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La Arquería en la Literatura Universal |
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Sir Walter Scott
Ivanhoe El
Walter Scott Digital Archive Capítulo II pág 48 A occidente abría en la empalizada exterior una puerta que comunicaba por un puente levadizo con una abertura semejante practicada en las defensas interiores. Se habían tomado algunas precauciones para colocar ambas entradas bajo la protección de ángulos saledizos que, en caso de necesidad, permitían franquearlas con arqueros u honderos. Capítulo IV pág 60 Yo les enseñaré a interpretar las ordenanzas forestales. Pero basta de esto. Ve a tu sitio, bellaco. Y tú, Gurth, búscate otro perro, que si el guardabosques se atreve a tocarle un solo pelo yo te aseguro que no volverá a disparar el arco, pues por cada uña le arrancaré un dedo de la mano derecha. Capítulo VII pág 92 Entre fámulas y gallardetes que ostentaban corazones heridos, corazones ardientes, corazones sangrantes, arcos y aljabas, con todos los emblemas representativos de los triunfos de Cupido, una inscripción blasonada informaba a los espectadores que este sitial de honor estaba destinado a La Royen de la Beauté et des Amours. Pero nadie podía imaginar en la presente coyuntura quíen iba a representar a la Reina de la Belleza y del Amor. pág 98 El príncipe, encendido en ira, lanzó uno de sus ominosos juramentos y hubiera seguido adelante en sus propósitos de violencia si no le hubieran disuadido sus propios servidores, que le rodearon para aconsejarle moderación, y la aclamación general de la muchedumbre, que aplaudió entusiasmada la gallardía de Cedric. Entonces paseó iracundo sus ojos por la muchedumbre, como si buscase una víctima más propicia en que descargar su cólera, y topó con la mirada firme del arquero al que antes hemos aludido, el cual, sin ningún respeto al fruncido ceño del príncipe persistía en sus aplausos. pág 99 -Que significan esos aplausos? -preguntó. Capítulo VIII pág 103 Pero el tercero, para recreo más inmediato del vulgo, habría combates de tiro con arco, luchas de acoso con toros y perros y otras diversiones populares. De este modo trataba el príncipe de levantar el edificio de una popularidad que el mismo se encargaba de desmoronar con actos de agresión desconsiderada a los sentimientos e intereses del pueblo. Capítulo IX pág 121 - No pienso abandonar Ashby hasta pasado mañana -respondió con una sonrisa el montero, que aguantó la iracunda mirada del príncipe con la misma inconmovible firmeza de que había hecho gala en su conducta anterior- Quiero ver como se conducen con el arco los condados de Stafford y Leicester, pues se cuenta que en los bosques de Needwood y Charnwood deben criarse buenos arqueros. Capítulo XIII Pág 156 - Más no conviene -observó De Bracy- disgustar al pueblo,
tanto campesinos como burgueses, privándoles de la prometida participación
en los juegos. Pág. 157 El sonido de las trompetas hizo volver a los espectadores,
que ya habían empezado a despejar el campo. Entonces anunciaron los
pregoneros que el príncipe Juan, requerido de pronto por altas y perentorias
obligaciones públicas, se veía en la precisión de suspender los juegos
anunciados para el día siguiente. Pero que, no queriendo que tantos buenos
pecheros perdieran la ocasión de mostrar su destreza en el manejo del arco,
tenía a mucha honra convocarlos, antes de abandonar el palenque, para una
competición que se celebraría en alquel mismo momento. El premio al mejor
