quién tengo alma en el momento presente.
¿Acaso de un niño, de un jovencito, de una mujercita, de un tirano,
de una bestia, de una fiera?
12. Cuáles son las cosas que el vulgo considera buenas, podrías
comprenderlo por lo siguiente. Porque si alguien pensara de verdad que ciertas
cosas son buenas, como la sabiduría, la prudencia, la justicia, la valentía,
después de una comprensión previa de estos conceptos, no sería
capaz de oír eso de: «tan cargado está de bienes»,
pues no armonizaría con él tal rasgo. Mientras que si uno concibe
previamente lo que el vulgo reputa por bue no, oirá y aceptará
fácilmente como designación apropiada lo que el poeta cómico
dice. ¡Hasta tal punto el vulgo intuye la diferencia! En efecto, este
verso no dejaría de chocar ni de ser repudiado, mientras que aquél,
tratándose de la riqueza y buena fortuna que conducen al lujo o a la
fama, lo acogemos como pronunciado apropiada y elegantemente. Prosigue, pues,
y pregunta si deben estimarse e imaginarse tales cosas como buenas, esas que
si se evaluaran apropiadamente, se podría concluir que su poseedor, debido
a la abundancia de bienes, «no tiene dónde evacuar».
13. He sido compuesto de causa formal y materia; ninguno de esos dos elementos
acabará en el no ser, del mismo modo que tampoco surgieron del no ser.
Por consiguiente, cualquier parte mía será asignada por transformación
a una parte del universo; a su vez aquélla se transformará en
otra parte del universo, y así hasta el infinito. Y por una transformación
similar nací yo, y también mis progenitores, siendo posible remontamos
hasta otro infinito. Porque nada impide hablar así, aunque el universo
sea gobernado por períodos limitados.
14. La razón y el método lógico son facultades autosuficientes
para sí y para las operaciones que les conciernen. Parten, en efecto,
del principio que les es propio y caminan hacia un fin preestablecido; por eso
tales actividades se denominan «acciones rectas», porque indican
la rectitud del camino.
15. Ninguna de las cosas que no competen al hombre, en tanto que es hombre,
debe éste observar. No son exigencias del hombre, ni su naturaleza las
anuncia, ni tampoco son perfecciones de la naturaleza del hombre. Pues bien,
tampoco reside en ellas el fin del hombre, ni tampoco lo que contribuye a colmar
el fin: el bien. Es más, si alguna de estas cosas concerniera al hombre,
no sería de su incumbencia menospreciarlas ni sublevarse contra ellas;
tampoco podría ser elogiado el hombre que se presentase como sin necesidad
de ellas ni sería bueno el hombre propenso a actuar por debajo de sus
posibilidades en alguna de ellas, si realmente ellas fueran bienes. Pero ahora,
cuanto más se despoja uno de estas cosas u otras semejantes o incluso
soporta ser despojado de una de ellas, tanto más es hombre de bien.
16. Como formes tus imaginaciones en repetidas veces, tal será tu inteligencia,
pues el alma es teñida por sus imaginaciones. Tíñela, pues,
con una sucesión de pensamientos como éstos: donde es posible
vivir, también allí se puede vivir bien y es posible vivir en
palacio, luego es posible también vivir bien en palacio. Y asimismo que
cada ser tiende hacia el fin por el cual ha sido constituido y en virtud del
cual ha sido constituido. Y donde está el fin, allí también
el interés y el bien de cada uno se encuentra. Naturalmente, el bien
de un ser racional es la comunidad. Que efectiva mente hemos nacido para vivir
en comunidad, tiempo ha que ha sido demostrado. ¿No estaba claro que
los seres inferiores existen con vistas a los superiores, y éstos para
ayudarse mutuamente? Y los seres animados son superiores a los inanimados, y
los racionales superiores a los animados.
17. Perseguir lo imposible es propio de locos; pero es imposible que los necios
dejen de hacer algunas necedades.
18. A nadie sucede nada que no pueda por su naturaleza soportar. A otro le acontece
lo mismo y, ya sea por ignorancia de lo ocurrido, ya sea por alardear de magnanimidad,
se mantiene firme y resiste sin daño. Es terrible, en efecto, que la
ignorancia y la excesiva complacencia sean más poderosas que la sabiduría.
