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Una vez realizada la meta de la Perfecta Iluminación, el Buddha dedicó los cuarenta y cinco años siguientes a la enseñanza del Camino, el cual, practicado diligentemente, conduce a cualquiera
-sin tener en cuenta raza, clase o género- a aquel mismo resultado sublime. Las enseñanzas acerca de este Camino son denominadas
«Dhamma», que significa literalmente: «la naturaleza de todas las cosas» o
«la verdad fundamental de la existencia». Los siete tópicos siguientes ofrecen una apreciación global de lo que el Buddha enseñó.
1. El camino de la investigación
El Buddha hizo una muy fuerte advertencia contra la fe ciega y alentó el camino de la verdadera investigación. En uno de sus sermones más conocidos, el
Kalama Sutta, el Buddha resaltó el peligro de basar las propias creencias solamente en: el rumor; la tradición; la opinión de la mayoría; la autoridad de antiguas escrituras; la palabra de un ser sobrenatural; la confianza en un maestro, anciano o sacerdote. En cambio, se debe mantener una mente abierta e investigar a fondo la propia experiencia de la vida. Cuando uno observa por sí mismo que una opinión en particular está de acuerdo tanto con la experiencia como con la razón, y que conduce a la felicidad de uno y de los demás, entonces ¡debe aceptarla y mantenerla!
Este principio, por supuesto, se aplica a las propias enseñanzas del Buddha, que deben considerarse e investigarse empleando la claridad de la mente que nace de la meditación. Sólo cuando vemos estas enseñanzas por nosotros mismos en la experiencia de una visión clara y penetrante, estas se vuelven nuestra Verdad y nos dan una dichosa liberación.
El viajero en el camino de la investigación necesita de la práctica de la tolerancia. Tolerancia no significa adoptar toda idea o visión, sino no enojarse con lo que uno no puede aceptar.
Avanzando en su viaje, aquello con lo que, alguna vez, estuvo en desacuerdo, puede, más adelante, ser visto como una verdad.
2. Las Cuatro Nobles Verdades
La principal Enseñanza del Buddha no se enfoca en especulaciones filosóficas acerca de un Dios Creador o el origen del universo, ni en un mundo celestial en el más allá. La Enseñanza, en cambio, se centra
-bajando a tierra- en la realidad del sufrimiento humano y la urgente necesidad de encontrar un remedio definitivo para todas las formas de descontento. El Buddha relató el símil de un hombre herido por una flecha con la punta envenenada que, antes de llamar a un médico para que lo atienda, exigió saber, primero, quién disparó la flecha y dónde fue fabricada, y de qué, y para quién, y cuándo, y dónde... Seguramente, el insensato moriría antes de que sus preguntas sean contestadas. De la misma manera, dijo el Buddha, la urgente necesidad de nuestra existencia es encontrar un remedio definitivo para el sufrimiento recurrente que nos arrebata la felicidad y nos mantiene en la lucha.
Las especulaciones filosóficas son de importancia secundaria pero, de todos modos, es mejor dejarlas hasta que uno haya entrenado bien la mente en la meditación, al grado de poseer la habilidad para examinar el asunto claramente y encontrar la Verdad por uno mismo.
De este modo, la Enseñanza central del Buddha, alrededor de la cual giran todas las demás, son las
Cuatro Nobles Verdades:
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Todos los seres están afectados por el sufrimiento.
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La causa de este sufrimiento es el deseo, nacido de la ilusión de la existencia de un alma.
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Este sufrimiento cesa de forma definitiva con la experiencia de la Iluminación (Nibbâna), que es la completa erradicación de la ilusión de la existencia de un alma y de toda codicia y aversión consecuente.
- Esta pacífica y bienaventurada Iluminación se logra a través de un entrenamiento gradual, un Camino denominado Sendero Medio o Sendero Óctuple.
Sería un error etiquetar esta Enseñanza como «pesimista» en base a que comienza por centrarse en el sufrimiento. Más bien, el Buddhismo es «realista» porque enfrenta firmemente el sufrimiento de la vida, y «optimista» porque muestra la cesación definitiva del problema del sufrimiento
-el
Nibbâna, ¡la Iluminación en esta misma vida! Aquellos que han alcanzado esta paz última son ejemplos inspiradores que demuestran, de una vez por todas, que el Buddhismo está lejos del pesimismo y es un camino hacia la verdadera felicidad.
3. El Sendero Medio o Sendero Óctuple
El Camino hacia la cesación de todo sufrimiento se denomina Sedero Medio porque evita dos extremos: la indulgencia sensual y la automortificación. Sólo cuando el cuerpo está razonablemente cómodo, pero no excesivamente cómodo, la mente tiene la claridad y la energía para meditar profundamente y descubrir la Verdad. Este Sendero Medio consiste en el cultivo diligente de la Virtud, la Meditación y la Sabiduría, y se lo puede visualizar más detalladamente como el
Noble Sendero Óctuple:
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Recta Comprensión
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Recto Pensamiento
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Recta Palabra
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Recta Acción
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Recto Sustentamiento
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Recto Esfuerzo
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Recta Atención
- Recta Concentración
Recta Palabra, Recta Acción y Recto Sustentamiento constituyen el entrenamiento en Virtud o Moralidad. Para un practicante buddhista consiste en mantener los
Cinco Preceptos, que son abstenerse de:
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Causar deliberadamente la muerte de cualquier ser viviente;
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Tomar intencionalmente para uno la propiedad de otro;
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Conducta sexual incorrecta, en particular, el adulterio;
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Mentir y romper la palabra empeñada;
- Tomar alcohol o drogas estupefacientes que conducen a la carencia de una atención plena.