arquero consistiría en un cuerno de caza con incrustaciones de plnta y
una banda tambíen de plata, adornada con un medallón de San Huberto, patrón
de la montería. Pág. 158 Pero Guay si lo pierdes! Te haré echar del palenque a
puro azote de cuerdas de arco por lenguaraz e insolente. Pág. 159 -Ya que no se me da una mejor alternativa -contestó
Lcksley- habré de probar fortuna, pero con la condición de que, cuando yo
haya disparado dos flechas al blanco de Huberto, dispare el una al que yo
proponga ... Pág. 160 Ante semejante exhortación, Huberto volvió a
ocupar su puesto y, sin echar en saco roto el consejo de su rival, calculó la
resistencia de un vientecillo que acababa de levantarse, tensó el arco y
dejó partir la flecha, que fue a clavarse en el mismo centro del blanco. Pág. 161 -Por mi parte -agregó-, y en la tierra donde me he
criado, un arquero tendría a menos ejercitar su puntería con un blanco como
ese, no mucho más difícil que la mesa redonda del rey Arturo a la que
podían sentarse sesenta caballeros. Un niño de siete años podría dar en
esos blancos con una flecha descabezada. Pero -añadió, encaminándose
con lentitud premeditada al otro extremo del palenque y clavando derecha en el
suelo la vara de sauce-, al que dé en esta vara a una distancia de cien
yardas no dudo en otorgarle patente de arquero, digno de llevar arco y aljaba
ante el mismo rey, aunque éste fuera Ricardo de Inglaterra. Pág. 162 -Personad, noble príncipe -contestó Locksley-, pero he
hecho voto de no entrar al servicio de nadie que no sea vuestro real hermano
el rey Ricardo. Estos veinte nobles de oro se los cedo gustoso a Huberto,
que ha empuñado un arco tan bueno como el que lució su abuelo en Hastings y
que, de no ser porque se lo ha impedido su modestia, hubiera dado en el
blanco con tanta limpieza como yo. Capítulo XV Pág. 175 - Iba ya la noche muy adelantada cuando, agotado por tantos pasos y diligencias aunque satisfecho de sus resultados, volvía Futzurse al castillo de Ashby y tropezó con De Bracy, que había trocado su traje de gala por una corta capa verde, calzones del mismo paño y color, un casco de cuero, una espada corta, un cuerno de caza al hombro, un gran arco en la mano y un haz de flechas al cinto. Si lo hubiera encontrado en uno de los aposentos exteriores, hubiera pasado de largo sin prestarle atención, tomándolo por uno de los hombres de la guardia. Pero al encontrarlo en una sala interior, le miró con cierta curiosidad y reconoció al caballero normando bajo el atuendo de un montero o campesino inglés. Capítulo XVI Págs. 188/189 - -No obstante, si yo me encontrara en vuestro lugar -insinuó el caballero-, daría mis buenos paseos a la luz de la luna, mientras monteros y guardabosques duermen calientes el sueño de los justos, y de vez en cuando, según iba murmurando mis oraciones, dejaría volar alguna flecha en dirección a las manadas que pastan en las praderas. sacadme de dudas, ¿no habéis practicado nunca este inocente pasatiempo?...
Capítulo XIX Pág. 211 - -Creo -dijo, mirando el tahalí y el cuerno que
todavía llevaba consigo- que no hace mucho vi dispararse la flecha que se
ganó como premio estas bellas alhajas. Capítulo XXV Pág. 264 - -Por San Miguel -respondió Fuente de Buey-, que
quisiera verte a ti pechar, De Bracy, con toda esta aventura. Estos villanos
no se hubieran atrevido a obrar con tan inconcebible insolencia si no contaran
con el apoyo de una banda fuerte y numerosa. Estos bosques pululan de
forajidos que no perdonan el que los aya acotado para proteger mis ciervos.