19. Las cosas por sí solas no tocan en absoluto el alma ni tienen acceso
a ella ni pueden girarla ni moverla. Tan sólo ella se gira y mueve a
sí misma, y hace que las cosas sometidas a ella sean semejantes a los
juicios que estime dignos de sí.
20. En un aspecto el hombre es lo más estrechamente vinculado a nosotros,
en tanto que debemos hacerles bien y soportarlos. Pero en cuanto que algunos
obstaculizan las acciones que nos son propias, se convierte el hombre en una
de las cosas indiferentes para mí, no menos que el sol, el viento o la
bestia. Y por culpa de éstos podría obstaculizarse alguna de mis
actividades, pero gracias a mi instinto y a mi disposición no son obstáculos,
debido a mi capacidad de selección y de adaptación a las circunstancias.
Porque la inteligencia derriba y desplaza todo lo que obstaculiza su actividad
encaminada al objetivo propuesto, y se convierte en acción lo que retenía
esta acción, y en camino lo que obstaculizaba este camino.
21. Respeta lo más excelente que hay en el mundo; y eso es lo que se
sirve de todo y cuida de todo. E igualmente estima lo más excelente que
en ti reside; y eso es del mismo género que aquello. Y en ti lo que aprovecha
a los demás es eso y eso es lo que gobierna tu vida.
22. Lo que no es dañino a la ciudad, tampoco daña al ciudadano.
Siempre que imagines que has sido víctima de un daño, procúrate
este principio: si la ciudad no es dañada por eso, tampoco yo he sido
dañado. Pero si la ciudad es dañada, ¿no debes irritarte
con el que daña a la ciudad? ¿Qué justifica tu negligencia?
23. Reflexiona repetidamente sobre la rapidez de tránsito y alejamiento
de los seres existentes y de los acontecimientos. Porque la sustancia es como
un río en incesante fluir, las actividades están cambiando de
continuo y las causas sufren innumerables alteraciones. Casi nada persiste y
muy cerca está este abismo infinito del pasado y del futuro, en el que
todo se desvanece. ¿Cómo, pues, no va a estar loco el que en estas
circunstancias se enorgullece, se desespera o se queja en base a que sufrió
alguna molestia cierto tiempo e incluso largo tiempo?
24. Recuerda la totalidad de la sustancia, de la que participas mínimamente,
y la totalidad del tiempo, del que te ha sido asignado un intervalo breve e
insignificante, y del destino, del cual, ¿qué parte ocupas?
25. ¿Comete otro una falta contra mí? Él verá. Tiene
su peculiar disposición, su peculiar modo de actuar. Tengo yo ahora lo
que la común naturaleza quiere que tenga ahora, y hago lo que mi naturaleza
quiere que ahora haga.
26. Sea el guía interior y soberano de tu alma una parte indiferente
al movimiento, suave o áspero, de la carne, y no se mezcle, sino que
se circunscriba, y limite aquellas pasiones a los miembros. Y cuando éstas
progresen y alcancen la inteligencia, por efecto de esa otra simpatía,
como en un cuerpo unificado, entonces no hay que enfrentarse a la sensación,
que es natural, pero tampoco añada el guía interior de por sí
la opinión de que se trata de un bien o de un mal.
27. «Convivir con los dioses.» Y convive con los dioses aquel que
constantemente les demuestra que su alma está satisfecha con la parte
que le ha sido asignada, y hace. todo cuanto quiere el genio divino, que, en
calidad de protector y guía, fracción de sí mismo, asignó
Zeus a cada uno. Y esta divinidad es la inteligencia y razón de cada
uno.
28. ¿Te sientes molesto con el que huele a macho cabrío? ¿Te
molestas con el hombre al que le huele el aliento? ¿Qué puede
hacer? Así es su boca, así son sus axilas; es necesario que tal
emanación salga de tales causas. «Mas el hombre tiene razón,
afirma, y puede comprender, si reflexiona, la razón de que moleste.»
¡Sea enhorabuena! Pues también tú tienes razón. Incita
con tu disposición lógica su disposición lógica,
hazle comprender, sugiérele. Pues si te atiende, le curarás y
no hay necesidad de irritarse. Ni actor trágico ni prostituta.