Recto Esfuerzo, Recta Atención y Recta Concentración se refieren a la práctica de la Meditación, que purifica la mente a través de la experiencia de estados bienaventurados de quietud interior y la faculta para penetrar el significado de la vida por medio de profundos momentos de visión intuitiva.
Recta Comprensión y Recto Pensamiento son la manifestación de la Sabiduría del Buddha que termina con todo sufrimiento, transforma la personalidad y produce imperturbable serenidad e inagotable compasión.
Según el Buddha, sin perfeccionar la práctica de la Virtud es imposible perfeccionar la Meditación, y sin perfeccionar la Meditación es imposible llegar a la Sabiduría de la Iluminación. De esta manera, el Camino Buddhista es un Camino Gradual, un Sendero Medio que consiste en
Virtud, Meditación y Sabiduría, explicado como el Noble Sendero Óctuple que conduce a la felicidad y la liberación.
4. Kamma
Kamma significa «acción». Ley del Kamma significa que hay resultados ineludibles de nuestras acciones. Hay acciones del cuerpo, la palabra o la mente que conducen al perjuicio de otros, a nuestro propio perjuicio, o al perjuicio de todos. Tales acciones son denominadas mal
kamma (o kamma perjudicial). Habitualmente, son motivadas por la codicia, el odio o la ilusión. Debido a que producen resultados penosos, no deberían efectuarse.
Hay, también, acciones del cuerpo, la palabra o la mente que conducen al bienestar de otros, a nuestro propio bienestar, o al bienestar de todos. Tales acciones son denominadas buen
kamma (o kamma beneficioso). Habitualmente, son motivadas por la generosidad, la compasión o la sabiduría. Debido a que producen resultados felices, deberían efectuarse tan a menudo como sea posible.
De este modo, mucho de lo que experimentamos es el resultado de nuestro propio
kamma anterior. Cuando nos ocurre algo desafortunado, en lugar de culpar a otro, podemos buscar alguna falla en nuestra propia conducta del pasado. Si encontramos una falla, la experiencia de sus consecuencias nos hará más cuidadosos en el futuro. Cuando nos ocurre algo feliz, en lugar de darlo por sentado, podemos buscar y ver si es el resultado del buen
kamma. Si ese es el caso, la experiencia de sus agradables resultados fomentará más buen
kamma en el futuro.
El Buddha señaló que ningún ser en absoluto, divino o no, posee poder alguno para detener las consecuencias del buen o mal
kamma. El hecho de que uno cosecha simplemente lo que siembra, confiere al buddhista un mayor incentivo para evitar toda forma de mal
kamma, mientras realiza tanto buen kamma como le es posible.
Aunque no podemos escapar de los resultados del mal kamma, podemos disminuir su efecto. Una cucharada de sal mezclada en un vaso de agua pura le da un gusto muy salado, mientras que la misma cucharada mezclada en un lago de agua dulce difícilmente altere su sabor. De la misma manera, el resultado de un mal
kamma en una persona que, habitualmente, hace sólo una pequeña cuota de buen
kamma es, de hecho, doloroso, mientras que el resultado del mismo mal
kamma en una persona que, habitualmente, hace una gran cantidad de buen
kamma, es apenas advertido.
Esta Ley Natural del Kamma se convierte en la fuerza que sustenta y la razón para la práctica de la moralidad y la compasión en nuestra sociedad.
5. Renacimiento
El Buddha recordó claramente muchas de sus vidas pasadas. Incluso hoy, muchas personas también recuerdan sus vidas pasadas. Una memoria tan poderosa es un resultado de la meditación profunda. Para aquellos que recuerdan su vida pasada, el Renacimiento es un hecho establecido que coloca esta vida en una perspectiva significante.
La Ley del Kamma sólo puede ser comprendida en el marco de muchas vidas, porque a veces debe pasar mucho tiempo para que el
kamma rinda su fruto. Así, Kamma y Renacimiento proporcionan una explicación verosímil de las evidentes desigualdades de nacimiento: ¿Por qué algunos nacen en la gran riqueza mientras otros nacen en una pobreza patética? ¿Por qué algunos niños vienen a este mundo sanos y enteros mientras otros vienen deformados y enfermos?... Los frutos del mal
kamma no son considerados como un castigo por las malas acciones, sino como lecciones de las cuales hay que aprender, por ejemplo, ¡qué mejor, para aprender acerca de la necesidad de la generosidad, que renacer entre los pobres!
