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ITINERARIOS : ENTRE RIOS
Colón, una perla que brilla en el Litoral
A 330 km de Buenos Aires, esta tranquila ciudad a orillas del río
Uruguay ofrece playas, termas y circuitos históricos. El
Palmar y el pueblo de Liebig.
Gisela Galimi. ESPECIAL PARA CLARIN
En la biografía que escribió sobre Cristóbal
Colón, Salvador de Madariaga asegura que el buen hombre no
podía estarse quieto. Viajero incansable, deambulaba por
las islas del Caribe enamorado de sus playas. Capricho de los nombres,
en la ciudad de Colón, en Entre Ríos, a 330 kilómetros
de Buenos Aires, los turistas también pueden ser exploradores
en busca de aventuras. A la vera del río Uruguay, la oferta
de circuitos históricos, playas, islas con bancos de arena,
termas y spa, pesca y la maravilla verde del Palmar se unen, invitando
a los viajeros.
Como en la vida de su famoso homónimo, hay un desembarco
en la historia de Colón: franceses, suizos, piamonteses y
saboyanos arribaron a estas tierras a mediados del siglo XIX para
instalarse en la vecina localidad de San José, una colonia
nacida a instancias del general Urquiza. Sin embargo, con los años
sería Colón la ciudad que creciera como la más
pujante de la zona.
Su costanera tranquila y señorial, parece seguir teniendo
el aroma de aquel desembarco fundacional. Al caminar por allí
es posible imaginar a los pioneros que la fundaron en esa mezcla
justa entre pasado histórico y futuro turístico que
se respira actualmente.
También esa costanera une el Parque Quirós y el puerto,
mientras que hacia el norte de la ciudad se despliegan el complejo
termal y su vecino Golf Club Colón.
Desde la costa, subiendo por la calle 12 de Abril, se llega hasta
la plaza San Martín, rodeada de hoteles con antiguas e imperdibles
fachadas.
Playas, islas y termas
Igual que la zona que descubrió el gran almirante, Colón
tiene numerosas islas vírgenes hermosas para el turismo,
como las de San Francisco, Queguay y Hornos, casi todas con amplios
bancos de arena blanca y cubiertas por una selva en galería
de árboles misioneros cuyas semillas bajan con las aguas.
Al ser inundables, se encuentran desiertas y floridas porque nadie
se anima a construir sobre ellas.
Sobre la costa, se pueden disfrutar siete kilómetros de
playas amplias. Entre los arroyos Artalaz, al norte, y La Leche,
al sur, hay cinco balnearios: Playa Norte, Club Piedras Coloradas,
Santiago Inkier, Playa Nueva y Playa Honda. En ellos es posible
nadar o practicar kayak, remo, windsurf, navegación a vela
o esquí acuático.
No es casual que dos balnearios de la zona hayan logrado la certificación
IRAM 42100, poniendo el acento en la "Gestión de la
calidad y la seguridad ambiental en balnearios". Se trata del
balneario Villa San José, en el municipio Villa San José,
y Playa Punta Colón, en la costanera norte de Colón.
El objetivo es contribuir "a la mejora de la calidad de los
servicios y realizar actividades en forma segura para usuarios y
empleados, cuidando el ambiente y contribuyendo a la protección
de los recursos naturales y culturales".
Como otros destinos de Entre Ríos, Colón atrae con
sus aguas termales, que, desde 1996, brotan de la tierra a 36 grados
y permiten a los turistas pasar un día de relax, con spa
y baños en el balneario local incluidos.
El complejo posee diez piscinas familiares, que permanecen abiertas
de 9 a 21. Los visitantes más estresados pueden acompañar
los baños con masajes y fangoterapia. La especialidad del
centro son los masajes suecos.
También para viajeros que necesitan descanso, el hotel Quirinale
puede ser una opción atractiva, con sus dos piletas la
interior termalizada y climatizada a 38 grados y un solarium
de 400 metros cuadrados que mira al río en una sinfonía
amable de beige y azul. El séptimo piso pone a disposición
de los huéspedes sus veinte años de experiencia en
servicios de spa y de recuperación corporal. Un piso más
arriba se encuentra el casino.
