EL HOMBRE QUE PIENSA DEMASIADO respiró hondo y se sentó en su sillón. Comenzó a pensar. Nuevamente. Ni dos segundos transcurrieron antes que se levantara, fue a la heladera y tomó un trago de yogourt bebible. Volvió al sillón. A pensar.
PARA VARIAR, estaba pensando demasiado.
ESTO debe pasarle a todos los HOMBRES QUE PIENSAN DEMASIADO. Seguramente todos tienen sillones o sillas que usan para retorcer sus cerebros, heladeras con bebidas para aligerar la acidez de su estómago, ventanas por las que mirar esperando que las respuestas pasen volando. Pero solo hay nubes.
EL HOMBRE decidió levantar el teléfono y llamar.