El renacimiento no sólo tiene lugar en este reino humano. El Buddha indicó que el reino de los seres humanos no es más que uno entre muchos. Existen muchos reinos celestiales distintos y sombríos reinos inferiores, reinos de los animales y reinos de los espíritus. No sólo los seres humanos pueden ir a cualquiera de estos reinos en la próxima vida, sino que podemos venir de cualquiera de estos reinos en nuestra vida presente. Esto explica la corriente objeción contra el renacimiento que argumenta: «¿Cómo puede haber renacimiento si la cantidad de personas vivas de hoy es diez veces mayor que la de hace cincuenta años?». La respuesta es que las personas vivas de la actualidad han venido de muchos reinos diferentes.
El entender que podemos ir y venir entre estos diferentes reinos, nos torna más respetuosos y compasivos para con los seres en dichos reinos. No es probable, por ejemplo, que explotemos a los animales cuando hemos comprendido el vínculo de renacimiento que nos conecta.
6. Ningún Dios Creador
El Buddha señaló que ningún Dios o sacerdote, ni ningún otro tipo de ser, detenta el poder de interferir en el funcionamiento del
kamma de nadie. El Buddhismo, por lo tanto, le enseña al individuo a asumir la completa responsabilidad de sí mismo. Por ejemplo, si quieres ser rico, sé digno de confianza, diligente y frugal, o si quieres vivir en un reino celestial, sé siempre bondadoso con los demás. No hay ningún Dios para pedirle favores o, en otras palabras, no hay corrupción posible en el funcionamiento del
kamma.
¿Creen los buddhistas que un Ser Supremo creó el universo? Los buddhistas preguntarían primero: ¿Cuál universo? Para la cosmología buddhista, este universo presente, desde el momento del «big bang» hasta ahora, no es más que uno entre innumerables millones. El Buddha dio una estimación de la edad de un solo ciclo universal de alrededor de 37000 millones de años, que es bastante convincente cuando la comparamos con la astrofísica moderna. Después que un ciclo universal termina, comienza otro, una y otra vez, de acuerdo con la ley impersonal. Un Dios Creador es innecesario en este esquema.
Ningún ser es un Salvador Supremo, según el Buddha, porque en tanto Dios, humano, animal, o lo que sea, todos están sujetos a la Ley del
Kamma. Incluso el Buddha no poseía el poder de salvar. Él sólo podía señalar la Verdad para que el sabio pueda verla por sí mismo. Todos deben asumir la responsabilidad de su propio bienestar futuro, y es peligroso dar esa responsabilidad a otro.
7. La ilusión de la existencia del alma
El Buddha enseñó que no existe ningún alma, ningún centro esencial y permanente en ningún ser viviente. En cambio, aquello que denominamos «ser viviente», sea humano o no, puede ser visto como apenas una conjunción temporaria de muchas actividades y partes: cuando está completo se lo denomina «ser viviente», pero, después de que las partes se separan y las actividades cesan, ya no se lo denomina «ser viviente». Igual que una computadora ensamblada con muchas partes y actividades: sólo cuando está completa y ejecuta tareas coherentes se la denomina «computadora», pero, después de que las partes son desconectadas y las actividades cesan, ya no se la denomina «computadora». Ningún centro esencial permanente puede encontrarse en lo que verdaderamente podemos llamar «la computadora». Del mismo modo, ningún centro esencial permanente puede encontrarse en lo que llamamos «el alma».
Así, el renacimiento ocurre sin un alma. Consideremos el siguiente símil: En un altar buddhista, una vela con la llama baja está apunto de consumirse por completo. Un monje toma una vela nueva y la enciende con la llama de la que se está extinguiendo. La vela antigua muere, y la nueva arde resplandeciente. ¿Qué se transfirió de la antigua vela a la nueva? ¡Hubo un vínculo causal pero no se transfirió nada! De la misma manera, hubo un vínculo causal entre tu vida anterior y tu vida actual, pero no se transfirió ningún alma.
De hecho, la ilusión de la existencia de un alma es, para el Buddha, la causa-raíz de todo sufrimiento humano. La ilusión del «alma» se manifiesta como «ego». La función natural y constante del ego es controlar. Egos grandes quieren controlar el mundo, egos medianos tratan de controlar su entorno inmediato del hogar, la familia y el trabajo, y casi todos los egos se esfuerzan por controlar lo que suponen que es su propio cuerpo y mente. Tal control se manifiesta como codicia y aversión y resulta en una carencia tanto de paz interior como de armonía exterior. Es este ego quien busca adquirir posesiones, manipular a los otros y explotar el medio ambiente. Su objetivo es su propia felicidad pero, invariablemente, produce sufrimiento. Desea satisfacción pero experimenta descontento. Semejante sufrimiento, profundamente arraigado, no llega a su fin hasta que uno ve, por medio de una profunda y poderosa meditación, que la idea de «yo» y «mío» no es más que un espejismo.
Extracto y adaptación del original «What is
Buddhism?», publicado por The Buddhist Society of Western Australia.

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