29. Tal como proyectas vivir después de partir de aquí, así
te es posible vivir en este mundo; pero caso de que no te lo permitan, entonces
sal de la vida, pero convencido de que no sufres ningún mal. Hay humo
y me voy. ¿Por qué consideras eso un negocio? Mientras nada semejante
me eche fuera, permanezco libre y nadie me impedirá hacer lo que quiero.
Y yo quiero lo que está de acuerdo con la naturaleza de un ser vivo racional
y sociable.
30. La inteligencia del conjunto universal es sociable. Así, por ejemplo,
ha hecho las cosas inferiores en relación con las superiores y ha armonizado
las superiores entre sí. Ves cómo ha subordinado, coordinado y
distribuido a cada uno según su mérito, y ha reunido los seres
superiores con el objeto de una concordia mutua.
31. ¿Cómo te has comportado hasta la fecha con los dioses, con
tus padres, tus hermanos, tu mujer, tus hijos, tus maestros, tus preceptores,
tus amigos, tus familiares, tus criados? ¿Acaso en el trato con todos
hasta ahora te es aplicable lo de: «Ni hacer mal a nadie ni decirlo»?
Recuerda también por qué lugares has cruzado y qué fatigas
has sido capaz de aguantar; y asimismo que la historia de tu vida está
ya colmada y tu servicio cumplido; y cuántas cosas bellas has visto,
cuántos placeres y dolores has desdeñado, cuántas ambiciones
de gloria has ignorado; con cuántos insensatos te has comportado con
deferencia.
32. ¿Por qué almas rudas e ignorantes confunden un alma instruida
y sabia? ¿Cuál es, pues, un alma instruida y sabia? La que conoce
el principio y el fin y la razón que abarca la sustancia del conjunto
y que, a lo largo de toda la eternidad, gobierna el Todo de acuerdo con ciclos
determinados.
33. Dentro de poco, ceniza o esqueleto, y o bien un nombre o ni siquiera un
nombre; y el nombre, un ruido y un eco. E incluso las cosas más estimadas
en la vida son vacías, podridas, pequeñas, perritos que se muerden,
niños que aman la riña, que ríen y al momento lloran. Pues
la confianza, el pudor, la justicia y la verdad, «al Olimpo, lejos de
la tierra de anchos caminos». ¿Qué es, pues, lo que todavía
te retiene aquí, si las cosas sensibles son cambiantes e inestables,
si los sentidos son ciegos y susceptibles de recibir fácilmente falsas
impresiones, y el mismo hálito vital es una exhalación de la sangre,
y la buena reputación entre gente así algo vacío? ¿Qué,
entonces? ¿Aguardarás benévolo tu extinción o tu
traslado. Mas, en tanto se presenta aquella oportunidad, ¿qué
basta? ¿Y qué otra cosa sino venerar y bendecir a los dioses,
hacer bien a los hombres, soportarles y abstenerse? Y respecto a cuanto se halla
dentro de los límites de tu carne y hálito vital, recuerda que
eso ni es tuyo ni depende de ti.
34. Puedes encauzar bien tu vida, si eres capaz de caminar por la senda buena,
si eres capaz de pensar y actuar con método. Esas dos cosas son comunes
al alma de Dios, a la del hombre y a la de todo ser racional: el no ser obstaculizado
por otro, el cifrar el bien en una disposición y actuación justa
y el poner fin a tu aspiración aquí.
35. Si eso ni es maldad personal ni resultado de mi ruindad ni perjudica a la
comunidad, ¿a qué inquietarme por ello?, ¿y cuál
es el daño a la comunidad?
36. No te dejes arrastrar totalmente por la imaginación; antes bien,
presta ayuda en la medida de tus posibilidades y según su mérito;
y aunque estén en inferioridad en las cosas mediocres, no imagines, sin
embargo, que eso es dañino, pues sería un mal hábito. Y
al igual que el anciano que, al irse, pedía la peonza de su pequeño,
teniendo presente que era una peonza, también tu procede así.
Luego te encuentras en la tribuna gritando. Hombre, ¿es que has olvidado
de qué se trataba? «Sí, pero otros en esas cosas ponen gran
empeño.» ¿Acaso por eso, vas tú también a
enloquecer?