Otra forma de tentar a la suerte es mediante la pesca. El río
Uruguay es rico en dorados, enormes surubíes, tarariras,
bagres y bogas.
En el club Náutico del balneario norte o en la costa del
sur se puede probar suerte sin riesgo a quedar defraudado. Una opción
interesante: para hacer trolling en los canales o pescar con mosca
hay salidas embarcadas.
Ubicado a 50 kilómetros de Colón, el Parque Nacional
El Palmar es quizás el mayor atractivo de la zona. Con 8.500
hectáreas de palmeras yatay, bosques en galería y
pastizales, el lugar alberga una rica fauna silvestre y propone
diversos circuitos con vistas conmovedoras.
Un recorrido con historia
Colón tiene una rica historia para contar. Los que deseen
conocer los orígenes de la ciudad pueden comenzar el circuito
histórico visitando un exótico molino construido en
1888 por Juan Forclaz a cuatro kilómetros de la ciudad. Pionero
como el Colón histórico, Forclaz se confundió
al trasladar la forma de construir molinos en Holanda a las tierras
entrerrianas. Construido para moler trigo y maíz, nunca encontró
los vientos necesarios para trabajar plenamente. Pero, como el protegido
de Isabel la Católica, el fracaso lo llevó a la fama:
el Molino Forclaz fue declarado Monumento Histórico Nacional
y constituye un símbolo del esfuerzo y el tesón de
los colonos. Rodeado del verde entrerriano, puede visitarse como
una curiosidad, con sus 25 metros de circunferencia y 12 metros
de alto.
Otra visita cultural es el museo de Colonia San José, a
11 kilómetros de Colón. Inaugurado en 1957 frente
a la plaza principal de la ciudad, reconstruye los orígenes
del pueblo en una casona colonial, con recuerdos salidos de las
valijas de los primeros pobladores. Actualmente reúne herramientas,
máquinas de labranza, muebles, elementos de culto, monedas,
libros, vajilla, trajes de época y carruajes históricos.
Para no quedar reducido a una visita pasiva, el lugar propone actividades
interactivas para niños y videos donde familias de inmigrantes
cuentan su historia.
Unos kilómetros más adelante, también Villa
Elisa tiene su museo de recuerdos, situado en el antiguo casco de
la estancia "El Porvenir". La rodean un parque, juegos,
parrillas y un mini-zoo. Una vez allí, el resto del paseo
se puede seguir en tren, ya que el Ferroclub Central Entrerriano
ha reconstruido una vieja locomotora y ha reacondicionado las vías
férreas. El tren histórico recorre los 36 kilómetros
que separan esta ciudad del Palacio San José, como lo hacía
en el pasado.
Este palacio es una grata sorpresa para el viajero. Antigua residencia
del general Justo José de Urquiza y su numerosa familia,
impresionan lo moderno y lo lujoso de su instalación, como
las instalaciones de agua corriente cuando todavía este servicio
no estaba en Buenos Aires.
Además, el palacio cuenta con un lago artificial, y bustos
de personajes históricos en los jardines y las habitaciones
para familiares y huéspedes. Sin embargo, el punto más
sorprendente de la visita es la huella ensagrentada del prócer
que allí descansa desde la tarde del 11 de abril de 1870,
cuando un grupo de enemigos entró en su habitación
para matarlo.
Los vestigios de Liebig
La silueta de la fábrica abandonada del cercano Pueblo Liebig
recuerda otros tiempos más prósperos. Las ruinas de
una calera y un par de antiguos barcos encallados quedaron como
huellas de un pasado que permite ser reconstruido con la imaginación.
Es que el poblado surgió a partir de un gran frigorífico
de capitales ingleses que funcionaba a principios del siglo XX y
exportaba su producción. La planta llegó a emplear
a 3.500 personas, que le daban un gran impulso al lugar. Hoy quedan
sólo los rastros de aquel pasado bullicioso, con sus hornos
y sus cámaras de frío alimentadas por motores de barco.
El Centro de Interpretación Audiovisual del pueblo brinda
una buena síntesis de su historia.
Vale la pena perderse entre las calles tranquilas de Liebig para
visitar los chalés que estaban destinados al personal jerárquico
inglés de la compañía, así como las
casas de los trabajadores.
