
Si hemos de creer en el Dr. Carlos Saúl Menem, es posible
hallar, en cualquier librería de Buenos Aires, las Obras Completas de Sócrates,
y es posible también leerlas en alguna noche tormentosa, junto al calor de unos
leños, con una vaporosa pipa entre los labios y un puntual sabueso echado a los
pies.
Aristócrata visceral y prejuicioso, expresó sus ideas
políticas en "
Lo básico de su doctrina parece extraído de una
estupenda ficción novelesca y reconoce sus antecedentes en Pitágoras y en el
quietismo de los eleatas: Dos mundos especulares; uno (ficticio, confesémoslo,
enteramente imaginado por él) habitado por arquetipos eternos e inmutables;
otro (el real, el de todos los días, en el que hay alegría y también pena)
afantasmado y defectuoso: un mero reflejo del anterior. (Concretamente, la
exacta inversión de lo que la realidad es, aun cuando, no obstante, quizá toda la
metafísica y hasta la filosofía entera, no sea otra cosa que un juego de
apariencias.) Supongo que este destartalado mundo que habitamos debe ser lo
suficientemente infame como para que necesitemos justificarlo, con el pretexto
de una degradación esencial, sin que nos atrevamos a admitir nuestra culpable
responsabilidad en su progresiva degeneración y en sus viles anomalías.
Platón escribió una treintena de diálogos. En ellos,
Sócrates se hace eco de una doctrina que le era casi por completo ajena. El
texto seleccionado pertenece al "Teeteto", una obra algo tardía de su
producción y notable ejemplo del estigma que desde el vamos persiguió a los
filósofos.
Su enseñanza perdura en todas las formas del
idealismo, en la psicología, en la mística (Swedenborg, por ejemplo, afirmaba
que lo que está abajo es espejo de lo que está arriba), en la doctrina
musulmana (el Corán arquetípico, la madre
del libro, está escrito en el cielo), en el postmodernismo, en la película
Matrix y en muchos otros lugares, más de los que una mirada superficial se
atrevería a suponer.
TEETETO (174a4-b3.
Ed.Burnet)
SW. Wsper kai Qalhn astronomounta, w Qeodwre,
kai anw bleponta, pesonta eix jrear,
Qratta tix
emmelhx kai cariessa qerapainix aposkwyai
wx
ta
men en ouranw proqumoito eidenai, ta d emprosqen
auton kai para podax lanqanoi auton . tauton de
arkei skwmma epi pantas osoi en jilosojia diagousi.
tw gar onti ton toiouton o men plhsion kai o geitwn
kelhqen, ou monon oti prattei, all
oligou
kai ei anqrwpox estin h ti allo qremma (...)
SÓCRATES: Se
argumenta que, así como le ocurrió a Tales, que por mirar el cielo se precipitó
a un pozo (con lo cual se ganó la burla de una bella muchacha tracia, que
observó que por prestarle atención a las cosas del cielo no reparaba en lo que
estaba delante de sus pies), así les sucede a los filósofos, los que no sólo
son ajenos a lo que hace su vecino más próximo, sino que, además ni siquiera
advierten si se trata de un hombre o de algún otro animal (...)

Cuando poco antes de morir, el 3 de junio de 1924,
Franz Kafka le pidió a su amigo y albacea, Max Brod, que destruyera todos sus
manuscritos inéditos, estaba actualizando, quizá sin saberlo, aquel mismo
libreto que en el año
Naturalmente, en ninguno de los dos casos esos deseos
de purificación fueron respetados, permitiendo así que el tiempo, que por un
secreto azar desgasta o celebra, conserve para nosotros "El Castillo", "El
Proceso" y ese inconcluso experimento épico (épico-bíblico, si se quiere)
llamado "Eneida".
Virgilio nació en Andes, a mediados de octubre del año
Cultivó con esmero la amistad de Horacio y con interés
la de Octavio Augusto y la de Mecenas. Debe gran parte de su asombrosa fama a
su inclusión como lazarillo de Dante en "
Como todo clásico, abrevó en obras de otros clásicos
para confeccionar las propias. Bajo la inspiración de Teócrito surgieron las Églogas;
bajo la de Hesíodo, las Geórgicas; bajo la de Homero,
ENEIDA (Fragmentos)
Dolus, an virtus, quis in
hoste requirat?