Hace poco até a uno de ellos, cogido en flagrante , a las astas de un ciervo
salvaje, que no tardó cinco minutos en deshacerlo. Sus compañeros, en
venganza, me han disparado más flechas que cuantas tiraron al blanco en el
torneo de Ashby. ¡Sabéis al menos -preguntó a uno de sus servidores-
con qué fuerza cuentan estos bellacos para sostener ese precioso desafió? Pág. 266 - Plegada la carta, el escudero se encargó de llevar esta respuesta singular al no menos singular reto al mensajero que esperaba, el cual, cumplida su misión, volvió al cuartel general de los aliados, establecido bajo una venerable encina que distaba del castillo unos tres tiros de flecha. Pág. 267 - -Si las letras largas fueran arcos y flechas las cortas -dijo este-, quizá sacara algo en limpio. Pero tal como están las cosas, tan lejos estoy de desentrañar esta jerigonza como de acertar a un ciervo a doce millas de distancia. Cap. XXVII Pág. 282 ... Fuerzas numerosas han puesto sitio a esta maldecida fortaleza. Apresuraos a conducirlas al ataque. Y cuando en la torrecilla del ángulo oriental veáis flamear una bandera roja, caed con todas vuestras fuerzas sobre los normandos que bastante trabajo tendrán dentro, y a pesar de arcos y catapultas no hallaréis dificultad en escalar los muros. Daos prisa, os lo ruego. Seguid vuestro destino y dejadme a mí con el que me aguarda. Pág. 286 -Ballesteros -gritó a los guardas de las almenas exteriores-, atravesadme a ese monje con una flecha. Pero esperad - ordenó cuando ya éstos tensaban sus arcos- De nada serviría. He de confiar en él, puesto que no me queda otro recurso. Por otra parte no creo que se atreva a traicionarme. ... Pág. 293 -¡A las almenas! gritó De Bracy- Pero veamos antes los
preparativos de esa chusma. Por San Dionisio, que el viejo tiene razón
-continuó después de asomarse a un ventanal de vidrieras que daba sobre una
especie de torrecilla-. Avanzan protegidos por el parapeto de sus
manteletes y asoman arqueros en la linde del bosque como negro nubarrón que
anuncia una granizada. Pág. 294 - -Por la regla de mi orden -dijo-, que estos hombres hacen alarde de una disciplina que no se hubiera podido esperar de ellos. Ved con que destreza aprovechan la protección de árboles y arbustos para ponerse a cubierto contra los tiros de nuestras ballestas. No distingo entre ellos bandera o pendón algunos, pero apostaría mi cadena de oro a que obedecen las órdenes de algún noble caballero diestro en las artes de la guerra. Capítulo XXVIII Pág. 307 -Moribundos nos veremos todos -replicó Fuente de Buey- si nos estamos aquí con los brazos cruzados. Yo me encargo de que os releven en la guardia de ese bellaco de vuestro compañero. ¡Ven aquí, Ufrida, bruja sajona! ¿Es que no me oyes, vieja de los demonios? Releva a estos hombres, que deben empuñar las armas, en el cuidado de ese herido al que, por lo visto, hay que prestar una especial asistencia. Aquí tenéis vosotros dos ballestas con su equipo de flechas y bodoques. Corred a la barbacana y afinad la puntería con esos malditos sajones.
Cap. XXIX Pág. 311 -¡Si pudiera arrastrarme -decía- hasta esa ventana para
contemplar el desarrollo de la lucha! ¡Si sólo tuviera un arco para
disparar y na flecha, un hacha para propinar un solo golpe por nuestra
libertad! Mas, que puede intentar quien carece no solo de fuerzas sino
también de armas? Pág. 313 Pero no eran los gritos y aclamaciones los que iban a decidir la contienda y los desesperados esfuerzos de los asaltantes tropezaron con una resistencia no menos vigorosa por parte de los sitiados. Los arqueros, adiestrados en sus ejercicios de montería a sacar el mejor partido del arco, disparaban en andanadas que cubrían con sus descargas nutridas todos los puntos vulnerables: tal una violenta granizada que siembra la desolación con el innumerable golpear de sus proyectiles. Los sitiados, confiados en la protección de sus corazas y parapetados tras los muros,, mostraron una obstinación en la defensa proporcionada a la furia del ataque y replicaron con andanadas parecidas de sus arcos, ballestas, hondas y otras armas arrojadizas. ... Pág. 316 -Ya pasó el desmayo -respondió Rebeca-. Nuestros enemigos se hacen fuertes dentro de la barbacana, inmunes a los disparos del enemigo, que de vez en cuando lanza sobre ellos algunas flechas, más con la pretensión de molestarles que con la de hacerles alguna baja. Capítulo XXX Pág. 322 -Como verdaderos demonios -contestó De Bracy - Capitaneadas
