 |
Era la persona perfecta. En el sentido perfecto de la palabra; en todo sentido. Hablar con él era un placer en todo momento. Nunca cansaba, nunca repetía, siempre era interesante. No hacía falta otra persona, no hacía falta otro lugar, otra gente, otras situaciones. El era todo. Era imposible no sentirse atraído por su ser, su perfección, su todo. Querer estar con él todo el día, absorberlo, acapararlo, abarcarlo.
El problema es que el resto no era perfecto. Uno tras otro, quienes lo conocían quedaban atrapados en su perfección. Querían tenerlo, disfrutarlo, aprovecharlo en todo momento. Perfecto como era él, siempre encontraba la forma de evitar su abuso, perfectamente. Nunca dejaba de tener razón, de convencer, de decir que si o que no de la manera correcta. Era tan perfecto que sabía sustituir la imperfección de otros, de alguna forma que nadie más que él sabría comprender. Pero el resto no podía soportarlo.
Todos reaccionaban de la misma forma. Al principio querían estar con él eternamente. El se negaba en forma perfecta, ellos aceptaban sus negaciones. Al tiempo no alcanzaba con su perfeccción, con sus negativas exactas; porque quienes las recibían, obviamente, no eran perfectos para soportarlas de la manera adecuada. Se suicidaban. Se mataban entre ellos. No podían soportar la falta de la perfección una vez que la habían probado. Ante esto, él reaccionaba de alguna forma que el resto no podía comprender, condenados a su imperfección. Lo contemplaban estupefactos, lamentandose, arrojándose a su fin inevitable.
En el fondo era un espejismo, una irrealidad, una mentira. Su única imperfección era ser perfecto en este mundo.
publicado el 3/27/2003 09:32:56 AM por Seumon
|
 |
|