(En. II)
Ut me conspexit venientem
et Troia circum
Arma amens vidit; magnis
exterrita monstris,
Diguit visu in medio:
calor ossa reliquit;
Labitud, et longo
vix tandem tempore fatur.
(En III)
Nam Pater
omnipotens, aliquem indignatus ab umbris
Mortalem infernos
ad lumina surgere vitae,
Ipse repertorem
medicinale talis, et artis,
Fulmine Phoebigenam
Stygias destrusit ad undas.
(En. VII)
Multa dies, variusque labor mutabilis aevi
Rettulit in melius;
mutos alterna revisens
(En. XI)
¿Qué se nos exigirá ante el enemigo, astucia o
bravura?
Cuando me ve venir con las armas de Troya,
Enloquece y experimenta un monstruoso espanto,
Mira en derredor, arden sus huesos, caen sus despojos,
Y sólo puede recobrarse largo tiempo después.
El Padre omnipotente, indignado de que un mortal
Surgiera de las tinieblas del infierno hacia la luz de
la vida,
Fulminó con su rayo al creador del arte de la medicina
Y aniquiló al hijo de Febo, lanzándolo a las olas
estigias.
Los diversos trabajos y días provocan cambios
En la breve vida, y la fortuna suele alternar
Parejamente, los honores y los reveses.
Dante

![]()
A comienzos del siglo XIV, cuando Dante Alighieri
emprende la confección de su Comedia, abraza, con revanchismo y con
furor, la causa gibelina. Y eso explica muchas cosas: Explica sus amenazas a
los gobernantes de Florencia. Explica su amistad con Can Grande de
El infierno, el purgatorio y el cielo; la elección del
terceto y el uso de la alegoría, remiten inevitablemente a
En el poema, el autoritarismo y la arbitrariedad
determinan el reparto de los premios y de los castigos: admira a Virgilio y por
eso lo hace su guía; a los poetas clásicos, sus colegas -Homero, Horacio, Ovidio,
Lucano- en general les va más o menos bien, y les depara un infierno benévolo
(están privados del reino de Dios a causa de no haber pasado por un imposible
sacramento bautismal); a los papas y a los clérigos, sus ahora irreconciliables
enemigos, los condena a chocarse unos con otros, en el cuarto cerco del averno;
ama a Beatriz Portinari y por eso la hace habitar el paraíso (ella misma es, al
fin y al cabo, el inalcanzable paraíso).
Igual que Cervantes, Defoe, Bocaccio y José Hernández,
debe casi toda su celebridad a una sola composición (a una específica sección
de esa sola composición). Cuenta la leyenda que algunos manuscritos, que
completaban la obra, le fueron revelados a uno de sus hijos por el fantasma del
poeta muerto, que los había disimulado en un escondrijo de la casa.
Nació como Ducante Degli Aldighieri, en Florencia, en
1265. Murió en Ravena, en 1321, con el nombre ya apocopado. La posteridad le
añadiría a
INFERNO
(INFIERNO)
Nel mezo del cammin di nostra vita
Mi ritrovai per una selva oscura
Ché la diritta via era smarrita
Ahi quanto a dir qual era e cosa dura
Esta selva selvaggia e aspra e forte
Che nel pensier rinova la
paura!
Tant´e amarra che poco e piu morte;
Ma per tratar del ben ch´i vi trovai
Diro de l´altre cose ch´il v´ho scorte
Io non so ben ridir
com´i ´v´intrai,
Tant´era pien di sonno a quel punto
Che la verace via abbandonai
En medio del camino de la vida
Me vi extraviado en una selva oscura
Y la recta senda sentí perdida
¡Ah, que hablar de esto es cosa dura
Selva tan agreste y áspera y fuerte
Que de sólo pensar me da pavura!