por el villano que se llevó el premio de arquería en el torneo de Ashby, pues
él era sin duda a juzgar por el cuerno y el tahalí, asaltaban los muros en
tromba. En este colmo, el de alentar la rebeldía de estos bellacos, ha
desembocado la famosa política de Fitzurse. De no haber estado protegido
por una coraza a prueba de flechas, el bribón me hubiera cosido siete
veces con tan poco escrúpulo como el el objetivo de su blanco fuera un gamo y
no un caballero. Aún con la coraza, tal era la furia con que golpeaban sus
proyectiles, mal lo hubiera pasado sin la camisa de malla española que
llevo bajo el peto. Capítulo XXXI Pág. 332 -Aceptadas estas razones -propuso Locksley-, me presto gustoso a tomar el mando de los arqueros. Y habréis de colgarme de esa encina que constituye nuestro cuartel general si permito asomar la cabeza a los defensores sin clavarles más flechas que agujas tiene un acerico. Pág. 333 ... - ... Los que halléis ingrata esta tara u os encontréis insuficientemente armados para afrontarla, cubrid la parte superior de la barbacana, tensad bien los arcos y, con certeros tiros, no dejéis asomar al enemigo a las almenas de la muralla. ¿Queréis, noble Cedric, tomar el mando de esta reserva? Pág. 334/335 Al mismo tiempo apuntó el arco y atravesó con un
tiro certero el pecho de uno de los defensores que, a las ordenes de De
Bracy, se hallaba ocupado en la tarea de arrancar un trozo de almena para
precipitarlo sobre las cabezas de Cedric y el Caballero del Candado. Otro
soldado arrebató al moribundo la palanca de hierro y ya había
conseguido liberar la enorme piedra cuando, herido por una flecha que le
atravesó el yelmo, cayó muerto al foso. Los demás defensores al
verse indefensos contra los tiros de arquero tan formidable, retrocedieron
amedrentados. Capítulo XXXII Pág. 354 -Un cautivo de mi espada y de mi lanza- respondió el ermitaño de Copmanhurts- o, más bien, de mi arco y mi partesana. ... Capítulo XXXIII Pág. 364 -Ella era sin duda -contestó el montero- la que se llevó
el altivo templario a lomos de su caballo cuando rompió ayer entre nuestras
filas al huir del castillo. Yo había tensado mi arco para dispararle una
flecha, pero me abstuve de hacerlo por miedo de herir a la joven. Pág. 366 - ¿Así que vos sois el que llamábamos Dicon
Tiende-el Arco? -Preguntó Isaac-. Por algo me sonaba tan familiar el
acento de nuestra voz. Pág. 368 - Dicho y hecho. Tensando el arco, disparó una flecha al guía de una bandada de gansos que, por encima de sus cabezas, avanzaba en falange hacia los lejanos y solitarios marjales de Holderness. El ave, traspasada por la flecha, cayó al suelo revoloteando. Capítulo XXXIV Pág. 375 El príncipe, como quien acaba de recibir un dardo en el pecho, palideció, vaciló y hubo de agarrarse, para no caer, al respaldo de un sitial de roble. Capítulo XXXV Pág. 388 ... Los estatutos nos prohíben la práctica de la cetrería, la caza con arco y ballesta, el uso del cuerno y la persecución de las piezas a lomos de caballo; sin embargo, en todos esos mundanos ejercicios venatorios nadie deja atrás a los templarios. ... Capítulo XXXVII Pág. 413 - ... Uno de los soldados había visto a Rebeca realizar una cura maravillosa sobre un herido que llevaron al castillo de Torquilstone. La joven, dijo, trazó ciertas figuras sobre la herida y repitió ciertas palabras misteriosas que él, gracias a Dios, no acertó a comprender, con lo que al punto se desprendió sola la fecha, se