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Sobre la infinitud de los besos infinitos
Recuerdo una de mis visitas al Gurú. Fue a fines de un verano, cuando comenzaba a correr un poco de viento nuevamente, los jóvenes pululaban en las plazas y los pajaritos cantaban en las ramas. En esa ocasión pude escuchar una de sus reflexiones sobre el amor. De los besos hablaba, no se si haciendo poesía o parábolas, pero por supuesto, cautivando a sus seguidores.
- Los besos pueden ser dados o recibidos, robados o pedidos - comenzó. - Los besos también pueden ser contados. - prosiguió - puede darse uno, pueden darse dos, tres, cuatro, y asi muchos más, hasta llegar a infinitos. - Pero... ¿Qué ocurre con la infinitud, la infinidad, la infinitez? ¿El beso infinito se convierte en infinitos besos, o el finito acepta el caudal interminable de labios, dientes, lenguas, latidos y batidos, y lo convierte en algo terminantemente infinito? ¿Es el eterno revolcar de lenguas en paladares rojos lo que da la infinitud, con su espiral entrada y salida, su salpicar saliva y acariciar encías? ¿Es el beso infinito, o la infinita cantidad de besos, la expresión efímera de algo más? No lo se. Pero tanta saliva me dió hambre, me comería una mandarina.
publicado el 1/26/2004 11:47:11 PM por Seumon
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