Era tan amarga como la muerte
Mas yo para ser fiel a lo que viera
Diré las cosas que halló mi suerte
Ojalá cómo entré explicar pudiera
Tan sólo que el sueño me oprimía
Cuando abandoné la vía verdadera

La historia de la literatura es una relación en donde
abundan los misterios. El que le toca al destino ilustre de la familia de
poetas judeo-españoles del siglo XV que se conoce con el nombre genérico de "Los
Manriques", no es, ciertamente, el menor de ellos.
La reputación del grupo gira en torno a "Las Coplas", de Jorge Manrique, hijo de Rodrigo, hermano
de Pedro y sobrino de Gómez Manrique.
Fuera de esta composición, la obra del conjunto no
pasa de ejercicios menores, que no trascienden la medianía usual de la época.
Sin estas "Coplas", quizá poco sabríamos de "Los Manriques", o, lo que es peor,
no nos interesaría saber mucho más de ellos:
Rodrigo Manrique (1406-1440), primer Conde de Paredes
de Nava, fue un hombre de armas, un accidental aficionado a las letras. (Lo
seguro de la vida / tiene el muerto que reposa, / qu´el mundo es tan fiera cosa / que no hay cosa conocida.) Su
producción es ínfima y se reduce a algunos villancicos y canciones.
Gómez Manrique (1412-1490), a quien el siempre
hiperbólico Menéndez y Pelayo juzga "el
mejor poeta del siglo XV, después de Santillana y de Mena" (y después de
su discípulo Pedro Guillén de Segovia, agregaría yo), fue, tal vez, el de mayor
predicamento en el grupo. A la consideración del lector expongo el fragmento que sirve de ejemplo a estas
líneas, lo más destacado de su pluma, y escamoteo ex professo las
"Coplas de Mingo Revulgo", que aluden a la homosexualidad de Enrique IV, quien
-según nos cuenta el indiscreto Gómez Mannrique-, se dedicaba a "folgar tras los
setos" la mayor parte del tiempo.
Pedro Manrique (1435-?), segundo Conde de Paredes de
Nava, un poetastro satírico que gustaba de la procacidad y la grosería. Por
respeto a los lectores, las antologías lo ignoran.
LOS MARTIRIOS QUE REPRESENTAN AL NIÑO
El cáliz
¡Oh santo niño naçido
para nuestra redençión
este cáliz dolorido
de tu cruda pasión
es neçesario que beba
tu sagrada majestad,
por salvar la humanidad
que fue perdida por Eva
La corona
E después de tu persona
Ferida con deçeplinas,
te pornán esta corona
de dolorosas espinas
La cruz
En aquesta santa cruz
el tu cuerpo se perná;
a la hora no habrá luz
y el templo caerá.
El
astelo* e la soga
E será este astelo
tu cuerpo glorificado,
poderoso rey del çielo
con estas sogas atado.
Los
açotes
Con estos açotes crudos
romperán los tus costados
los sayones muy sañudos
por lavar nuestros pecados
La lança
Con esta lança tan cruda
fordarán tu costado,
e será claro, sin duda,
lo que fue profetizado.
*columna
Boscán

Melancólica fama la que depende del valor de otro, como
la de Salieri, cuya imagen se halla infaliblemente anudada a la del talento
enorme de Mozart.
Así, Juan Boscán de Almogaver, o Boscán a secas
(1495-1542), ha escrito su nombre en la historia de la literatura española no
por la calidad de su obra, excepcionalmente anodina, sino por haber convencido
a su amigo, el poeta Garcilaso de
Un año después de la muerte de Boscán, su esposa editó
sus escritos en un taller de Barcelona: "Las Obras del Boscán y algunas de
Garcilaso de
El gusto de Boscán por el petrarquismo le fue
contagiado por Andrea Navagero, embajador de Venecia, a quien conoció en
Granada, en 1526, siendo miembro del séquito de Carlos V. Cristóbal de
Castillejo censura esa preferencia y escribe estos versos: "Han renegado la fe /
de las trovas castellanas / y tras las italianas / se pierden, diciendo que /
son más ricas y lozanas".
Hay que buscar lo mejor de la producción de Boscán en
una hoy inhallable traducción de ese manual de buenos modales llamado "Il Cortegiano",
de Baltasar Castiglione, que redactó en 1534; hay que buscar su sombra más
perdurable en uno de los personajes de la primera égloga de Garcilaso: el
atormentado Nemoroso.