restañó la sangre, cicatrizó la herida y el agonizante, al cabo de un cuarto de hora, corrió a las murallas y ayudó al testigo a manejar una catapulta ... ... Pero ¿quién se hubiera atrevido a poner en duda la veracidad del testigo cuando éste, en apoyo de su testimonio, sacó a relucir ante el tribunal la punta de la flecha que tan milagrosamente se había desprendido de la herida? El mismo peso de la punta, una onza, vino a confirmar la exactitud del maravilloso relato. Capítulo XL Pág. 450/451 Acosado por hombres armados hasta los dientes, ya empezaba a acusar la fatiga del violento esfuerzo que se veía obligado a realizar para parar los numerosos golpes que se le dirigían de todos los flancos cuando uno de sus más terribles atacantes cayó fulminado por una flecha que nadie pudo averiguar de donde vino. A poco, como llovido del cielo, sorprendió a aquella gavilla de forajidos un grupo de monteros capitaneados por Locksley y el ermitaño. ... Pág. 452 -Si no fuera porque me parece escuchar una voz cuyas
órdenes no admiten réplica -contestó el montero-, enviaría a este
villano disfrazado de caballero una flecha que le ahorrara las fatigas de un
largo viaje. Pág. 453 -Alzad, amigos- dijo Ricardo con la mayor
afabilidad, transfigurado el rostro por su habitual gesto de campechanía, que
solo empañaban un tanto, no el rictus del resentimiento o la furia de la
pelea, sino las huellas del esfuerzo realizado-. Levantaos, amigos. Con los
leales servicios que restasteis a mis apurados súbditos ante la persona de
vuestro soberano habéis expiado con creces vuestras fechorías. Levantaos y conducios
como buenos vasallos en el futuro. Y tú, valiente Locksley ... Pág. 454 -No, gracioso soberano -respondió el monje (al que en las baladas e historias de Robin Hood se conoce con el nombre de Hermano Tuck)-, no es el báculo lo que temo sino el cetro ¿Y cómo no, al recordar que mi sacrílego puño osó posarse en la mejilla del ungido del Señor? Capítulo XLI Pág. 459 - ... El canciller debe hacerse con la plaza de Londres. Mi aparición demasiado súbita me expondría a peligros que no acertarían a conjurar mi lanza y mi espada aún cuando se volcaran en mi ayuda el valiente Robin con su arco, el hermano Tuck con su garrote y el prudente Wamba con su cuerno. Pág. 461 -Es el cuerno de Malvoisin -dijo el molinero, levantándose y echando mano del arco. El monje soltó el jarro y empuñó el garrote. Wamba, cortando en seco un chiste, agarró la espada y la rodela. Todos los demás corrieron a las armas. Pág. 462 - Robin Hood notificó al rey que había despachado, en la dirección del camino que iban a seguir, una partida de descubierta para que informara de cualquier secreta emboscada. Expresó al mismo tiempo la confianza de encontrar expedido el camino y de recibir en caso contrario, oportuno aviso que les permitiera requerir el auxilio de un fuerte contingente de arqueros con el que él mismo seguiría a la retaguardia. |
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NOTA DEL WEB MASTER: SE HAN OMITIDO INTENCIONALMENTE
MUCHAS DE LAS REFERENCIAS ESPECÍFICAS QUE CITAN LOCKSLEY, ROBIEN HOOD O
SIMILARES, DADO QUE AL SER PERSONAJES DE LA OBRA, SON REPETIDAS LAS
SUFICIENTES VECES COMO PARA EXIMIRNOS DE LAS CITAS. ESPERAMOS QUE NO SOLO LEAS ESTAS NOTAS, SINO QUE TAMBIÉN DISFRUTES DE LA NOVELA COMPLETA DE SIR WALTER SCOTT, QUE ES UNA DE LAS MÁS MARAVILLOSAS PIEZAS DE LA LITERATURA QUE HACEN REFERENCIA A LA ARQUERÍA Y PROMUEVEN LOS IDEALES. |
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Agradecemos a THE UNIVERSITY OF EDINBURGH (SCOTLAND) fundada en 1582,
la distinción de haber considerado nuestro trabajo de investigación como
digno de ser incluido en la lista de sus distinguidos links. Prof. Dr. Guillermo E. Bahamonde - Web Master - ARCHERY MUSEUM - Buenos Aires - Argentina |
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Last updated: 27-Apr-2004 |
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