Para quienes visiten la ciudad de Colón también es
recomendable hacer una escapada de 30 kilómetros hasta Colonia
Hocker. Se trata de una antigua villa de inmigrantes donde 42 años
atrás fue abierto el Almacén Don Leandro. Después
de almorzar unas pastas caseras o asado, el lugar ofrece cabalgatas
y paseos en sulky.
De regreso a Colón, cuando cae el sol y el río Uruguay
se puebla de una sutileza de colores, si el turista tiene un alma
sensible quizá se permita recordar los versos de Jorge Enrique
Martí, un poeta de estos lares: "Yo soy Colón,
labriega y navegante/ soy la novia del río de los pájaros/
mi nombre tiene insignias de almirante/ y la diáfana sombra
de los plátanos".
LA BUENA MESA
Variada oferta gastronómica
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Como muchas ciudades turísticas de la Argentina, Colón
posee una variada oferta gastronómica: china, europea, internacional
y parrillada son algunas de las opciones que pueden degustarse.
Sin embargo, la especialidad de la ciudad es el pescado de río:
surubí, dorado, boga o pejerrey. En los numerosos restaurantes
de Colón, el pescado se sirve de todas las formas posibles.
Si bien el dorado o surubí a la parrilla son un clásico,
también pueden saborearse platos más elaborados, con
distintas y sabrosas salsas, al limón, al vapor o al paquete
(con papas, tomates y salsa).
El Mirador
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Diana Pazos.
Periodista
Fue el viaje menos pensado. Casi una travesura. A mediados de un
febrero, simplemente, nos fuimos. Colón, de inmediato, se
presentó con un guiño cómplice y de bienvenida,
apasionado como todo arrebato y con la frescura de las cosas espontáneas.
No olvido las playas silenciosas formadas por bancos de arena, las
tardes sumergida en el río Uruguay, la costanera estrellada
y su impronta de pueblo después de cenar surubí...
¿Una imagen? Los pobladores con su caña de pescar
al hombro y su paz, rumbo al río, siempre.
Hasta que llegó la hora de la exuberancia tras la aparente
modestia de El Palmar, que cada sentido fue descubriendo en forma
paulatina mientras sorteaba arroyos entre el millón de esbeltas
palmeras yatay. Exuberancia que convirtió a Colón
en mucho más que una escapada.
IMPERDIBLE
El Palmar, una maravilla natural
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Sobre la margen occidental del río Uruguay y a 54 kilómetros
de la ciudad de Colón, se despliega todo el verde del gran
Parque Nacional El Palmar, de 8.500 hectáreas. Se trata de
un mosaico de palmares, pastizales y bosquecitos, interrumpidos
por pajonales y sectores de selva en galería que acompañan
cursos de agua. Inaugurado en 1966 con el objetivo de conservar
este terreno rico en palmeras yatay, el Parque presenta un relieve
suavemente ondulado, con arroyos de poco caudal que lo surcan de
oeste a este hasta desembocar en el río Uruguay. A la vera
del curso cristalino de los arroyos, se extiende la tupida selva
en galería.
Entre la nutrida fauna del lugar se destacan los pájaros
carpinteros, los ñandúes y los zorros de monte, que
suelen verse en los caminos del Palmar. Cerca del Centro de Visitantes
que brinda información de la flora, la fauna y los
aspectos históricos de la región, el Parque
posee un sector de campamento organizado, con sanitarios y proveeduría.
Cada sendero peatonal recorre un ambiente distinto: la senda a
las Ruinas de Barquin conduce a las ruinas históricas de
Barquin y a la playa del río Uruguay, donde se alquilan canoas.
El sendero "El Mollar" recorre el bosque xerófilo
y la selva en galería.
En el camino de acceso, se encuentran señalizados cuatro
caminos interiores: el circuito de La Glorieta y el del Arroyo El
Palmar llevan hasta estos cursos de aguas a través de densos
palmares. Ambos cuentan con los mejores miradores. En tanto, el
sendero vehicular conduce a la playa y el Camino al Arroyo Los Loros,
atraviesa un área de palmar ralo.
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