DULCE SOÑAR Y DULCE CONGOJARME...
Dulce soñar y dulce congojarme
cuando estaba soñando que soñaba,
dulce gozar con lo que me engañaba,
si un poco más durara el engañarme.
Dulce no estar en mí, que figurarme
podía cuanto bien yo deseaba;
dulce placer, aunque me importunaba,
que alguna vez llegara a despertarme.
-¡Oh sueño, cuánto más leve y sabroso
me fueras, si vinieras tan pesado
que asentaras en mí con más reposo!
Durmiendo, en fin, fui bienaventurado;
y es justo en la mentira ser dichoso
quien siempre en la verdad fue desdichado.
Shakespeare

Desde que en 1598 Francis Meres incluyó el nombre
de William Shakespeare junto
a los de Eurípides, Esquilo,
Sófocles, Aristófanes, Ovidio,
Horacio, Virgilio, Spenser, Marlowe y Chapman, poco o nada puede agregarse
a los infinitos elogios que la
posteridad le ha dispensado. Con plenitud cabe para él aquella sentencia bíblica: "Nada
nuevo hay bajo el sol". Es
una utopía pretender eludir
hoy el lugar común, y es lícito afirmar, sin error
(sin que nos incomode la posibilidad del error), que en
cuatrocientos años todo lo que
humanamente puede decirse de un
escritor, ya ha sido dicho de Shakespeare. (Hasta que la obra de Shakespeare no
pertenece a Shakespeare.Hasta que Shakespeare ha sido un personaje de ficción
-imputación de la que tampoco ha escapadoo Homero-, como Hamlet y Shylock.)
Se ha dicho, entre otras cosas, que renovó el idioma
inglés; el propio Meres explica que si las Musas hablaran en inglés, sin duda
usarían el "bellísimo fraseo shakesperiano". Convengamos que, anacrónicas, las
Musas de Meres susurrarían en un inglés incomprensible: En los siglos XVI y
XVII ocurre un profundo cambio en el sonido de las vocales, que hace que un
drama de Shakespeare representado con
la pronunciación corriente del siglo XVII sea, para el espectador de hoy, una
jerigonza indescifrable. Por otro lado, también es cierto que todo lector serio
no haría mal en ahondar un poco en la particular sintaxis shakesperiana, puesto
que adolece de algunos obstáculos, no del todo insalvables (para explicarla
cabalmente, por ejemplo, el doctor Abbot ha pergeñado su erudita "Gramática
Shakespearana", que el curioso lector, y las Musas de Meres, harían muy
bien en consultar).
De la lectura de Holinshed (Chronicles of England,
Scotland and Ireland), Shakespeare extrajo la anécdota de Macbeth;
de la de Plutarco (Vidas Paralelas),
la de Julio César; de la de Marlowe (El Judío de Malta), la del Mercader
de Venecia; de la de Giambattista Giraldi (Cinthio), la de Otelo;
de la de Saxo Gramático (
Shakespeare nació
en Stratford-on-Avon (Warwick), en 1564. Fue
actor, dramaturgo y empresario teatral de singular éxito. Murió en aquella
misma ciudad, en 1616, quiere la tradición que el mismo día que Cervantes, aun
cuando triviales razones de calendario (tan ajenas al humano goce de las
simetrías) lo desmientan. La traducción del fragmento que sirve de muestra
pertenece a mi hijo Claudio Erasmo, que condescendió a abandonar por un momento la poética de Metallica y
Marilyn Mason para acercarse a la del bardo inglés.
HAMLET
(Acto I, Escena 3)
Polonius.
There my blessing
with thee!
And these few
precepts in thy memory.
Look Thou
character. Give thy thoughts no tongue,
Nor any
unproportioned thought his act.
Be thou familiar
but by no means vulgar.
The friends thou
hast, and their adoption tried,
Grapple them to thy
soul eith hoops of steel,
And do not dull thy
palm with entertainment
Of each
new-hatch´d, unfledged comrade.
Beware
Of entrance to a
quarrel, but being in,
Bear´t that the
opposed may beware of thee.
