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El viaje

 

 

Pasajera de tus humedades

desciendo

en la hendidura vital donde cohabitan

tu grito y tu susurro,

me nombro

al encarnarme en un vocablo generoso,

me disuelvo

sobre la mórbida extensión de tu lengua.

Todavía no soy

 la que se marchitó

en la periferia de una rosa de los vientos

enferma de hastío

y se oxidó bajo una lluvia

de brújulas rotas.

Todavía no soy

la que se desperdició en esperas.

 

 

He viajado tanto

para llegar hasta tu boca...

 

En la bitácora del alma anoto

escrupulosamente

cada detalle ínfimo que edifica

la  plenitud  tu beso.

 

 

Raquel Fernández

Argentina

 

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