Give everyman thy
car, but few thy voice:
Take each man´s
censure but reserve thy judgment,
Costly thy habit as
thy purse can buy,
But not expressed in
fancy, rich not gaudy,
For the apparel oft
proclaims the man,
And they in
Are of a most
select and generous, chief in that.
Neither a borrower
nor a lender be;
For loan oft loses
both itself and friend,
And borrowing dulls
the edge of husbandry
This above all: to
thine own self be true,
And it must follow,
as the nigth the day,
Thou cans´t not then be false to any man.
Polonio.
¡Que mi bendición sea contigo!
Y que estos pocos preceptos se graben en
tu memoria:
Cuida tu carácter y no expongas
alegremente tus pensamientos.
Aleja de tu mente toda idea extravagante.
Sé común, pero no vulgar.
Los amigos cuya lealtad hayas probado,
Aférralos a tu alma con cadenas,
Y no empañes tu mano con gratuitos halagos
a todo nuevo camarada recién salido del
cascarón.
Cuídate
De entrar en disputas, pero si lo haces
Compórtate para que sea el oponente el que
se cuide de ti.
Escucha a cada hombre, pero di pocas
palabras,
Pon atención a la censura de cada uno,
pero reserva tu juicio.
Que tu atavío sea costoso hasta donde tu
bolsillo lo permita,
Pero sin afectación, porque la apariencia
delata al hombre.
Los franceses de buena posición son un
ejemplo al respecto.
No tomes prestado y tampoco prestes,
Por prestar, a menudo, se pierden cosas,
además de la amistad.
Tomar prestado es, con frecuencia, la
ruina de la economía.
Y lo más importante de todo: no te engañes
a ti mismo,
De esto se seguirá, como la noche que
sucede al día,
Que no has de ser
falso con ningún hombre.

La primera vez que afronté la obra de
Cervantes (1547-1616), fue a través de "El Licenciado Vidriera", una de sus Novelas
Ejemplares, cuando yo tenía once o doce años y la lectura era un deber
escolar, nunca un placer estético. Después vendrían Los Trabajos de Persiles
y Segismunda y El Quijote.
Sabemos que este último producto le deparó
una justa inmortalidad literaria. Sabemos que el resultado excedió ampliamente sus
expectativas (iba a ser una mera burla a las novelas de caballería), que lo
perpetró para matizar sus horas en una cárcel de Sevilla, que le abrió las
puertas de la gloria universal (los germanos (1) le dedicaron especial atención: Schlegel y Thomas Mann
reflexionaron largamente sobre él; Helmut Hatzfeld y Karl Vossler lo
historiaron; Sigmund Freud confesó haber aprendido español para leerlo), y que
aun hoy sigue alimentando su celebridad. (Hace poco tiempo, la editorial
francesa Seuil, censuró un prólogo en donde se afirmaba que El Quijote
era una "farsesca y sutil parábola de la homosexualidad", polémica que para una
novela del siglo XVI, supone un anacronismo.) Sabemos, sin embargo, que, pese a
todo, Cervantes fue un poeta fracasado. Lope de Vega lo juzgaba malísimo, y él
mismo reconocía su inoperancia con el verso:
Yo que siempre me afano y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo.
Éstos corresponden a su obra más
importante en el género Viaje al Parnaso, inspirada (quizá en demasía,
aun tratándose de un clásico) en la labor homónima del itálico Cesare Caporali.
Además del Quijote (su famoso
comienzo -"En un lugar de
El fragmento que se transcribe pertenece
al entremés El Retablo de las Maravillas, y su anécdota principal
(supuestas maravillas que no podrán ser vistas por nadie que no sea hijo del
padre que tiene por legítimo, condición que, naturalmente, hará que todos
finjan ver milagros inexistentes) fue exhumada de uno de los "exemplos" de El
Conde Lucanor, de don Juan Manuel, que a su vez lo había exhumado de la
tradición árabe, como casi todo el resto de su libro. El Traje del Emperador,
de Hans Christian Andersen, dicho sea de paso, repite, una vez más, la
ocurrencia.
(1) Utilizo aquí la palabra "germano",
claro está, de acuerdo a la primera acepción que ofrece el diccionario de la
Real Academia.
EL RETABLO DE LAS
MARAVILLAS
CHANFALLA.-Yo, señores míos, soy Montiel,
el que trae el Retablo de las maravillas. Hamme enviado a llamar de la corte
los señores cofrades de los hospitales, porque no hay autor de comedias en
ella, y perecen los hospitales, y con mi ida se remediará todo.
GOBERNADOR.-¿Y qué quiere decir retablo de
las maravillas?
CHANFALLA.-Por las maravillosas cosas que
en él se enseñan y muestran, viene a ser llamado Retablo de las maravillas; el
cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo, debajo de tales paralelos, rumbos,
astros y estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que tenga
ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que alguna raza de confeso,
o no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio; y el que
fuere contagiado de estas dos tan usadas enfermedades, despídase de ver las
cosas jamás vistas y oídas en mi Retablo.
BENITO.-Ahora echo de ver que cada día se
ven en el mundo cosas nuevas. ¿Y qué? ¿Se llamaba Tontonelo el sabio que el retablo
compuso?
CHIRINOS.-Tontonelo se llamaba, nacido en
la ciudad de Tontonela, hombre de quien hay fama que le llegaba la barba a la
cintura.
BENITO.-Por la mayor parte, los hombres de
grandes barbas son sabihondos.
GOBERNADOR.-Señor regidor Juan Castrado:
yo determino, debajo de su buen parecer, que esta noche se despose la señora
Teresa Castrada, su hija, de quien yo soy padrino, y, en regocijo de la fiesta,
quiero que el señor Montiel muestre en vuestra casa su retablo.
JUAN.-Eso tengo yo por servir al señor
gobernador, con cuyo parecer me convengo, entablo y arrimo, aunque haya otra
cosa en contrario.
CHIRINOS.-La cosa que hay en contrario es
que, si no se nos paga primero nuestro trabajo, así verán las figuras como por
el ceiro de Úbeda. ¿Y vuesas mercedes, señores justicias, tienen conciencia y
alma en esos cuerpos? ¡Bueno sería que entrase esta noche todo el pueblo en
casa del señor Juan Castrado, o como en su gracia, y viese lo contenido en tal
retablo, y mañana, cuando quisiéramos mostralle al pueblo, no hubiese ánima que
la viese! No, señores; no señores, ante omnia, nos han de pagar lo que
fuere justo.
BENITO.-Señora autora: aquí no os ha de
pagar ninguna Antona ni ningún Antonio; el señor regidor Juan Castrado os
pagará más honradamente, y si no, el concejo. ¡Bien conocéis el lugar por
cierto! Aquí hermana, no aguardamos a que ninguna Antona pague por nosotros.
CAPACHO.-¡Pecador de mí, señor Benito
Repollo, y qué lejos da del blanco! No dice la señora autora que pague ninguna
Antona, sino que le paguen adelantado y ante todas las cosas, que eso quiere
decir ante omnia.
BENITO.-Mirad, escribano Pedro Capacho;
haced vos que me hablen a derechas, que yo entenderé a pie llano. Vos, que sois
leído y escribido, podéis entender esas algarabías de allende, que yo no.
JUAN.-Ahora bien; ¿contentarse ha el señor
autor con que yo le dé adelantados media docena de ducados? Y más, que se
tendrá cuidado que no entre gente del pueblo esta noche en mi casa.
CHANFALLA.-Soy contento, porque yo me fío de
la diligencia de vuesa merced y de su buen término.
JUAN.-Pues véngase conmigo. Recibirá el
dinero y verá mi casa y la comodidad que hay en ella para mostrar ese retablo.
CHANFALLA.-Vamos, y no se le pase de las
mientes las calidades que han de tener los que se atrevieren a mirar el
maravilloso retablo.
BENITO.-A mi cargo queda eso, y séle decir
que, por mi parte puedo ir seguro a juicio, pues tengo el padre alcalde; cuatro
dedos de enjundia de cristiano viejo rancioso tengo sobre los cuatro costados
de mi linaje: ¡miren si veré el tal retablo!
CAPACHO.-Todos lo pensamos ver, señor
Benito Repollo.
Gracián

La ambigua figura del jesuita Baltasar
Gracián se encuentra indisolublemente ligada a la de Francisco de Quevedo y a
la de Luis de Góngora. Al primero lo une su asimilación a la corriente
conceptista; al segundo, el clero y la frecuente confusión que identifica
conceptismo y culteranismo. (Uno y otro, sin embargo, se funden en una
corriente mayor: el barroco, ese enorme movimiento europeo que coincidió con
los reinados de Felipe III y Felipe IV y cuya predilección artística por el
artificio y el derroche de los recursos es por todos conocida.)
He escrito que es una ambigua figura la de
Gracián. Los críticos y los historiadores (y aun algunos escritores) intentan
celebrarlo, pero les cuesta: Menéndez y Pelayo dice de él que es "un talento de
estilista de primer orden", pero inmediatamente agrega: "maleado por la
decadencia literaria". Fermín Estrella Gutiérrez en principio lo alaba o finge
alabarlo: "Es el último gran escritor del siglo XVII", apunta, y continúa: "la
hondura de sus pensamientos y la originalidad y agudeza de sus ideas lo
colocan, por derecho propio, entre los más insignes pensadores que ha tenido la
humanidad"; y, ya sin reprimir su desconfianza, remata, aclarando el punto:
"más grande sin duda como pensador que como escritor". Menéndez Pidal opta por diluirlo dentro del
crisol común del conceptismo, sin ensalzarlo: nos dice que abusó de la
hipérbole y cosas así; en suma, no agrega demasiado a lo que uno de antemano ya
podía suponer. Ludwig Pfandl, en otra sentencia general que apenas disimula un
dictamen lapidario, anota que los conceptistas "no necesitaban un talento
poético especial para escribir, ni siquiera fantasía o energía de sentimiento,
sino meramente agudeza e ingenio". Borges jamás escondió su recelo respecto a
Gracián (y hasta le dedicó algún poema adverso) y Macedonio Fernández lo
consideraba (como a Góngora) un autor detestable.
Baltasar Gracián nació en Balmonte, en
1601. Publicó sus obras con seudónimo, pero esa precaución no impidió que su
actividad literaria le trajera inconvenientes con su orden. Murió en Zaragoza,
en 1658. Schopenhauer lo admiraba, y de todas sus obras prefería "El
Criticón". A ésta pertenece el fragmento elegido para ilustrar el bosquejo
que acaba de leer.
EL CRITICÓN
Luego que el supremo Artífice tuvo acabada
esta gran fábrica del mundo, dicen trató de repartirla alojando en sus
estancias a sus vivientes. Convócolos todos, desde el elefante hasta el mosquito. Fuéles mostrando los
repartimientos y examinando a cada uno cuál de ellos escogía para su morada y
vivienda. Respondió el elefante que él se contentaba con una selva, el caballo
con un prado, el águila con una de las regiones del aire, la ballena con un
golfo, el cisne con un estanque, el barbo con un río y la rana con un charco.
Llegó el último, el primero digo, el
hombre, y, examinando de su gusto y de su centro, dijo que él no se contentaba
con menos que con todo el universo, y aun le parecía poco. Quedaron atónitos
los circunstantes de tan exorbitante ambición; aunque no faltó luego un lisonjero,
que defendió nacer de la grandeza de su ánimo.
Pero la más astuta de todos: Eso no creeré
yo, les dijo; sino que procede de la ruindad de su cuerpo. Corta le parece la
superficie de la tierra y así penetra y mina sus entrañas en busca del oro y de
la plata, para satisfacer en algo su codicia. Ocupa y embaraza el aire con lo
empinado de sus edificios, dando algún desahogo a su soberbia. Surca los mares
y ronda sus más profundos senos, solicitando las perlas, los ámbares y los
corales, para adorno de su bizarro desvanecimiento. Obliga a todos los
elementos a que le tributen cuanto abarcan: el aire sus aves, el mar sus peces,
la tierra sus cazas, el fuego la sazón, para entretener, que no satisfacer, su
gula. ¡Y aun se queja de que todo es poco! ¡Oh monstruosa codicia de los
hombres!
Goethe
![]()

Una escultura, emplazada en algún lugar de
Alemania, dibuja las inconfundibles siluetas de dos amigos y colaboradores:
Johann W. Goethe y Friedrich von Schiller. Los alemanes tienen en estos dos
hombres, en ese preciso y misterioso orden, a sus dos máximas figuras
literarias.
Goethe nació en Francfurt, el 28 de agosto
de 1749, en el seno de una familia burguesa y acomodada que lo imaginaba
dedicado a las leyes, pero que tuvo que resignarse a verlo obsesionado con las
letras; primero como poeta (enrolado en la corriente del Strum und Drang),
después como comediógrafo y hacedor de dispares dramas y tragedias, y
finalmente, como novelista. Elegías Romanas y Diván Occidental-Oriental
es lo más destacado de su trabajo poético; Werther lo es en el ámbito de
la novela, y Torcuato Tasso en el drama. La tradición, sin embargo, le
ha dado a Fausto (personaje que
algunos identifican con un editor alemán, caído en desgracia con
Otros "Faustos" hubo en la historia, desde
un anónimo aparecido en el siglo XV hasta uno de Adelbert von Chamisso, de
1803; pasando por el Johan Faust de Spiez y el Theóphile, de Rutebeuf. Hubo uno
ruso, de Turguéniev; otro inglés, de Marlowe, e incluso uno vernáculo, escrito
por Estanislao del Campo. De todos, el más célebre (y quizá el único) es el de
Goethe, que conoció más de una versión.
Norma Hoffmann (apellido de insigne
prosapia literaria) fue quien me facilitó y tradujo el fragmento de "Las
Cuitas del Joven Werther" que sirve de justificación a estos apuntes.
Cuando le pregunté si podía proveerme de algún texto de Goethe en alemán para
ilustrar la nota, me contestó en alemán:
-Ja,
aber Schrifler ist sehr lanweilig.
Esta fatal definición, que sin duda le
parecerá un despropósito a más de un sacro espíritu académico, suele ser, para
el lector común, una aciaga e incómoda verdad.
Goethe murió el 22 de marzo de 1832, poco
después de haber despachado la versión definitiva de su Fausto.
Años más tarde, en 1859, Gounod compondría
una ópera con el personaje y Murnau daría al cine, en 1926, una obra inspirada
en la anécdota, pero, al decir de Hoffmann, inmensamente más entretenida que su
fuente literaria.
DIE
(LAS CUITAS DEL
JOVEN WERTHER)
Am.15.August
Es ist doch
gewiss, dass in der Welt den Menschen nichsts notwendig macht als die Liebe.
Ich fühl`s an Lotten, dass sie mich ungere verlöre, und die Kinder haben keinen
andern Begriff, als dass ich immer morgen wiederkommen würde. Heute war ich
hinausgegangen, Lottens Klavier zu stimmen, ich konnte aber nich dazu kommen,
denn die Kleinen verfolgten
15 de
agosto
Se sabe que nada hay en el mundo tan
importante como el amor. Para mí es una necesidad. Los niños, que no tienen
mayor conciencia de esto, esperan, sin embargo, cada mañana mi regreso. Yo
había salido para afinar el piano de Lotte, pero finalmente no pude llegar, y
los niños que me perseguían pidiéndome
que les contara un cuento, y Lotte que insistía en que debía contárselos. Les
corté el pan de la merienda, que tomaron con singular entusiasmo, y les conté
el cuento de la princesa de las manos encantadas. Aprendo mucho contando
historias, te lo aseguro, y estoy sorprendido de la impresión que esas
historias causan en ellos. A veces debo inventar detalles que he olvidado, pero
los niños lo notan en seguida. Fue distinto la primera vez, de modo que me
ejercito recitando las fábulas sin cambiar una palabra. He aprendido que una
segunda edición que contenga variaciones del original perjudica al autor, más
que si lo hubiese mejorado poéticamente. La primera impresión es la que cuenta,
y el hombre está hecho de modo tal que se le puede hacer creer cualquier cosa,
por increíble que sea, pero una vez ganada su fe, se agarra a ella con uñas y
dientes, y se rebela si alguien pretende quitársela.
R<